MALAQUÍAS 3.
Muchas personas todavía no conocen a Cristo ni tienen quien
les enseñe “lo que pasó” ni tienen el privilegio de saber que Dios los llama a
una Salvación gratuita.
¿Quiénes somos los que nos tenemos que encargar de que esto
suceda?
¿No somos los “llamados” hijos de Dios, que lo llamamos
Altísimo pero nadie lo quiere enaltecer?
¿No
está escrito que somos la luz del mundo?, si sólo a través de la Escritura está
escrito que la Verdad nos hará libres ¿quién va a regalar las Biblias?, ¿en
dónde van a encontrar otro consuelo?, sólo en Cristo Jesús que es el Consolador,
¿quién les enseñará?, porque Jesucristo de Nazaret sufre el desamor que hay en
esta tierra y agoniza escuchando el bramido del hombre porque no hay una mano
de amor que le dé la perla que adquirimos un día. Está ciertamente muy triste
pero de todos nosotros, de eso se conduele, de ver tanta pobreza (tanto
espiritual como económica) porque no queremos romper nuestras ligaduras,
queremos hacerlo a nuestro modo, a nuestros ritos y a nuestras costumbres, y
nos convertimos en algo peor de lo que éramos antes. Porque nuestra Iglesia
debe liberarse de prejuicios, denominacionalismos, culturas, costumbres y
tradiciones de nuestros nacionalismos, porque a todos se nos dio a beber de UN
MISMO ESPÍRITU (1ª Corintios 12:13). Si Dios estableció el diezmo, que
claramente nos lo habla en Malaquías 3, para que se lo demos a nuestros
Pastores para que vivan para la Iglesia y no se tengan que dedicar a otros
trabajos; y también las ofrendas para que el Pastor adquiera la administración
de que no falte el Pan de Vida que es la Palabra escrita para que la Iglesia
adquiera conocimiento y no se pierda y pueda repartir a sus semejantes (o
prójimos): “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y
con toda tu mente. Este es el primero y grande mandamiento. Y el segundo es
semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. De estos dos mandamientos
depende toda la ley y los profetas”. (Mateo 22:37-40). Y como no somos capaces
ni de diezmar ni de ofrendar pasando de la Palabra ¿cómo nos va a venir la
sobreabundancia de Malaquías 3:10 que abrirá las ventanas de los cielos? (que
quiere decir riquezas), si a nuestros Pastores no les dejamos vivir para las
Ovejas y los sometemos a trabajar y todavía no les diezmamos, ni les damos las
primicias de todo lo que el Señor nos da y no les ofrendamos para que se
dediquen, entre otras cosas, a hacer la labor que deben estar haciendo para
todos nosotros, porque lo más triste de todo es que no se ofrenda PARA QUE
OTROS NO RECIBAN y esto es egoísmo porque sabemos desde el primer día que esta
labor no la puede hacer un Siervo de Dios sólo sino con nuestra compasión por
las almas, por amor y desprendimiento para que a otros les alcance. Porque en
el mismo libro de Malaquías, hablando acerca de los diezmos y las ofrendas, dice:
“Malditos sois con maldición, porque vosotros, la nación toda, me habéis
robado”. (Malaquías 3:9), es por esto por lo que se arrastra en la Iglesia
tanta pobreza, es Palabra de Dios y no de hombre, porque a Dios se le enaltece
obedeciéndolo, porque aquí tenemos la clave de la riqueza ¿por qué no la tenemos?...
