“Y LA PALABRA A SU
TIEMPO, ¡CUÁN BUENA ES!”
(PROVERBIOS
15:23)
¡Qué bien supo el rey
Salomón pedir a Dios el bien que deseaba tener y ejercer!, como así lo hizo y
lo ejerció. Y por admiración tuvo, el mundo entero, el Espíritu de Sabiduría
que él recibió; pero siguen alabando al que habló, hasta hoy en día, reconociéndolo
como su solo autor sin reparar ¡quién lo utilizó!, ¡y de quién vino la
revelación! Siempre el hombre tapa al Autor y magnifica al
hombre que utilizó porque siguen en su empeño: “que dentro de sí mismos
hay “un dios” revelador de uno mismo imponiendo su impostura al más roedor”.
Nunca el
hombre quiso saber, ¡ni quiere!, de dónde vino el Espíritu Revelador,
¡es mejor alzar al hombre! (¡QUE AL REVELADOR!), a Él hay que
taparlo, apisonarlo, marginarlo, hasta llegar a ser burlador de Él… ¡Cuántos
avisos tuvieron, y tienen, de Él!... que a todos les llegó el saber. Así como
sucedió en Sodoma y Gomorra, y antes con Noé. ¡Cuidado!, cuando se inflama,
¡que mucho es Su Poder! Porque escrito de Su Mano está que aquel que a Su
Mandamiento ataca, acaba con él; porque de Él está escrito que es el Sumo Poder
y necio es el hombre que se rebela contra Él. Porque todo hombre sabe “que
temporal es”, y no sólo es el cuerpo (el que se consume) sino que su alma
también; pero el alma “es” la que no es temporal sino eternamente larga
(¡y eso se olvida!) porque le interesa creer que todo acaba a la vez y a “eso”
no se le llama ignorancia, sino un orgullo personal, individual y único para
todos igual que se llama: “inflamación de uno mismo”, autosuficiencia, crítica
y hacienda propia… ¿no será ignorancia, hipocresía, orgullo, vanidad,
egocentrismo, corona abierta que no ciñe más que lo propio (yo y mis
circunstancias)? O sea… ¡todos culpables!, por negro, por blanco, por
rico, por pobre… y yo… me pregunto: ¿dónde está Dios?... ¿se perdió en la
evolución?, ¿lo escondió el hombre?... ¿o se escondió de Él ignorándole
ante los demás?, ¿imponiéndose por encima de Él?, ¿ocultándolo?... ¿por qué en
el lecho del dolor aparece?... con un “¡Dios mío!” interior que aflora desde su
matriz inicial cuando el dolor ahoga y oprime el corazón hasta su unión de
rotura; ¡ah!, ¡ahora aparece ese Ser desconocido hasta hoy!: “¡Hipócritas
y fariseos, que ocultáis al Dios vivo y único hasta el último segundo de
vuestro hacer y sentir; y mientras, habéis anulado hasta Su propia ley!, dada
al hombre para su bendición, gozo y satisfacción. ¿O pensáis que os burláis del
reloj de la vida que “con cinco minutos basta” antes de partir de esta
tierra para estar a bien con Dios? ¡Burladores y escarnecedores!, que con
vuestras doctrinas creéis convencer a las masas, que vuestras frías y crueles
manifestaciones llegan al hombre a convencer de que la vida es un paso de
negación y después de un segundo de ahogo opresor basta para alcanzar “reconocimiento
oculto” convencedor de raciocinio humano carnal y terreno juzgador. Hasta
allí llega la muerte de muchos con la simiente rompedora de vástagos
rastreadores de todo aire y doctrina de calumniadores que abarca toda la faz de
la tierra, regada de sangre, nutrida de víctimas convencedoras”.
