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Mas o menos se sabe cuándo fue la primera vez que se habló del género. Y se tienen ideas generales de su relación con el guiñol pero ¿por qué el gore es un tipo de estética que repugna pero a la vez es todo un espectáculo?.
El GORE parece tener un solo objetivo: la exhibición del ser humano partido y dividido, no integrado. La integridad es sinónimo de seriedad, de lo establecido, de lo socialmente correcto. En cambio la partitura de esa integridad alude a lo que está fuera de orden, a la subversión y a la reacción tal como el asombro, la risa o la repugnancia, es decir, estimula a la aparición de nuestras expresiones más inmediatas y toscas, que incluso se catalogan como groseras.
El GORE es una grosería visual, por ello muchos no lo toleran. De ahí su relación con el mundo de los títeres y guiñol. De hecho, hablar del guiñol es hablar también del gore por las características que ambos comparten. Veamos lo siguiente:
GUIÑOL, ARTE Y NO ARTE
El titiritero está en lo inverso a la normatividad estética (lo aristocrático) y de allí que su oficio no esté considerado como «arte». No es casual que la caricatura y los muñecos sean oficios que reverdecen con vigor en las sociedades de la intolerancia, allí donde es urgente la gracia, la sátira, la risa.
En los períodos tiránicos es donde mejor se cultiva esta flor. El teatro guiñol y los títeres en general no son sino oficio de artesanos liberales que han encontrado en la exageración un manifiesto descontento, de poner el dedo en la llaga del oprobio y la censura. Oficio de renegados donde lo popular encontraba una forma de expresión: la bufonada, el chiste, el ridículo.
El público que disfruta de un espectáculo de marionetas aplaude no lo real sino una ficción, ese planeta parecido al nuestro, no la cantidad de verdad sino el tumulto de la mentira, no aplaude el espejo sino «el lente de aumento».
De la misma manera en que el arte primitivista -antiguo o nuevo- no trata de copiar lo real sino realizar una proyección de la mente donde lo fundamental no es el acercamiento sino el contraste.
LENGUAJE
Su lenguaje no proviene ni de la poesía ni de las formas literarias de rigurosa elaboración, sino de los juegos, de la escritura rudimentaria, del habla popular: el repentismo, la astracanada, el trabalenguas, el disparate, las cacofonías, que encuentran su acento más cómico -misterios de la percepción- en las vocales cerradas y en la torsión fonética.
El teatro de fantoches, pertenece, en línea opuesta, al orden de un derrumbamiento. Es de naturaleza pagana. En el desparpajo no hay sitio para lo sublime, para lo iluminado, pues su ejercicio es, fetichista, un hombre que habla con y a través de un objeto, que se revela a través de él, que se transmuta en el objeto mismo, el hipócrita en su estado más genuino, pues ha encontrado un camuflaje para la desacralización, para mirar la realidad desde su punto más lúcido y más cómico: la desgracia, el defecto, la falla.
La destreza, el desparpajo, la burla y la insolencia encuentran su temperatura. El esperpento, desligado de los estereotipos, es una visión fortalecida, cercano a la visión iniciática del niño, o del desequilibrado.
UN BREVE RECORRIDO
El GORE ha tenido mucho más campo de expresión en el cine. Se ha utilizado como elemento visual en muchas películas, sobre todo, las de bajo presupuesto y con temáticas similares entre sí: asesinos seriales, caníbales, monstruos del más allá, entre los más importantes.
Los filmes clásicos de este género se pueden ubicar entre los 60 y 70, donde los protagonistas eran exploradores y turistas indefensos ante un maniático o un grupo de comehombres o bien, mujeres bellas y hermosas convertidas en objetos sexuales y víctimas de las peores crueldades inimaginables. Así, en esta línea tenemos a directores como Herschell Gordon Lewis, Sam Reimi, Ruggero Deodato, Umberto Lenzi entre los más representativos de estas décadas. En estos casos hay dramatismo y muchos toques de erotismo y sensualidad. Podemos ser civilizados, vivir en una gran ciudad, poseer un hermoso trasero y un atractivo físico irresistible pero todas estas características no las perdona el desequilibrado, el asesino, el ignorante e inculto caníbal, los resucitados de sus tumbas y los demonios que habitan en la oscuridad. Nos convertimos en los títeres de todos ellos y verlo se convierte en espectáculo.
Para la década de los 90 llega un director neozelandés con un filme considerado como la cumbre del gore en la historia de la cinematografía. Estamos hablando de Peter Jackson y su incomparable BRAINDEAD (1992), película hasta hoy no superada por ninguna otra en cuanto a litros y litros de sangre se refiere. No podemos dejar de mencionar su anterior filme BAD TASTE (1987), en la que se dan antecedentes de lo sería DEAD ALIVE (que en México titularon TU MAMÁ SE COMIÓ A MI PERRO). El GORE, en aquel caso, se tiñó de verde.
Otro ejemplo curioso es STREET TRASH (1987, dir. James Muró), en la que el gore adquiere la tonalidad azul. Tanto Jackson como Muró recurren constantemente al humor negro y a las parodias de tipo social y político, elementos inherentes al GORE.
Así, el ser humano pasa a ser un artefacto, un títere, por eso, en muchas ocasiones, los despedazados, los destripados, los desmembrados, además de repugnancia, causan diversas reacciones, la risa es una de ellas.
Sin embargo, en los últimos años, Japón parece definir un tipo de gore que si bien retoma algunos clichés, crea su propia visión haciendo de este género una propuesta diferente a la de Occidente.
Dicen que las formas circulares eluden a lo divertido, a lo onírico, al juego pero también al caos. USUMAKI (Directed by Higuchinsky, Japón 2000) se enfoca a ese terror primigenio por lo desconocido pero materializado en la forma de la espiral. Una célebre escena de esta película es la del joven arrollado por un carro cuyo cuerpo queda enredado bajo la llanta en forma de espiral y salpicado de sangre ¡y qué decir del ojo que queda estampado en el parabrisas de ese mismo vehículo y la espiral sanguinolienta que se desprende de aquel!!! Una espiral es algo vivo capaz de sembrar el horror en el ser humano y actuar como victimario, como el que mueve a los títeres y hace con ellos lo que quiere.
Otro icono del GORE japonés es GUINEA PIG (Devils experiment, he never dies, flower of flesh and blood)donde el titiritero vuelve a presentarse para llevar hasta las últimas consecuencias la mutilación, el desmembramiento, la tortura, la separación de cada parte del cuerpo. Fue tal el impacto de esta saga nipona a tal grado que mucha gente pensó que lo que vieron fueron hechos reales registrados en video, provocando un gran escándalo no sólo en Asia sino en Europa.
Sea como fuere, el GORE, a lo largo de los años y a lo ancho de las latitudes, sigue y seguirá siendo un espectáculo.
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