HOY
ES EL DÍA DE SALVACIÓN.
“En tiempo aceptable te
he oído, y en día de salvación te he socorrido. He aquí ahora el tiempo
aceptable; he aquí ahora el día de salvación”. (2ª Corintios 6:2)
Hoy es
tu único día, no hay otro, porque no existe. Y no porque lo digo yo sino porque
lo dice la Biblia... y ella lo sabe, como lo sabe todo aquel que lo anuncia a
través del Espíritu Santo de Dios porque Él lo sabe. Como lo dice Dios porque
Él es el único que lo determina para todo aquel que hoy parte porque
llegó el final de su vida, o sea “hoy”,
su HOY: ¡su único <<hoy>>! En su esquela quedó grabado el día de Hoy...
¡piensa! ... cuántas esquelas, a través de toda la faz de la tierra, tienen
fechada su partida Hoy... y piensa, también, cuántas mañanas tenían en su pensar
y en su sentir, y en sus satisfacciones mañaneras... y qué engañosas son,
¿verdad? Porque no existe mañana si no se vive y hay que tenerlo para contarlo,
o sea pasarlo: trasladar ese tiempo y vivenciarlo... ¿pero vendrá? ... ¿pero
existirá? ... ¿pero viviré para contarlo? ... ¿o lo trasladaré para que “otros”
vivan lo que tengo que hacer? ... ¿por qué otros continúan lo que “el otro” no
pudo hacer? ... ¿transmisión? ¡Futuro de acción! ¿Transmutación de su Hoy
continuo? ¡Si el suyo acabó!, y su espíritu va a Dios: “el polvo vuelva a la tierra, como era, y el
espíritu vuelva a Dios que lo dio”. (Eclesiastés 12:7).
Si lo
suyo acabó, ¿qué es con los demás? ... ¿acaso tu celo tiene derecho y cohecho
con los demás?, ¿no tiene cada uno bastante con su propio caudal que tienen que
continuar con tu mañana que no es el de los demás? ¡Párate en el camino y
piensa en tu Hoy!, que es único, y con tu legítimo derecho de llevar a cabo tu
propio pensar. ¡Piensa Hoy en tu ayer!, que “ese” sí que existió y qué cosecha
tienes en tu Hoy. Recolecta y sé libre de autorizarte tu propio paso que
marcará tu destino y así a nadie podrás culpar, ni juzgar, ni criticar, ni
imitar, ni fomentar porque sólo hay uno que te dará la libertad. Porque está
escrito hasta la inmortalidad. Y tarde o temprano todo ojo lo verá y oído lo
oirá, y de Su Presencia nadie nos librará. Porque alumbrará como lumbrera y Su
Cetro lo demostrará: “No con ejército, ni con fuerza, sino con mi Espíritu ha dicho Yahweh
de los ejércitos”. (Zacarías 4:6). Y
Su Espíritu hecho carne y gloria estará, y en Su Presencia reinará. Pero Él,
Hoy, nos quiere librar de lo que está escrito que se avecinará. Por eso Hoy es
el día de salvación: “he aquí ahora el día de salvación” (2ª Corintios 6:2)
Porque
en las nubes vendrá a recoger a los suyos, que morada fue a hacer para
llevarnos allá: “En la casa de mi Padre muchas moradas hay; si así no fuera, yo os lo
hubiera dicho; voy, pues, a preparar lugar para vosotros. Y si me fuere y os
preparare lugar, vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo, para que donde yo
estoy, vosotros también estéis”. (Juan 14:2,3). Antes de que venga aquí
esa llamada: “paz, paz, paz”... “Porque vosotros sabéis perfectamente que el día
del Señor vendrá así como ladrón en la noche; que cuando digan: Paz y seguridad,
entonces vendrá sobre ellos destrucción repentina, como los dolores a la mujer
encinta, y no escaparán”. (1ª Tesalonicenses 5:3)... que trae guerras y desastres...
que Él quiere que toda criatura se libre de tenerla que vibrar porque
grandes padeceres habrá y no quiere Él que nadie sucumba en ellos. Por
eso Hoy Él lo anuncia a todo aquel que siente la necesidad de tener la
seguridad, de tener la paz interna que no la encuentra fuera, sino eterna y sin
final. “Porque
el Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido”. (Lucas
19:10)
Y no
pienses que te perdieron, que te engañaron, que te transpusieron... sé propio y
búscate en tu interior y encontrarás vacíos, culpables, agentes, virus,
estrategas, burladores, engañadores, saqueadores, y que cada uno busca lo suyo
y en ninguno encontrarás ni a Dios, ni a su prójimo. Jesús dice: “Amarás al Señor
tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. Este es
el primero y grande mandamiento. Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo
como a ti mismo. De estos dos mandamientos depende toda la ley y los profetas”.
(Mateo 22:37-40).
