¡COMUNICACIÓN!

 

“¿Por qué habría creado Dios al hombre a Su imagen y semejanza, si no hubiese sido para comunicarse con él?”. ¿Acaso creó al pez antes que al agua? ... ¿a la flor antes de que su semilla insertara en la tierra que la formó como tabernáculo y cobijo donde la implantó? ... ¿al aire como conducto transportador que allí donde se deposita implanta su portor? ... y el hombre, ¿con quién se comunica hoy?, ¿o es él “el comunicado”? ... la televisión le informa, la radio le habla, la prensa le determina y el vecino le anima a diseminar todo el paquete transmitido, acabando por tomar partido; de ahí las disputas acabadas en un partido de porciones de un pastel, que las velas muchas veces anuncian las consecuencias de un partido. Aquellos que dieron la vida por un ideal “que sesgó la integridad del núcleo unido”.

Dios envió a Sus Mensajeros desde el principio, como así también envió Sus Estatutos: Su Ley, Su Amor, Su Paciencia. Él también llora y sufre y se compadece hasta lo infinito, ¡y eso que es Dios! También hay que temer Su Ira: “Yahweh es tardo para la ira y grande en poder, y no tendrá por inocente al culpable”. (Nahum 1:3). “¡Yahweh! ¡Yahweh! fuerte, misericordioso y piadoso; tardo para la ira, y grande en misericordia y verdad; que guarda misericordia a millares, que perdona la iniquidad, la rebelión y el pecado, y que de ningún modo tendrá por inocente al malvado” (Éxodo 34:6,7); “porque nuestro Dios es fuego consumidor”. (Hebreos 12:29). Y es Dios... nuestro Creador, nuestro Fiel Maestro: “el que vio cómo el hombre se atrevió a cambiar Sus Leyes”, cuando son ¡eternas!; pero el hombre ¡NO! Como el que oye de todo labio toda crítica contra Él. ¡Oh, necio!, que no ves, ni oyes, ni entiendes que: “hay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre” (1ª Timoteo 2:5) y un solo Espíritu Santo de Dios, aquí morando en la tierra, en todo corazón que aceptó, por la fe, el Amor de Dios: “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna”. (Juan 3:16). Porque Jesús vino a esta tierra, ¡cierto!, y el Espíritu Santo de Dios transmisor estaba en Él. El Espíritu Santo, que le dio el Poder de la Resurrección, está aquí morando en todo corazón íntegro que cree en Dios y en Su enviado por excelencia: “Jesucristo”; el que padeció, cargó y aniquiló todas nuestras faltas ante Dios como el “Cordero que fue inmolado” (Apocalipsis 13:8) y a Dios le sirvió como testimonio nuestro; porque a Él no se le halló pecado: “Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él”. (2ª Corintios 5:21). Y Dios aceptó Su Sacrificio en la Cruz por todo aquel que le acepta como su único Salvador y Mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre; reconociéndose culpable y falto ante el Altísimo por haber abolido Sus Testimonios dados al hombre para Justicia por Amor a él y no en lo que lo ha convertido, falseado y anulado; porque ¡ay!, de aquel que cambie Sus Palabras: “Y si alguno quitare de las palabras del libro de esta profecía, Dios quitará su parte del libro de la vida, y de la santa ciudad y de las cosas que están escritas en este libro”. (Apocalipsis 22:19). ¡Sólo a través de nuestro Abogado y Amigo, Salvador y Dios nuestro: Jesucristo, tenemos remisión de pecado!

Allí donde estás, aprovecha la ocasión, porque después nunca se sabe lo que será...

Reconócete ante Él... ¡piensa!: “¿por qué habría creado Dios al hombre a Su imagen y semejanza si no hubiese sido para comunicarse con él?”; ¿pero... quién?, ¿Dios con la criatura que Él formó? ... ¿o la criatura con su Gran Creador que conciencia le dio, ojos y oídos, y “toda” una creación manifiesta que allí donde mire se ve “La Gran Grandeza de Su Realización”? Es el hombre el que necesita de Él. En los Estatutos que Él puso, ahí está Su moral, Su pensar, Su criterio para toda la faz de la tierra; pero el hombre creó “su estatuto”, ¡así está!, descontento de cómo transcurre su pensamiento hecho “ley”; porque el mal que ellos consideran “lo encierran” pero no lo exterminan (y aún se equivocan) porque: “Engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso; ¿quién lo conocerá? Yo Yahweh, que escudriño la mente, que pruebo el corazón, para dar a cada uno según su camino, según el fruto de sus obras”. (Jeremías 17:9,10)

Las pruebas son engañosas cuando no se ponen de acuerdo; pero la sentencia cae para aplacar al pueblo la sed de justicia, aunque sea un inocente de ese mal para que el pueblo calle, satisfecha su ambición.

