EL TESTAMENTO.

 

Dile al carcelero (cuando te diga: “volverás, eres carne de presidio”): “¡No volveré!”; dile a tu lengua hoy, no esperes a salir. En tu respuesta está escrito ya: “La muerte y la vida están en poder de la lengua,” (Proverbios 18:21).

 

No en vano está El Testamento para cada uno de los vivientes, del que tan sólo a uno dejó Su autoría de Poder; que, siéndolo, lo solidificó como la Única Roca que hasta hoy perdura; saliendo por Su boca sabiduría, gracia y contentamiento. Porque hoy no todos heredan, pero sí a través de Él, Testamento tienen. Testamento perpetuo. Mientras viva tu cuerpo presente lo tendrás; mientras viva tu alma lo respetará porque nacieron para unirse, no sólo aquí, sino para un más allá. Pero para ello, tuvo que morir para poder testar; pero tú, sin saberlo, un día lo encontrarás, que sin haberlo conocido, había estado ya. ¿Y cómo se sabe eso? Cuando un día escuchas que el Único Dios Verdadero vio y escuchó el gemir de los hombres, les escuchó y se compadeció y se contristó y los libertó: “Dijo luego Yahweh: Bien he visto la aflicción de mi pueblo que está en Egipto, y he oído su clamor a causa de sus exactores; pues he conocido sus angustias, y he descendido para librarlos de mano de los egipcios, y sacarlos de aquella tierra a una tierra buena y ancha, a tierra que fluye leche y miel,” (Éxodo 3:7-8). Si el hombre sintiere que era el Dios Omnipotente, el Santo del corazón sintiente ¿cómo los iba a dejar desamparados? ... no teniendo en dónde apoyarse, en donde no pueden asirse a nada, como no sea a la solución de la muerte... (¡y cuántos y cuántos hay!) ... en sus enfermedades, en sus odios, en sus envidias, en sus drogas, en sus inmundicias y en sus propias asquedades involucradas en sus inmundas locuras, insomnios y oquedades que el vacío los encuentra y hace nido con él en el hueco llamado muerte. ¡¡¡Si supiéramos que por todos ellos vino!!! ... Hay un Amor que por ellos suspira, ¿acaso no vino a por los perdidos?: “Porque no he venido a llamar a justos, sino a pecadores, al arrepentimiento.” (Mateo 9:13); “Los sanos no tienen necesidad de médico, sino los enfermos. No he venido a llamar a justos, sino a pecadores.” (Marcos 2:17).

 

¿Qué le decían a Jesús cuando los demonios lo veían?: “Y cuando salió él de la barca, en seguida vino a su encuentro, de los sepulcros, un hombre con un espíritu inmundo, que tenía su morada en los sepulcros, y nadie podía atarle, ni aun con cadenas. Porque muchas veces había sido atado con grillos y cadenas, mas las cadenas habían sido hechas pedazos por él, y desmenuzados los grillos; y nadie le podía dominar. Y siempre, de día y de noche, andaba dando voces en los montes y en los sepulcros, e hiriéndose con piedras. Cuando vio, pues, a Jesús de lejos, corrió, y se arrodilló ante él. Y clamando a gran voz, dijo: ¿Qué tienes conmigo, Jesús, Hijo del Dios Altísimo? Te conjuro por Dios que no me atormentes.” (Marcos 5:2-7);

 

“También salían demonios de muchos, dando voces y diciendo: Tú eres el Hijo de Dios. Pero él los reprendía y no les dejaba hablar, porque sabían que él era el Cristo.” (Lucas 4:41).

 

¿Dónde estaban fuera o dentro del hombre? Si ya Jesús se presentó en el templo cuando abrió las Escrituras, cuando Él mismo leyó: “Vino de Nazaret, donde se había criado; y en el día de reposo entró en la sinagoga, conforme a su costumbre, y se levantó a leer. Y se le dio el libro del profeta Isaías; y habiendo abierto el libro, halló el lugar donde estaba escrito: El Espíritu del Señor está sobre mí, por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres; me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón; a pregonar libertad a los cautivos, y vista a los ciegos; a poner en libertad a los oprimidos; a predicar el año agradable del Señor. Y enrollando el libro, lo dio al ministro, y se sentó; y los ojos de todos en la sinagoga estaban fijos en él. Y comenzó a decirles: Hoy se ha cumplido esta Escritura delante de vosotros.” (Lucas 4:16-21).

