CORAZÓN DE PIEDRA.

 

“Porque Dios mandó diciendo: Honra a tu padre y a tu madre” (Mateo 15:4). Y nunca de ellos te avergonzarás. Tú ¡qué sabes! lo que ellos padecieron y cuántos sudores padecieron, de cuántas cosas se deshicieron ... cuántas veces el músculo no descansó de tantos dolores y no durmieron pensando que el pan no escaseara en esos ojos hambrientos que esperaban el nuevo día. ¡Qué historias! ... que pasaron, que hoy es el mediodía de aquellos que ayer desfallecían... Los años corren veloces y hoy para ellos no es otra cosa que el ayer de ellos... de ahí sus metáforas: “Si parece que fue ayer” y pasaron muchos años sin saber que lo que se sembró, nunca fructificó: “todo lo que el hombre sembrare, eso también segará” (Gálatas 6:7). Parece ser que sus sudores cayeron en tierra dura de pedregal: “Parte cayó en pedregales, donde no había mucha tierra” (Mateo 13:3). Que sus años malgastados y sabia comida, ya no les quedó fuerzas para los suyos, que ni siquiera hoy para nada son reconocidos, olvidados y despreciados, exprimidos y consumidos, son expulsados como basura “mal oliente”, esperando que sean exterminados en un “lugar aparte” para no ser testigos de las manos de un verdugo, donde fueron depositados para su final destino. ¡No es la caridad el verdugo, sino el corazón del hombre!, que exprimió su vida para su beneficio y una vez satisfecho su oficio, estorbó su beneficio y no se de cuenta que él sigue en su saga la proyección de su fin, pensando que continuarán la brecha de su surco; no harán como él hizo porque así mamaron del pecho de su madre la sabia que hará transmitir que lo que se mama, que lo que se empapa, que lo que los ojos miran y los oídos oyen es lo que heredan, lo que defienden y hacen ... y los que no están conformes ... “salen” destituidos de todo lo que les formaron a hacer, continuar, fomentar y querer ... “todo lo que el hombre sembrare, eso también segará” (Gálatas 6:7). Dios, conoce a la criatura que Él formó y Sus Estatutos dio a su corazón y se revelan ante Dios. Jesús dice: “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, y con toda tu mente. Este es el primero y grande mandamiento”. (Mateo 22:37,38). “Honra a tu padre y a tu madre”. (Mateo 15:4).

¿Qué es: “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, y con toda tu mente. Este es el primero y grande mandamiento”.? Que es Dios, y sólo Dios, quien conoce todas las cosas y al corazón hasta sus últimos pensamientos, desde que se iniciaron. Que pone al hombre Su Voluntad, sobre el “ser” que te engendró, sobre la sabia que te alimentó y los sufrimientos que él pasó y padeció para que le correspondas hoy conforme a la Voluntad de Dios, y no a la tuya. Porque ¿de qué vamos?, ¿de nosotros? “Dice, pues, el Señor: Porque este pueblo se acerca a mí con su boca, y con sus labios me honra, pero su corazón está lejos de mí” (Isaías 29:13). No contamines a tus padres, y no los juzgues; y si son tus enemigos: “Amad a vuestros enemigos” (Mateo 5:44). Clama por ellos, así como lo hizo Jesús: “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen”. (Lucas 23:34). Pero haz la Voluntad de tu Padre Celestial y deja que Dios actúe. Escrito está que la oración es la fuente de poder: “La oración eficaz del justo puede mucho”. (Santiago 5:16). Y el poder es Su Palabra: “Respondiendo Jesús, le dijo: Dicho está: No tentarás al Señor tu Dios”. (Lucas 4:12). Porque hay un Padre por encima del terrenal: “¡Abba, Padre!” (Gálatas 4:6). Porque escrito está y por “Dios, que no miente” (Tito 1:2).