Cuando el rey Salomón, rey de Israel, ejerció como juez, dirigido e instruido en los Mandamientos de Dios, le fue por fama el juicio que reveló la Sabiduría de lo Alto: “El rey (Salomón) entonces dijo: Esta dice: Mi hijo es el que vive, y tu hijo es el muerto; y la otra dice: No, mas el tuyo es el muerto, y mi hijo es el que vive. Y dijo el rey: Traedme una espada. Y trajeron al rey una espada. En seguida el rey dijo: Partid por medio al niño vivo, y dad la mitad a la una, y la otra mitad a la otra. Entonces la mujer de quien era el hijo vivo, habló al rey (porque sus entrañas se le conmovieron por su hijo), y dijo: ¡Ah, señor mío! dad a ésta el niño vivo, y no lo matéis. Mas la otra dijo: Ni a mí ni a ti; partidlo. Entonces el rey respondió y dijo: Dad a aquélla el hijo vivo, y no lo matéis; ella es su madre. Y todo Israel oyó aquel juicio que había dado el rey; y temieron al rey, porque vieron que había en él sabiduría de Dios para juzgar”. (1ª Reyes 3:23-28)

Pero el hombre quiere olvidar que la sed de justicia de cada corazón no está en el exterior, sino en su propio corazón: “Ciertamente no hay hombre justo en la tierra, que haga el bien y nunca peque”. (Eclesiastés 7:20). Pero sí Un Justo: Jesucristo, pagó con Su Vida nuestra sentencia que cayó del cielo contra nosotros por habernos apartado del Soberano Creador nuestro. Por eso Jesús ¡quiso! asumir y cargar la Ira de Dios sobre Él ¡por nosotros!, para hacernos libres del Juicio de Dios que sólo a nosotros nos pertenecía y no a Él. Y al cargarlo Él, y sólo a través de reconocer lo que Él hizo, lo tenemos como Mediador entre Dios y nosotros, como Abogado, como Hermano, como Amigo, como Maestro, como al Unigénito de Dios.

No retrases más la Mayor Bendición de tu vida, el Mayor Milagro que es tu Salvación y que hoy, ahora mismo, está a tu alcance por Gracia, gratuitamente. Dile así, en este mismo momento, en este preciso instante (porque ¡mañana! no existe): “SEÑOR JESUCRISTO: ¡PERDÓNAME, DIOS MÍO, POR TODO LO QUE TE HE OFENDIDO Y ME HE REBELADO CONTRA TI! ¡MÍA ES LA CULPA Y SÓLO MÍA! ¡TEN MISERICORDIA DE MÍ! ¡LÁVAME Y LÍMPIAME DE TODA MI MALDAD! ¡ENTRA DENTRO DE MI CORAZÓN Y CÚBREME CON TU SANGRE PRECIOSA! ¡SÁLVAME, CONDÚCEME, TOMA MI MENTE, MI CORAZÓN Y MI ALMA! ¡LIBÉRALA! ¡AYÚDAME, NÚTREME DE TI, ENSÉÑAME! ¡GRACIAS TE DOY PADRE SANTO POR CRISTO JESÚS! ¡MUÉSTRAME TUS ESTATUTOS Y PONLOS EN MI CORAZÓN PARA NO PECAR CONTRA TI, MI DIOS, Y ESTÉ LLENO DE PAZ Y NO COMO EL MUNDO LA DA SINO COMO LA ÚNICA QUE PROCEDE DE TI Y LA DISTE A TODO HOMBRE PARA QUE PROCEDA EN CRISTO Y EN SU SABIDURÍA BASADA EN EL AMOR A TI Y A SU PRÓJIMO: “Jesús le dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. Este es el primero y grande mandamiento. Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. De estos dos mandamientos depende toda la ley y los profetas”. (Mateo 22:37-40). ¡COMO TÚ DICES: Y CON ESOS DOS MANDAMIENTOS ES CUMPLIDA TODA LA LEY! ¡QUÉ HERMOSO ES QUE HOY COMUNICARME CONTIGO PUEDO!, ¡SÍ, QUIERO!

 

E. D. Bruñó Ibáñez

D. L. Z-3326-07