EL LÁTIGO QUE AZOTA SIN DEJAR MARCA.
¡Qué fácil es meter con la lengua cizañosa la semilla de su envidia en el corazón de la
persona más directa y la duda empiece a actuar acometiendo en directo el mal
inyectado ¡creyéndolo!, y acomodando la idea de la venganza; haciendo
víctima inocente de aquel que tejió su telaraña alrededor y armó al más
directo, al más cercano, al mayor aproximamiento para su ejecución: ¡culpable!, ¡a él!, ¡él fue!, ¡yo lo vi ! ...
y así, ¿cuántos como él... que no supieron discernir la lengua cizañosa que
desde lejos sabe intervenir? ... ¡No sé lo qué pasó... ni qué me impulsó...
pero me vi allí y una fuerza se me avalanchó y... cuando me dí cuenta... todo
terminó!
¡Cuántos sentimientos mata la lengua ajena, que acaban
por morir? ... ¿cuántos?; ¿cuántas dudas atormentan de lo que tantas lágrimas
embotaron el raciocinio que determinó... al tiempo... ¡qué necio fui!? Y no se
pregunta el hombre que perdió la facultad ya de escuchar... ¡¡Cómo hoy en día
impera como una reina!! y ¡esa sí que es escuchada!
... “la lengua”, inquisidora,
sugestiva, blanda y suave ... y dulce como la miel; que entra al paladar del
corazón humano haciendo semilla y brotando en la sombra como cosecha plena de
arrastre de profundidad y de colectivos, provocando los mayores desastres
comunales y destructivos ... ¿No se dice, y es verdad: “vencéis (el cuerpo)
pero no convencéis?
¡Ay! del que tiene carisma y poder...
¡Ay! de las lágrimas que se derraman de impotencia, de rabia contenida; con una misión certera, con palabras
lastimeras y con llanto plañidero... son capaces de levantar a “todo” un pueblo
en guerra, provocándolo así a conseguir los mayores crímenes de su miserable
ceguera; porque antes de perder lo que se propone destruir y devastar: es su
consuelo, para que no sea de los demás.
La lengua es tiránica por
naturaleza y en su práctica se hace peligrosa (¡cuántos crímenes ocultos hay en
cada corazón!) De los que se encargan que a la práctica haya seres capaces de
transmitirles su sola intención: “Inducción” es su nombre, ¡cómo no!, y tantos
como el que los inventó.
La lengua es tan suave que
entra en toda vocación y los seres (parece ser que necesitan) conducción;
cualquier palabra que les excita a participar en este botín de maldad, que
recompensa tendrá; se yerguen como soldados perdiendo todo afán de poder
recuperar la más mínima paz ... pero olvidan que hay un Dios que todo lo ve,
que todo lo escudriña, que tiene su total medida de valor, de acción, y que
acciona con Amor: “Porque
de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo
aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.” (Juan 3:16).
Porque Dios no quiere que
nadie se pierda, ¡¡nadie!!: “Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al
mundo, sino para que el mundo sea salvo por él.” (Juan 3:17). Jesucristo
quiso (e hizo) complacer
a Dios, entregándose como víctima propiciatoria por todos nosotros, para hacer
cumplir ese mandamiento: “Porque
de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo
aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.” (Juan
3:16); obedeciéndole
porque Él le amaba; porque gozaba cumpliendo Su Palabra, haciéndola
VIVA, TRANSPARENTE, TAJANTE Y REAL; por eso vino, por eso murió, por eso
RESUCITÓ, para gozar con Él (Dios) el fruto de la semilla
obediente de su dolor,
agonía, quebranto y sudor.
“Mirad cuál amor nos ha dado el Padre, para que seamos
llamados hijos de Dios;” (1ª Juan
3:1).
Porque la salvación se siente
en el interior y aflora al exterior, cuando se le pide a Jesús (al que vive
para siempre) que nos perdone por todo el mal que hay en nuestro interior;
porque Él se lo llevó y cargó en la Cruz, como viene escrito en Isaías 53: 4 y 5: “Ciertamente llevó él nuestras enfermedades, y
sufrió nuestros dolores; y nosotros le tuvimos por azotado, por herido de Dios
y abatido. Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros
pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros
curados.” y a Él hay que pedirle la cuenta en esta tierra y
saldar nuestra deuda pecadora; porque Él es nuestro abogado, hoy, aquí en la tierra; porque
¡está vivo! y oye, y escucha, y observa, es paciente, espera, a tu puerta
(corazón) siempre está: ¡ábresela! y dile así: “SEÑOR JESÚS, RECONOZCO QUE SOY
UN PECADOR, SÉ QUE TÚ HAS MUERTO POR MÍ EN LA CRUZ; SÉ QUE LLEVASTE TODOS MIS
PECADOS Y TODAS MIS ENFERMEDADES; PERDÓNAME, OH MI SEÑOR, POR TODO LO QUE TE HE
OFENDIDO DE PENSAMIENTO, DE PALABRA Y DE OBRA EN TODA ESTA VIDA MÍA, DESDE QUE
NACÍ HASTA ESTE MISMO INSTANTE; TEN MISERICORDIA DE MÍ, TEN PIEDAD DE MÍ SEÑOR.
