"YO SOY EL CAMINO, LA VERDAD, Y LA VIDA" (JUAN 14:6)

 

“Porque él dijo, y fue hecho; él mandó, y existió”. (Salmo 33:9)

 

Y todos vemos hasta dónde llegó Su Perfección. ¡No hay día en que el hombre no contemple “tal perfección de sabiduría”! Nunca falta a la tierra su rocío y al mediodía se abre la flor, alabando a Dios el sol del mediodía, mirando hacia arriba todo lo que desciende para Su propia Gloria, realzando Su Sabiduría, extendiéndose su “color”, su “forma” y su “figura”, destilando “Su Nombre”, perfume para Su sepultura.

 

Cuando en el Evangelio de Marcos viene su sellado escrito, cuando fue ungido en Betania y por Su dedo fue escrito para que tengas memoria de ello, tú hombre, para que no olvides que el tiempo sigue el curso que el hombre le da. Pero Dios, pensando en él, puso sus crónicas para que no se olvide de que el hombre pasa... pero Su Palabra nunca pasará... y dice así: “Pero estando él en Betania, en casa de Simón el leproso, y sentado a la mesa, vino una mujer con un vaso de alabastro de perfume de nardo puro de mucho precio; y quebrando el vaso de alabastro, se lo derramó sobre su cabeza. Y hubo algunos que se enojaron dentro de sí, y dijeron: ¿Para qué se ha hecho este desperdicio de perfume? Porque podía haberse vendido por más de trescientos denarios, y haberse dado a los pobres. Y murmuraban contra ella. Pero Jesús dijo: Dejadla; ¿por qué la molestáis? Buena obra me ha hecho. Siempre tendréis a los pobres con vosotros, y cuando queráis les podréis hacer bien; pero a mí no siempre me tendréis. Esta ha hecho lo que podía; porque se ha anticipado a ungir mi cuerpo para la sepultura. De cierto os digo que dondequiera que se predique este evangelio, en todo el mundo, también se contará lo que ésta ha hecho, para memoria de ella”. (Marcos 14:3-9)

 

El mismo que dijo: “¡Lázaro, ven fuera!”. (Juan 11:43); el mismo que dijo: “Siempre tendréis a los pobres con vosotros” (Marcos 14:7)

 

¡Cómo los conoció! ... ¡Cómo conoció a la raza del hombre!, que siempre lo marginó. Así fue ayer, como hoy. Así como Su Palabra hoy sigue marcando tanto el norte como el sur, el este y  el oeste manifestándose y ajustándose a la Palabra única que se mantiene firme, inequívoca, perfecta, pura y sin mácula, quieta... ¡inalterable! El tiempo pasa pero “mi palabra no pasará” dice el Señor Jesucristo: “El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán”. (Mateo 24:35)

 

¡Qué Majestad la Tuya, oh Mi Señor Jesucristo!, que Tu huella ahínca hasta el fondo de todo corazón; herencia Tuya, cromosoma auténtico de conciencia y juicio perfectos y justos que permanecen “inquietando” al hombre que cambiando su compostura, Tu texto de alabanza hasta su sepultura.

 

¡Qué poco le conocéis a Él; el que vela por tus intereses y no lo veis! Él busca vuestro bien y no precisamente “el que pensáis que hacéis bien” porque: “mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos” (Isaías 55:8) dice Dios. Porque Él ve más allá y tuerce vuestro andar mostrándoos la senda que va más allá. Pero el hombre está acostumbrado a hacer, hasta su final, guiándose por su pensamiento, no viendo lo que habrá más allá. Piensa lo que quiere alcanzar pero no ve que hay una “sima” que lo separa de lo que le acontecerá. Y de esa separación está escrito, para memoria de los demás, y dice así como sucedió “al rico” que quiso avisar para que a los suyos no les aconteciera lo que a él: “Había un hombre rico, que se vestía de púrpura y de lino fino, y hacía cada día banquete con esplendidez. Había también un mendigo llamado Lázaro que estaba echado a la puerta de aquél, lleno de llagas, y ansiaba saciarse de las migajas que caían de la mesa del rico; y aun los perros venían y le lamían las llagas. Aconteció que murió el mendigo, y fue llevado por los ángeles al seno de Abraham; y murió también el rico, y fue sepultado. Y en el Hades alzó sus ojos, estando en tormentos, y vio de lejos a Abraham y a Lázaro en su seno. Entonces él, dando voces, dijo: Padre Abraham, ten misericordia de mí, y envía a Lázaro para que moje la punta de su dedo en agua, y refresque mi lengua; porque estoy atormentado en esta llama. Pero Abraham le dijo: Hijo, acuérdate que recibiste tus bienes en tu vida, y Lázaro también males; pero ahora éste es consolado aquí, y tú atormentado. Además de todo esto, una gran sima está puesta entre nosotros y vosotros, de manera que los que quisieren pasar de aquí a vosotros, no pueden, ni de allá pasar acá. Entonces le dijo: Te ruego, pues, padre, que le envíes a la casa de mi padre, porque tengo cinco hermanos, para que les testifique, a fin de que no vengan ellos también a este lugar de tormento. Y Abraham le dijo: A Moisés y a los profetas tienen, oíganlos. Él entonces dijo: No, padre Abraham; pero si alguno fuere a ellos de entre los muertos, se arrepentirán. Mas Abraham le dijo: Si no oyen a Moisés y a los profetas, tampoco se persuadirán aunque alguno se levantare de entre los muertos”. (Lucas 16:19-31)

 

