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Por Pablo Marimán Quemenado (historiador) 

Burócratas, Yanakonas y Profesionales Mapuche
         (Entre el Colonialismo y la Autonomía).

 

A continuación paso a exponer algo seguro ya conocido, o suficientemente claro en cierta conciencia colectiva, me refiero a la inserción y marcha en el mundo del trabajo. Específicamente tiene que ver con la sobrevivencia y lo enajenante que se ha vuelto, en este último tiempo, el ejercicio de la actividad profesional en el medio mapuche, más cuando se es “de la raza”. De esto me he hecho una idea después de los años que distan del momento que obtuve el título. Quizás sea un tema en el cual nos ponemos de acuerdo en censurar o posponer para la mesa de un boliche o para antes de irnos a dormir.

Así como en el último tiempo se ha ido perfilando un actor y una dinámica en las relaciones que mantenemos con la sociedad dominante, me refiero muy especialmente a líderes comuneros y a las acciones de recuperación territorial y resistencia en contra de forestales, fundos e hidroeléctricas, también han ido tomando cuerpo -o se han dejado ver- las acciones de otros estamentos que agrupan la opinión y el quehacer mapuche, a veces complementando el discurso autonomista (1) que parte de la dirigencia viene bosquejando, o bien negando este y actuando como una valla de protección del sistema de dominación (2) .

Parece no estar suficientemente claro que la formación que tenemos muchos de los que hemos obtenido un título técnico o profesional nos hace depender del sistema que impulsa el grupo dominante chileno, específicamente de su institucionalidad, pues no es concebible que una comunidad, una organización o la estructura que se de la sociedad mapuche en la actualidad, pueda concentrar un quehacer de este tipo pagándole a un profesional de sus filas lo que el mercado establece como aceptable. Quienes han hecho esto lo han asumido con grandes dificultades que no son sustentables en el tiempo, cargando con ellos el estigma de románticos, idealistas y bueno... hasta de giles. O bien el de leales, consecuentes, pero...pobretones. En fin, el lector podrá discriminar en esto.

Todo el proceso de formación técnica y profesional está hecho para que finalmente ocupemos un sitio ya sea en escuelas, universidades, corporaciones, fundaciones, institutos, ongs, municipalidades, consultoras, etc...allí sí es funcional nuestra profesionalización. El lenguaje que aprendemos a utilizar para describir la realidad, las categorías que empleamos para descomponer tras análisis las situaciones que atendemos, todo nos lleva a reproducir elementos que provienen de la sociedad dominante, y con esto al sistema global y por ende, al tipo de relación que sostenemos con ella. Lo que este adiestramiento logra a la larga (y esto ya se ha dicho) es nuestra integración, pero no a la sociedad y cultura a que pertenecemos, pues la educación no ha hecho más que alejarnos de esta posibilidad. Los distintos grupos y clases en el poder han sido consecuentes con esta lectura al pedir que se nos eduque para sacarnos de la pobreza, pero en el fondo sabemos que para algunos (como la derecha) se trata de sacarnos de nuestras tierras y así dejar uno de nuestros patrimonios para consumo de sus empresas y proyectos que han contado con los acuerdos o mayorías necesarias de las clases en el poder (3) .

Habría que decir que la formación alcanzada muchas veces, si no es que en ella ha mediado la autoformación del mismo profesional mapuche, no arranca de su cultura, por lo tanto aunque se tenga el interés por devolver lo aprendido al servicio de su comunidad o grupo con el cual se establecen las lealtades y compromisos, el impacto de esta labor no necesariamente se vuelve un proceso cualitativamente distinto del que pueden hacer nuestros pares chilenos con la formación común que reciben. Nosotros portamos una “contradicción vital”, ninguno puede trabajar de lleno en un organismo mapuche que se plantee intervenir sobre su realidad, pues estos no tienen los recursos para pagar estos “recursos” humanos, y si no subsisten, mueren comúnmente en el intento de ser.

