PRISIÓN.

 

¿Alguna vez... pensaste en el nacido en prisión... en el descendiente... en el familiar?, ¿o tú crees que estás libre?, ¿no está escrito que el que juzga será juzgado?; por eso se defienden: ¿no pagó su culpa?, ¿acaso no libró condena? ... pero se piensa: ¿cómo voy a saber que no caerá de nuevo en su propia debilidad y desconcierto? ... ¿Pero qué hacemos?: ¡hacer que su culpa perdure y nunca encuentre reposo en su paga! ¿Para qué cumplir la ley si afuera es peor la condena de un mundo que no perdona “aunque vea interés de cambio y de conducta” sabiendo que lo tienen más difícil que los demás, que le han de exigir mayor esfuerzo y conducta, máximo examen y ojo crítico y severo, con mayor desconfianza y crueldad, donde la censura aflora como diana acusadora atormentando su espíritu y opresión del alma, donde ya no le cabe un suspiro y ni una lágrima aflora? Crisparlo más, azuzarlo más, aprisionarlo más, con el recuerdo perenne que como flecha le clavaron en su recuerdo siempre vivo de: ¡ya volverás! ¡¡¡Va de jueces!!! ... de juez a jueces... Esto me recuerda... a... ¡crucifícale!, ¡crucifícale!: “Y Pilato les respondió diciendo: ¿Queréis que os suelte al Rey de los judíos? Porque conocía que por envidia le habían entregado los principales sacerdotes. Mas los principales sacerdotes incitaron a la multitud para que les soltase más bien a Barrabás. Respondiendo Pilato, les dijo otra vez: ¿Qué, pues, queréis que haga del que llamáis Rey de los judíos? Y ellos volvieron a dar voces: ¡crucifícale! Pilato les decía: ¿Pues qué mal ha hecho? Pero ellos gritaban aun más: ¡crucifícale!” (Marcos 15:9-14). Excepto que Jesucristo perdió con voluntad propia su vida, que la tenía y la tiene y la tendrá, para que todo ser que quiera, y la desee de corazón “para adentro”, la obtenga en libertad. “Él la trajo” a todo corazón para que los barrotes no aprisionaran ni enjaularan a un corazón vibrador; por eso asumió el Juicio que recayó a toda una humanidad, apropiándose de toda ella para que todo Juicio Divino recayese contra Él; Él, que podía y así lo quiso, porque era inocente. Cayeron sobre Él hasta la condena, en juicio “fueron a por Él” haciéndolo maldito: “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna. Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él.” (Juan 3:16,17); “Maldito todo el que es colgado en un madero” (Gálatas 3:13).

Cuando consumó su obediencia a Dios, en su crucifixión y muerte en la Cruz..., al tercer día rompió las cadenas abriendo las puertas de las cárceles, donde la humanidad estaba atada, dándoles la libertad. ¡Consumada es la libertad!, como escrito está en Juan 8:32: “y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres.” ¡Bendita Su Resurrección y bendita Su Palabra!, su bendita Palabra para todo un pueblo y nación, que nos dio la llave y la conducción; porque no nos dejó solos y huérfanos, sino que Su Santo Espíritu, el que a Él lo conducía, nos lo otorgó en esta tierra; a todos los que lo acogieron como su único Salvador y volcaron su conciencia con devoción, reconociendo que sólo hay un Dios verdadero, y escrito está: “Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad.” (Juan 1:14).

Y Jesús dijo: “De cierto, de cierto os digo, que si el grano de trigo no cae en la tierra y muere, queda solo; pero si muere, lleva mucho fruto.” (Juan 12:24).

Y el corazón rendido a Dios, muere y renace con el Espíritu Vivo de la Promesa: “No os dejaré huérfanos; vendré a vosotros.” (Juan 14:18); “y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo.” (Mateo 28:20).

“Respondió Jesús y le dijo: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios.” (Juan 3:3).

“Guárdame, oh Dios, porque en ti he confiado.” (Salmo 16:1).

“Ten piedad de mí, oh Dios, conforme a tu misericordia; conforme a la multitud de tus piedades borra mis rebeliones.” (Salmo 51:1).