El hombre ya no tiene
tiempo, programado está. La corriente le empuja hasta desmayar… y cuando se da
cuenta, en su lecho está repasando la cuenta sin que dé resultado
su marcha atrás. ¡Demasiado tarde!, el recuperar aquel eslabón roto que jamás
lo pudo recuperar; que todo continuó sin resultado final; que la vida es todo
vanidad y que uno llega pero se va. Con la duda parten, y con falsedad, dando a
entender que es su final. Pero todos sabemos que el alma es inmortal y a Dios
hay que dar cuentas ¡hasta su final!, y que hay un juicio justo y principal
en el que al Todopoderoso no se le puede engañar; porque al Escudriñador no hay
ni un solo pensamiento que se le pueda ocultar, ni ley que se le pueda abrogar.
Porque Dios es el mismo ayer, hoy y por los siglos. El hombre cambia, para su
provecho, y cuando le toca la vez va contra su cohecho.
¡No te engañes!, ¡no
culpes!, ¡no añadas!, ¡no mengües! ¡Dios es el mismo!, y es el que te ama, ¡no
lo olvides!, y no lo deseches porque un día lo verás y te pedirá la cuenta:
“¿Qué hiciste con mi Amor hacia ti?, ¿acaso no te hablé de las experiencias que
tuve desde Adán hasta hoy?; porque YO fui el que escribí al hombre de lo mucho que AMÉ a todo el
que cree para su beneficio y de nada me olvidé. ¿Cómo me puede a Mí juzgar mi
criatura? ¡Mi Unigénito envié para que todo aquel que en Él cree tenga
vida eterna! Nunca quise que el hombre perezca pero negaron a Mi Hijo Amado en
quien tengo complacencia, a Jesús, y todavía hoy lo siguen escarneciendo
burladores empedernidos que siguen rebelándose en contra de Su Sacrificio Vivo
que fue manifiesto para Enseñanza Divina hasta el último aliento de Aquel en el
que no hubo pecado, ni mancha, sino Obediencia sumisa y total, al que todo lo
hizo. Por Su Sacrificio, al hombre que lo reconoce, libra de toda culpa y
condena. Tan sólo creed en Él y obedeced a todo guía que YO pongo en Mi
Autoridad Espiritual con los dones que le acompañan en Mi Palabra Única y
Universal”.
¿Y aún se rebelan?...
y no os dais cuenta de que la medicina del cuerpo está en el alma y un alma
sana es, universalmente, llena de paz; y un cuerpo enfermo acaba en sepulcro
sin acabamiento. ¡Cómo corréis al doctor visceral!... porque vuestra agonía no
va más allá. Cuando el alma se inquieta busca el refugio del Altísimo
porque sabe que a través de Él un Río de Placer corre por sus
venas hasta encontrarse con Él, hasta alcanzar la paz que colma hasta el
clímax.
“No os engañéis; Dios no puede ser burlado:
pues todo lo que el hombre sembrare, eso también segará”. (Gálatas 6:7)
“Así dijo Yahweh: No se alabe el sabio en su
sabiduría, ni en su valentía se alabe el valiente, ni el rico se alabe en sus
riquezas. Mas alábese en esto el que se hubiere de alabar: en entenderme y
conocerme, que yo soy Yahweh, que hago misericordia, juicio y justicia en la
tierra; porque estas cosas quiero, dice Yahweh”. (Jeremías 9:23,24)
“He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si
alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él
conmigo”. (Apocalipsis 3:20)
“Ten piedad de mí, oh Dios, conforme a tu
misericordia; conforme a la multitud de tus piedades borra mis rebeliones.