ENTRA DENTRO DE MI CORAZÓN, LÍMPIAME CON TU PRECIOSA SANGRE QUE VERTISTE POR MÍ
EN LA CRUZ; SÁNAME, SÁLVAME, AYÚDAME, APODÉRATE DE MI MENTE Y DE MI CORAZÓN Y
AVIVA MI ALMA CON TU PRESENCIA,
CON TU SANTO ESPÍRITU, SEÑOR. CÚBREME POR DENTRO Y POR FUERA, DE LA CABEZA A LOS PIES, CON TU SANGRE DERRAMADA QUE DE TU PECHO SALIÓ
COMO FUENTE QUE HOY ME LAVA; GUÍAME, CONDUCE MIS PASOS (MI LENGUA) Y TODO MI
SER, “porque nada hay
imposible para Dios.” (Lucas 1:37);
LÍBRAME DE MI CÁRCEL, SEÑOR, HAZME LIBRE AUNQUE ENCERRADO ESTÉ Y ASÍ DEJARÉ MI
CÁMARA (CORAZÓN) AL VACÍO PARA QUE SIEMPRE ESTÉS. COME CONMIGO Y CENA TAMBIÉN Y
GUÁRDAME EN EL CUENCO DE TU MANO Y ASÍ FELIZ ESTARÉ, ALLÍ DONDE ESTÉ. GUÁRDAME
DE LA LENGUA QUE TAN MAL ME FUE, A TI TE LA ENTREGO, PARA QUE TÚ LA MANEJES, OH
JESÚS, Y A TI TE CONOZCAN COMO EL ÚNICO AUTOR Y MEDIADOR
ENTRE DIOS Y LOS HOMBRES: “Porque
hay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo
hombre,” (1ª Timoteo 2:5). QUE TÚ
PUEDES HACER HOY QUE EL HOMBRE TE ALABE CON TODO SU CORAZÓN, DE LA ÚNICA
SABIDURÍA QUE DE TI SALIÓ; PIDIÉNDOTELA A TI, ¡OH SEÑOR!, CON EL ÚNICO AUTOR; Y FAMOSO FUE POR TODO
SER: “y aquella noche
apareció Dios a Salomón y le dijo: Pídeme lo que quieras que yo te dé.”
“Dame ahora sabiduría y ciencia, para presentarme
delante de este pueblo; porque ¿quién podrá gobernar a este tu pueblo tan
grande? Y dijo Dios a Salomón; Por cuanto hubo esto en tu corazón, y no pediste
riquezas, bienes o gloria, ni la vida de los que te quieren mal, ni pediste
muchos días, sino que has pedido para ti sabiduría y ciencia para gobernar a mi
pueblo, sobre el cual te he puesto por rey, sabiduría y ciencia te son dadas; y
también te daré riquezas, bienes y gloria, como nunca tuvieron los reyes que
han sido antes de ti, ni tendrán los que vengan después de ti.” (2ª Crónicas 1:7, 10-12).
“Teme a Dios, y guarda sus mandamientos; porque esto
es el todo del hombre.”
(Eclesiastés 12:13).
Y no olviden: “Y la palabra a su tiempo, ¡cuán
buena es!” (Proverbios 15:23).
Así sea su elección, porque en
Cristo está su solución; porque: “He aquí ahora el tiempo aceptable; he aquí ahora el día de salvación.” (2ª
Corintios 6:2) para todo aquel que quiere saldar la cuenta con su Creador,
Rey de reyes: “el
bienaventurado y solo Soberano, Rey de reyes, y Señor de señores, el único que
tiene inmortalidad, que habita en luz inaccesible; a quien ninguno de los
hombres ha visto ni puede ver, al cual sea la honra y el imperio sempiterno.
Amén.” (1ª Timoteo 6:15,16).
E. D. Bruñó Ibáñez
D.L. Z-3885-06