CORAZÓN
DE PIEDRA.
“Porque Dios mandó
diciendo: Honra a tu padre y a tu madre” (Mateo 15:4). Y nunca de ellos te avergonzarás. Tú ¡qué sabes! lo
que ellos padecieron y cuántos sudores padecieron, de cuántas cosas se
deshicieron ... cuántas veces el músculo no descansó de tantos dolores y no
durmieron pensando que el pan no escaseara en esos ojos hambrientos que
esperaban el nuevo día. ¡Qué historias! ... que pasaron, que hoy es el mediodía
de aquellos que ayer desfallecían... Los años corren veloces y hoy para ellos
no es otra cosa que el ayer de ellos... de ahí sus metáforas: “Si parece que
fue ayer” y pasaron muchos años sin saber que lo que se sembró, nunca
fructificó: “todo
lo que el hombre sembrare, eso también segará” (Gálatas 6:7). Parece ser
que sus sudores cayeron en tierra dura de pedregal: “Parte cayó en pedregales, donde no había
mucha tierra” (Mateo 13:3). Que sus años malgastados y sabia comida, ya
no les quedó fuerzas para los suyos, que ni siquiera hoy para nada son
reconocidos, olvidados y despreciados, exprimidos y consumidos, son expulsados
como basura “mal oliente”, esperando que sean exterminados en un “lugar aparte”
para no ser testigos de las manos de un verdugo, donde fueron depositados para
su final destino. ¡No es la caridad el verdugo, sino el corazón del hombre!,
que exprimió su vida para su beneficio y una vez satisfecho su oficio, estorbó
su beneficio y no se de cuenta que él sigue en su saga la proyección de su fin,
pensando que continuarán la brecha de su surco; no harán como él hizo porque
así mamaron del pecho de su madre la sabia que hará transmitir que lo que se
mama, que lo que se empapa, que lo que los ojos miran y los oídos oyen es lo
que heredan, lo que defienden y hacen ... y los que no están conformes ... “salen”
destituidos de todo lo que les formaron a hacer, continuar, fomentar y querer
... “todo lo
que el hombre sembrare, eso también segará” (Gálatas 6:7). Dios, conoce
a la criatura que Él formó y Sus Estatutos dio a su corazón y se revelan ante Dios. Jesús dice: “Amarás al Señor
tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, y con toda tu mente. Este es el
primero y grande mandamiento”. (Mateo 22:37,38). “Honra a tu padre y a tu
madre”. (Mateo 15:4).
¿Qué es:
“Amarás al
Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, y con toda tu mente. Este
es el primero y grande mandamiento”.? Que es Dios, y sólo Dios, quien
conoce todas las cosas y al corazón hasta sus últimos pensamientos, desde que
se iniciaron. Que pone al hombre Su Voluntad, sobre el “ser” que te engendró,
sobre la sabia que te alimentó y los sufrimientos que él pasó y padeció para
que le correspondas hoy conforme a la Voluntad de Dios, y no a la tuya. Porque
¿de qué vamos?, ¿de nosotros? “Dice, pues, el Señor: Porque este pueblo se acerca
a mí con su boca, y con sus labios me honra, pero su corazón está lejos de mí”
(Isaías 29:13). No contamines a tus padres, y no los juzgues; y si son
tus enemigos: “Amad
a vuestros enemigos” (Mateo 5:44). Clama por ellos, así como lo hizo
Jesús: “Padre,
perdónalos, porque no saben lo que hacen”. (Lucas 23:34). Pero haz
la Voluntad de tu Padre Celestial y deja que Dios actúe. Escrito está que la
oración es la fuente de poder: “La oración eficaz del justo puede mucho”.
(Santiago 5:16). Y el poder es Su Palabra: “Respondiendo Jesús, le dijo: Dicho está: No
tentarás al Señor tu Dios”. (Lucas 4:12). Porque hay un Padre por encima
del terrenal: “¡Abba, Padre!” (Gálatas 4:6). Porque escrito está y
por “Dios,
que no miente” (Tito 1:2).