 

Vino a sacar y a extraer todo el enemigo que el hombre arrastra por heredad y fuera de ella: “y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres.” (Juan 8:32). Porque no quieren verla. La Verdad una sola, el Camino uno solo y el Yo Soy uno, el único mediador que hay entre Dios y los hombres, Jesucristo el viviente nuevo testamentario. El que ya era desde el principio, desde la afirmación de todo lo que apenas vemos en nuestros pequeños límites: “En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios. Este era en el principio con Dios.” (Juan 1:1-2).

 

Pero llegó la ciencia; pero llegó la botánica; pero llegó el átomo; pero llegaron los fondos submarinos; pero llegó el astronauta... ¡¡¡y lo que llegará!!! ... ¡¡¡y hasta lo que se alcanzará!!! ... También llegó la señal de lo alto y hoy vemos por la televisión al mundo entero en segundos hasta donde llega la señal... ¿y dónde está la nuestra? ... ¡los magos del oriente ya la vieron!: “Cuando Jesús nació en Belén de Judea en días del rey Herodes, vinieron del oriente a Jerusalén unos magos, diciendo: ¿Dónde está el rey de los judíos, que ha nacido? Porque su estrella hemos visto en el oriente, y venimos a adorarle.” (Mateo 2:1-2). Pero corrió Herodes para matar a todo niño que le pudiera hacer sombra en su poder porque ahí estaba: “Entonces Herodes, llamando en secreto a los magos, indagó de ellos diligentemente el tiempo de la aparición de la estrella; y enviándolos a Belén, dijo: Id allá y averiguad con diligencia acerca del niño; y cuando le halléis, hacédmelo saber, para que yo también vaya y le adore.” (Mateo 2:7-8).

“Pero siendo avisados por revelación en sueños que no volviesen a Herodes, regresaron a su tierra por otro camino.” (Mateo 2:12).

“Herodes buscará al niño para matarlo.” (Mateo 2:13).

“Herodes entonces, cuando se vio burlado por los magos, se enojó mucho, y mandó matar a todos los niños menores de dos años que había en Belén y en todos sus alrededores, conforme al tiempo que había inquirido de los magos.” (Mateo 2:16).

 

Él no vino para usurpar, para implantar, para someter, sino para dar libertad al alma oprimida, para combatir al diablo que vino a robar, a matar y a destruir: “El ladrón no viene sino para hurtar y matar y destruir; yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia.” (Juan 10:10).

Su arma era espiritual: “No con ejército, ni con fuerza, sino con mi Espíritu, ha dicho Yahweh de los ejércitos.” (Zacarías 4:6). Su espada es contra el espíritu opresor. No vino a combatir a la carne sino al espíritu para hacernos libres ante nuestro Creador, ante nuestro Dios, ante Su Espíritu Santificador.

“Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros” (Juan 1:14). Y lo crucificaron en la Cruz, ¡al cuerpo!, pero no ¡al espíritu! que vuelve a Su Creador.

“¿Qué es lo que fue? Lo mismo que será. ¿Qué es lo que ha sido hecho? Lo mismo que se hará; y nada hay nuevo debajo del sol.” (Eclesiastés 1:9). Todo vuelve a su principio y Él lo sabía y bajó para dar ejemplo de que Dios es Amor: “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna. Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él.” (Juan 3:16-17).

Es el mismo que hoy te dice: “¡Ven! ¡ven a mí!”: “Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar.” (Mateo 11:28).