Sí, dependemos, dependemos para nuestra sobrevivencia de la fuerza de trabajo que vendemos a otras instituciones que, tras esquemas y prácticas coloniales (4) -por muy bien intencionadas que sean- permiten mediante los espacios que brindan canalizar ciertas inquietudes, así como impactan en administrar mejor la pobreza y el estado en que se encuentran las cosas. Por supuesto entre nosotros también hay quienes en su quehacer no se cuestionan nada de esto, porque lo creen desde que se tragaron el discurso de la educación (5)  y......bueno, ustedes sabrán que otros  por opción flotan cual desecho orgánico.

Tremendamente paradójico será ser profesional especialmente cuando la manera en que aprendió a entender su mundo, no guarda ninguna relación con la forma en que le enseñaron a intervenir sobre el en la academia. Así como los sueños y visiones premonitorias o explicativas del porqué de ciertas cosas son vistas como manifestaciones de esquizofrenia del campesinado indígena o factores a considerar, también serán obstáculos a su “desarrollo” la proliferación del minifundio para lo cual -y antes de condenar su existencia- se aplicará tecnología de punta enseñando a sacar partido al último centímetro cuadrado de tierra que les quedó luego de la radicación, la posterior subdivisión, continuando con los arriendos por 99 años y finalmente los megaproyectos: forestaciones, carreteras, centrales y otros (6) .

Los profesionales somos un sector vulnerable, tanto que sin querer (...queriendo a veces) terminamos administrando la maquinaria colonial (7) . Aquí convendría hacer ciertas precisiones, pues se sabe que muchos de quienes venden su fuerza de trabajo están convencidos que no están aportando al desarrollo de su pueblo desde el lugar en que fueron seleccionados...es una situación enajenante a la larga, una muerte lenta que puede terminar convenciendo al individuo (peñi o lamgen, fucha o weche) que sostener un esquema que no hace mas que reproducir al sistema –con esas ciertas bondades del indigenismo a la chilena- es lo menos malo que nos puede ocurrir. Nace la oportunidad y con ella los burócratas o ganapanes, submundo compuesto no necesariamente de profesionales.

Cuantos de estos no vemos caminando con su mejor pinta y estatura. En general este grupo no le arregla el día a nadie, menos a su raza. Están ahí por su “profesionalismo”, por el partido, su fe, la familia grande. Están porque tienen hijos y familias, es cierto, que dependen de ellos. Están porque son capaces de cerrar la puerta cuando las cosas están tirantes, y sobre todo, están porque son incapaces de romper filas. Son la mayor obra del sistema, la evidencia de su triunfo.

También hay unos  ()%§¤¶§#&*0<^ç#¥-  que jamás vivirán ésta enajenación, pues son oportunistas que trabajan para si mismos y sus amos, me refiero a los yanakona. Algunos, como sus abuelos que traicionaron a destacados lonko, manejan muy bien su idioma, las costumbres y el medio, otros hacen como que lo comparten. Los yanakona que observo a menudo tienen una mentalidad y acción tremendamente versátiles que hacen de sus carreras, por lo general meteóricas, palancas que les dan prestigio, poder (es decir influencia) y granjerías económicas. Esto último con mayúscula. Pero siempre estarán bajo un buen alero, como el pino lo es para esos hongos venenosos que besan sus pies.

Sus valores nada tienen que ver con los del kimche, ni con los de un kumeche, nunca se entroncarían con las de un norche, pues atornillan al revés. Que Frei el año 98 destituyera al director de Conadi cuando éste se reuniría con el consejo de esta Corporación en un ambiente que hacía ver que se desconocerían las permutas de tierras que ofrecía Endesa, fue un acto descarado, un golpe bajo para algunos sectores que creían en el enpoderamiento de la institucionalidad ajena, es decir, de la Conadi. Pero llamó más la atención que ante la naturaleza de una institución que terminaba de sacarse la careta de indigenista, los consejeros hallan vuelto a sesionar como de costumbre a las semanas después. ¿Por qué, para qué, con qué sentido?.