No toda
cosecha se recoge, no toda siembra surge, no toda lluvia llega a su tiempo. La
sequía es el corazón del hombre ante su Dios, así es su terrón, terrón de ambición. No
toda nada viene sin son. Malo es acumular en su presa tanta posesión, quitando
el agua a su vecino, quitándola de privación. ¿Quién eres tú que ni tan
siquiera tienes rocío en tu corazón? Terminal de piedra eres tú, estéril es lo
que produces que tan sólo sirves para el arma de matar. Porque desde antiguo se
usó para apedrear... “Porque la palabra de la cruz, es locura a los que se pierden” (1ª
Corintios 1:18) y por los que por su celo hablan de un único Dios
Salvador que desde antiguo testimonio de Él dio. El hombre de toda arma usó para destruir el testimonio
que de Él dio, así como con Esteban: “El sumo sacerdote dijo entonces: ¿Es esto así? Y
él dijo: Varones hermanos y padres, oíd: El Dios de la gloria apareció a
nuestro padre Abraham, estando en Mesopotamia, antes
que morase en Harán, y le dijo: Sal de tu tierra y de tu parentela, y ven a la
tierra que yo te mostraré. Entonces salió de la tierra de los caldeos y habitó
en Harán; y de allí, muerto su padre, Dios le trasladó a esta tierra, en la
cual vosotros habitáis ahora. Y no le dio herencia en ella, ni aun para asentar
un pie; pero le prometió que se la daría en posesión, y a su descendencia
después de él, cuando él aún no tenía hijo. Y le dijo Dios así: Que su
descendencia sería extranjera en tierra ajena, y que los reducirían a
servidumbre y los maltratarían, por cuatrocientos años. Mas yo juzgaré, dijo
Dios, a la nación de la cual serán siervos; y después de esto saldrán y me
servirán en este lugar. Y le dio el pacto de la circuncisión; y así Abraham
engendró a Isaac, y le circuncidó al octavo día; e Isaac a Jacob, y Jacob a los
doce patriarcas. Los patriarcas, movidos por envidia, vendieron a José para
Egipto; pero Dios estaba con él, y le libró de todas sus tribulaciones, y le
dio gracia y sabiduría delante de Faraón rey de Egipto, el cual lo puso por
gobernador sobre Egipto y sobre toda su casa. Vino entonces hambre en toda la
tierra de Egipto y de Canaán, y grande tribulación; y
nuestros padres no hallaban alimentos. Cuando oyó Jacob que había trigo en
Egipto, envió a nuestros padres la primara vez. Y en la segunda, José se dio a
conocer a sus hermanos, y fue manifestado a Faraón el linaje de José y enviando
José, hizo venir a su padre Jacob, y a toda su parentela, en número de setenta
y cinco personas. Así descendió Jacob a Egipto, donde murió él, y también
nuestros padres; los cuales fueron trasladados a Siquem.
Pero cuando se acercaba el tiempo de la promesa, que Dios había jurado a
Abraham, el pueblo creció y se multiplicó en Egipto, hasta que se levantó en
Egipto otro rey que no conocía a José. Este rey, usando de astucia con nuestro
pueblo, maltrató a nuestros padres, a fin de que expusiesen a la muerte a sus
niños, para que no se propagasen. En aquel mismo tiempo nació Moisés, y fue
agradable a Dios; y fue criado tres meses en casa de su padre. Pero siendo
expuesto a la muerte, la hija de Faraón le recogió y le crió como a hijo suyo.
