EL ABOGADO
Yo tengo un Abogado
que a ti te interesa, ¡yo lo sé!, y siento la necesidad de hablarte de Él. Todo
el mundo lo conoce, todo el mundo ha oído de Él y es precisamente de Él del que
más se habla: ¡“unos” bien y “otros” mal!
Él tiene muchos
enemigos porque no les gusta practicar Las Palabras que salen de Su Boca.
¡Saben que es Verdad lo que Él dice!, pero no están dispuestos a llevar a cabo
Su Ley. Todo empieza como una semilla interna que no se ve, pero cuando se
arraiga en el corazón lleva mucho fruto
para justicia, amor y misericordia. Él tiene Su Santuario abierto a toda
garganta que clama a Él y siempre escucha e intercede al Juez por la causa de
ese ser; porque Él lo conoce bien: ¡sabe de Su Misericordia, sabe de Su
Paciencia, sabe de Su Amor, sabe que Se compadece del corazón que llora tanta
injusticia.
Porque el Juez de
jueces Es Perfecto, Es Justicia Pura y Santa; Es el Creador y Su Ojo es
escrutador y nada está oculto delante de Él y tiene la facultad de aflorarlo
para afuera por muy oculto que esté.
“Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha
dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas
tenga vida eterna”. (Juan 3:16)
Él, el Juez nos lo
dio, para que diese en esta Tierra testimonio de Él, de Dios, del Creador, del
Formador, ofreciéndonos Su Eterna Ley hecha viviente con Jesucristo y llevada a
cabo ¡hasta su fin!, aquí en esta Tierra, muriendo en la Cruz y al tercer día
resucitó y está a la diestra de Dios el Padre:
“Y el Señor, después que les habló, fue
recibido arriba en el cielo, y se sentó a la diestra de Dios”. (Marcos 16:19)
Su Ley, Sus Estatutos
perpetuos y eternos que perdurarán; y ¡todos!, sin excepción pasarán por ese
tribunal: los que partieron, los que parten y los que partirán; y del Juez
nadie se librará y Su sentencia ¡todos! la tendrán y de Su veredicto ¡nadie! se
escapará porque ¡todos! conciencia tendrán en su día. Conocimiento de ella
tuvieron un día y decidieron lo qué practicar. Desde el principio los hombres
la extrajeron de su corazón y tan sólo los modales exteriores eran los que se
empeñaban en practicar. Pero Dios que todo lo escudriña: “oh, Señor, que
juzgas con justicia, que escudriñas la mente y el corazón” (Jeremías 11:20), enviaba a Sus Mensajeros a exhortarles que de Dios
no se burla nadie: “No os engañéis; Dios no puede ser burlado: pues todo lo que
el hombre sembrare, eso también segará”. (Gálatas
6:7); mataron a Sus Mensajeros hasta que harto de la maldad del hombre
envió a su Hijo Amado: Jesucristo, a través de María, para que todo ser de la
Tierra no tenga excusa y lo mataron porque Sus Palabras y Sus Hechos los
descubrían como hipócritas y mentirosos, engañadores y amadores de sí mismos;
pero Sus Palabras quedaron grabadas a través de los testigos de Su Resurrección,
demostrando que Él cumplió lo que estaba escrito.
“Jesús le dijo: Amarás al Señor tu Dios con
todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. Este es el primero y
grande mandamiento. Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo.
De estos dos mandamientos depende toda la ley y los profetas”. (Mateo 22:37-40) Porque Él vino a cumplirla,
haciéndola realidad viviente: “porque la letra mata, mas el espíritu vivifica”. (2ª Corintios 3:6)
“No con ejército, ni con fuerza, sino con mi
Espíritu” dice el Señor en Zacarías 4:6.
“Es necesario obedecer a Dios antes que a los
hombres”. (Hechos 5:29)
Pero el hombre se vio
tan desnudo, tan descubierto, tan expuesto, que de nada le sirvieron sus
modales, sus antifaces, sus maquinaciones, eliminándole como el peor postor: “Maldito todo el que
es colgado en un madero” (Gálatas 3:13),
¡hasta
ahí llegaron para cubrir su maldad oculta que sólo Él pudo desnudar!, pero qué
sorpresa se llevaron cuando ¡ resucitó !, porque escrito está que así Dios lo
había establecido desde el principio, porque conocía al hombre que creó y la
mutilación que alcanzó cambiando Sus Leyes Eternas a su capricho, encubierto
temporal, sin importarle nada quién las estableció ... ¡hasta hoy!