si no queremos más que para nosotros mismos sin poner por obra lo que nos enseña
toda la Escritura (la Biblia), especialmente en Malaquías, sobre los diezmos y
las ofrendas y acerca de amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a nosotros
mismos, que son mandamientos de Dios para todos “De estos dos mandamientos
depende toda la ley y los profetas”. (Mateo 22: 40)
Porque es necesario que crezcamos desde abajo solidamente,
así como Jesucristo de Nazaret es la Roca, y afianzarnos en Él para ABOLIR LA
POBREZA, LA TRADICIÓN Y LAS CULTURAS DE LAS RAZAS que bien satisfechos nos
tienen u orgullosos. Dios el Creador de toda la raza humana nos hizo a todos
iguales ante Dios, así como la Gracia que sobreabunda es repartida a todos por
igual, para Dios no hay ricos ni pobres, ni gitanos ni payos, ni blancos ni
negros, sólo al corazón es al que Dios mira: “Engañoso es el corazón más que
todas las cosas, y perverso; ¿quién lo conocerá? Yo Yahweh, que escudriño la
mente, que pruebo el corazón, para dar a cada uno según su camino, según el
fruto de sus obras”. (Jeremías 17:9,10)
El Señor dice en Su Palabra: “que pruebo”, porque es un
privilegio el dar a Dios. El mismísimo Jesucristo de Nazaret alabó a la pobre
viuda que había puesto las dos blancas que eran todo lo que ella tenía para su
sustento (o sea que la probó) y la vio de lejos, así que no se quiera reservar
este privilegio nadie porque se piensa que solamente el rico es el que puede
dar ya que Jesús dice todo lo contrario, léelo en Marcos 12:41-43 ; si
el Señor dice “dad y se os dará”, solo reciben aquellos que Dios los prueba
dando, empezando en sus diezmos para el Pastor porque Él lo mandó para que
enriquezca a la Iglesia con Su conocimiento y no se dedique a hacer otros
trabajos para poder sobrevivir y sustentar a su familia, para que tenga tiempo
para la oración, para el estudio y para la enseñanza, para la exhortación y la preparación,
por eso hay tanto pobre en la Iglesia, porque no dan ni sus diezmos ni sus
ofrendas para que sus Pastores puedan amparar a las viudas de sus
congregaciones, a los huérfanos y para adquirir Biblias y libros de enseñanza y
mantener un local para que la congregación esté reunida y en buenas condiciones
y para mantener a todos los Misioneros que salgan de sus Iglesias, puestos por
Dios (no viajeros voluntarios) en todo su sostenimiento incluyendo su familia:
“y calzados los pies con el apresto del evangelio de la paz” (Efesios 6:15).
Y yo me pregunto: ¿por qué no se enseña bien a la Iglesia?...
“¡Ay de los pastores de Israel, que se apacientan a sí
mismos! ¿No apacientan los pastores a los rebaños? Coméis la grosura, y os
vestís de la lana; la engordada degolláis, mas no apacentáis a las ovejas. No
fortalecisteis las débiles, ni curasteis la enferma; no vendasteis la
perniquebrada, ni volvisteis al redil la descarriada, ni buscasteis la perdida,
sino que os habéis enseñoreado de ellas con dureza y con violencia. Y andan
errantes por falta de pastor, y son presa de todas las fieras del campo, y se
han dispersado. Anduvieron perdidas mis ovejas por todos los montes, y en todo
collado alto; y en toda la faz de la tierra fueron esparcidas mis ovejas, y no
hubo quien las buscase, ni quien preguntase por ellas. Por tanto, pastores, oíd
palabra de Yahweh: Vivo yo, ha dicho Yahweh el Señor, que por cuanto mi rebaño
fue para ser robado, y mis ovejas fueron para ser presa de todas las fieras del
campo, sin pastor; ni mis pastores buscaron mis ovejas, sino que los pastores
se apacentaron a sí mismos, y no apacentaron mis ovejas; por tanto, oh
pastores, oíd palabra de Yahweh. Así ha dicho Yahweh el Señor: He aquí, yo
estoy contra los pastores; y demandaré mis ovejas de su mano, y les haré dejar
de apacentar las ovejas; ni los pastores se apacentarán más a sí mismos, pues
yo libraré mis ovejas de sus bocas, y no les serán más por comida. Porque así
ha dicho Yahweh el Señor: He aquí yo mismo iré a buscar mis ovejas, y las
reconoceré. Como reconoce su rebaño el pastor el día que está en medio de sus
ovejas esparcidas, así reconoceré mis ovejas, y las libraré de todos los
lugares en que fueron esparcidas el día del nublado y de la oscuridad. Y yo las
sacaré de los pueblos, y las juntaré de las tierras; las traeré a su propia
tierra, y las apacentaré en los montes de Israel, por las riberas, y en todos