“Porque de tal manera amó
Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él
cree, no se pierda, mas tenga vida eterna”. (Juan 3:16); “cree solamente”
(Lucas 8:50) y
reconócete ante Él con libertad total, íntima y personal. Pídele a Él que te
libre de tu propio mal, el que contra el cielo y contra Él cometes y haces de
pensamiento, palabra y obra.
Dile así
ahora, en este preciso momento y en el lugar en donde tú te encuentras, porque
Él te está viendo y te escucha: “¡PERDÓNAME MI SEÑOR JESUCRISTO! “Ten piedad de mí,
oh Dios, conforme a tu misericordia; conforme a la multitud de tus piedades
borra mis rebeliones. Lávame más y más de mi maldad, y límpiame de mi pecado.
Porque yo reconozco mis rebeliones, y mi pecado está siempre delante de mí.
Contra ti, contra ti solo he pecado, y he hecho lo malo delante de tus ojos;
para que seas reconocido justo en tu palabra, y tenido por puro en tu juicio.
He aquí, en maldad he sido formado, y en pecado me concibió mi madre. He aquí,
tú amas la verdad en lo íntimo, y en lo secreto me has hecho comprender
sabiduría. Purifícame con hisopo, y seré limpio; lávame, y seré más blanco que
la nieve. Hazme oír gozo y alegría, y se recrearán los huesos que has abatido.
Esconde tu rostro de mis pecados, y borra todas mis maldades. Crea en
mí, oh Dios, un corazón limpio, y renueva un espíritu recto dentro de mí. No me
eches de delante de ti, y no quites de mí tu santo Espíritu. Vuélveme el gozo
de tu salvación, y espíritu noble me sustente. Entonces enseñaré a los
transgresores tus caminos, y los pecadores se convertirán a ti. Líbrame de
homicidios, oh Dios, Dios de mi salvación; cantará mi lengua tu justicia.
Señor, abre mis labios, y publicará mi boca tu alabanza. Porque no quieres
sacrificio, que yo lo daría; no quieres holocausto. Los sacrificios de Dios son
el espíritu quebrantado; al corazón contrito y humillado no despreciarás tú, oh
Dios”. (Salmo 51:1-17). ¡TÚ QUE ESTÁS EN LOS CIELOS!, TÚ QUE VENCISTE A
LA MUERTE Y AL TERCER DÍA RESUCITASTE Y ESTÁS SENTADO A LA DIESTRA DEL PADRE Y “HOY” ERES MI MEDIADOR :
“Porque hay
un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre,
el cual se dio a sí mismo en rescate por todos, de lo cual se dio testimonio a
su debido tiempo”. (1ª Timoteo 2:5,6). A TI CLAMO SEÑOR JESUCRISTO,
ENTRA DENTRO DE MI CORAZÓN Y LÍMPIAME CON TU SANGRE QUE VERTISTE POR MÍ EN LA
CRUZ, POR TU ESTATUTO DE SALVACIÓN, POR TU ESTANDARTE DE AMOR, PORQUE EL AMOR
TODO LO PUEDE Y TODO LO SOPORTA Y TÚ
LO DEMOSTRASTE EN LA CRUZ POR MÍ
Y SOY TESTIGO DE LA SALVACIÓN QUE SE SIENTE Y ES VIVIENTE. LÍBRAME DE MÍ Y DE
TODA MI MENTE Y DE TODA MI CARNE Y DE TODA MI SIMIENTE. SÉ MI SIMIENTE VIVA Y
EFICAZ: “Yo
soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, éste
lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer”. (Juan 15:5).
QUE DE MI RACIMO CORRAN VINOS DE ALEGRÍA, DE COMUNIÓN, DE MEDICINA, GLORIANDO
ESE DÍA EN QUE TU AGONÍA LLEGÓ A LA MUERTE Y TU “VICTORIA” A LA RESURRECCIÓN Y A LA VIDA, Y HOY SE PUEDE SENTIR ESE DÍA QUE
LOGRASTE QUE TU CRIATURA TENGA COMUNIÓN CON DIOS EL PADRE Y SE FORME A TRAVÉS
TUYA, MEDIADOR MÍO, MEDIANTE TU SANGRE VERTIDA
PORQUE CUANDO ÉL LA VE EN EL
CORAZÓN DEL SER HUMANO, TE VE A TI
Y EL ZUMO DE TU AGONÍA CONVERTIDA EN TESORO DERRAMADO A LOS PIES DEL REY DE
REYES, POR SU AMOR DERRETIDO EN PERFUME DERRAMADO. GRACIAS PADRE SANTO POR
HABERNOS DADO A TU HIJO AMADO Y A TU SANTO ESPÍRITU DERRAMADO PARA TENER HOY LA
DICHA DE UN FUTURO QUE SE ETERNIZA DÍA A DÍA SOSTENIÉNDONOS SUJETOS A TI “HOY” TODO EL DÍA. AMÉN”.
E. D.
Bruñó Ibáñez
D. L.
Z-3285-07