No toda cosecha se recoge, no toda siembra surge, no toda lluvia llega a su tiempo. La sequía es el corazón del hombre ante su Dios, así es su terrón, terrón de ambición. No toda nada viene sin son. Malo es acumular en su presa tanta posesión, quitando el agua a su vecino, quitándola de privación. ¿Quién eres tú que ni tan siquiera tienes rocío en tu corazón? Terminal de piedra eres tú, estéril es lo que produces que tan sólo sirves para el arma de matar. Porque desde antiguo se usó para apedrear... “Porque la palabra de la cruz, es locura a los que se pierden” (1ª Corintios 1:18) y por los que por su celo hablan de un único Dios Salvador que desde antiguo testimonio de Él dio. El hombre de toda arma usó para destruir el testimonio que de Él dio, así como con Esteban: “El sumo sacerdote dijo entonces: ¿Es esto así? Y él dijo: Varones hermanos y padres, oíd: El Dios de la gloria apareció a nuestro padre Abraham, estando en Mesopotamia, antes que morase en Harán, y le dijo: Sal de tu tierra y de tu parentela, y ven a la tierra que yo te mostraré. Entonces salió de la tierra de los caldeos y habitó en Harán; y de allí, muerto su padre, Dios le trasladó a esta tierra, en la cual vosotros habitáis ahora. Y no le dio herencia en ella, ni aun para asentar un pie; pero le prometió que se la daría en posesión, y a su descendencia después de él, cuando él aún no tenía hijo. Y le dijo Dios así: Que su descendencia sería extranjera en tierra ajena, y que los reducirían a servidumbre y los maltratarían, por cuatrocientos años. Mas yo juzgaré, dijo Dios, a la nación de la cual serán siervos; y después de esto saldrán y me servirán en este lugar. Y le dio el pacto de la circuncisión; y así Abraham engendró a Isaac, y le circuncidó al octavo día; e Isaac a Jacob, y Jacob a los doce patriarcas. Los patriarcas, movidos por envidia, vendieron a José para Egipto; pero Dios estaba con él, y le libró de todas sus tribulaciones, y le dio gracia y sabiduría delante de Faraón rey de Egipto, el cual lo puso por gobernador sobre Egipto y sobre toda su casa. Vino entonces hambre en toda la tierra de Egipto y de Canaán, y grande tribulación; y nuestros padres no hallaban alimentos. Cuando oyó Jacob que había trigo en Egipto, envió a nuestros padres la primara vez. Y en la segunda, José se dio a conocer a sus hermanos, y fue manifestado a Faraón el linaje de José y enviando José, hizo venir a su padre Jacob, y a toda su parentela, en número de setenta y cinco personas. Así descendió Jacob a Egipto, donde murió él, y también nuestros padres; los cuales fueron trasladados a Siquem. Pero cuando se acercaba el tiempo de la promesa, que Dios había jurado a Abraham, el pueblo creció y se multiplicó en Egipto, hasta que se levantó en Egipto otro rey que no conocía a José. Este rey, usando de astucia con nuestro pueblo, maltrató a nuestros padres, a fin de que expusiesen a la muerte a sus niños, para que no se propagasen. En aquel mismo tiempo nació Moisés, y fue agradable a Dios; y fue criado tres meses en casa de su padre. Pero siendo expuesto a la muerte, la hija de Faraón le recogió y le crió como a hijo suyo. Y fue enseñado Moisés en toda la sabiduría de los egipcios; y era poderoso en sus palabras y obras. Cuando hubo cumplido la edad de cuarenta años, le vino al corazón el visitar a sus hermanos, los hijos de Israel. Y al ver a uno que era maltratado, lo defendió, e hiriendo al egipcio, vengó al oprimido. Pero él pensaba que sus hermanos comprendían que Dios les daría libertad por mano suya; mas ellos no lo habían entendido así. Y al día siguiente, se presentó a unos de ellos que reñían, y los ponía en paz, diciendo: Varones, hermanos sois, ¿por qué os maltratáis el uno al otro? Entonces el que maltrataba a su prójimo le rechazó, diciendo: ¿Quién te ha puesto por gobernante y juez sobre nosotros? ¿Quieres tú matarme, como mataste ayer al egipcio? Al oír esta palabra, Moisés huyó, y vivió como extranjero en tierra de