¡PRUÉBAME Y TE LO DEMOSTRARÉ!

 

¡¡¡GRANDE ES EL CREADOR!!!, que nos ha puesto  un avisador: “el dolor”… y… ¡qué poca importancia le damos!... y no le damos su privilegio pero sí nos ponemos en acción: “¡¡¡alerta!!!”

 

Pero no nos ha puesto “la indiferencia”, lo que más abunda en este mundo, y es el espíritu más despreciativo, destructor, cruel y desinteresado por todo lo que le rodea, hasta de su propia superficie: “¡pero por dentro están llenos de odio y de rencor no perdonador, convirtiéndose en sepulcro abierto todo su ser!”

 

¡Ay, ay, ay!, esa enfermedad desapercibida llamada “lepra espiritual” que avanza ¡sin dolor!, sin lágrimas, en el silencio absoluto del sepulcro indiferente por el mundo. Nadie habla de la mortandad más extendida del mundo, nadie se da cuenta, nadie detecta ese “virus” fruto de la eutanasia, del desamparo, del apartamiento, del rincón solitario: ¡¡¡Cómo mata la indiferencia!!! ¡¡¡qué destructora es!!!, ¿qué ocurrió?, ¿qué aconteció?, ¿quién la provocó?, ¿qué?, ¿por qué?...

 

¡No hay peor dolor que no sentirlo!, ¡no hay mayor crueldad que no llorar! Una lágrima ¡alivia!, y un llanto ¡clama! Hasta los animales lloran, saben lo que es el dolor, el sufrimiento, el llanto y la pena; y su fidelidad por su amo jamás el humano la puede alcanzar por sí mismo. ¿Quiénes permitieron que avanzara la indiferencia hasta alcanzar límites increíbles?, ¿la xenofobia?, ¿el desamor?, ¿el exterminio? Sin acabar porque alguien clamó al cielo conmoviendo su resonancia, perforando conciencias a los que no escuchaban. ¿No fue el temor de algunos y la amenaza de otros que paralizaron semejante genocidio atroz?... ¿qué fue?... ¿qué pasó con la indiferencia, hoy sin control?, ¿dónde está la angustia?, ¿se escondió?, ¿se extinguió?... ¡¡¡adormecida está!!!... ¿quién la despertará?... ¿¡¡¡quién!!!?

 

El hombre necesita a Dios. Desde que nace lo comienza a sentir en su tierno corazón. Necesita de su rocío palpador, de sus caricias, ¡¡¡de tanto Amor!!!, de su silencio, de su amparo… ¿quién le explicó: “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna”. (Juan 3:16)?, ¿quién?...

 

Se le anunció: “Porque el Hijo del Hombre (Jesucristo) vino a buscar y a salvar lo que se había perdido”. (Lucas 19:10). Al que alivia la carga pesada impuesta al hombre: “Porque atan cargas pesadas y difíciles de llevar, y las ponen sobre los hombros de los hombres; pero ellos ni con un dedo quieren moverlas”. (Mateo 23:4)

 

¡Siempre se le achaca a Dios todo el mal que por el mundo acontece!: “¡el de ayer… y el de hoy!” pero olvidan, y no quieren ver, que Dios al hombre le concedió la libertad total de SER. También le dio no sólo libertad sino CONCIENCIA. También le dio MANDAMIENTO en una sola JUSTICIA; esa Justicia que nunca cambió, que siempre se mantiene firme e inamovible, instruida por Dios para toda criatura creada y formada para su gozo y bienestar.

 

¡¡¡No se culpe a Dios del crimen del hombre!!!

¡Libre fue!, y es, para elegir su camino y su destino; pero sólo él es su propio eje de su final. Porque sólo de UNO es el Mandamiento “Amarás a Dios sobre todas las cosas y  al prójimo como a ti mismo”.

 

Todo su ser sabe que por sí sólo <<nada puede hacer>> Todo es pasajero, todo pasa. No olvide nunca que la Eternidad Existencial es muy larga… ¡que no sea demasiado tarde para algunos!... ¡¡¡piénsatelo tú!!!

 

La paz no se consigue queriéndola sino ¡¡consiguiéndola!! Y no está fuera de nosotros sino dentro de nuestro ser; en ese centro único que golpea al hombre, segundo a segundo, llamado CORAZÓN; donde necesita con mayor urgencia SALVACIÓN, la que sólo el Único Mediador entre Dios y los hombres la da: JESUCRISTO.

 

A Él en la suma intimidad dile así ahora, en este mismo instante, no esperes a que sea demasiado tarde para ti, dile: “¡¡¡AYÚDAME SEÑOR JESUCRISTO!!! ¡TEN PIEDAD DE MÍ! ¡ENTRA DENTRO DE MI CORAZÓN! ¡CREA EN MÍ, OH DIOS, UN CORAZÓN LIMPIO Y RENUEVA UN ESPÍRITU RECTO DENTRO DE MÍ! ¡NO ME ECHES DE DELANTE DE TI! ¡CÚBREME CON TU SANGRE PRECIOSA! LA QUE DERRAMASTE EN LA CRUZ POR MÍ Y POR  LA HUMANIDAD ENTERA. ¡PERDÓNAME SEÑOR JESÚS POR TODO LO QUE HE PECADO CONTRA EL CIELO Y CONTRA TI DESDE QUE NACÍ DEL VIENTRE DE MI MADRE HASTA ESTE MISMO MOMENTO! ¡OTÓRGAME EL GOZO DE TU SALVACIÓN Y TU ESPÍRITU SANTO NOBLE ME SUSTENTE! ¡LÍBRAME DE TODO MAL! ¡¡¡AYÚDAME!!! MÁS Y MÁS. DAME LA LIBERTAD Y EL GOZO DE SENTIRME LIBRE DE ESTE MUNDO DE MALDAD. ¡SÁCAME DE MI PRISIÓN! ¡ÁBREME LOS OJOS PARA QUE DISCIERNAN MI OPRESIÓN! ¡QUÍTAME LA INDIFERENCIA! QUE PERMITE QUE MI CORAZÓN NO SIENTA. ¡¡¡QUIERO VIVIR!!! ¡SENTIR! ¡VER! Y ¡OÍR! Y SABER QUE EXISTES EN MÍ ¡VIVIÉNDOTE! DENTRO DE MÍ COMO TODA UNA CREACIÓN DE AMOR, DE VIDA Y DE LIBERTAD ÚNICA COMO TÚ ERES ÚNICO DENTRO DE TODO MI SER. GRACIAS POR MI SALVACIÓN, GRACIAS PORQUE SÉ QUE ME PERDONAS TODO POR TU SACRIFICIO EN LA CRUZ. ¡¡¡BENDITO SEA TU NOMBRE!!! ¡ALELUYA, ALELUYA!”

 

¡¡¡GRANDE ES DIOS!!! ¡¡¡TODOPODEROSO ES!!!, y un solo Mediador entre Dios y los hombres: ¡¡¡JESUCRISTO!!!

 

Tu Nombre es como ungüento derramado… Jesucristo. El mismo que desde un principio existió, el que enseña, el que redarguye, el que siente, el que da, el que otorga la verdadera libertad.

 

¡¡¡SABIO ES ÉL!!! ¡¡¡ALELUYA!!! ¡¡¡CRISTO ES!!!

 

 

¡¡¡PRUÉBAME Y TE LO DEMOSTRARÉ!!! TE DICE A TI AHORA.

 

 

E. D. Bruñó Ibáñez

D. L. Z-3464-06