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A principios de 1883 fue llamado por el ingeniero Francisco Javier Cisneros para que dirigiera, junto con don Dámaso Zapata y don Rafael M. Merchán, el periódico que iba a fundar, denominado La Industria, destinado principalmente a defender las empresas del propietario, que eran muy combatidas en la prensa del país, muchas veces no por razones de orden técnico, sino por motivos políticos. Allí recibía don Luis Lleras un salario de $ 50 y era el redactor de la parte industrial, aunque en ocasiones escribía notas de otra indole, inclusive de orden filológico, transcribiendo apartes de las cartas de don Rufino J. Cuervo en que éste le absolvía preguntas sobre el tema.
Para poder desempeñar su cargo en La Industria, tuvo el señor Lleras que dejar dos clases que dictaba en Ia Escuela Normal y por las cuales recibía un sueldo de $30. Pero Ia enseñanza era para él una necesidad y así, dos meses más tarde, se hizo cargo, gratuitamente, de la clase de artillería en el cuartel.
El primer número de La industria apareció el 15 de febrero de 1883. La publicación era semanal y continuó hasta fines del año siguiente cuando fue suspendida probablemente por las circunstancias de la guerra civil.
Decía el señor Cisneros en el editorial del primer número del periódico, que los directores recibirían "noticias semanales de las oficinas de las distintas empresas, y además están autorizados para pedir a ellas cuantos datos hagan al caso según las circunstancias, de modo que con este plan no sólo podrán dar idea exacta de la marcha de los trabajos, sino que también estarán en aptitud de suministrar las explicaciones que sean necesarias, y aun de rechazar las invenciones que se propalen con el objeto de desacreditar las mismas empresas.
"La reconocida honorabilidad, inteligencia y laboriosidad de dichos señores [los Directores del periódico] deja fuera de toda duda que el desempeño de la comisión, que tan bondadosamente han aceptado, nada dejará que desear. Y esta labor de ellos será patriótica, porque no se trata de defender errores, ni de apoyar personalidades, sino de sostener y fomentar las obras materiales en cuya ejecución está cifrado el porvenir de la patria y su desenvolvimiento industrial y económico."
Y continúa haciendo notar que La Industria no se ocuparía solamente de sus empresas sino que serviría a todas las demás de la misma índole.
En este periódico se publicaron noticias y traducciones de actividades científicas y técnicas de otros países que pudieran ser de interés local, tratando, como decía el señor Cisneros, "de llenar un vacío que se nota en esta sociedad, ocupándonos única y exclusivamente en asuntos que tiendan al desarrollo material: lo cual clara y distintamente quiere decir que este periódico no tendrá color político".
Fue sin duda Cisneros quien por primera vez tomó el desarrollo industrial del país en serio y cooperó de manera muy notable a los comienzos de su industrialización, de acuerdo con ci espíritu de la nota editorial que hemos citado. La Industria fue una publicación única en su género, superior al medio económico de entonces, y nos atrevemos a decir que no ha habido otra en Colombia con las características de ella. Cumplió fielmente los fines propuestos por su fundador, dando a conocer de manera científica muchos de los problemas nacionales, divulgando los avances técnicos del exterior, para que ellos sirvieran de ejemplo y de estímulo. Para ello se publicaron artículos cuidadosamente elaborados, lo mismo que traducciones bien hechas y escogidas de escritos ingleses, norteamericanos o franceses, con lo cual se trataba de poner de presente lo que aquí podía hacerse. Se escribió sobre las obras públicas más importantes de Colombia y sobre su situación en ese momento y las posibilidades de mejorarlas o de desarrollar otras nuevas, haciendo cuidadosos análisis económicos y técnicos, o publicando informes de personas mejor enteradas en cada caso. Además se publicaron biografías abreviadas de personas ilustres de otras partes o cortos e interesantes relatos que hacían más ameno el periódico. Se absolvieron consultas sobre el desarrollo de nuevas industrias y se prestó especial atención a los ferrocarriles nacionales, sobre los cuales había artículos en casi todos los números. También se estudió la navegación de los ríos y se dedicaron páginas a los muelles, a la metalurgia, a la minería, con especialidad a la ferrería de La Pradera. Una serie de artículos consideró la posibilidad de apertura del canal de Panamá. Hubo además discusiones de orden técnico, de mucha importancia para el desarrollo científico del país.