Lávame más y más de mi maldad, y límpiame de mi pecado. Porque yo reconozco mis
rebeliones, y mi pecado está siempre delante de mí. Contra ti, contra ti solo
he pecado, y he hecho lo malo delante de tus ojos; para que seas reconocido
justo en tu palabra, y tenido por puro en tu juicio. He aquí, en maldad he sido
formado, y en pecado me concibió mi madre. He aquí, tú amas la verdad en lo
íntimo, y en lo secreto me has hecho comprender sabiduría. Purifícame con
hisopo, y seré limpio; lávame, y seré más blanco que la nieve. Hazme oír gozo y
alegría, y se recrearán los huesos que has abatido. Esconde tu rostro de mis
pecados, y borra todas mis maldades. Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio, y
renueva un espíritu recto dentro de mí”. (Salmo
51:1-10)
¡No te lo pienses
más!, ¡aprovecha esta oportunidad de reconciliarte con tu Salvador, con el que
ama tu alma! Es muy fácil, tan sólo dile así ahora: “SEÑOR JESÚS, RECONOZCO QUE
SOY UN PECADOR Y TE RUEGO QUE ME PERDONES POR TODO LO QUE YO HE PECADO CONTRA
TI DE PENSAMIENTO, DE PALABRA Y DE OBRA DESDE QUE NACÍ DEL VIENTRE DE MI MADRE
HASTA ESTE MISMO INSTANTE. POR FAVOR, ENTRA DENTRO DE MI CORAZÓN Y LÍMPIAME CON
TU SANGRE PRECIOSA, LA QUE DERRAMASTE EN LA CRUZ POR MÍ. PERDÓNAME, SÁLVAME,
CÚRAME DE TODAS MIS ENFERMEDADES, DE TODAS MIS HERIDAS, DE TODAS MIS AMARGURAS
QUE HAY EN MÍ, EN TU NOMBRE JESÚS DE
NAZARET, QUE ESTÁS SENTADO A LA DIESTRA DEL PADRE TODOPODEROSO COMO MI ÚNICO
MEDIADOR, “Porque
hay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo
hombre” (1ª Timoteo 2:5), PORQUE HOY
ES EL DÍA DE MI SALVACIÓN, PORQUE GRANDES SON TUS MISERICORDIAS PARA CONMIGO,
DIOS MÍO, DAME ENTENDIMIENTO Y SABIDURÍA. ¡A TI SEA TODA LA HONRA Y EL HONOR!
AMÉN”.
“Y
conoceremos, y proseguiremos en conocer a Yahweh; como el alba está dispuesta
su salida, y vendrá a nosotros como la lluvia, como la lluvia tardía y temprana
a la tierra”. (Oseas 6:3)
“Buscad a Yahweh mientras puede ser hallado,
llamadle en tanto que está cercano. Deje el impío su camino, y el hombre inicuo
sus pensamientos, y vuélvase a Yahweh, el cual tendrá de él misericordia, y al
Dios nuestro, el cual será amplio en perdonar. Porque mis pensamientos no son
vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos, dijo Yahweh. Como son
más altos los cielos que la tierra, así son mis caminos más altos que vuestros
caminos, y mis pensamientos más que vuestros pensamientos. Porque como
desciende de los cielos la lluvia y la nieve, y no vuelve allá, sino que riega
la tierra, y la hace germinar y producir, y da semilla al que siembra, y pan al
que come, así será mi palabra que sale de mi boca; no volverá a mí vacía, sino
que hará lo que yo quiero, y será prosperada en aquello para que la envié”. (Isaías 55:6-11)
Y nunca lo olvides:
“Jesús siempre te amó, te ama y te amará” pero también te lo demostró. Búscalo hoy
que estas a tiempo; porque “la palabra a su tiempo, ¡cuán buena es!” (Proverbios 15:23)
“¿Invalidarás tú también mi juicio? ¿Me
condenarás a mí, para justificarte tú?” (Job
40:8)
Cree solamente,
Jesucristo te ama. Llámale, ábrele la puerta de tu corazón y te alumbrará y en
Él esperarás. Su Palabra es verdad, fiel y verdadera.
“El cielo y la tierra pasarán, pero mis
palabras no pasarán”. (Mateo 24:35)
“Llegaron los días en que David había de morir,
y ordenó a Salomón su hijo, diciendo: Yo sigo el camino de todos en la tierra;
esfuérzate, y sé hombre. Guarda los preceptos de Yahweh tu Dios, andando en sus
caminos, y observando sus estatutos y mandamientos, sus decretos y sus
testimonios, de la manera que está escrito en la ley de Moisés (la
Biblia), para que
prosperes en todo lo que hagas y en todo aquello que emprendas” (1ª Reyes 2:1-3)
“Y la palabra a su tiempo, ¡cuán buena es!” (Proverbios 15:23)
E. D. Bruñó Ibáñez
D.L. Z-936-07