Amigo lector, ¿quiere Vd. tener un encuentro Real y Verdadero con Jesucristo en este mismo momento, sin esperar más? Haga esta oración y dígale así: “¡OH, SEÑOR JESÚS, RECONOZCO QUE SOY UN PECADOR!; PERDÓNAME POR TODO LO QUE TE HE OFENDIDO DE PENSAMIENTO, DE PALABRA Y DE OBRA, DESDE QUE SALÍ DEL VIENTRE DE MI MADRE HASTA AHORA MISMO; ENTRA EN MI CORAZÓN, LÍMPIAME CON TU SANGRE PRECIOSA QUE TÚ VERTISTE EN LA CRUZ POR MÍ, POR MIS PECADOS, POR MIS FALTAS DELANTE DE TI. ¡SÁLVAME, LÍMPIAME, SÁNAME, LLÉNAME DE TI, APODÉRATE DE TODO MI SER, GUÍAME SEÑOR JESÚS, TE LO RUEGO. GRACIAS, OH MI DIOS TODOPODEROSO, EN EL NOMBRE DE JESUCRISTO.”

“Lávame más y más de mi maldad, y límpiame de mi pecado. Porque yo reconozco mis rebeliones, y mi pecado está siempre delante de mí. Contra ti, contra ti solo he pecado, y he hecho lo malo delante de tus ojos; para que seas reconocido justo en tu palabra, y tenido por puro en tu juicio. He aquí, en maldad he sido formado, y en pecado me concibió mi madre.” (Salmo 51:2-5). “Escucha, oh Dios, mi oración, y no te escondas de mi súplica.” (Salmo 55:1). “Hazme saber el camino por donde ande” (Salmo 143:8), ¡ESTÉ DONDE ESTÉ, OH SEÑOR JESÚS! “Sosténme, y seré salvo, y me regocijaré siempre en tus estatutos.” (Salmo 119:117), ¡AUNQUE EN LA PRISIÓN ESTÉ!

No te preocupes por la plebe y por los juzgadores que con el índice te apuntaban, y por los testigos que se multiplican y se inflaman... porque ellos, condena arrastran; porque la conciencia empieza a acusarlos y ¡no para!; ya que no para de roer y cuando duermen les acusa en su diana falsa, acribillándolos con punta afilada; y así, aumenta el remordimiento, acusándoles de que el eslabón roto jamás puede ser unido y que esas consecuencias acaban con su vida. Sus cuerpos, quedan presos a un mal que los consume hasta el final con una muerte... sabiendo su culpabilidad.

Ni Jesús, en esta tierra, juzgó al hombre pecador: “Entonces los escribas y los fariseos le trajeron una mujer sorprendida en adulterio; y poniéndola en medio, le dijeron (a Jesús): Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en el acto mismo de adultero. Y en la ley nos mandó Moisés apedrear a tales mujeres. Tú, pues, ¿qué dices? Mas esto decían tentándole, para poder acusarle. Pero Jesús, inclinado hacia el suelo, escribía en tierra con el dedo. Y como insistieran en preguntarle, se enderezó y les dijo: El que de vosotros esté sin pecado sea el primero en arrojar la piedra contra ella. E inclinándose de nuevo hacia el suelo, siguió escribiendo en tierra. Pero ellos, al oír esto, acusados por su conciencia, salían uno a uno, comenzando desde los más viejos hasta los postreros; y quedó solo Jesús, y la mujer que estaba en medio. Enderezándose Jesús, y no viendo a nadie sino a la mujer, le dijo: Mujer, ¿dónde están los que te acusaban? ¿Ninguno te condenó? Ella dijo: Ninguno, Señor. Entonces Jesús le dijo: Ni yo te condeno; vete, y no peques más.” (Juan 8:3-13).

Él sabía cómo conducir al hombre a donde debía, a la única fuente, a la única vertiente y por final: su vena rasgada y saliente: “Y el centurión que estaba frente a él, viendo que después de clamar había expirado así, dijo: Verdaderamente este hombre era Hijo de Dios. También había algunas mujeres mirando de lejos, entre las cuales estaban María Magdalena, María la madre de Jacobo el menor y de José, y Salomé, quienes, cuando él estaba en Galilea, le seguían y le servían; y otras muchas que habían subido con él a Jerusalén.” (Marcos 15:39-41).