Pero no sólo
resucitó, sino que nos dio potestad para que todo ser que en Él cree, tenga
vida eterna, desde hoy aquí en la Tierra, dándonos el maravilloso Don que a
través de Él tenemos de ser hechos hijos de Dios: “Mas a todos los que le recibieron, a los que
creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios” (Juan 1:12) “Porque hay
un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre”
(1ª Timoteo 2:5)
¡Hasta dónde llegaría
el dolor de Dios cuando vio lo que sus criaturas, que Él formó, hacían con Su
Hijo Amado, que sólo en Él tiene complacencia!:
“Y hubo una voz de los cielos, que decía: Este
es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia”. (Mateo 3:17), porque Su Obediencia llegó hasta el
último suspiro: “Padre
mío, si es posible, pase de mí esta copa; pero no sea como yo quiero, sino como
tú”. (Mateo 26:39) “Y Jesús decía:
Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen”. (Lucas 23:34)
¡Cómo abogaba ya! ...
el único Mediador que Dios ha puesto entre Dios y los hombres, a través de Él. ¿Acaso
no estaba en anuncio? ... ¿No estaba escrito ya de Él en Isaías, el profeta, y
en Su Propia Ley, lo que iba a acontecer?:
“Despreciado y desechado entre los hombres,
varón de dolores, experimentado en quebranto; y como que escondimos de él el
rostro, fue menospreciado, y no lo estimamos. Ciertamente llevó él nuestras
enfermedades, y sufrió nuestros dolores; y nosotros le tuvimos por azotado, por
herido de Dios y abatido. Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por
nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos
nosotros curados. Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, cada cual se
apartó por su camino; más Dios cargó en él el pecado de todos nosotros.
Angustiado él, y afligido, no abrió su boca; como cordero fue llevado al
matadero; y como oveja delante de sus trasquiladores, enmudeció, y no abrió su
boca”. (Isaías 53:3-7)
Él, Jesucristo, vino
en carne y sabe lo que la carne es y padece; sabe el sufrir y el padecer de los
demás. No sólo amó a Dios sobre todas las cosas, sino también a su prójimo
hasta su mayor quebrantamiento de dolor y agonía. Porque sabía el Amor tan
grande y Paciencia que tiene Dios por sus criaturas; y donando a lo que más
quiere para que a través de Él, Jesucristo, nuestro Abogado, tengamos entrada a
la reconciliación con Dios. Él es la Puerta: Jesús dijo: “Yo soy la puerta; el que por mí entrare, será
salvo” (Juan 10:9)
¡Llámale!, desde lo
más íntimo de tu corazón; ¡brámale!, si es preciso; descansa tu peso y tu pena;
¡derrámate ante Él!, porque conoció el dolor por nosotros; y ¡ponte a cuentas
con Él! Es un Don que Dios nos otorgó a través de Él, ¡gratuito!, nada hay que
pagar, ni poner instancia. Él nunca duerme y siempre escucha al hombre que lo
necesita. Confía en Él y ábrele tu dolor y enséñale tu llaga, tu quebranto, tu
pena; reconcíliate con Él que está ¡VIVO!
Ahí donde estás,
¡ahora!, dile:
“SEÑOR JESUCRISTO,
RECONOZCO QUE SOY UN PECADOR, TE PIDO QUE ME PERDONES POR TODOS MIS PECADOS,
POR TODAS MIS REBELIONES, POR TODAS MIS FALTAS COMETIDAS CONTRA TI DESDE QUE
NACÍ HASTA AHORA.
TE RUEGO QUE ENTRES
DENTRO DE MI CORAZÓN Y QUE ME LIMPIES CON TU PRECIOSA SANGRE QUE DERRAMASTE EN
LA CRUZ POR MIS PECADOS.
LÍMPIAME DE TODA MI
MALDAD, RENCOR Y MUERTE QUE LA ENFERMEDAD Y EL DESCONOCIMIENTO ME HAN ENREDADO
AHOGÁNDOME HASTA EL ÚLTIMO SUSPIRO DE ESPERANZA.
LÍBRAME DE TODA
ATADURA Y OPRESIÓN Y DE TODA MALDICIÓN EN MI VIDA.
GRACIAS JESÚS POR TU
MISERICORDIA PARA CONMIGO, POR TU PACIENCIA, POR TU PERDÓN. GRACIAS POR HABER
GANADO PARA MÍ LA VIDA ETERNA Y LA TOTAL SANIDAD DE TODO MI SER (CUERPO, ALMA Y
ESPÍRITU).
GRACIAS PADRE
CELESTIAL POR DAR A TU HIJO UNIGÉNITO PARA MI COMPLETA SALVACIÓN EN EL NOMBRE
DE JESÚS DE NAZARET EL MESÍAS. AMÉN.”
Él derramó Su Sangre
por ti, la que te ha de limpiar todo tu corazón; ella es la que te cubrirá
siempre que se lo pidas, reconociéndote en lo íntimo con Él, porque sólo Él
tiene el único poder y potestad para pedir a Dios el Padre por ti y la
bendición del Altísimo, Creador y único Dios te bendecirá por Jesucristo que es
la única fuente de libertad, basada en Su Verdad única porque Él es el único
renuevo, el que renueva, transforma y da la paz basada en Su Amor por ti y por
mí.
Descansa en Él y
espera a que Él intervenga con Su Santo Espíritu en ti para que te conduzca por
la senda de Su Justicia.
E. D. Bruñó Ibáñez
D.L. Z-635-05