Sin pecar de exacerbado "presentismo" en mi escritura, diría que son estos yanakona y burócratas los sectores quienes hoy conforman un nuevo estrato -antes no visto- que encaja en el sistema y ayuda a su reproducción, menospreciando las capacidades propias, o bien combatiéndolas abiertamente. Creo no fui el único sorprendido con las declaraciones en que connotados consejeros de la conadi fustigaban a la autoridad de Mideplan por llegar a acuerdos con comunidades de Lumako para la devolución de tierras en una cifra nada despreciable (4.226 ha. en una primera parte) . Les preocupaba a estos líderes la manera en que funcionarios de gobierno se saltaban los “conductos regulares” (Conadi-fondo de tierras) para otorgar reconocimiento a dirigentes –y de paso a comunidades- que habían estado involucrados en actos “terroristas”. Junto a compañeros de trabajo estuvimos el día en que las comunidades de Lumako se quedaron esperando a las autoridades para hacer la firma simbólica, en sus tierras y con sus ceremoniales, del documento que ya se había sancionado en Santiago. Había escepticismo y también alegría, sobre todo porque las capacitaciones de los primeros tiempos, la organización posterior, la movilización, la represión, los allanamientos, los juzgados y las cárceles, no habían sido en vano (“el que no llora no mama”) y ese día veían uno de sus corolarios. No fue Conadi, no fue el fondo, no fue la infinita compasión paternalista la que los hizo rescatar otro fragmento más del patrimonio. No fueron sus hermanos burócratas, ni yanakona, tampoco los consejeros. Fueron ellos mismos.

El surgimiento de este tipo de sujetos no es solamente algo de estas tierras, es un fenómeno que se repite donde está presente el Colonialismo en las relaciones entre pueblos diferentes (8) . El colonialismo hace que las diferencias culturales (que son naturales) se transformen además en relaciones de desigualdad, obvio que quienes tengan o saquen la ventaja tratarán de convencer al otro-dominado que la situación que vive siempre ha sido así y por su puesto que la única forma de superarse es salvándose sólo, o bien, en la otra vida. Por eso no es raro encontrar jóvenes, adultos y ancianos renegando de su raza y de otra parte a políticos y burócratas hablando de lo mapuche como una cuestión de pobreza, de campesinos o grupos marginales...¡¡que báaaarbaros!!, así y por antonomasia la responsabilidad del cómo estamos está en lo que somos. Ni se nos ocurra condenar al poder, a la opresión que éste ejerce en nuestra contra, a la marginación y el empobrecimiento a que se nos ha conducido.

El colonialismo que ejerce un grupo dominante si bien puede utilizar para sus fines las estructuras sociales y políticas del colonizado, como en Mesoamérica y los Andes, por lo general imponen las suyas. En nuestro caso, se nos pide abiertamente por el presidente de la república en carta del 31 de mayo de este año, que cualquier solución a nuestros problemas los busquemos en el ejercicio del estado de derecho, de la legislación y la institucionalidad imperante, es decir,..... la misma que procuró y legalizó la pérdida de tierras, entre otras cosas.

Por lo visto metidos y manoseados estamos en un merengue en que las autoridades del país y la región dicen que somos pobres...jamás un pueblo Empobrecido. La academia más rancia (que por lo visto pesa en sus opiniones) y que nos quiere como objetos de estudio, después de escuchar la reivindicación más política del programa nos trata de alquimistas del conocimiento, seguramente por salirnos de su objetividad y por no decir lo que están condicionados a escuchar. Las instituciones que buscan nuestro desarrollo son tantas y con tan buenas intenciones que no se logra más que sobrevivir, golpeando las puertas del fuerte o la misión para que nos arrojen comida o abrigo (forraje, fonola, luz eléctrica le llaman ahora)...para que hablar de las iglesias, los milicos y otros grupos para los cuales no salimos de la categoría del que hay que ayudar o bien, eliminar.
 

INTERCULTURALIDAD, PODER Y AUTODETERMINACIÓN.

Jode confesarlo, pero bueno sería destruirlo todo para así empezar de nuevo. Dudo que un cataclismo pudiera hecharnos una manito, sopena que los sobrevivientes sean los del Arca y no los que a salvo dejó Trentren. Así entonces, es bueno explorar las posibilidades de desarrollo profesional pensando en los escenarios a construir, cuidando que el telón de fondo no termine aplastándonos, haciendo estéril el cuento que nos aprendimos cuando estudiamos.

