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Arica y el Mundo Andino

Renato Aguirre Bianchi

arica@bigfoot.com
 

Aunque Arica pertenece a la República de Chile desde 1929, está geológicamente aislada de ese país por cientos de kilómetros del desierto más árido del planeta y, más que nada, por una profunda incongruencia cultural. En consecuencia, para comprender a la ciudad, sus valles, sierra, altiplano y ocupantes, es necesario traspasar las actuales fronteras e integrarlas con los eventos de su centro cultural: las tierras que circundan al lago Titicaca. En ningún otro lugar del territorio chileno la palabra "andino" tiene tanto significado como en Arica y su región. 

El hombre andino


Once a 12.000 años antes del presente, al comienzo del Holoceno (el último período geológico del planeta), cazadores-recolectores llegaron al altiplano siguiendo a sus presas de caza: grandes mastodontes, megaterios, tigres con dientes de sable y caballos americanos. El clima estaba cambiando, generando aridez, y esos animales se extinguieron, obligando a los humanos a depender de la caza de roedores pequeños, aves y los antecesores de los actuales auquénidos. Estos animales tienen un comportamiento migratorio estacional, yendo y viniendo desde la altura a los valles, y los humanos tuvieron que rediseñar su estilo de vida para seguirlos. Los auquénidos fueron finalmente domesticados hace más de 4.000 años, cuando ya se había adoptado un estilo de vida trashumante.

Lo anterior coincide con los primeros experimentos agrícolas. A 4.000m de altura ésta se limita a pocas especies como papas, quinua (un grano rico en proteínas, con hojas comestibles) y habas, pero al seguir a las manadas de auquénidos a territorios más bajos durante el invierno, los primitivos andinos pudieron enriquecer su acceso a productos agrícolas cultivables en los valles altos, como maíz, porotos y calabazas. De esta forma los humanos fueron "domesticados" por los auquénidos, instados a adoptar una nueva forma de vida, a la vez que estos animales recibieron protección y respeto de parte de los humanos. Ese fenómeno se aproxima al concepto de simbiosis. Esta peculiar simbiosis definió las costumbres, la ética, la religión y la cosmovisión de esta novedosa variedad cultural humana: el Hombre Andino.

Otros humanos viviendo en ámbitos vecinos al altiplano circuntiticaca pero a menor altura, los que identificaremos como "yungas" para simplificar un complejo abanico étnico, ocuparon la costa y aprendieron a vivir de los abundantes recursos marinos, formando pequeñas comunidades que se hicieron semi-sedentarias hace unos 8.000 años, cinco milenios antes de aprender a utilizar recursos agrícolas. El grupo más conspicuo formó el Complejo Chinchorro en Arica y playas vecinas y comenzó a momificar artificialmente a sus muertos 3.000 años antes que los egipcios.

Cuando se inició la agricultura cerca de la costa de Arica, comenzando con calabazas hace unos 3.000 años, se empezaron a ocupar los valles y se estableció una rica y suponemos que más o menos pacífica interacción con los grupos étnicos altiplánicos que necesitaban expandirse más allá de la cuenca del Titicaca.

El centro cultural de las diversas etnias que ocupaban este territorio de tan abruptos cambios de altura y con tantos nichos ecológicos peculiares, era el lago Titicaca, cuyas riveras, a más de 4.000m de altura, ofrecían amplios espacios y facilidades para el pastoreo de auquénidos, con la ventaja adicional de una provisión limitada de peces de agua dulce. El consecuente incremento de la población humana y de auquénidos, indujo la formación de estructuras sociales más sofisticadas y estimuló la exploración del potencial productivo de otras regiones, incluyendo a los valles bajos, donde los altiplánicos establecieron "colonias" geográficamente aisladas de su centro administrativo. De esa manera, parte de los valles fueron explotadas por los altiplánicos utilizando su propia mano de obra, en contraste con el estilo occidental basado en la conquista y la explotación laboral de los conquistados. Para satisfacer la intensa demanda de comunicación y transporte desde y hacia el altiplano, se utilizaron caravanas de llamas y luego mulas, hasta que recientemente fueron reemplazadas por los camiones.

El estilo de vida semi-nomádico de los andinos (inducido por y posible gracias a los auquénidos) y las peculiaridades geológicas, hicieron que los andinos del área Titicaca no desarrollaran el centralismo urbano propio de sus contemporáneos del norte del actual Perú. Su economía se basaba en el pastoreo de auquénidos y la agricultura de papas y quinua en el altiplano, mientras algunos componentes de cada grupo étnico cultivaban maíz, calabazas, ají, algodón y otros productos agrícolas en las tierras bajas a ambos lados de la cordillera de los Andes, utilizando enclaves territoriales delimitados, más o menos adyacentes a los de otras etnias, estableciendo así posesiones territoriales no contiguas, a la manera de un archipiélago. Estas, que recibían productos del altiplano como papas chuño, charqui y lana, comercializaban sus productos con los recursos marítimos de nuestras costas y otros bienes propios de las selvas amazónicas.
  