Y fue enseñado Moisés en toda la sabiduría de los egipcios; y era poderoso en
sus palabras y obras. Cuando hubo cumplido la edad de cuarenta años, le vino al
corazón el visitar a sus hermanos, los hijos de Israel. Y al ver a uno que era maltratado,
lo defendió, e hiriendo al egipcio, vengó al oprimido. Pero él pensaba que sus
hermanos comprendían que Dios les daría libertad por mano suya; mas ellos no lo
habían entendido así. Y al día siguiente, se presentó a unos de ellos que
reñían, y los ponía en paz, diciendo: Varones, hermanos sois, ¿por qué os
maltratáis el uno al otro? Entonces el que maltrataba a su prójimo le rechazó,
diciendo: ¿Quién te ha puesto por gobernante y juez sobre nosotros? ¿Quieres tú
matarme, como mataste ayer al egipcio? Al oír esta palabra, Moisés huyó, y
vivió como extranjero en tierra de Madián, donde
engendró dos hijos. Pasados cuarenta años, un ángel se le apareció en el
desierto del monte Sinaí, en la llama de fuego de una
zarza. Entonces Moisés, mirando, se maravilló de la visión; y acercándose para
observar, vino a él la voz del Señor: Yo soy el Dios de tus padres, el Dios de
Abraham, el Dios de Isaac, y el Dios de Jacob. Y Moisés, temblando, no se
atrevía a mirar. Y le dijo el Señor: Quita el calzado de tus pies, porque el
lugar en que estás es tierra santa. Ciertamente he visto la aflicción de mi
pueblo que está en Egipto, y he oído su gemido, y he descendido para librarlos.
Ahora, pues, ven, te enviaré a Egipto. A este Moisés, a quien habían rechazado,
diciendo: ¿Quién te ha puesto por gobernante y juez?, a éste lo envió Dios como
gobernante y libertador por mano del ángel que se le apareció en la zarza. Este
los sacó, habiendo hecho prodigios y señales en tierra de Egipto, y en el Mar
Rojo y en el desierto por cuarenta años. Este Moisés es el que dijo a los hijos
de Israel: Profeta os levantará el Señor vuestro Dios de entre vuestros
hermanos, como a mí; a él oiréis. Este es aquel Moisés que estuvo en la
congregación en el desierto con el ángel que le hablaba en el monte Sinaí, y con nuestros padres, y que recibió palabras de
vida que darnos; al cual nuestros padres no quisieron obedecer, sino que le
desecharon, y en sus corazones se volvieron a Egipto, cuando dijeron a Aarón:
Haznos dioses que vayan delante de nosotros; porque a este Moisés, que nos sacó
de la tierra de Egipto, no sabemos qué le haya acontecido. Entonces hicieron un
becerro, y ofrecieron sacrificios al ídolo, y en las obras de sus manos se
regocijaron. Y Dios se apartó, y los entregó a que rindiesen culto al ejército
del cielo; como está escrito en el libro de los profetas: ¿Acaso me ofrecisteis
víctimas y sacrificios en el desierto por cuarenta años, casa de Israel? Antes
bien llevasteis el tabernáculo de Moloc, y la
estrella de vuestro dios Renfán, figuras que os
hicisteis para adorarlas. Os transportaré, pues, más allá de Babilonia.
Tuvieron nuestros padres el tabernáculo del testimonio en el desierto, como
había ordenado Dios cuando dijo a Moisés que lo hiciese conforme al modelo que
había visto. El cual, recibido a su vez por nuestros padres, lo introdujeron
con Josué al tomar posesión de la tierra de los gentiles, a los cuales Dios
arrojó de la presencia de nuestros padres, hasta los días de David. Este halló
gracia delante de Dios, y pidió proveer tabernáculo para el Dios de Jacob. Mas
Salomón le edificó casa; si bien el Altísimo no habita en templos hechos de
mano, como dice el profeta: El cielo es mi trono, y la tierra el estrado de mis
pies. ¿Qué casa me edificaréis? dice el Señor; ¿O cuál es el lugar de mi
reposo? ¿No hizo mi mano todas estas cosas? ¡Duros de cerviz, e incircuncisos
de corazón y de oídos! Vosotros resistís siempre al Espíritu Santo; como
vuestros padres, así también vosotros. ¿A cuál de los profetas no persiguieron
vuestros padres? Y mataron a los que anunciaron de antemano la venida del
Justo, de quien vosotros ahora habéis sido entregadores y matadores; vosotros
que recibisteis la ley por disposición de ángeles, y no la guardasteis. Oyendo
estas cosas, se enfurecían en sus corazones, y crujían los dientes contra él.
