¡EL ENVIADO!, ¡EL MENSAJERO!, ¡EL HERALDO! ...
Todavía no asoma el alba y el
Heraldo como una estrella va despuntando por todas sus regiones para dar sus
últimas noticias; y el pueblo, va a recoger su mensaje del día que con avidez
lee para recorrer su mensajería, ya que de ojos para afuera se documenta,
teniendo él su cámara cerrada, mascullando y examinando todo lo que a su
alrededor ocurre y acontece: el índice de su corazón comienza a recorrer la
acusación, encontrándose libre de toda acusación, y pone criterio de peso y
juicio en todo lo que sus ojos recorren. Aquí, en este planeta Tierra, también
se reparte otro Heraldo. Este... trae un picaporte que llama al corazón... que
suena como un tambor.
Se le ha puesto una etiqueta
llamada “religión” para que crea el pueblo que es una “inquisición”, una
“especulación”, un “sectarismo” que crea “adicción”; como la Heráldica, ciencia
del Blasón, estudia y explica las leyes que determinan la colocación y la
disposición de figuras.
¡Es curioso, por qué a
Jesucristo lo llamaron “religión”! ¡Al Libertador de toda atadura, molde y
ligadura, que rompe en su Escritura todo el armazón, dejando al hombre en plena
libertad como está escrito en Juan 8:32 “y la verdad os hará libres.”!
¿Quién acuñó la figura de
Cristo? ¿Quién la sujetó en la “religión”? ¿Quién dispuso esta cosecha que
sigue estando en relación con La Naturaleza de la Siembra? ¿Acaso no
está escrito en Gálatas 6:7 “todo lo que el hombre sembrare esto también segará”? ¿Quién dispuso su
figura perpetua clavado en la Cruz?
¿Acaso no Resucitó? ¿Acaso no Está Vivo?
¡Oyendo!, ¡Viendo!,
¡Respirando!, ¡Siendo!, ¡Viviendo!
¡Viviéndolo!, ¡Respirándolo!,
¡Palpándolo!
¡Llamando a cada corazón!, ¡Sin imposición!, ¡Sin
ligaduras!, ¡Sin impiedad!
“Si quitares de en medio de ti el yugo, el dedo
amenazador, y el hablar vanidad; y si dieses tu pan al hambriento, y saciares
al alma afligida, en las tinieblas nacerá tu luz, y tu oscuridad será como el
mediodía” (Isaías 58:9-10).
“Pero corra el juicio como las aguas, y la justicia
como impetuoso arroyo” (Amós
5:24).
La voz de Dios como un león
rugiente pone al descubierto la masa putrefacta del formalismo religioso y la
corrupción espiritual.
Él, tan sólo Él, es la única
libertad; que tiene sólo Él la potestad de dar; a todo aquel que a Él viene no
le echa fuera, sino que el que lo recibe como su único Salvador y Mediador
entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre, queriéndolo, deseándolo,
necesitándolo, compartiéndolo, unificándose hasta ser uno. Sólo Él.
El sublime éxtasis de toda la
naturaleza Divina y Única en un explosivo amor que tiene por el hombre que con
Su mano lo creó, con Su soplo le dio la vida que Él quería que tuviese: La
obediencia que lleva al cenit de un todo universal. ¡Lee la Biblia! ¡En ella
encontrarás Palabra de Vida Eterna!
“El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no
pasarán.” (Mateo 24:35) … y Dios “callará de amor” (Sofonías 3:17).
E. D. Bruñó Ibáñez
D.L. Z-3883-06