EL IRIS.
Se define esta ciencia por las marcas y señales que el iris
del ojo manifiesta y refleja de los diferentes órganos corporales. Esta ciencia
determina etapas agudas, sudagudas, crónicas y destructivas
de los órganos enfermos mediante el examen correspondiente que existe en
el iris: “depósitos de drogas”, debilidades inherentes y los hábitos de vida de
un paciente. La Palabra de Dios dice: en “el tiempo del fin. Muchos
correrán de aquí para allá, y la ciencia se aumentará”. (Daniel 12:4);
como también está escrito: “y nada hay nuevo debajo del sol”
(Eclesiastés 1:9)
Cree el hombre que su sabiduría alcanzará a ver y a
demostrar hasta dónde llega su sagacidad y cómo acaudalar inteligencia e
introspección en las esferas del más allá con sus técnicas y prácticas en la
esfera interna y externa, aplicándolas a la ciencia y práctica de las más
sofisticadas ingenierías. Las ciencias son brazos que siempre se alargarán,
pero el hombre por desgracia lo único que comprueba: “que su dificultad siempre
aumenta y su angustia no tiene respuesta pero sí diagnóstico sin queja”… que le
hace al nervioso estar tranquilo (por fuera) y al angustioso quedar dormido… y
sin queja; que le hace al dolor… ¡cauterizarlo!… a la herida se la desinfecta
para que no avance su mal, pero ahí queda “su marca” para toda una vida,
marcada hasta el final.
También la hoja del árbol cae y el viento la arrastra hasta
depositarla en una hendidura hasta que acaba: así el hombre, llevado por toda
doctrina, credo y rezo; acabando en una hendidura, y que no sirve ni siquiera
para abono; ni siquiera retoña, ni primavera tiene; viene y se va; y en los
muchos ni siquiera su recuerdo queda. ¿Acaso es menor que una hoja, acaso es
menor que una primavera?... “porque mayor es el que está en vosotros, que el
que está en el mundo”. (1ª Juan 4:4) dice la Palabra (la Biblia) y Dios no
miente, pero sí el hombre en su ignorancia. ¿No nos puso Dios a un Mediador?:
“Porque hay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres,
Jesucristo hombre, el cual se dio a sí mismo en rescate por todos,
de lo cual se dio testimonio a su debido tiempo”. (1ª Timoteo 2:5,6). ¿No lo
tenemos a Él como Maestro y Dios?... ¡y pasamos de Él!... y el resultado es: “que
nos acumulamos de lo que nos gusta y satisface, pero que a la larga
recolectamos nuestra propia semilla diseminada que aflora y se amontona en
nuestro almacén, dándonos abundancia de nada, y vacíos y enfermos,
acabamos nuestra vida consultándonos en silencio: ¡qué vana es la vida!”
“Vanidad de vanidades, dijo el Predicador; vanidad de
vanidades, todo es vanidad”. (Eclesiastés 1:2)
¿Para qué tanto sufrir?... se pregunta uno; ¿trabajar y
padecer?; ¿para dar un mundo feliz a aquel que vimos nacer evitándole que
abriera el surco en la tierra para recoger la cosecha que otros recaudarían y
después de tanto esfuerzo acabar en un asilo? No el que recoge aprende a dar,
sino a exigir; hasta llega el hombre a heredar lo que nunca sembró; ¿de él, qué
se puede esperar?...
¡Párate en el camino, hombre, y
aprende!, que no hay mayor fortuna que el alma se aquiete. Ella desde el
principio busca nutrirse de su creación, desde el embrión mismo espera el
momento de manifestación y saliendo de la matriz no descansa hasta que sus
labios Lo aclaman diciendo: ¡Abba!, que quiere
decir ¡Padre! como está escrito en Gálatas 4:6 (“¡Abba,
Padre!”)
Ya puede ser ruso, chino, europeo, etc., todos a una Lo
reconocen a Él como el Dador de la Vida… ¿y qué hace el hombre después?...: ¡silencio!
Y cuando el niño dice: “papá”, comienza el hombre a reinar. ¿De quién es pues
la falta?... ¿del bebé?... ¿hasta cuándo el alma va a estar perturbada?, ¿o no
te das cuenta que también ella se enferma y se apodera de todo tu ser, y tu
cuerpo ya no responde como debiera ser?, ¿y tú, te crees que ese mal tiene
diagnóstico?…, ¿y que en los médicos está? Yo te aseguro que no porque
dormir la conciencia y desviarla de canal no arranca el mal sino que acaba por
salir por otro caudal. ¿No nos lo enseña la propia naturaleza?... Dios es UNO
no lo olvides, no hay otro. Él es EL CREADOR, sin Él nada habría, todo
lo sustenta en su solo Poder: “Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él
nada de lo que ha sido hecho, fue hecho”. (Juan 1:3); “quien sustenta todas las
cosas con la palabra de su poder” (Hebreos 1:3)
Él nos envió a Su Hijo Unigénito a esta tierra, a la
descendencia decadente: “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a
su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga
vida eterna”. (Juan 3:16); y lo puso por único mediador entre Dios y los
hombres: “Porque hay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los
hombres, Jesucristo hombre, el cual se dio a sí mismo en rescate por todos,
de lo cual se dio testimonio a su debido tiempo”. (1ª Timoteo 2:5,6). Y Dios se
hizo carne y habitó entre nosotros, dándonos la ley y demostrándola Él
(Jesucristo) hasta su final; ya que de Él ya estaba escrito que así sería y así
acabaría por Amor a toda la humanidad desviada y perdida: “Como está
escrito: No hay justo, ni aun uno; no hay quien entienda, no hay quien busque a
Dios. Todos se desviaron, a una se hicieron inútiles; no hay quien haga lo
bueno, no hay ni siquiera uno”. (Romanos 3:10-12)
¿Acaso
no nos enseñó: “Dad, pues, a César lo que es de César, y a Dios lo que es de
Dios”. (Mateo 22:21)? A César se cumplió, y a todo gobernante, hasta hoy. ¿Dónde está: ¡Dad
a Dios lo que es de Dios!? ¿O será porque escrito
está: “No con ejército, ni con fuerza, sino con mi Espíritu, ha dicho Yahweh de
los ejércitos”. (Zacarías 4:6)?... ¡¡¡NORMAL!!!
