Historia
de Melvendar
La Batalla de las Mil Lágrimas.
Venís
a mi y me preguntáis, me miráis sin esperanza
pero con ira. ¿Por qué?¿Acaso
los Dioses deseaban destruirnos?
Venís
implorantes y llorando cuando me habláis de vuestro
hijo y de vuestra hermana, cuando me relatáis
que simplemente desaparecieron bajo el designio de algún
maldito Dios.
Si, ellos
son dioses, y un simple deseo suyo, nos extermina.
Yo también
he sentido la impotencia que vosotros sentís.
He llorado de rodillas mientras suplicaba a nuestro
buen Dios, Azariel, que parase aquella locura.
Sé
que no es fácil... pero sé que él
me escuchó, e intentó por todos los medios,
salvarnos de aquel infierno que habían creado
sus hermanos al comenzar su lucha en un mundo de mortales.
Sólo
puedo deciros, que la lucha entre ambos no tiene sentido,
pues como inmortales que son, jamás habrá
un vencedor.
Sólo
espero que el Dios primigenio, Uriel, no inflija un
castigo al dios Azariel por intentar salvarnos. Aunque
tengo el extraño sentimiento, de que jamás
volveré a ver a mi amado Azariel.
Sin nosotros,
los Dioses no existirían. Necesitan nuestra creencia
en ellos pero... ¿Entonces por qué cuando
terminan con la vida de alguno de nosotros, no tienen
mas conciencia de ello, que nosotros al pisar una hormiga
en nuestro camino?
Todos pudimos
ver, como el mismo cielo se resquebrajaba ante el poder,
como la tierra se abría y se tragaba ciudades
enteras...
Somos apenas
unos cientos los que hemos conseguido embarcar a tiempo,
pero somos nosotros el mayor sacrificio de Azariel,
dejándose embestir por el resto, para que escapásemos
de Melvendar. Se que como nuestro padre protector, está cumpliendo con
los designios de su corazón, pero me duele al
pensar lo que le pueda suceder. Como su hija, temo por
él.
Ahora, mientras
navegamos hacia tierras desconocidas, el suelo de lo
que fue nuestro hogar, se rompe en mil pedazos, para
quedar sepultado, en las profundidades del océano;
gracias a la maldición que se extiende, del pensamiento
de esos dioses hacia todo lo que nuestros salvadores,
nos han dado y que con nuestro esfuerzo habíamos
levantado.
A veces pienso
que nuestro hogar sirvió sólo de escenario
de una riña entre unos tontos y consentidos dioses
menores por...supongo que por crear lo que ellos llaman
semidioses.
Nuestro protector
Azariel, me contó
un vez, que se pretendía crear unas divinidades
menores que poseerían una exitencia mortal en
forma física, para ayudarnos y guiarnos, con
grandes poderes y gran corazón...pero creo que
esa salvación a llegado con sangre y destrucción
por parte de los demás dioses en su ansia de
dominio. Omariel (dios oscuro) junto a Erguiel (dios
de la destrucción y la resurrección) e
Inuel (dios del equilibrio y la neutralidad) puede que
consigan su objetivo y que creen más alianzas
entre ellos contra Uriel, en represalia por el favoritismo
otorgado al bien.
Mas nosotros
ahora, debemos de hacer lo mismo, crear alianzas para
crecer y hacernos poderosos. Aprender de nuestros errores,
y crear una fuerza capaz de defender nuestras nuevas
tierras. Si, he dicho defender, porque no debéis
dudar, que un día, esos semidioses, escoltados
por oscuros individuos vendrán a por nosotros,
para arrasar nuevamente nuestro esfuerzo, porque sin
duda esa creación de la que me hablo Azariel,
fue un deseo de alguna máxima representación
de los dioses de el bien en la tierra que fue escuchado,
y por lo tanto, si los deseos del bien son escuchados,
los deseos del mal también.
Mi nombre
es Jenlanthalasa de Azriel, reina legitima de Niendelan,
ahora destruido y enterrado bajo aguas.
Os escribo
a vosotros hijos de Melvendar, porque no se si podré
sobrevivir, mi tiempo se agota en esta humilde barca.
Sólo
espero que con mis palabras reconforte vuestro corazón
y viváis por mi.
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