Madián, donde engendró dos hijos. Pasados cuarenta años, un ángel se le apareció en el desierto del monte Sinaí, en la llama de fuego de una zarza. Entonces Moisés, mirando, se maravilló de la visión; y acercándose para observar, vino a él la voz del Señor: Yo soy el Dios de tus padres, el Dios de Abraham, el Dios de Isaac, y el Dios de Jacob. Y Moisés, temblando, no se atrevía a mirar. Y le dijo el Señor: Quita el calzado de tus pies, porque el lugar en que estás es tierra santa. Ciertamente he visto la aflicción de mi pueblo que está en Egipto, y he oído su gemido, y he descendido para librarlos. Ahora, pues, ven, te enviaré a Egipto. A este Moisés, a quien habían rechazado, diciendo: ¿Quién te ha puesto por gobernante y juez?, a éste lo envió Dios como gobernante y libertador por mano del ángel que se le apareció en la zarza. Este los sacó, habiendo hecho prodigios y señales en tierra de Egipto, y en el Mar Rojo y en el desierto por cuarenta años. Este Moisés es el que dijo a los hijos de Israel: Profeta os levantará el Señor vuestro Dios de entre vuestros hermanos, como a mí; a él oiréis. Este es aquel Moisés que estuvo en la congregación en el desierto con el ángel que le hablaba en el monte Sinaí, y con nuestros padres, y que recibió palabras de vida que darnos; al cual nuestros padres no quisieron obedecer, sino que le desecharon, y en sus corazones se volvieron a Egipto, cuando dijeron a Aarón: Haznos dioses que vayan delante de nosotros; porque a este Moisés, que nos sacó de la tierra de Egipto, no sabemos qué le haya acontecido. Entonces hicieron un becerro, y ofrecieron sacrificios al ídolo, y en las obras de sus manos se regocijaron. Y Dios se apartó, y los entregó a que rindiesen culto al ejército del cielo; como está escrito en el libro de los profetas: ¿Acaso me ofrecisteis víctimas y sacrificios en el desierto por cuarenta años, casa de Israel? Antes bien llevasteis el tabernáculo de Moloc, y la estrella de vuestro dios Renfán, figuras que os hicisteis para adorarlas. Os transportaré, pues, más allá de Babilonia. Tuvieron nuestros padres el tabernáculo del testimonio en el desierto, como había ordenado Dios cuando dijo a Moisés que lo hiciese conforme al modelo que había visto. El cual, recibido a su vez por nuestros padres, lo introdujeron con Josué al tomar posesión de la tierra de los gentiles, a los cuales Dios arrojó de la presencia de nuestros padres, hasta los días de David. Este halló gracia delante de Dios, y pidió proveer tabernáculo para el Dios de Jacob. Mas Salomón le edificó casa; si bien el Altísimo no habita en templos hechos de mano, como dice el profeta: El cielo es mi trono, y la tierra el estrado de mis pies. ¿Qué casa me edificaréis? dice el Señor; ¿O cuál es el lugar de mi reposo? ¿No hizo mi mano todas estas cosas? ¡Duros de cerviz, e incircuncisos de corazón y de oídos! Vosotros resistís siempre al Espíritu Santo; como vuestros padres, así también vosotros. ¿A cuál de los profetas no persiguieron vuestros padres? Y mataron a los que anunciaron de antemano la venida del Justo, de quien vosotros ahora habéis sido entregadores y matadores; vosotros que recibisteis la ley por disposición de ángeles, y no la guardasteis. Oyendo estas cosas, se enfurecían en sus corazones, y crujían los dientes contra él. Pero Esteban, lleno del Espíritu Santo, puestos los ojos en el cielo, vio la gloria de Dios, y a Jesús que estaba a la diestra de Dios, y dijo: He aquí, veo los cielos abiertos, y al Hijo del Hombre que está a la diestra de Dios. Entonces ellos, dando grandes voces, se taparon los oídos, y arremetieron a una contra él. Y echándole fuera de la ciudad, le apedrearon; y los testigos pusieron sus ropas a los pies de un joven que se llamaba Saulo. Y apedreaban a Esteban, mientras él invocaba y decía: Señor Jesús, recibe mi espíritu. Y puesto de rodillas, clamó a gran voz: Señor, no les tomes en cuenta este pecado. Y habiendo dicho esto, durmió”. (Hechos 7).