 

El país Circuntiticaca (Collasuyo para los incas)


Hace unos 1.700 años, cuando Roma estaba siendo saqueada y Atila amenazaba a la "civilización" occidental, la etnia Tiwanaku del sur del Titicaca empezó a consolidar su control sobre el territorio circuntiticaca. Ellos expandieron más o menos pacíficamente su influencia y cultura, llegando a definir lo que nosotros, ariqueños que podemos proyectarnos más allá de cualquier "nacionalidad" que pudiéramos tener, podríamos llamar nuestro "país natural". El Tiwanaku aportó un fuerte impulso al desarrollo de sus "provincias" de Arica y San Pedro de Atacama, a la vez que interactuaba de diversas maneras (no necesariamente pacíficas) con el imperio Wari del norte del actual Perú, despótico, urbano y etnocida.

Las grandes culturas preincaicas del centro y norte del Perú se desarrollaron siguiendo más o menos el patrón Wari. En contraste, en el país Circuntiticaca (Arica incluida) se mantenía una economía basada en la variedad étnica y la ocupación simultánea de múltiples nichos ecológicos geográficamente aislados del centro de poder, el cual ejercía un dominio más o menos tolerante sobre sus posiciones, aún después del colapso del imperio Tiwanaku y también cuando los incas dominaron el Collasuyo.

El Tiwanaku colapsó cuatro siglos antes que los incas conquistaron y reunificaron a nuestro "país". Durante es lapso, nuestras "provincias yungas" se organizaron en una miríada de señoríos locales que resistieron los intentos de dominio de los diversos reinos altiplánicos que se formaron tras el cese de la hegemonía tiwanaku. Ellos necesitaban nuestros productos y los yungas necesitábamos los de ellos y se establecieron intensas relaciones comerciales, a la vez que nuestros múltiples señoríos construyeron ciudades-fortalezas (pukaras) a lo largo de cientos de kilómetros para defender el control de nuestro territorio.

La dominación incaica sobrepasó los intentos locales de independencia, reincorporando a las tierras bajas a un sistema socio-económico integrado. Cuando los primeros españoles recibieron derechos abusivos sobre los indios y sus posesiones (encomiendas), encontraron un complejo sistema territorial basado en enclaves fragmentados controlados por diversos caciques que obedecían a autoridades de mayor poder residentes en la parte alta de los valles, a su vez vasallos de señores de los grupos étnicos altiplánicos en quienes los incas habían delegado la responsabilidad de administrarnos.
  
 

El Mundo Andino es forzado a minimizarse


Los andinos comprendían el mundo de una forma muy especial, a través de un paradigma ("cosmovisión") que puede ser difícil de comprender para la gente que ha sido educada en el individualismo y el afán de enriquecimiento de la cultura occidental. Puede describírsele como la ética de los opuestos complementarios: nada es bueno o malo, fasto o nefasto, porque los conceptos opuestos deben interactuar formando una tercera dimensión donde se establece el equilibrio. Sólo en equilibrio puede vivir el andino y por lo tanto, para que exista un espacio real ocupable, todo depende de lo bueno y lo malo a la vez, de lo masculino interactuando con lo femenino, pues lo uno no puede existir sin su opuesto. El Hombre Andino es un producto de ese equilibrio y debe obedecer sus reglas. A nadie se la habría permitido, por ejemplo, sublimarse en forma de un ángel ocioso y asexuado o enriquecerse en forma desproporcionada como quien se gana la lotería, pues se rompería el equilibrio y colapsaría el sistema de vida del cual dependía la subsistencia de los grupos comunitarios en las condiciones de vida extremadamente adversas de los Andes. La cosmovisión andina es responsable de un experimento social y económico peculiar y espectacular, sin parangón en la historia de la humanidad, asentado precisamente en uno de los ámbitos menos favorables para los humanos.

La invasión de los españoles produjo una violenta y cruel catástrofe, el último pachakuti, evento que se repite cada cinco siglos, producido por una inversión de la polaridad del mundo, lo que cambia drásticamente la realidad. Fue "ese gran incendio" (Pablo Neruda), el que destruyó a la civilización andina.

El comportamiento cruel, abusivo y de desvergonzada hipocresía ética de los nuevos dueños del único mundo que conocían los andinos, además de las torpes e infames gestiones para convertir a los indios al cristianismo, mató a millones de ellos y destruyó su organización social y su autoestima. Frente a esa antítesis de lo que es justo por esencia, los andinos acataron una de sus máximas: "no es bueno mentir, pero puede hacerse si eso satisface a otros", o, dicho de otra manera, "no es bueno mentir, pero puede ser prudente ocultar la verdad". Como etnia, nunca han sido verdaderamente convertidos al cristianismo, sino que sólo incorporaron al Dios de los españoles como uno más de la fauna de dioses que les eran propios y que trataron de ocultar. En las palabras del sociólogo van Kessel, los andinos incorporaron la litúrgica impuesta por el conquistador, pero no su esencia doctrinaria. Esto, aunque los aymaras contemporáneos suelen desconocerlo, está latente en sus gestiones místicas, hoy cubiertas por un barniz de conmovedora conversión, pero cuya esencia permanece latente.