En la actualidad se habla, y mucho, de interculturalidad. Cuando ésta como idea vio la luz en la década del cuarenta encontró a un movimiento mapuche hegemonizado por la Corporación Araucana, la que hablaba de un sistema de educación indígena que partiendo de ciertos rasgos culturales mapuche, como el idioma y su patrón económico, culminase integrándolos al idioma y cultura nacional (entiéndase dominante desde nuestro presente). Fracasó el proyecto, pues a muchos -como también ahora- esto le sonaba a separatismo. 

Los mismos que fustigaban  estas ideas tenían college italiano, alianzas francesas, colegios alemanes o adventistas (para que decir católicos...). Los mismos que condenaban al fracaso estas iniciativas aplaudían los decretos y acciones policiales que incendiaban los organismos de salud para terminar con la medicina mapuche y sus agentes. Pero los tiempos pasan y entre medio una dictadura militar que por decreto quiso terminar con lo indígena en el país. El programa del movimiento al venírsenos la democracia cívico-militar, reivindicaba más que nunca su cultura y sus derechos colectivos, fue una antesala del momento actual así como un salto casi cualitativo ante su pasado más inmediato.

Y la luz se hizo. Se valoró también por decreto la diversidad, el fomento y protección a la cultura mapuche y lo indígena en general. La interculturalidad entró por la puerta ancha, por las grandes pinalerias de finales de siglo, y así también lo hicieron las áreas de desarrollo indígena, el artículo 1º y 34º de la nueva ley. El indigenismo a la chilena hasta obtuvo su institucionalidad, y así se creó un fondo de tierras, otro de desarrollo, un gabinete municipal de educación intercultural, un instituto de estudios y consultoras, cientos de consultoras, todas haciendo proyectos y propuestas para el desarrollo y, por supuesto, algunos actuando con el monopolio de la interculturalidad.

Había algo, sin embargo, que se descuidó y que por seis años y más no se asumió o quiso vérselo (para suerte nuestra), por lo visto atraía más al fantasma separatista que al dinero. La autodeterminación y, muy particularmente, la autonomía se habían guarecido de la lluvia de tentaciones y proyectos con que se teñía la política indígena. Algunos la concibieron, otros la entendieron en el desencanto del camino, pero ojo y cuidado con los que sin comprometerse están calculando en como convertirla en proyectos y productos financiados por Mideplan, Conadi o el organismo que sea.

La interculturalidad puede ser una alternativa, y especialmente interculturalizar la institucionalidad ajena, sólo y cuando se tiene como horizonte la autodeterminación de los pueblos, que como nosotros, han sido subordinados y dominados por el colonialismo. La interculturalidad de la educación (de la escuela a la universidad), será posible cuando desborde los márgenes de sus paredes y se haga pensando en el entorno social, cultural y territorial que envuelve a sus usuarios. ¿Qué ganamos cuando un curriculum toma contenidos y agentes educativos mapuche, si en el territorio circundante (local como regional) se construyen centrales, puertos, carreteras, forestales sin que se nos consulte o incidamos en sus decisiones, pero sí siendo víctimas de sus impactos?.

La interculturalidad no puede en nuestro país darse el lujo de atender sólo y tan sólo las diferencias culturales, sin entrar a intervenir en las desigualdades culturales que reproducen las relaciones que nos atan al Estado. Aquí entramos a una dimensión esquivada a veces y muy bien asumida en otras (al menos en la oralidad y el papel), me refiero a la cuestión del poder, y muy especialmente a la dicotomía y complemento que a veces representa lo propio y lo ajeno.

La autodeterminación y la autonomía, como una de sus expresiones, es autogobernarnos. Para este propósito se necesitan dos elementos básicos y uno fuera de nuestro control, me refiero a tomar decisiones como conjunto (antes, tener la voluntad de hacerlo), concebir estructuras que las promuevan y lograr que estas incidan favorablemente en la relación con el Estado y la sociedad nacional, evitando que el otro las neutralice o transforme para tan solo su provecho. Ah!! y sobre todo territorio, ese espacio histórico que estamos en su mayoría de acuerdo que en el caso de Chile comienza desde el Biobio. Seguro que no está demás decir que hay muchos siglos a nuestro favor que nos permiten reivindicarla, por supuesto ajustándola a nuestros tiempos, pues lo que antes del siglo 20 tuvimos fue independencia pura (otra manifestación de la autodeterminación).