Él pagó por todos y “No os engañéis; Dios no puede ser burlado: pues todo lo que el hombre sembrare, eso también segará.” (Gálatas 6:7).

¡Tú, paga y cumple!; pero hay otra paga, “esa” viene después; pero de “esa” nadie quiere saber, porque de su lugar no quiere salir; piensa que lo que venga, tendrá que venir, y por su paso tendrá que salir. ¿Cuántas inundaciones barrerán tu pensar y los diques de tu memoria se desvanecerán? ... y... ¿a quién vas a culpar?; porque no sólo cuerpo heredaste, sino conciencia latente del bien y del mal... y esa heredad no fue sólo para Adán, sino para toda una creación que no gustó la conciencia de Dios. Cromosoma vital que todo ser lleva su sello de toda carne que conlleva sangre donde ella es partícipe de la vida orgánica y Divina. Ahí está a qué se le da la razón, inclinación o sumisión, entrega y participación. Pero nunca olvides que hay un solo Dios y solo pensó cómo dar a su criatura su bendición, hasta que quiso ser más grande que Su Creador ... Entonces, cuando se vio sugestionado por la serpiente, determinó ser más grande que su propio Creador; y desde entonces le estorbó, hasta hoy: “Pero la serpiente, era astuta, más que todos los animales del campo que Yahweh Dios había hecho; la cual dijo a la mujer: ¿Conque Dios os ha dicho: No comáis de todo árbol del huerto? Y la mujer respondió a la serpiente: Del fruto de los árboles del huerto podemos comer; pero del fruto del árbol que está en medio del huerto dijo Dios: No comeréis de él, ni le tocaréis, para que no muráis. Entonces la serpiente dijo a la mujer: No moriréis; sino que sabe Dios que el día que comáis de él, serán abiertos vuestros ojos, y seréis como Dios, sabiendo el bien y el mal.” (Génesis 3:1-5).

¡Aprende hombre, que Su Ley hasta hoy perdura!: “El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán.” dice el Señor Jesús (Mateo 24:35). ¡No pases de ella; porque en ella, sin saberlo, tienes la Palabra de la vida eterna! ¡No seas reo! ¡Y tú, preso! no te preocupes de tu final; porque la vida es un puro juicio en la boca de los demás. La conciencia sabe que todo ser por Él pasará y nadie se librará; y todo lo establecido se determinará.

Sólo Dios lo sabe, el día y la hora: “Pero el día y la hora nadie sabe, ni aun los ángeles de los cielos, sino sólo mi Padre.” dice Jesús en Mateo 24:36; y todos los muertos acudirán y los que queden comparecerán, y Su Ley dictaminará, la misma que hoy tienes y no la quieres ni siquiera mirar; pero por ahí pasarás y excusa no tendrás, en Eclesiastés 12:13 y 14 ya lo advirtió: “Teme a Dios, y guarda sus mandamientos; porque esto es el todo del hombre. Porque Dios traerá toda obra a juicio, juntamente con toda cosa encubierta, sea buena o sea mala.”

¡Corre a la libertad, tú que estás escondida!, ¡rasga lo que te lo impide!, no te arrepientas: “porque el que duda es semejante a la onda del mar, que es arrastrada por el viento y echada de una parte a otra. No piense, pues, quien tal haga, que recibirá cosa alguna del Señor.” (Santiago 1:6 y 7).

Jesús dijo: “No temas, cree solamente” en Lucas 8:50. ¡Vive hoy y deja que todo venga por su destino! Así como ya está escrito que Jesús dijo: “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. Este es el primero y grande mandamiento. Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. De estos dos mandamientos depende toda la ley y los profetas.” (Mateo 22:37-40). ¡Deja que se cumpla la Palabra!; porque el hombre no tiene poder ni autoridad para cambiar lo establecido: “Y si alguno quitare de las palabras del libro de esta profecía, Dios quitará su parte del libro de la vida, y de la santa ciudad y de las cosas que están escritas en este libro.” (Apocalipsis 22:19).

¡Vive en Cristo y sé feliz! No hay nada como un alma saciada y embriagada de un amor de iniciación; porque Dios amó y se consumó en su creación, dándole al hombre Su mayor Revelación: El Amor.

 

 

E. D. Bruñó Ibáñez

D. L. Z-3886-06