La última rebelión de los andinos, un sangriento período liderado en 1790 por José Gabriel Condorcanqui (Tupac Amaru II), prendió cual incendio forestal a lo largo de los Andes Centrales y duró tres años. Sin embargo, tres años después de la cruel ejecución del cruel Condorcanqui, don Agustín de Jáuregui, Virrey del Perú, recibió unas guindas de regalo, de las cuales era muy aficionado. Después de comer un par de ellas, cayó muerto. Hoy mismo, grupos radicales se preparan en Bolivia para la llegada del próximo pachakuti, el cual sacará al Inca de la dimensión del pasado para que termine con su tarea unificadora. Pronto hará 500 años desde que los españoles pusieron al Mundo Andino pies arriba y cabeza abajo con el asesinato de Atahualpa. Pablo Neruda dijo que el Reino muerto seguía vivo...
  
 

Arica y su "país"


Aunque desde 1536 había españoles viviendo en Arica, la ciudad se fundó oficialmente en 1541. En 1545, el más fabuloso depósito mineral de plata jamás conocido se descubrió en los Andes (Potosí), y durante 150 años Arica y su región fueron parte de una de las empresas financieras de mayor envergadura de la época pre-industrial, sirviendo como puerta de entrada y salida a la riqueza de Potosí y como proveedora de alimentos, vino, alfalfa, aceite de olivas y otros productos. En 1611 Potosí era una próspera ciudad de 160.000 habitantes, la ciudad más populosa y rica del Nuevo Mundo de entonces.

Inicialmente, el transporte de la mercadería destinada a o proveniente de Europa vía Arica, se basaba en caravanas de llamas, luego reemplazadas por mulas. Por los años 1700, había unas 200.000 mulas al servicio de Arica. En esa época, la producción de Potosí decayó, hubo una prolongada sequía que secó a todos los olivares, recrudeció la malaria endémica de Arica y los embarques de plata se derivaron al Océano Atlántico. Con el tiempo, la administración peruana se desentendió de Arica y se estableció un largo período de decadencia, el cual se mantuvo hasta 1850.

La consolidación de la independencia de Bolivia después de la derrota final de las tropas españolas en 1825, trajo prosperidad al altiplano. Reapareció el agua en Arica y disminuyó la morbilidad de la malaria. Se construyó el ferrocarril a Tacna y se intensificó el tráfico de caravanas hacia Bolivia. El gran terremoto y tsunami de 1868 destruyó a una próspera y hermosa ciudad, la cual pronto se recuperó, sólo para ser afectada por otro evento similar en 1877.

 

Arica es incorporada al territorio chileno, pero sigue siendo andina


Desde su fundación, Arica fue peruana, aunque en el siglo XIX hizo todo lo posible por ser boliviana. La guerra entre Chile y Perú-Bolivia iniciada en 1979 tuvo un hito importante cuando Arica fue conquistada por los chilenos en 1880. La guerra terminó con Chile controlando transitoriamente a Arica y Tacna hasta que se llegara a un acuerdo, pero en 1929 Tacna fue devuelta al Perú.

La incorporación definitiva de Arica a Chile produjo una crisis de proporciones. La ciudad fue abruptamente separada de la sierra, la cual fue literalmente abandonada a su suerte, hasta que la necesidad de chilenizar a nuestra tierra andina pasó a ser importante para la centralizada República de Chile. Los sacerdotes que servían a la Arica rural (todos peruanos) fueron expulsados en 1910, y nunca más ha habido un cura residente en las afueras de Arica.

En 1917, menos del 30% de la población ariqueña era chilena. El gobierno y la vicaría militar implementaron magnos esfuerzos para chilenizar a los aymaras, los cuales tuvieron éxito en parte debido a las mejoras en la educación y justicia y a los efectos de la conscripción militar obligatoria.

Desde entonces, Arica ha hecho grandes esfuerzos por ser chilena, sabiendo que sus raíces son foráneas. A pesar de un fuerte chauvinismo de los estratos no aymaras, más allá de las calles pavimentadas y de los personajes con corbata, y aunque no se exprese en forma explícita, se percibe un sentimiento similar al de un huérfano adoptado por un conquistador:

¿Dónde está el resto de la familia?...

Argumentos y detalles que sustentan este resumen se exponen en:

 http://briefcase.yahoo.com/lautaro

 

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