Pero Esteban, lleno del Espíritu Santo, puestos los ojos en el cielo, vio la
gloria de Dios, y a Jesús que estaba a la diestra de Dios, y dijo: He aquí, veo
los cielos abiertos, y al Hijo del Hombre que está a la diestra de Dios.
Entonces ellos, dando grandes voces, se taparon los oídos, y arremetieron a una
contra él. Y echándole fuera de la ciudad, le apedrearon; y los testigos
pusieron sus ropas a los pies de un joven que se llamaba Saulo.
Y apedreaban a Esteban, mientras él invocaba y decía: Señor Jesús, recibe mi
espíritu. Y puesto de rodillas, clamó a gran voz: Señor, no les tomes en cuenta
este pecado. Y habiendo dicho esto, durmió”. (Hechos 7).
Pero no
dice Su Palabra (La Biblia) que murió sino que durmió. El que muere no
despierta (sino para juicio), el que duerme despierta a una vida eterna,
eternamente larga; heredada, recompensada de paz y de justicia, de
reconocimiento y sabiduría; enriquecida, gozosa, eterna; dichosa armonía,
sinfonía perfecta; fructuosidad de amor correspondido
y reconocido; viendo venir glorias como nunca las vi; belleza como nunca la
concebí; ojos que ven; oídos que oyen; y músculos libres de moverse, libres en
el hacer reconociendo todo deber, amoroso, cierto y maravilloso; no dependiendo
sino sorprendiendo con el corazón sobrecogido de ver toda la gloria del fruto
del Amor hecho justicia y honor.
“Porque de tal manera amó
Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él
cree, no se pierda, mas tenga vida eterna”. (Juan 3:16)
Así como
el trigo dobla su cabeza en su madurez, ahí doblaremos nuestro ser cuando
veamos hasta qué punto nos consideramos amados por nuestro Creador, que nos
hizo para Su gloria, entregándonos a Su Hijo amado: “Y hubo una voz de los cielos, que decía: Este
es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia”. (Mateo 3:17). Para que
sólo en Él recayera todo juicio terrenal, sobre Él porque toda Su
creación se rebeló contra Él, toda a una: “Como está escrito: No hay justo, ni aun uno,
no hay quien entienda, no hay quien busque a Dios. Todos se desviaron, a una se
hicieron inútiles; no hay quien haga lo bueno, no hay ni siquiera uno”.
(Romanos 3:10-12).
Él sólo
quiso agradarte a Ti,
Padre Santo. Cumplirse ante Ti,
que desde el principio junto a Ti
estaba: “En
el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios. Este
era en el principio con Dios”. (Juan 1:1,2). Él era Contigo; ayer, el fue testigo aquí en la tierra: “He aquí, una
virgen concebirá y dará a luz un hijo, y llamarás su nombre Emanuel,
que traducido es: Dios con nosotros”. (Mateo 1:23). Y testigo aquí, que
desde un principio habló
de Ti; y murió y se
entregó voluntariamente por el Amor que depositó en mí y por toda una creación
que evolucionó desde Noé, hasta hoy, que existe por Él, por Su Gracia derramada: “Porque por gracia sois salvos por medio de la
fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se
gloríe”. (Efesios 2:8)
“¿Cómo, pues, les oímos
nosotros hablar cada uno en nuestra lengua en la que hemos nacido? Partos,
medos, elamitas, y los que habitamos en Mesopotamia, en Judea, en Capadocia, en el Ponto y en Asia,
en Frigia y Panfilia, en Egipto y en las regiones de
África más allá de Cirene, y romanos aquí residentes,
tanto judíos como prosélitos, cretenses y árabes, les oímos hablar en nuestras
lenguas las maravillas de Dios”. (Hechos 2:8-11)
“Respondió Jesús y le
dijo: Si conocieras el don de Dios, y quién es el que te dice: Dame de beber;
tú le pedirías, y él te daría agua viva”. (Juan 4:10)
Si un
hombre en su juventud (ese que hoy... de la caridad vive) dio todo su vigor y
su fuerza por todo lo que regeneró y engendró; y hoy, tiene el premio de su
desprecio y vejez desvalida; estorbo, oprobio, carga y el desvelo del deshecho,
echando el bulto a otro cohecho, ¡rompiendo el derecho!, que Dios puso por
mandamiento, poniendo a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a ti
mismo. Dios es primero, o sea, principio. Jesús así lo expuso a su madre María:
“Entonces él
les dijo: ¿Por qué me buscabais? ¿No sabíais que en los negocios de mi Padre me
es necesario estar?” (Lucas 2:49). En la cual, Dios vio en ella dónde derramar Su
Gracia a través de Su Santo Espíritu. Cuando un día le contestó: “en los negocios
de mi Padre” estoy; y no eran precisamente de José los negocios en que
Jesús estaba. Dios puso en todo corazón creado por Él, ya que Él
es el portador de la vida entera, por todos y en todo, y dice así: “Amarás al Señor
tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. Este es
el primero y grande mandamiento. Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo
como a ti mismo. De estos dos mandamientos depende toda la ley y los profetas”.
