LA LEY
¡Por fin! Llegó hasta el Parlamento el grito, el humo de la queja
bramante que hay y existe sobre los derechos humanos. La denuncia es manifiesta
sobre “la total” indiferencia de los derechos humanos y a la personalidad del
deterioro moral; a la falta de instrucción del cuándo, poniendo fecha de aprobación de ley y de ejecución.
El hombre olvida que nada hay nuevo bajo el sol, ¡nada!, porque así lo
estableció Dios desde el principio, desde que la vida existió en esta tierra.
¿Dónde están los derechos de Dios? ... ¿Dónde están Sus estatutos? ... ¿Qué
pasó con Su ley? ...
Primeramente la puso en el corazón del primer hombre; después Su
transmisión hasta que Moisés al recibirla del dedo de Dios en el Monte Sinaí
fue establecida para toda mente y razón; ¿o fue el hombre quien creó a Dios?
... y ni siquiera se perturbó todo aquel que la cambió... hasta hoy. Olvidan
acaso que escrito está: “Si alguno añadiere a estas cosas, Dios traerá sobre él las plagas que
están escritas en este libro. Y si alguno quitare de las palabras del libro de
esta profecía, Dios quitará su parte del libro de la vida, y de la santa ciudad
y de las cosas que están escritas en este libro”. (Apocalipsis 22:18 y 19).
¿O se piensa el hombre que va a manejar a Dios?, ¿para que imponga sentencia
hoy a todo aquel que se burló, cambió o mutiló? ...
De Dios es el tiempo y Su justicia, el cuándo y el cómo; Él tiene Su
día, Su Gran día de Juicio, del que nadie se escapa; como nadie se escapa de la
muerte, ni de la tormenta, ni del aguacero, ni del sol que calienta.
Así como viene la sequía, así como viene la inundación, así como viene
la nieve; cuando Él quiere y lo establece para que el hombre pare y piense que
de Él todo depende.
Él no sólo habla, sino también hace; mas el hombre se rebela en cuanto
amanece persistiendo en su total indiferencia y tolerancia...
No olvides que el hombre parte pero Dios permanece para siempre y después...
hay un Juicio que Dios lo estableció para toda criatura... y de ese Juicio
nadie escapará y la sentencia es la misma que Él promulgó; Dios no cambia: “Jesucristo es el
mismo ayer, y hoy, y por los siglos”. (Hebreos 13:8); y de Dios nadie se
burla.
Todo el hombre “hoy”
la tiene en su poder. ¿Acaso no tiene derecho el hombre de saberla?, ¿quién se
lo impide?, ¿quién?
Dios la escribió para la mente y el corazón que Él creó: el hombre; sin
intérpretes, sin mediadores, y conciencia le dio al corazón para saber que todo
delito que entró en su corazón le perturbó desde el principio y nació la
justificación acompañada de la acusación porque no quiso el hombre
humillarse ante su Dios y Creador.
No olvides “tú hombre” que Dios es paciente y misericordioso ... y eso
está escrito; pero seguís mutilando el tiempo sabiendo que el corazón del
hombre es engañoso y a veces al corazón se le convence al juicio que se apropió
y se determinó en acción: ¿Quién se adueña de quién? ¿No es uno mismo? ¡Párate
en el camino, no sea que perezcas! “Paraos en los caminos, y mirad, y preguntad por
las sendas antiguas, cuál sea el buen camino, y andad por él, y hallaréis
descanso para vuestra alma” (Jeremías 6:16).
A la vida no se le ha encontrado todavía medida, tan sólo tiene dos
fechas y qué pocas coinciden; y no olvides que la vida de Dios es y su duración
también.
¡Nadie tiene excusa!
La Escritura, “Palabra de Dios”, declara ser Su propio intérprete. Así
que ¿a quién vais a acusar... esta vez?
Toda la Biblia debería ser dada al pueblo, tal cual es, para su
adquisición. Tenerla ya es una bendición, conforme la lees, clamando a Dios
entendimiento y sabiduría en Cristo Jesús, el que vino y dijo: “Amarás al Señor
tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. Este es
el primero y grande mandamiento. Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo
como a ti mismo. De estos dos mandamientos depende toda la ley y los profetas”.
(Mateo 22:37-40).
¡Ahí tenéis toda la ley!, que sigue permaneciendo en toda alma sincera,
alcanzando la luz de la verdad: “y conoceréis la verdad, y la verdad os hará
libres”. (Juan 8:32).
La luz está implantada dentro del justo: “Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis;
llamad, y se os abrirá. Porque todo aquel que pide, recibe; y el que busca,
halla; y al que llama se le abrirá”. (Mateo 7:7).
No seáis como los escribas y fariseos en los tiempos cuando Jesucristo
vino hecho carne a esta tierra: “Entonces habló Jesús a la gente y a sus
discípulos, diciendo: En la cátedra de Moisés se sientan los escribas y los
fariseos. Así que, todo lo que os digan que guardéis, guardadlo y hacedlo; mas no hagáis conforme a sus obras, porque dicen, y no
hacen. Porque atan cargas pesadas y difíciles de llevar; y las ponen sobre los
hombros de los hombres; pero ellos ni con un dedo quieren moverlas. Antes,
hacen todas sus obras para ser vistos por los hombres. Pues ensanchan sus
filacterias, y extienden los flecos de sus mantos; y aman los primeros asientos
en las cenas, y las primeras sillas en las plazas, y que los hombres los
llamen: Rabí, Rabí”. (Mateo 23:1-7).
