CONCIENCIA.
¿Cómo acusó su conciencia a Caín cuando mató a su hermano
Abel?..., o sea, ¿existió la conciencia desde el principio?... ¡Volvamos atrás
un poco más!... dice Génesis, el primer libro de la Biblia, en el capítulo 1,
versículo 26 (Génesis 1:26): “Entonces dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra
imagen, conforme a nuestra semejanza”…a semejanza de Dios, su conciencia por lo
tanto existió desde el principio, en su pura contextura.
¡Claro que existe la conciencia!... y no solamente que “hace
el mal”, sino que “goza de hacerlo” y aún “lo exhibe” con frialdad y acerbo. La
conciencia se cauteriza y la herida, cuando cierra, forma señal de guerra y de
dureza fría. Consigue arrastrar seguidores, que aunque lo temen le obedecen por
encontrar escudo y protección a su desnaturalización. Ya no les importa nada,
ni nadie… y… aunque vencen no convencen. Abrazan cualquier
partido, cualquier secta, cualquier dominio… y hacen que todas las calamidades
de naciones enteras que acometen, culpen a Dios de las obras de “sus
manos”. Hoy, lo siguen haciendo, juzgando sin parar su propia necedad.
¡Ciegos!, que sólo veis el resultado de vuestras obras y os
oprime ver la sangre de vuestras víctimas. No olvidéis que desde Caín tenéis al
primer homicida hasta hoy.
Caín también tenía conciencia y libertad, como hoy la
tienes tú: para inclinarte, para decidirte, para apoyarte en qué parte y lugar
determina tu pie y tu acción (que tu corazón te dicta desde el principio con
propia vocación de aprobación)… ¿Por qué culpar a Dios? Él es Santo,
Puro, Creador de todas las maravillas de grandeza y belleza que el hombre sólo “las
mira” por la grandeza de su volumen, armonía, inteligencia, ingenio y Amor. Dios
es Justo… cargado está de Paciencia para toda una descendencia, para que toda
ella decida en la libertad de conciencia: dónde inclinar, y a quién, su corazón
y su vida… pero el hombre olvida que muchos partieron ya, ¡olvidaron a sus
muertos!, ¡y a los que partieron ya!... y no sólo eso, que en los hospitales
muchos fallecen y los que quedan en vida, en un suspiro están… muchos de ellos
duermen y no saben que no han de despertar… y no sé por qué asusta tanto un
cadáver, sabiendo desde muy temprano que dos fechas nos señalan: desde el
primer grito, hasta el segundo; y para algunos: ¡qué breve es!...
No olvides nunca que Dios Justo es y que a cada uno peso y
medida, con Justicia Divina, nos aplicará cuando Él quiera, cuando
llegue Su momento. Allí estará y ante Su Presencia todo hombre
enmudecerá, será partícipe desde que nació hasta que murió: de todos sus actos,
pensamientos y obras; y nada, y a nadie, habrá allá a quien culpar ni en quién
apoyarse. La conciencia del corazón desnuda estará ante su Creador. ¡Ten
cuidado!, ¡ahí!, ¡tú que vives!, ¡a quién le das tu razón o tu galardón!...
porque Jesús dice: “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al
Padre, sino por mí”. (Juan 14:6). “Porque hay un solo Dios, y un solo mediador
entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre, el cual se dio a sí mismo en
rescate por todos, de lo cual se dio testimonio a su debido tiempo”. (1ª
Timoteo 2:5,6). “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo
unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida
eterna”. (Juan 3:16)
Un día… verás la Gloria de Dios ya que una cita tenemos con Él
y escrito está: “está establecido para los hombres que mueran una sola
vez, y después de esto el juicio” (Hebreos 9:27)
¡No glorifiques hoy la capacidad del hombre hasta el punto
de opacar la Gloria de Dios! Mira a tu alrededor y contempla las maravillas que
Él formó: la nieve en sus cumbres soleadas, dando su máximo resplandor;
sus ríos, surcando la tierra y donando el agua a toda la labor, sus sonidos,
sus saltos, su susurro, acabando en fuente vertida, apagando su sed; desde el amanecer
al ocaso, con todo astro, para que el hombre se guíe en tan arduo campo. ¡Qué
pequeña es la dimensión del hombre! De querer abarcar más allá de su alcance… y
no olvide… que a mayor conocimiento, mayor dolor; acabando como todos, que todo
es vanidad y que no hay más que un más allá y juicio habrá. ¡Y ese día
pronto llegará! Para algunos ya ha llegado, ya sentencia tienen en un día, en
una hora, que sólo Dios lo sabe. Dos fechas tiene el hombre y luego… ¡esperar!
Piensa hoy cuál será tu despertar, porque después de
muerto nadie te podrá librar de la decisión que hoy tomes. Antes de
abarcar: ¡asegúrate! En este preciso instante, ahí donde te encuentras, puedes
asegurar “tu segunda fecha”. Ahí mismo, con sinceridad de corazón, a solas con
tu Creador, puedes decir esta sencilla y valiosa oración: “SEÑOR JESÚS,
RECONOZCO QUE SOY UN PECADOR, SÉ QUE TÚ HAS MUERTO POR MÍ EN LA CRUZ. TE RUEGO,
POR FAVOR, QUE ME PERDONES POR TODO LO QUE TE HE OFENDIDO DESDE EL DÍA QUE SALÍ
DEL VIENTRE DE MI MADRE HASTA ESTE MISMO MOMENTO. TE RUEGO, MI SALVADOR, QUE
ENTRES EN MI CORAZÓN Y QUE ME LIMPIES CON TU SANGRE PRECIOSA QUE VERTISTE POR
MÍ EN LA CRUZ. SÁNAME, MI DIOS, SÁLVAME, AYÚDAME Y QUE TU SANTO ESPÍRITU ME
LLENE Y ME DIRIJA EN TODO, SEGÚN TU VOLUNTAD, DESDE ESTE MISMO INSTANTE Y PARA
SIEMPRE. GRACIAS, PADRE SANTO, EN EL NOMBRE DE JESÚS”.
Es así de sencillo, es en un acto de fe entre tú y Dios.
Porque el Espíritu Santo, que Él hace morar en nosotros cuando lo
aceptamos en nuestro corazón, nos anhela celosamente para guiarnos y
conducirnos a esa paz que se alcanza en Él en esta vida y nos da el
soporte y el gozo de sentirnos libres y confiados en nuestro Fiel Salvador y
Dios: Jesucristo, que tan vivo hoy está, operando con denuedo en todo aquel que
se deja arrastrar por la obra del Espíritu Santo, que lo arrebata ya, viendo,
sintiendo y haciendo a través de Él la obra que continúa de Su Gracia en
todos los que creen en Él. Porque Sus palabras son testigo suficiente de
Su profundidad de pensamiento y reflexión. Lee la Biblia, siéntelo, pídele
entendimiento y sabiduría, gózate de Su compañía: búscale, llámalo, háblale en el
mayor silencio de tu soledad. ¡Lo oirás!, ¡lo sentirás! En lo más íntimo de tu
corazón lo encontrarás. ¡Ábrele la puerta de tu corazón y no lo contristes más!
E. D. Bruñó Ibáñez
D. L. Z-3325-07