(Mateo 22:37-40). Así amó Él,
nuestro mediador: “Porque hay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres,
Jesucristo hombre, el cual se dio a sí mismo en rescate por todos, de lo
cual se dio testimonio a su debido tiempo”. (1ª Timoteo 2:5,6).
Solamente la semilla que en Él
había sabía lo que al
hombre transportaba y daba; como a su madre María.
Padre
sólo hay uno: Dios; y Señor de todas las cosas. ¡No quieras comprender, ni
experimentar, ni investigar!, Dios lo sabe; y sólo quiere tu bien. Así como tu
bendición, tu seguridad y tu paz y no como el mundo la da: “La paz os dijo,
mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro
corazón, ni tenga miedo”. (Juan 14:27). “Oyéndolo Jesús, le respondió: No
temas; cree solamente” (Lucas 8:50). ¡Tan sólo cree y vive! ¡Vive en Él!, y respira todo lo que está a
tu alcance, a tu lado, donde estás. ¡Alaba a Dios de todo tu corazón!, y no
olvides que un día cerrarán tus ojos y te compondrán, te pondrán forma y te
encajonarán, para meterte bajo tierra y una lápida tendrás en memoria de que
por esta tierra pasaste ya. “Teme a Dios, y guarda sus mandamientos; porque esto es el todo del
hombre”. (Eclesiastés 12:13).
Allí, en
tu último suspiro, tu vida recorriste ya, sabiendo que todo acabado está;
creyéndote vas, que tus últimos proyectos otros los acabarán; así te vas, que
una esperanza que harán y tus últimas ansias las determinarán; ¡pero hombre!,
¿y a estas alturas, pensando estás en esta tierra que un día desaparecerá?
¡Claro que hay una nueva tierra, un nuevo cielo que Jesús se fue a preparar!: “No se turbe
vuestro corazón; creéis en Dios, creed también en mí. En la casa de mi Padre
muchas moradas hay; si así no fuera, yo os lo hubiera dicho; voy, pues, a
preparar lugar para vosotros”. (Juan 14:1,2). Y una vida eterna que Él
inició y subió a terminar para todo aquel que en Él cree, que no se pierda y
vida eterna tenga junto a Él.
Él sabía a lo que Él se daba y para quién preparó semilla y reino, para
todo aquel que ve y siente la necesidad de que sólo un Dios puede reinar con
paz y justicia para todos igual: “Dios no hace
acepción de personas” (Hechos 10:34). ¡Gloria a Dios!, mío Es, así como
la semilla que Jesús engendró y que no en vano murió y que Su Sangre inocente
Dios la reclamó a toda una humanidad; que ya de antemano la donó, la de Su Hijo unigénito, a
lo creado que lo adoró desde el principio y Jesús se llamó; y Él lo puso
como holocausto, como Salvador y Mediador a toda la faz de la tierra. Como
testamento vivo y directo y experimentador:
“¿Quién ha creído a
nuestro anuncio? ¿y sobre quién se ha manifestado el brazo de Yahweh? Subirá
cual renuevo delante de él, y como raíz de tierra seca; no hay parecer en él,
ni hermosura; le veremos, mas sin atractivo para que le deseemos. Despreciado y
desechado entre los hombres, varón de dolores, experimentado en quebranto; y
como que escondimos de él el rostro, fue menospreciado, y no lo estimamos.