¡Dios no quiere esclavos, sino libres! Escrito está: “Dijo
entonces Jesús a los judíos que habían creído en él: Si vosotros
permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos; y
conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres”. (Juan 8:31,32). ¡Dios
no quiere obligados, ni sometidos! ¿Qué puede hacer el barro (el hombre) hacia
su alfarero (Dios)?... ¿qué?... ¿Puede acaso detener la lluvia sin
Dios?: “Elías era hombre sujeto a pasiones semejantes a las nuestras, y oró
fervientemente para que no lloviese, y no llovió sobre la tierra por tres años
y seis meses. Y otra vez oró, y el cielo dio lluvia, y la tierra produjo su
fruto”. (Santiago 5:17,18). ¿Puede acaso parar el tifón o el huracán? ¿Quién
podrá detener el sol?: “Él manda al sol, y no sale” (Job 9:7). “Entonces Josué
habló a Yahweh el día en que Yahweh entregó al amorreo delante de los hijos de
Israel, y dijo en presencia de los israelitas: Sol, detente en Gabaón; y tú, luna, en el valle de Ajalón.
Y el sol se detuvo y la luna se paró”. (Josué 10:12,13). “Y el sol se paró en
medio del cielo, y no se apresuró a ponerse casi un día entero. Y no hubo día
como aquel, ni antes ni después de él, habiendo atendido Yahweh a la voz de un
hombre; porque Yahweh peleaba por Israel”. (Josué 10:13,14). ¿Quién podrá
detener la nieve, o formarla para toda la faz de la tierra donde le conviene
estar?, ¿y qué de la sequía de tantas naciones que conllevan enfermedad,
inanición, hambre y muerte? ¡NO ESTÉS TAN ORGULLOSO HOMBRE!
¿Hasta cuándo se puede pasar sin Dios? ¡Búscalo hoy
que estás a tiempo!, y no te preocupes de lo que hacen los demás. No descanses
en una utopía y te apropies de las promesas que dice, al que le diste el voto,
en el cual confías; ¡Vuélvete a Dios!, porque: “Hay camino que al hombre le
parece derecho; pero su fin es camino de muerte”. (Proverbios 14:12).
¡Humíllate ante Él!, en el rincón más solitario que encuentres, o estés,
reconócete ante Él a través de tu mediador: “Porque hay un solo Dios, y
un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre, el cual se dio a
sí mismo en rescate por todos, de lo cual se dio testimonio a su debido
tiempo”. (1ª Timoteo 2:5,6). El que murió, el que resucitó y está ¡vivo!
El que ve al que le busca, el que oye a quien le clama, el que siempre está
dispuesto. El que no duerme, el que nunca está ocupado. ¡Él es la libertad!,
de todo el ser que va a Él con voluntad, confiando y creyendo que no le va a
abandonar. El que permanece para siempre. El que rompe el yugo interno y suelta
las cadenas a todo preso, y desata las coyundas a todo atado para sentir la
libertad y el gozo que la paz experimenta y expresa cuando se le llama.
¡Pruébalo! ¡Ahora es tu mejor oportunidad! Dile así: “¡VEN A MÍ, OH SEÑOR
JESUCRISTO!, RECONOZCO MIS PECADOS CONTRA TI QUE HE COMETIDO DESDE QUE NACÍ
HASTA ESTE MISMO MOMENTO. PERDÓNAME, OH MI DIOS, POR TODO LO QUE TE HE OFENDIDO
DE PENSAMIENTO, DE PALABRA Y DE OBRA. ENTRA DENTRO DE MI CORAZÓN, LÍMPIAME CON
TU SANGRE PRECIOSA QUE DERRAMASTE POR MÍ EN LA CRUZ. SÁLVAME, SÁNAME, GUÍAME,
DIOS MÍO, DESDE ESTE MOMENTO Y PARA SIEMPRE. GRACIAS PADRE EN EL NOMBRE DE
JESÚS DE NAZARET. ¡QUE TU SANTO ESPÍRITU ME SUSTENTE, HASTA QUE UN DÍA TE
ENCUENTRE ENFRENTE! ¡AMÉN!”
“Como el ciervo brama por las corrientes de las aguas, así
clama por ti, oh Dios, el alma mía”. (Salmo 42:1)
E. D. Bruñó Ibáñez
D. L. Z-3283-07