¡STOP!

 

“¡Sálvame, oh Dios,... mis pecados no Te son ocultos!”

 

Nada hay dentro de mí que yo pueda ocultar aquel día cuando ante Tu presencia esté: a mi memoria vendrá que un día te rechacé riéndome al tiempo y a toda una juventud llena y plena de júbilo que esperaba consumar antes de rendir mi culpa ante Ti. Mis placeres consumí acarreándome razón de tiempo y satisfacción; y lugar, propósito y afán, hasta conseguir su fin lograr. Doblar la conciencia se aprende, cómo poner juicio al corazón y convencimiento a la razón; pero como resultado y fruto ponemos a nuestra vida ajenjo y amargura en el corazón y no encontramos la razón. Ya tenemos los sentidos alertas a nuestro alrededor para encontrar culpables a nuestra desazón. Grandes son los medios de telecomunicación y a quienes “echar el bulto” de nuestra rebelión. ¿Hasta cuándo nuestro cerrazón, hasta cuando? ... ¿Pensaste alguna vez el tiempo que dura un tumor, que nunca te preocupó hasta que al exterior salió? ... ¡Te sorprendió!, aquel dolor punzante que te señaló lugar acertante y le diste precaución y atención, pero se te olvidó el aviso, pero la alarma sonó, pero no le diste importancia al que te avisó.

 

El dolor, excepto la lepra, es un gran anunciador que el cuerpo detecta del Hacedor y no precisamente del hacedor del mal, sino del que avisa que el cuerpo tiene un rival que se llama “uno mismo” y que le da todo igual. Indiferencia a todo lo que se le cierne, acaba siendo su propia diana, el centro de su impostura y de su satisfacción. ¡No le eches la culpa a Dios! Él descansó cuando la creación formó y al hombre le determinó, satisfaciéndole su formación, ¡y hasta dónde llegó nuestro Hacedor!: “Y bendijo Dios al día séptimo, y lo santificó, porque en él reposó de toda la obra que había hecho en la creación”. (Génesis 2:3); “Entonces Dios formó al hombre del polvo de la tierra, y sopló en su nariz aliento de vida, y fue el hombre un ser viviente”. (Génesis 2:7)

 

Sólo reposa la satisfacción de la obra terminada y fiesta hay en el corazón y gran alegría y contentamiento de la labor acabada que produce alabanza y bendición.

Pero el hombre, en vez de mirar al Gran Dador, mira sus propios músculos y rivaliza con el débil para robarle su labor y hacerse con ella el propietario de su sudor sin importarle la debilidad que le acompaña a ese ser, expropiándole del fruto que, a la larga, poco a poco, le exterminará. La ambición no tiene límites y el ojo determina los límites que sus músculos pueden alcanzar y no le importa reventar con tal de conseguir sus fines, amontonando rival, odio y desazón, con tal de aumentar su caudal. Pero el hombre olvida que cuando se acuesta sólo el músculo descansa, pero la conciencia despierta, redarguyente, repasa la medida insatisfecha y deformada, acusando la desnudez masacrada de un corazón desprovisto de acción, alarmándole para poner fin a semejante acción.

 

“Así dijo Yahweh: Paraos en los caminos, y mirad, y preguntad por las sendas antiguas, cuál sea el buen camino, y andad por él, y hallaréis descanso para vuestra alma”. (Jeremías 6:16)

 

Y piensa que el sol sale para todos: “que hace salir su sol sobre malos y buenos” (Mateo 5:45); “Pero Dios, habiendo pasado por alto los tiempos de esta ignorancia, ahora manda a todos los hombres en todo lugar, que se arrepientan”. (Hechos 17:30)

 

¡Arrepiéntete ahora!, que estás a tiempo: “he aquí ahora el día de salvación”. (2ª Corintios 6:2). Clama al Señor Jesucristo como tu único aliento de vida y no te hundas más. Dios es misericordioso y nos sabe esperar, ¡pero cuidado!, que también se irrita. Jesús dijo: “¿Hasta cuándo os he de soportar?” (Marcos 9:19).

 

“Buscad a Dios mientras puede ser hallado, llamadle en tanto que está cercano”. (Isaías 55:6); “Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad”. (1ª Juan 1:9)

 

Nada hay oculto que no haya de manifestarse, todo aflora tarde o temprano. Desnúdate ante Dios que todo lo ve, que todo lo redarguye, que todo lo sabe y desemboca toda la agonía que te ahoga. Hazle sentir a tu indiferencia y dale preferencia a Él, ¿o no te das cuenta todavía... de que toda la obra creada del universo está rebelándose contra el hombre, contra su ciencia, contra su ambición y poder; sacudiéndolo y exterminándolo brutalmente, determinando su descontento? El hombre ha llegado a maltratar hasta su propio respirar; esperando descontento, todo es insatisfacción, y en lo oculto quiere ver revelación.