Ciertamente llevó él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores; y
nosotros le tuvimos por azotado, por herido de Dios y abatido. Mas él herido
fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra
paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados. Todos nosotros nos
descarriamos como ovejas, cada cual se apartó por su camino; mas Yahweh cargó
en él el pecado de todos nosotros. Angustiado él, y afligido, no abrió su boca;
como cordero fue llevado al matadero; y como oveja delante de sus
trasquiladores, enmudeció, y no abrió su boca. Por cárcel y por juicio fue
quitado; y su generación, ¿quién la contará? Porque fue cortado de la tierra de
los vivientes, y por la rebelión de mi pueblo fue herido. Y se dispuso con los
impíos su sepultura, mas con los ricos fue en su muerte; aunque nunca hizo
maldad, ni hubo engaño en su boca. Con todo eso, Yahweh quiso quebrantarlo,
sujetándole a padecimiento. Cuando haya puesto su vida en expiación por el
pecado, verá linaje, vivirá por largos días, y la voluntad de Yahweh será en su
mano prosperada. Verá el fruto de la aflicción de su alma, y quedará
satisfecho; por su conocimiento justificará mi siervo justo a muchos, y llevará
las iniquidades de ellos. Por tanto, yo le daré parte con los grandes, y con
los fuertes repartirá despojos; por cuanto derramó su vida hasta la muerte, y
fue contado con los pecadores, habiendo él llevado el pecado de muchos, y orado
por los transgresores”. (Isaías 53)
Como
heredad mundial quedó a todo el que lo recibe como el único mediador entre Dios
y los hombres: “Porque
hay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo
hombre” (1ª Timoteo 2:5). Elige hoy y no tardes en tu elección: “He aquí ahora el día de salvación” (2ª
Corintios 6:2). Porque pecador eres tan sólo ante Dios. Pídele que te perdone de todo corazón; no
lo busques en ningún rincón. Dios te ve en todas partes y sobre todo en el
tabernáculo de tu corazón. De Dios no se burla nadie. Y cualquier
situación vale para derramar todo el contenido que te oprime y te impide Su
comunión. Reconoce al único mediador entre Dios y los hombres. Sólo existe uno,
para no haber confusión. En Su Sangre derramada en la Cruz Su vida estaba y
esta es la que limpia hoy
de todo pecado ente Dios; porque no hay otra justificación: la Donación que Él puso para todo ser creado para
su justificación: “en él es justificado todo aquel que cree” (Hechos 13:39). Pídele
que entre en tu corazón y te limpie de toda maldad. Él perdona, porque no es
como el hombre que cambia de pensar; porque el que reconoce a Su Hijo y se
entrega a Él como su
único Señor y Salvador, lo limpia de todo pecado y nunca más se acuerda de él
(del pecado): “Y
nunca más me acordaré de sus pecados y de sus iniquidades”. (Hebreos 8:12). Confía,
mantente, cree, espera, confía hasta que el Espíritu de Dios se pose en ti y
obre y continúe la obra de la Gracia y del Amor y la Misericordia que Él
un día sembró para toda justificación del Don de Dios, de Su Paciencia y Su
Compasión. <<Ábrele el corazón, Él no es como el hombre que cambia
de opinión>> Su creación da Honor a Su Grandeza y Vigor. “El que creyere y
fuere bautizado, será salvo” (Marcos 16:16)
¡Dile
así ahora!, no te lo pienses más: “SEÑOR JESUCRISTO, RECONOZCO ANTE TI QUE SOY
UN PECADOR. TE PIDO QUE ME PERDONES POR TODO LO QUE TE HE OFENDIDO DESDE QUE
SALÍ DEL VIENTRE DE MI MADRE HASTA ESTE MISMO INSTANTE. POR FAVOR, ENTRA DENTRO
DE MI CORAZÓN Y LÍMPIAME DE TODOS MIS PECADOS CON TU SANGRE PRECIOSA QUE TU
DERRAMASTE EN LA CRUZ PARA MI PERDÓN. TE SUPLICO QUE A PARTIR DE AHORA TU SANTO
ESPÍRITU SE POSE SOBRE MÍ Y ME ENSEÑE A VIVIR EN TU VOLUNTAD. GRACIAS POR TODO
DIOS MÍO Y SALVADOR MÍO. AMÉN”.