Bien, haciendo una conexión entre profesión y proyecto político mapuche, se puede llegar a reconocer que difícil ha sido, y es, que existan organizaciones gremiales que agrupen a los profesionales mapuche, pues el ritmo de trabajo, sus necesidades y expectativas juegan por lo visto, en contra de potenciar esfuerzos en su organización e intereses propios, además somos muy tentables, me recuerdo el caso de la asociación de profesionales y técnicos mapuche (aprotema) y la aparición de la Conadi el año 94. Esta última se nutrió de la primera hasta hacerla desaparecer.

En la historia de este siglo, que es cuando somos paridos como un subconjunto de la sociedad contemporánea mapuche, no hay mayores registros que demuestren la permanencia en el tiempo de asociaciones de este tipo. Los profesores aparecen con destellos en distintas épocas, pero sólo hasta el toque de campana que hace volver al deber, a la necesidad del día a día y otras cosas ($), la que siempre ha aparecido sonando y descontinuando sus procesos de pensar el desarrollo, la defensa, la denuncia y todo lo que tiende a darles precisamente autonomía. Así, sólo han terminado cumpliendo sus horarios y fines redenteros que le encomendó el sistema (9)

Cierta vez escuché como se desganchó de la Corporación Araucana un grupo que pasó a llamarse Nueva Sociedad Lautaro. Muchos de quienes salieron eran empleados, técnicos y profesionales que tras un ideario más integracionista habían escapado al planteamiento de la autonomía institucional que hacía la Corporación y cuya aspiración se resumía en contar con bancos propios, salud, educación, oficina de asuntos indígenas, etc. Los líderes de la Corporación contaban con ascendencia sobre sus dirigidos en la medida que descendían de antiguos lonko, en ellos influía todo lo que rodeaba esta condición (prestigio, oratoria, poder, etc), pero sobre todo contaban con los suficientes recursos económicos como para no depender de un sueldo y una jefatura que condicionara su accionar y discurso. Ellos eran agricultores y algunos llegaron a ser comerciantes. Por lo visto no miraron bien la actitud y el desempeño que tenían los profesionales dentro de su organización, más cuando estos marchaban en otra dirección y con otros ritmos. Se pelearon cuenta la historia oral, y finalmente, la existencia de la NSL terminó a los pocos años después. Muchos de ellos no volvieron a retomar el camino de la organización, terminaron acumulando puntos y retenciones para su jubilación (10) 

Pudiéramos decir, los profesionales no son y/o no han sido el motor fundacional de un despegue hacia un futuro (el que bien pudiera parecerse –dudo que igualar- a nuestro pasado). No son elementos detonantes de los cambios ni del desarrollo, al menos así lo demuestra su naturaleza y el papel desempeñado en el tiempo.

Pero aquí no existen laberintos cerrados del cual no podamos salir, si es que queremos. El egoísmo de hacerse viejo asegurándose en el sistema previsional no puede ser todo lo que nos mueva en la vida como generación. La autonomía no puede ser sólo una consigna o un mero campo semántico en que reconozcamos la negación al sistema actual. Si autogobierno es concebir estructuras, querámoslo o no, las instituciones deberán entrar al campo de la disputa por su control. Ahora bien, se trata de un acto de discriminación, pues entre nosotros existe institucionalidad ajena (omnipresentes), institucionalidad propia marginada (descontinuadas y otras cercenadas). Por ultimo, instituciones apropiadas y reorientadas.