Y el enemigo, archienemigo de Dios, Satán (que el Señor Jesucristo lo reprenda) ansioso está de dar consejos al hombre que lo reclama: para darle el conocimiento de su propia exterminación. Se viste y se disfraza como lo reclaman y toma toda la figura o imagen del saber que le reclaman para llevar a cabo, a través de sus mentes y de sus cuerpos, el final de sus propósitos que son: el culpar a Dios. A través del hombre, los consejos insatisfechos que llevó a cabo exterminándoles toda su razón, búsqueda y perdición, sabiendo sacudir todas las mentes, guiándoles por sus propias inclinaciones, ofreciéndoles sus ambiciones escondidas, disfrazadas de hipocresía como él. Se manifiesta cumpliendo su reto final, sabiendo que está perdido y condenado, y su misión es arrebatar las almas de su Rival: “Dios”, al que conoció desde un principio y se rebeló: “¡Cómo caíste del cielo, oh Lucero, hijo de la mañana!” (Isaías 14:12)

 

Busca hoy a Dios con todo tu corazón, con toda tu mente y con todo tu ser, y lo hallarás. Dice el Señor Tu Dios en Su Palabra: “Yo, yo soy el que borro tus rebeliones por amor de mí mismo, y no me acordaré de tus pecados”. (Isaías 43:25)

 

¡¡¡CLAMA A Él!!!

 

“Cercano está Yahweh a los quebrantados de corazón; y salva a los contritos de espíritu”. (Salmo 34:18); “Porque todo aquel que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá”. (Lucas 11:10); “Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él”. (Juan 3:17)

 

Hasta ahí llega todo Su Amor por Su criatura: “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna”. (Juan 3:16)

 

“Todo lo que el Padre me da, vendrá a mí; y al que a mí viene, no le echo fuera”. (Juan 6:37)

 

Dios, no es como el hombre. Aprende hoy de Él. Aprovecha tu vida... ¡mira que se te va! ... ¡que no sea demasiado tarde!, que no todo párpado que se cierra, se abre; que hay sueño largo y eternamente largo y amargo su despertar. Ten en cuenta que la máquina a veces no obedece y otras es más rápida que la reacción del hombre; es imperfecta así como el que la inventa. Porque arrasa a multitudes y siempre el fallo está en el hombre que no acabó bien su última determinación, límites, proyección, continuación, insatisfacción y muerte. Ese es su fin, de lo que no se puede librar y piensa siempre que algún día... también lo alcanzará. Pero cree, en el fondo, que para él siempre habrá tiempo para ese final, o sea, nunca le viene bien a no ser que sus sentidos ya no le den motivos para poder resistir el golpe que no puede parar y, ni siquiera, aguantar.

 

¡Vuélvete ya!, y no desesperes tanto ya. Dios no es como el hombre y Abogado nos puso para que clamemos a Él, que dispuesto está: Jesucristo, experimentado en dolores: “Despreciado y desechado entre los hombres, varón de dolores, experimentado en quebranto; y como que escondimos de él el rostro, fue menospreciado, y no lo estimamos. Ciertamente llevó él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores; y nosotros le tuvimos por azotado, por herido de Dios y abatido. Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados”. (Isaías 53:3-5)

 

Estuvo en esta tierra y dispuesto a morir “para que el hombre tenga un mediador dispuesto a seguir continuando su labor, intercediendo a Dios por nosotros en el cielo a través de su resurrección, por su pureza, obediencia y consumación”.

 

“No ha hecho con nosotros conforme a nuestras iniquidades, ni nos ha pagado conforme a nuestros pecados. Porque como la altura de los cielos sobre la tierra, engrandeció su misericordia sobre los que le temen. Cuanto está lejos el oriente del occidente, hizo alejar de nosotros nuestras rebeliones”. (Salmo 103:10-12)

 

“Porque también Cristo padeció una sola vez por los pecados, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios, siendo a la verdad muerto en la carne, pero vivificado en espíritu” (1ª Pedro 3:18)

 

Amigo lector, tal vez esta sea tu última oportunidad. ¡Aprovéchala!, no permitas que sea demasiado tarde para ti. Tan sólo repite esta pequeña oración de todo tu corazón ahora, ¡nada tienes que perder!:

 

“SEÑOR JESUCRISTO, RECONOZCO ANTE TI QUE SOY UN PECADOR Y TE RUEGO QUE ME PERDONES DE TODOS MIS PECADOS QUE HE COMETIDO DESDE QUE SALÍ DEL VIENTRE DE MI MADRE HASTA ESTE MISMO INSTANTE. ¡SÁLVAME DE MÍ, OH DIOS, NADA HAY OCULTO DE MÍ QUE YO PUDIERA OCULTARTE!, ¡PERDÓNAME!, ¡ENTRA DENTRO DE MI CORAZÓN, LÍMPIAME DE TODA MI MALDAD DESDE QUE NACÍ HASTA HOY!, ¡CÚBREME CON TU SANGRE DERRAMADA EN LA CRUZ POR TODA LA REBELIÓN QUE MI INTERIOR CONCIBIÓ!, ¡GUÍAME CON TU JUSTICIA Y TU PAZ AMPARE MI CORAZÓN CON FIRMEZA POR AMOR A TU NOMBRE, OH JESÚS DE NAZARET!”

 

“Porque hay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre” (1ª Timoteo 2:5)

 

¡Y la única salvación! Jesús dice: “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí”. (Juan 14:6) Y también dice: “y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres”. (Juan 8:32)

 

E. D. Bruñó Ibáñez

D.L. Z-1688-07