¡Bendita La Gracia de HOY!, que sus crónicas a la vista están pero el hombre no se quiere molestar en buscar. ¡Pero... no olvide que desde la matriz de su madre comenzó la conciencia que Dios le puso del bien y del mal! ... y... que su conciencia encubre sacudiéndose el mal, acusando a los demás que no es sólo su mal. Fácil es ocultar en la sombra del ajenjo, acuñando su mal, olvidándose que al ojo de Dios no hay escondite alguno en el que se pueda enterrar el origen de la semilla que empuja por encima de su conciencia, que le culpa de su propia culpabilidad. Porque: “Dice el necio en su corazón: No hay Dios. Se han corrompido, hacen obras abominables; no hay quien haga el bien. Yahweh miró desde los cielos sobre los hijos de los hombres, para ver si había algún entendido, que buscara a Dios. Todos se desviaron, a una se han corrompido; no hay quien haga lo bueno, no hay ni siquiera uno”. (Salmo 14:1-3)

 

“Porque recta es la palabra de Yahweh, y toda su obra es hecha con fidelidad. Él ama justicia y juicio; de la misericordia de Yahweh está llena la tierra”. (Salmo 33:4,5)

 

Tema a Yahweh toda la tierra, teman delante de Él todos los habitantes de la Tierra  porque Él dijo, y fue hecho; Él mandó y existió. Hechura Suya somos y Su propósito está en todos aquellos que sin Él no pueden estar porque algo les falla que la conciencia reclama para su existencia final; porque llega el momento de su socorro y auxilio y a Él le van a procurar, a buscar, y en el silencio de su angustia golpes dan con ímpetu buscando una puerta que derribar y no se dan cuenta que es la de su corazón la que quieren “derribar”, que cerrada estaba y nunca dejaron que el alba entrara ya ... entonces aparece Dios que desde el principio en su puerta estaba ya; ¡déjale que entre!, a morar en tu corazón, que en tu destino estaba que entrase a habitarlo.

 

Cristo era su tema y la Gloria de Dios su finalidad, gobernar el corazón quiere y guiar tus pies a una mina de riqueza para que entres hoy a un paraíso de gloria, a un río de placer; juicio consumado en Cristo es la única justicia que Él (Dios) reclamó a su Hijo, por Amor a toda la humanidad: “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna”. (Juan 3:16)

 

No quiero ser olvidado como un muerto en vida, no quiero dejar de existir; quiero vivir hoy y dar a mi alma su respiro para que la enfermedad me deje de oprimir ahogándome el corazón en un último suspiro: ¡Rómpase el dique de mi contenido!, suelten mis lágrimas contenidas su manantial. ¡Desahógate oh corazón!, de tu duro contenido, soltándolo sólo a Aquel que como Abogado y Amigo y Fiel Consejero en mi puerta estuvo y siempre desprecié Su Sacrificio. En la Cruz lo hizo y yo sin saberlo allí estaba en Su pensamiento y Su obra consumada.

 

Aprovecha este mismo instante, amigo lector, para reconciliarte con Él y asegurarte de todo lo que Él ganó para ti en la Cruz, dile así ahora:

 

“¡PERDÓNAME SEÑOR JESUCRISTO POR HABERTE OLVIDADO, POR HABERTE OFENDIDO, POR HABER PECADO TANTO CONTRA TI, POR HABERTE IGNORADO! TE RUEGO QUE ENTRES DENTRO DE MI CORAZÓN Y ME LIMPIES DE TODOS MIS PECADOS CON TU PRECIOSA SANGRE QUE DERRAMASTE POR MÍ EN LA CRUZ DEL CALVARIO. POR FAVOR, GOBIERNA MI CORAZÓN COMO UN TIMÓN, CONDÚCEME POR TU CORRIENTE, MI BUEN CAPITÁN; LÍBRAME Y SÁLVAME, DIOS MÍO, QUE ALLÍ EN EL PUERTO ESTABA. SUÉLTAME LAS AMARRAS QUE OPRIMEN MI LIBERTAD ANSIADA, ABANDERA MI CORAZÓN CON TU SANGRE PRECIOSA QUE DE TU PECHO SALIÓ POR LA PUNTA DE LA LANZA QUE TE ATRAVESÓ. EN LA CRUZ TODAVÍA ESTABAS, CUANDO TU CABEZA SE LADEÓ AL GRITO DE: “Consumado es”. (Juan 19:30), A MI CORAZÓN CAYÓ PORQUE: “no quieres sacrificio, que yo lo daría; no quieres holocausto. Los sacrificios de Dios son el espíritu quebrantado; al corazón contrito y humillado no despreciarás tú, oh Dios”. (Salmo 51:16,17). OH, MI DIOS, MI CORAZÓN CONTRITO Y HUMILLADO ANTE TI ESTÁ, OH MI DIOS, PARA QUE MI ALFARERO CREE EN MÍ UN VASO DE HONRA, PARA QUE EN MI CUENCO NUNCA FALTE DE TU MANANTIAL DE AGUA VIVA, LLENURA Y PLENITUD; PARA QUE NUNCA TENGA SED DE TI Y SEA VERTIENTE TUYA. GRACIAS MI SEÑOR JESÚS POR HABERME OÍDO, POR HABERME PERDONADO, GRACIAS PORQUE A PARTIR DE ESTE MOMENTO SÉ QUE ESTARÁS CONMIGO TODOS LOS DÍAS DE MI VIDA HASTA EL FIN DEL MUNDO”.

 

E. D. Bruñó Ibáñez

D.L. Z-937-07