 

“Déjate correr por mis corrientes vivas que no te dejaré estancado, sino que en las riberas te daré descanso; donde el árbol frondoso se nutrirá de ti y sus riberas y el pan no les faltará, ni su agua, ni su aliento porque a fuentes de agua viva te conduciré y allí te haré fértil, erguido y fuerte para que a través de ti haya caudal de vida porque yo soy la vid: “Yo soy la vid verdadera, y mi Padre es el labrador.” (Juan 15:1).

 

Así es tu vino ¡como tu Sangre en la Cruz!, vino que trae dulzura y descanso al corazón, vino joven y lleno de vida, nutrición celestial eres desde tu niñez.

 

Ahora es tu oportunidad para tener un encuentro Real y Vivo con el que tanto te ama, dile así: “SEÑOR JESÚS, ENTRA A MI CORAZÓN, RAZÓN DE MI VIVIR. PENÉTRAME HASTA EL ALMA Y MI ESPÍRITU SE RECONFORTE DE TI. LÍMPIAME MÁS Y MÁS DE TODA MI AUTORÍA. SEA TU TESTAMENTO EL GUÍA DE MI VIDA; YA PAGARON MIS MONEDAS, MI TRAICIÓN: “Entonces los principales sacerdotes, los escribas, y los ancianos del pueblo se reunieron en el patio del sumo sacerdote llamado Caifás, y tuvieron consejo para prender con engaño a Jesús, y matarle.” (Mateo 26:3-4); “Entonces uno de los doce, que se llamaba Judas Iscariote, fue a los principales sacerdotes, y les dijo: ¿Qué me queréis dar, y yo os lo entregaré? Y ellos le signaron treinta piezas de plata.” (Mateo 26:14-15). TÚ ERES MI ABOGADO; PERO TÚ SÓLO CARGASTE CON MIS DELITOS, EN LOS CUALES NO ANDUVISTE; PERO NOS PERDONASTE EN LA CRUZ Y TU SANGRE NOS REDIMIÓ ANTE DIOS, ANTE EL TRIBUNAL QUE A TODOS NOS ESPERA. ¡GRACIAS TE DOY HOY POR ELLO! BENDITO SEA TU TIEMPO Y TU DEMORA Y TU BENEVOLENCIA PARA QUE HOY POR TI SEA SALVA POR TU BENDITA ENTREGA EN LA CRUZ; PORQUE SABÍAS QUE HOY COMPRENDERÍA QUE EN TU TESTAMENTO MI NOMBRE ESTÁ DESDE EL PRINCIPIO. CREA EN MÍ UN CORAZÓN LIMPIO DELANTE DE TI. PERDÓNAME. LÍMPIAME CON TU SANGRE EXPIATORIA. LÍBRAME DE MÍ. BORRA MI PASADO. ILUMÍNAME EL PORVENIR. VEA TU CAMINO Y ÉL ME DIRIJA. CONDÚCEME. QUE TU VARA Y TU CAYADO ME INFUNDEN ALIENTO HASTA EL FINAL DEL CAMINO. ÁMAME. INFÚNDEME VALOR. QUE TU FE ME LLENE EL ALMA Y TU SANTO ESPÍRITU ME LLENE EN TODO TU FULGOR. LÍBRAME DE TODO ACECHO EN MI CAMINAR; PERO SI CAIGO, QUE TU MANO ME LEVANTE Y ME SUSTENTE, QUE SIEMPRE PRESENTE ESTÉS. NO QUITES TUS OJOS DE MÍ Y TU OÍDO ESTÉ ATENTO A MI CLAMOR PORQUE GRANDE ES MI NECESIDAD EN TI Y POR TI, POR TU AMOR, POR TU CLEMENCIA Y POR TU VIRTUD. PERDÓNAME. LLÉNAME Y HAZ DE MÍ LO QUE TÚ QUIERAS EN MI PRESENTE Y EN TU DEVENIR; PORQUE GRANDE ES ÉL EN MEDIO DE MÍ, EL SANTO DE ISRAEL.”

 

 

E. D. Bruñó Ibáñez

D.L. Z-3887-06