los lugares habitados del país. En buenos pastos las apacentaré, y en los altos
montes de Israel. Yo apacentaré mis ovejas, y yo les daré aprisco, dice Yahweh
el Señor. Yo buscaré la perdida, y haré volver al redil la descarriada, vendaré
la perniquebrada, y fortaleceré la débil; mas a la engordada y a la fuerte
destruiré; las apacentaré con justicia. Mas en cuanto a vosotras, ovejas mías,
así ha dicho Yahweh el Señor: He aquí yo juzgo entre oveja y oveja, entre
carneros y machos cabríos”. (Ezequiel 34:2-17)
Porque sembrar en la Iglesia es hacerla próspera y
convertirla en un paladín para todas las demás y no depender un Pastor de
tantos organismos sino del que el Señor le puso, a cada uno, en su propio
Ministerio. Porque muchos son los llamados y pocos los elegidos, porque no
todos los componentes de las Iglesias son cristianos, sino que muchos son los
que se encargan de leudar toda la masa, más vale pocos en Cristo que no decir
“nacieron con nosotros pero no son de nosotros”. Deberían de tener las Iglesias
“la puerta más estrecha y más difícil” para que no entren los lobos rapaces a
sacar a las ovejas, pero ¡claro!, la Iglesia no puede mantener al Pastor y
contra más ocupado está, ¡pues mejor!, y… ¡luego pasa lo que pasa! … ¡a Abraham
le fue muy bien dar los diezmos de todo a Melquisedec!, ¿cuántos llevamos su
herencia, la que Dios le aprobó de que su descendencia sería como la arena del mar
o como las estrellas del cielo?, porque Abraham creyó a Dios y le fue contado
por justicia. Pero si preguntas en las Iglesias si creen en Dios todos te van a
decir que sí pero no a todos les acompañan los frutos del Espíritu Santo de
Dios, porque Dios da y cuando son probados lo convierten en “el limosnero” o
sea si tienen sobras le dan o “cuando puedan”. Por eso hay tanto LAMENTO Y
ENFERMEDAD en las Iglesias. ¡Malo es robar a Dios!, Malaquías lo dice y no yo.
“La
justicia del justo no lo librará el día que se rebelare; y la impiedad del
impío no le será estorbo el día que se volviere de su impiedad; y el justo no
podrá vivir por su justicia el día que pecare”. (Ezequiel 33:12)
Me
repito mucho porque os amo mucho, porque Jesucristo de Nazaret es el mismo
ayer, hoy y por los siglos, y su Palabra es la misma (que no pasará) y la
repite porque Dios nos ama mucho y la bendición está en nuestra mano solamente
(en nuestra decisión y determinación), porque Dios ya la envió a todo aquel que
es primero OIDOR y después HACEDOR de la Palabra.
Jesucristo de Nazaret quiere presentarnos al Padre con su
placer gozoso de que todos sus hermanos aprendieron una hermosa lección que Él
también nos dio para que no seamos como los fariseos a los que les tuvo que
decir: “¡Ay de vosotros, escribas y fariseos,
hipócritas! porque diezmáis la menta y el eneldo y el comino, y dejáis lo más
importante de la ley: la justicia, la misericordia y la fe. Esto era necesario
hacer, sin dejar de hacer aquello.”(Mateo 23:23), ya que nos ordenó (cuando nos
eligió y nos elige) para llevarle mucho fruto de justicia, de misericordia, de
fe y sobretodo de amor que es en resumen la suprema obediencia en todo para que
llevemos su yugo juntamente con Él.
“Enséñanos de tal modo a contar
nuestros días, que traigamos al corazón sabiduría”. (Salmo 90:12)
Amigo, hermano, ¿desea ser salvo
y reconciliarse con el Señor Jesucristo? Haga esta oración con el corazón
contrito y humillado ante Dios y verá cómo acontece el mayor milagro que es
la Salvación y la Reconciliación con Dios que es en Cristo Jesús. ¡Experimente
valiente!, porque de los valientes es el reino de los cielos, ¡escrito está!
Diga así, ahora: “TÚ QUE CONOCES EL CORAZÓN DEL HOMBRE Y SU
ALMA POR LA CUAL ASPIRA, MÍRAME OH DIOS Y TEN PIEDAD DE MÍ “Porque hay un solo
Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre, el cual
se dio a sí mismo en rescate por todos” (1ª Timoteo 2:5), PERDÓNAME DE TODOS
MIS PECADOS DESDE QUE NACÍ DEL VIENTRE DE MI MADRE HASTA AHORA MISMO, ENTRA DENTRO
DE MI CORAZÓN, LÍMPIAME CON TU BENDITA SANGRE PRECIOSA QUE DERRAMASTE EN LA
CRUZ POR MÍ, VIVIFÍCAME Y ENSÉÑAME A CAMINAR CONFORME A TUS ESTATUTOS.
¡SÁLVAME, GUÍAME, GUÁRDAME! Y QUE TU SANTO ESPÍRITU SE ADUEÑE DE MÍ Y SEA MI
CONSOLADOR, MI GUIADOR Y LA AUTORIDAD DE MI MEDIADOR EN MÍ, QUE ES CRISTO JESÚS:
“Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí”.
(Juan 14:6)
E. D. Bruñó Ibáñez
D. L. Z-33-07