Pero no dice Su Palabra (La Biblia) que murió sino que durmió. El que muere no despierta (sino para juicio), el que duerme despierta a una vida eterna, eternamente larga; heredada, recompensada de paz y de justicia, de reconocimiento y sabiduría; enriquecida, gozosa, eterna; dichosa armonía, sinfonía perfecta; fructuosidad de amor correspondido y reconocido; viendo venir glorias como nunca las vi; belleza como nunca la concebí; ojos que ven; oídos que oyen; y músculos libres de moverse, libres en el hacer reconociendo todo deber, amoroso, cierto y maravilloso; no dependiendo sino sorprendiendo con el corazón sobrecogido de ver toda la gloria del fruto del Amor hecho justicia y honor. 

“Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna”. (Juan 3:16)

Así como el trigo dobla su cabeza en su madurez, ahí doblaremos nuestro ser cuando veamos hasta qué punto nos consideramos amados por nuestro Creador, que nos hizo para Su gloria, entregándonos a Su Hijo amado: “Y hubo una voz de los cielos, que decía: Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia”. (Mateo 3:17). Para que sólo en Él recayera todo juicio terrenal, sobre Él porque toda Su creación se rebeló contra Él, toda a una: “Como está escrito: No hay justo, ni aun uno, no hay quien entienda, no hay quien busque a Dios. Todos se desviaron, a una se hicieron inútiles; no hay quien haga lo bueno, no hay ni siquiera uno”. (Romanos 3:10-12).

Él sólo quiso agradarte a Ti, Padre Santo. Cumplirse ante Ti, que desde el principio junto a Ti estaba: “En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios. Este era en el principio con Dios”. (Juan 1:1,2). Él era Contigo; ayer, el fue testigo aquí en la tierra: “He aquí, una virgen concebirá y dará a luz un hijo, y llamarás su nombre Emanuel, que traducido es: Dios con nosotros”. (Mateo 1:23). Y testigo aquí, que desde un principio habló de Ti; y murió y se entregó voluntariamente por el Amor que depositó en mí y por toda una creación que evolucionó desde Noé, hasta hoy, que existe por Él, por Su Gracia derramada: “Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe”. (Efesios 2:8)

“¿Cómo, pues, les oímos nosotros hablar cada uno en nuestra lengua en la que hemos nacido? Partos, medos, elamitas, y los que habitamos en Mesopotamia, en Judea, en Capadocia, en el Ponto y en Asia, en Frigia y Panfilia, en Egipto y en las regiones de África más allá de Cirene, y romanos aquí residentes, tanto judíos como prosélitos, cretenses y árabes, les oímos hablar en nuestras lenguas las maravillas de Dios”. (Hechos 2:8-11)

“Respondió Jesús y le dijo: Si conocieras el don de Dios, y quién es el que te dice: Dame de beber; tú le pedirías, y él te daría agua viva”. (Juan 4:10)