Lo más
honorable que me sucedió, la real hermosura del Amor del Espíritu Santo de Dios
que me aconteció, fue aquel día que Dios me lo acuñó dentro de mi corazón como
Su habitáculo. Tener dentro de mí el
poder de manifestación de mi Señor fue el mayor Don que Dios me pudo
donar... Sucedió un día, en lejana tierra, donde encontré la paz interna de la
espera. Él, te hace esperar anhelante ese día, ese momento que tanto
aguardamos cada día con mayor intensidad, ese Real encuentro: la venida de
Jesucristo de Nazaret en el aire para arrebatarnos, extraernos de esta tierra y
llevarnos a Jerusalén Celestial, de donde un día Él partió para
prepararnos lugar allí con Él. Mientras, el Espíritu Santo de Dios, nos va
redarguyendo, enseñando; nunca nos deja desamparados; nos consuela, alivia,
cura, es sumamente sensible, tierno y amoroso; no se impone, se le invita, se
le desea, se anhela y cuando se manifiesta... anonada. Quien nunca sintió al
Espíritu Santo de Dios no sabe lo que es el Amor fiel y verdadero. Jesús dijo: “Pero yo os digo
la verdad: Os conviene que yo me vaya; porque si no me fuese, el Consolador
no vendría a vosotros; mas si me fuere, os lo enviaré”. (Juan 16:7) y
sigue: “Y
cuando él venga, convencerá al mundo de pecado, de justicia y de juicio. De
pecado, por cuanto no creen en mí; de justicia, por cuanto voy al Padre, y no
me veréis más” (Juan 16:8-10) y añade: “Pero cuando venga el Espíritu de verdad, él
os guiará a toda la verdad; porque no hablará por su propia cuenta, sino que
hablará todo lo que oyere, y os hará saber las cosas que habrán de
venir. Él me glorificará; porque tomará de lo mío, y os lo hará saber.
Todo lo que tiene el Padre es mío; por eso dije que tomará de lo mío, y os
lo hará saber”. (Juan 16:13-15).
Ciertamente
la Trinidad: Padre, Hijo y Espíritu Santo de Dios, un solo Dios y un solo
mediador entre Dios y los hombres y un solo Espíritu de Dios. ¡Qué Ministerio
tan perfecto!, haciendo de la Salvación una creencia ¡firme!, sintiéndola hasta
lo más hondo de nuestro ser, de nuestros sentidos; afincando en nuestro corazón
hasta la razón se inclina a tanta acción y convicción. Es Su total obra en
nuestro ser y de Él es Su fluido, glorificándolo a Él (Jesucristo). “Jesucristo es el
mismo ayer, y hoy, y por los siglos”. (Hebreos 13:8). Jesús vino a esta
tierra y Su promesa de que no estaríamos solos sino que nos enviaría al
Consolador, sigue hoy tan firme como el día de Pentecostés; hasta que venga Él
a arrebatar en el aire a los que esperan Su llegada ansiosos y gozosos, hasta
que el Señor dicte el día y la hora. ¡Clamo a Dios!, que multitudes logren
aceptar a Jesús en su corazón y aceptar que sólo Él cargó con todos nuestros delitos y pecados para vernos
libres del juicio de Dios y recibir al Consolador, guiador y conductor, hasta
Su venida. ¡Bendita sea Su Sangre que nos lavó de nuestra maldad!
E. D. Bruñó Ibáñez
D. L.
Z-3284-07