Ya que Dios no cambia, pero sí el hombre con sus tácticas; pero la Ley
es la misma hasta que sea en Juicio señalada. Dios es el mismo: “Jesucristo es el
mismo ayer, y hoy, y por los siglos”. (Hebreos 13:8); y la escribió para
toda criatura y raza sin excepción: “Y de una sangre ha hecho todo el linaje de los
hombres, para que habiten sobre toda la faz de la tierra”. (Hechos 17:26).
Y la cosecha sigue estando en relación con la naturaleza de la siembra: “pues todo lo que
el hombre sembrare, eso también segará”. (Gálatas 6:7).
Buscad los derechos de Dios, que al hombre dio. Buscad, hoy, que estáis
a tiempo: “¿No
es más bien el ayuno que yo escogí, desatar las ligaduras de impiedad, soltar
las cargas de opresión, y dejar ir libres a los quebrantados, y que rompáis
todo yugo? ¿No es que partas tu pan con el hambriento, y a los pobres errantes
albergues en casa; que cuando veas al desnudo, lo cubras, y no te escondas de
tu hermano? Entonces nacerá tu luz como el alba, y tu salvación se dejará ver
pronto; e irá tu justicia delante de ti, y la gloria del Señor será tu
retaguardia. Entonces invocarás, y te oirá el Señor; clamarás, y dirá él: Heme
aquí. Si quitares de en medio de ti el yugo, el dedo amenazador, y el hablar
vanidad; y si dieres tu pan al hambriento, y saciares al alma afligida, en la
tinieblas nacerá tu luz, y tu oscuridad será como el mediodía. El Señor te
pastoreará siempre, y en las sequías saciará tu alma, y dará vigor a tus
huesos; y serás como huerto de riego, y como manantial de aguas, cuyas aguas
nunca faltan. Y los tuyos edificarán las ruinas antiguas; los cimientos de
generación y generación levantarás, y serás llamado reparador de portillos,
restaurador de calzadas para habitar”. (Isaías 58:6-12).
Clama a Dios con todo tu corazón, y desnúdate tu interior hacia Él,
porque conoce cada pliegue de tu corazón; a Él no le engañan los labios
mentirosos. Él ve todo lo oculto del hombre y no hay rincón oscuro donde Él no
vea. En cualquier rincón o lugar humíllate ante Dios porque misericordia tiene
y cuando se abre el corazón, Él escucha, y siempre atiende; no hay falta o
traición, pecado o crimen que Él no perdone. Todo lo perdona, confía en Él.
Porque es un Dios ¡VIVO!, ¡Real! y ¡Viviente!
“Porque de tal
manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel
que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna”. (Juan 3:16).
Cuando Jesucristo consumó Su obediencia a Dios en esta tierra, murió y
resucitó; y está escrito: “Porque hay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres,
Jesucristo hombre, el cual se dio a sí mismo en rescate por todos, de lo cual
se dio testimonio a su debido tiempo”. (1ª Timoteo 2:5).
Él está sentado a la diestra de Dios Padre: “Jesús le dijo: Tú lo has dicho; y además os
digo, que desde ahora veréis al Hijo del Hombre sentado a la diestra del poder
de Dios, y viniendo en las nubes del cielo”. (Mateo 26:64);
intercediendo por todo aquel que le busca, que le ruega, que le clama
pidiéndole perdón por todos sus pecados desde que se nace hasta ese momento.
¡Humíllate ante Él, tu Dios, por Cristo Jesús tu Mediador! pídele que
entre en tu corazón ya que es Espíritu Vivificador y Eterno, y dile: “Señor Jesús, perdóname, entra dentro de mi
corazón, cúbreme con Tu Sangre Preciosa, la que limpia de todo pecado ante
Dios, sálvame”; porque sólo Él lo puso como Mediador porque es Fiel
desde el principio; sin pecado, sin falta, holocausto de amor, de justicia
eterna. Acude hoy a Él, hoy es el día de salvación: “He aquí ahora
el día de salvación”. (2ª Corintios 6:2).
Porque hoy salva, porque hoy da la vida a todo hombre y lo llena de
justicia, de la misericordia que Él recibió y se apropió surge de Él hacia los
demás como fuente emanadora de todos los que le buscan: “Porque donde están dos o tres congregados en
mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos”. (Mateo 18:20).
¡Cree tan sólo!
Solamente en Cristo quedarás libre de toda cadena, de toda condena, de
todo juicio: “Sabed,
pues, esto, varones hermanos: que por medio de él (Jesucristo) se os anuncia perdón de pecados, y que de todo aquello de que por la
ley de Moisés no pudisteis ser justificados, en él (Jesucristo) es justificado todo aquel que cree”. (Mateo
13:38); justificados somos, libertad nos da. No te encierres más,
sal de la celda y mira más allá; porque después de la muerte viene el juicio, y
ese no tarda, y ante Dios te verás, tal como fuiste hasta el final.
¡Clama hoy a Él!
Él no muda, ni cambia. Prueba y no dudes y verás cómo se cumple. “El fin de todo el
discurso oído es este: Teme a Dios, y guarda sus mandamientos; porque esto es
el todo del hombre”. (Eclesiastés 12:13).
E. D. Bruñó Ibáñez
D. L. Z-3884-06