Si un hombre en su juventud (ese que hoy... de la caridad vive) dio todo su vigor y su fuerza por todo lo que regeneró y engendró; y hoy, tiene el premio de su desprecio y vejez desvalida; estorbo, oprobio, carga y el desvelo del deshecho, echando el bulto a otro cohecho, ¡rompiendo el derecho!, que Dios puso por mandamiento, poniendo a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a ti mismo. Dios es primero, o sea, principio. Jesús así lo expuso a su madre María: “Entonces él les dijo: ¿Por qué me buscabais? ¿No sabíais que en los negocios de mi Padre me es necesario estar?” (Lucas 2:49). En la cual, Dios vio en ella dónde derramar Su Gracia a través de Su Santo Espíritu. Cuando un día le contestó: “en los negocios de mi Padre” estoy; y no eran precisamente de José los negocios en que Jesús estaba. Dios puso en todo corazón creado por Él, ya que Él es el portador de la vida entera, por todos y en todo, y dice así: “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. Este es el primero y grande mandamiento. Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. De estos dos mandamientos depende toda la ley y los profetas”. (Mateo 22:37-40). Así amó Él, nuestro mediador: “Porque hay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre, el cual se dio a sí mismo en rescate por todos, de lo cual se dio testimonio a su debido tiempo”. (1ª Timoteo 2:5,6). Solamente la semilla que en Él había sabía lo que al hombre transportaba y daba; como a su madre María.

Padre sólo hay uno: Dios; y Señor de todas las cosas. ¡No quieras comprender, ni experimentar, ni investigar!, Dios lo sabe; y sólo quiere tu bien. Así como tu bendición, tu seguridad y tu paz y no como el mundo la da: “La paz os dijo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo”. (Juan 14:27). “Oyéndolo Jesús, le respondió: No temas; cree solamente” (Lucas 8:50). ¡Tan sólo cree y vive! ¡Vive en Él!, y respira todo lo que está a tu alcance, a tu lado, donde estás. ¡Alaba a Dios de todo tu corazón!, y no olvides que un día cerrarán tus ojos y te compondrán, te pondrán forma y te encajonarán, para meterte bajo tierra y una lápida tendrás en memoria de que por esta tierra pasaste ya. “Teme a Dios, y guarda sus mandamientos; porque esto es el todo del hombre”. (Eclesiastés 12:13).

Allí, en tu último suspiro, tu vida recorriste ya, sabiendo que todo acabado está; creyéndote vas, que tus últimos proyectos otros los acabarán; así te vas, que una esperanza que harán y tus últimas ansias las determinarán; ¡pero hombre!, ¿y a estas alturas, pensando estás en esta tierra que un día desaparecerá? ¡Claro que hay una nueva tierra, un nuevo cielo que Jesús se fue a preparar!: “No se turbe vuestro corazón; creéis en Dios, creed también en mí. En la casa de mi Padre muchas moradas hay; si así no fuera, yo os lo hubiera dicho; voy, pues, a preparar lugar para vosotros”. (Juan 14:1,2). Y una vida eterna que Él inició y subió a terminar para todo aquel que en Él cree, que no se pierda y vida eterna tenga junto a Él. Él sabía a lo que Él se daba y para quién preparó semilla y reino, para todo aquel que ve y siente la necesidad de que sólo un Dios puede reinar con paz y justicia para todos igual: “Dios no hace acepción de personas” (Hechos 10:34). ¡Gloria a Dios!, mío Es, así como la semilla que Jesús engendró y que no en vano murió y que Su Sangre inocente Dios la reclamó a toda una humanidad; que ya de antemano la donó, la de Su Hijo unigénito, a lo creado que lo adoró desde el principio y Jesús se llamó; y Él lo puso como holocausto, como Salvador y Mediador a toda la faz de la tierra. Como testamento vivo y directo y experimentador:

“¿Quién ha creído a nuestro anuncio? ¿y sobre quién se ha manifestado el brazo de Yahweh? Subirá cual renuevo delante de él, y como raíz de tierra seca; no hay parecer en él, ni hermosura; le veremos, mas sin atractivo para que le deseemos. Despreciado y desechado entre los hombres, varón de dolores, experimentado en quebranto; y como que escondimos de él el rostro, fue menospreciado, y no lo estimamos. Ciertamente llevó él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores; y nosotros le tuvimos por azotado, por herido de Dios y abatido. Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados. Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, cada cual se apartó por su camino; mas Yahweh cargó en él el pecado de todos nosotros. Angustiado él, y afligido, no abrió su boca; como cordero fue llevado al matadero; y como oveja delante de sus trasquiladores, enmudeció, y no abrió su boca. Por cárcel y por juicio fue quitado; y su generación, ¿quién la contará? Porque fue cortado de la tierra de los vivientes, y por la rebelión de mi pueblo fue herido. Y se dispuso con los impíos su sepultura, mas con los ricos fue en su muerte; aunque nunca hizo maldad, ni hubo engaño en su boca. Con todo eso, Yahweh quiso quebrantarlo, sujetándole a padecimiento. Cuando haya puesto su vida en expiación por el pecado, verá linaje, vivirá por largos días, y la voluntad de Yahweh será en su mano prosperada. Verá el fruto de la aflicción de su alma, y quedará satisfecho; por su conocimiento justificará mi siervo justo a muchos, y llevará las iniquidades de ellos. Por tanto, yo le daré parte con los grandes, y con los fuertes repartirá despojos; por cuanto derramó su vida hasta la muerte, y fue contado con los pecadores, habiendo él llevado el pecado de muchos, y orado por los transgresores”. (Isaías 53)

Como heredad mundial quedó a todo el que lo recibe como el único mediador entre Dios y los hombres: “Porque hay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre” (1ª Timoteo 2:5). Elige hoy y no tardes en tu elección: “He aquí ahora el día de salvación” (2ª Corintios 6:2). Porque pecador eres tan sólo ante Dios. Pídele que te perdone de todo corazón; no lo busques en ningún rincón. Dios te ve en todas partes y sobre todo en el tabernáculo de tu corazón. De Dios no se burla nadie. Y cualquier situación vale para derramar todo el contenido que te oprime y te impide Su comunión. Reconoce al único mediador entre Dios y los hombres. Sólo existe uno, para no haber confusión. En Su Sangre derramada en la Cruz Su vida estaba y esta es la que limpia hoy de todo pecado ente Dios; porque no hay otra justificación: la Donación que Él puso para todo ser creado para su justificación: “en él es justificado todo aquel que cree” (Hechos 13:39). Pídele que entre en tu corazón y te limpie de toda maldad. Él perdona, porque no es como el hombre que cambia de pensar; porque el que reconoce a Su Hijo y se entrega a Él como su único Señor y Salvador, lo limpia de todo pecado y nunca más se acuerda de él (del pecado): “Y nunca más me acordaré de sus pecados y de sus iniquidades”. (Hebreos 8:12). Confía, mantente, cree, espera, confía hasta que el Espíritu de Dios se pose en ti y obre y continúe la obra de la Gracia y del Amor y la Misericordia que Él un día sembró para toda justificación del Don de Dios, de Su Paciencia y Su Compasión. <<Ábrele el corazón, Él no es como el hombre que cambia de opinión>> Su creación da Honor a Su Grandeza y Vigor. “El que creyere y fuere bautizado, será salvo” (Marcos 16:16)

¡Dile así ahora!, no te lo pienses más: “SEÑOR JESUCRISTO, RECONOZCO ANTE TI QUE SOY UN PECADOR. TE PIDO QUE ME PERDONES POR TODO LO QUE TE HE OFENDIDO DESDE QUE SALÍ DEL VIENTRE DE MI MADRE HASTA ESTE MISMO INSTANTE. POR FAVOR, ENTRA DENTRO DE MI CORAZÓN Y LÍMPIAME DE TODOS MIS PECADOS CON TU SANGRE PRECIOSA QUE TU DERRAMASTE EN LA CRUZ PARA MI PERDÓN. TE SUPLICO QUE A PARTIR DE AHORA TU SANTO ESPÍRITU SE POSE SOBRE MÍ Y ME ENSEÑE A VIVIR EN TU VOLUNTAD. GRACIAS POR TODO DIOS MÍO Y SALVADOR MÍO. AMÉN”.