Cuando al finalizar el año de 1884 estalló la revolución contra el gobierno del doctor Rafael Nuñez, el expresidente Aquileo Parra, quien estimaba mucho a don Luis Lleras, le encomendó una delicada misión política ante el Presidente del Estado Soberano de Boyacá, que lo era el general Pedro José Sarmiento, cuñado del señor Lleras. Este había renunciado a su cargo de guarda parque general por considerar que en su condición de miembro del partido liberal no podía continuar en él en las circunstancias bélicas que acababan de presentarse y se dirigió a Tunja a cumplir la comisión del señor Parra. Allí llegó el 23 de diciembre y se incorporó al ejército liberal comandado por Sarmiento. En Gámbita dirigió las fortificaciones y en el Jacual construyó una serie de trincheras. Hizo toda Ia campaña de la costa atlántica. "En el sitio de Cartagena, dice Vargas Vila, sus servicios fueron de imponderable valía. El vaciló en dirigir la artillería contra aquellos muros tras los cuales se ocultaban los enemigos de la libertad, para no mancillar la gloria del aquel recinto venerable, en el cual parecían vagar aun ensangrentadas las víctimas de Morillo y las sombras vengadoras de los sitiados de 1815, que parecían poblar aquellos muros pidiendo al cielo justicia para tanta profanación del poder.
"Hasta que el sitio se levantó los servicios del sabio mártir no cesaron. Siempre en Ia brecha, siempre enardecido, como dijera Nuñez de Arce, iba de buque en buque y de reducto en reducto animando con el valor del vino del patriotismo.
"Al fin llegó la sangrienta hecatombe, al fin brilló el sol de la Humareda, y entre el estruendo de aquella victoria suicida, desapareció el egregio ciudadano, partido el corazón y sobre las trincheras enemigas.
"La ciencia, ornada con los laureles de la Victoria, cayó allí sobre aquel rio de sangre".
Evidentemente, después de la campaña de la costa atlántica, el ejército liberal remontó el río Magdalena, siempre bajo las órdenes del general Sergio Camargo, y atacó al enemigo en el sitio de la Humareda, cerca de la población de El Banco. La batalla duró tres horas. Cuando don Luis Lleras, que permanecía en uno de los barcos, tuvo noticia de la muerte del general Sarmiento, desembarcó inmediatamente y fue herido a bayoneta, por la espalda, por un discípulo a quien había dado enseñanza gratuita, que era teniente entonces y que más tarde alcanzó las estrellas de General. Más piadoso nos parece no mencionar su nombre. Cayó, dice Rafael Gómez Picón, cuando trataba "de disputar a varios enemigos un cañón que causaba destrozos", y quedó tendido "sobre la temible máquina mortífera".
Al concluirse la batalla su cadáver fue conducido al vapor "María Emma" para transportarlo a El Banco y enterrarlo allí junto con los de otros jefes liberales sacrificados, entre los cuales se encontraban dos cuñados suyos, el general Sarmiento y el ingeniero Nicolás Herrera; pero se produjo el incendio y el hundimiento de la nave y el río Magdalena vino a ser su tumba.
Al morir tenia el grado de coronel y fue ascendido a general después de su muerte.
Cuando estaba en la Costa recibió una invitación muy gentil de los hermanos Cuervos para que se trasladase a París mientras las condiciones de Colombia permitían su regreso, a lo cual contestó en carta de 11 de junio, seis días antes de su muerte, que agradecía de todo corazón la generosidad de sus amigos, pero que se sentía ligado a la suerte de los revolucionarios con quienes había compartido los rigores de la campaña, y más en aquellos momentos en que Ia suerte de la revolución parecía decidida en su contra.
Fue ante todo un hombre de estudio. Hizo "un profundo análisis de la Geometría de Legendre", "resolviendo todos los problemas que el ilustre matemático propone allí", dice Bateman.
Profesor en varios colegios, en el de San Bartolomé enseñó Aritmética y Lectura, en 1884, y Balística en el Militar. Enseñó además en el colegio de don Santiago Pérez y cuando éste lo vendió a don Cesar Guzmán, continuó allí dictando sus lecciones.
Sostuvo algunas polémicas sobre temas científicos, entre otras, una con don José María González Benito.
El epistolario suyo con don Rufino José Cuervo, que hoy se da a la luz pública, había sido publicado en parte por don Tomás Rueda Vargas, en la serie dedicada a don Rufino J. Cuervo con el nombre de Cartas de su archivo. Pero allí solamente se publicaron las cartas de don Luis Lleras y no las de don Rufino para este.
Andrés
Soriano Lleras
"Epistolario
de Rufino José Cuervo con Luis María Lleras y otros amigos y
familiares",
Publicaciones del Instituto Caro y Cuervo; Archivo Epistolar
Colombiano III,
Imprenta Patriótica del Instituto Caro y Cuervo, Bogotá 1969.
Más acerca de Luis Lleras Triana
ppphant@yahoo.com
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Bogotá, Colombia, 1-2001