Lo más honorable que me sucedió, la real hermosura del Amor del Espíritu Santo de Dios que me aconteció, fue aquel día que Dios me lo acuñó dentro de mi corazón como Su habitáculo. Tener dentro de mí el poder de manifestación de mi Señor fue el mayor Don que Dios me pudo donar... Sucedió un día, en lejana tierra, donde encontré la paz interna de la espera. Él, te hace esperar anhelante ese día, ese momento que tanto aguardamos cada día con mayor intensidad, ese Real encuentro: la venida de Jesucristo de Nazaret en el aire para arrebatarnos, extraernos de esta tierra y llevarnos a Jerusalén Celestial, de donde un día Él partió para prepararnos lugar allí con Él. Mientras, el Espíritu Santo de Dios, nos va redarguyendo, enseñando; nunca nos deja desamparados; nos consuela, alivia, cura, es sumamente sensible, tierno y amoroso; no se impone, se le invita, se le desea, se anhela y cuando se manifiesta... anonada. Quien nunca sintió al Espíritu Santo de Dios no sabe lo que es el Amor fiel y verdadero. Jesús dijo: “Pero yo os digo la verdad: Os conviene que yo me vaya; porque si no me fuese, el Consolador no vendría a vosotros; mas si me fuere, os lo enviaré”. (Juan 16:7) y sigue: “Y cuando él venga, convencerá al mundo de pecado, de justicia y de juicio. De pecado, por cuanto no creen en mí; de justicia, por cuanto voy al Padre, y no me veréis más” (Juan 16:8-10) y añade: “Pero cuando venga el Espíritu de verdad, él os guiará a toda la verdad; porque no hablará por su propia cuenta, sino que hablará todo lo que oyere, y os hará saber las cosas que habrán de venir. Él me glorificará; porque tomará de lo mío, y os lo hará saber. Todo lo que tiene el Padre es mío; por eso dije que tomará de lo mío, y os lo hará saber”. (Juan 16:13-15).

Ciertamente la Trinidad: Padre, Hijo y Espíritu Santo de Dios, un solo Dios y un solo mediador entre Dios y los hombres y un solo Espíritu de Dios. ¡Qué Ministerio tan perfecto!, haciendo de la Salvación una creencia ¡firme!, sintiéndola hasta lo más hondo de nuestro ser, de nuestros sentidos; afincando en nuestro corazón hasta la razón se inclina a tanta acción y convicción. Es Su total obra en nuestro ser y de Él es Su fluido, glorificándolo a Él (Jesucristo). “Jesucristo es el mismo ayer, y hoy, y por los siglos”. (Hebreos 13:8). Jesús vino a esta tierra y Su promesa de que no estaríamos solos sino que nos enviaría al Consolador, sigue hoy tan firme como el día de Pentecostés; hasta que venga Él a arrebatar en el aire a los que esperan Su llegada ansiosos y gozosos, hasta que el Señor dicte el día y la hora. ¡Clamo a Dios!, que multitudes logren aceptar a Jesús en su corazón y aceptar que sólo Él cargó con todos nuestros delitos y pecados para vernos libres del juicio de Dios y recibir al Consolador, guiador y conductor, hasta Su venida. ¡Bendita sea Su Sangre que nos lavó de nuestra maldad!

 

 

E. D. Bruñó Ibáñez                        

D. L. Z-3284-07