Para quienes piensan el futuro no solo individualmente, todas ellas son posibilidades reales de compromiso y desarrollo. Siempre y cuando lo ajeno lo interculturizemos como se viene haciendo actualmente con la educación y la salud, sin perder de perspectiva el derecho a la autodeterminación. Siempre y cuando lo propio y marginado lo reactivemos consiguiendo su reconocimiento y aplicabilidad real, como en el caso del fvxaxawvn que activaba el meliwixanmapu en nuestra independencia político-territorial, ambas ideas están presentes en la mayoría de los actuales pliegos que exigen un parlamento mapuche. Siempre y cuando, por último, la institucionalidad apropiada sea un factor real de control cultural propio ¿queremos un sistema educacional para nosotros distinto y complementario al existente, una universidad, otra inserción en el municipio, otro desarrollo?. Ellas en su conjunto deben ser capaces de reproducir las nuevas relaciones que esperamos entablar con el mundo wingka, y de manera conjunta desprendernos del neocolonialismo que cubre nuestras tierras desde el siglo xx.

La autonomía será el precio que tendremos que pagar para remendar la historia, pues mucha de esta institucionalidad tendrá que centralizar ciertos procesos y estandarizar otros. Los mapuche volveremos a reestructurarnos, espero no para matar nuestra diversidad. Quizás allí los profesionales encuentren su rol fundamental. Obviamente que desde el presente se impone hacer frente a la enajenación y el oportunismo, así como crear nuevos espacios para influir en la formación, reorientarla, darle un marco y una proyección que nos prepare para ese momento, pues la autonomía dejó de ser una idea, se está haciendo creencia.
 

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He preferido decir lo dicho aquí aunque se vuelva saliva arrojada contra el viento. Podrán decir que es despecho, delirio, lucidez, todas juntas o ninguna de las anteriores. He preferido decir lo dicho aquí por los muchos que hoy son obligados a militar, a callarse, a ser numero, a no asociarse, a participar en campañas políticas o religiosas, y todo, para mantener una mañosa estabilidad laboral. También por los que están siendo calumniados, corridos de sus trabajos, cerrándoseles las puertas por lo que piensan, por lo que dicen o hacen, tildándolos de fundamentalistas, mapuchistas, o bien, traidores a la dirección. A todos los que son víctimas de esta forma de racismo que termina por confundirse con la política indígena que va quedando. Se trata de una guerra sucia, no declarada, que así como cobra víctimas en los campos, también se apodera de la ciudad, especialmente donde nos hallamos trabajando.

(1)  por discurso autonomista me refiero al conjunto de ideas, argumentos y acciones que ponen énfasis en lo mapuche, en sus intereses y capacidades propias de organización y lucha.
(2)  El sistema de dominación lo conforman los impulsos e intereses que desde el Estado o privadamente tienden a desarticular al mapuche y su wallmapu. Estos impulsos e intereses son canalizados a través de instituciones  cuyas funciones se regulan a través del estado de derecho.      (3) Me recuerdo del caso Ralko y de cómo el consenso político estaba dado en si las permutas favorecían o no, más no en cuestionar el etnocidio que involucra dicha obra y frenar así el desarraigo de familias pewenche. Por supuesto se dieron excepciones.
(4) Si las instituciones que conocemos (aunque usted no lo crea) nos fueron impuestas (misiones, iglesias, escuelas, juzgados, policías, municipios, fundaciones, ong, etc) y se han reproducido a costa de pulverizar o dejar al margen a las nuestras -enseñándonos de paso el credo de que las nuestras son anquilosadas o se quedaron en el pasado-, entonces la naturaleza de esas instituciones ajenas es sólo entendible por las relaciones que someten a los mapuche al estado de derecho chileno...por eso es que no hay desarrollo mapuche, pues dejamos al zorro a cargo del gallinero. Tarde o temprano sentirá el olor del miedo entre los plumajes, los movimientos cada vez más nerviosos y torpes de las aves lo estimularán de sobremanera para finalmente, hincar el diente.....¡¡.....es su naturaleza....!!....
(5) Aún así se debe confesar que la escuela, presente en la demanda que por educación ha hecho el movimiento mapuche en lo que fue del siglo 20, ha sido significada por nuestra gente de manera distinta al sistema en cuanto a su valor y funcionalidad, más esto no niega la existencia del fenómeno de la alienación que constatamos en personas o grupos que valoran el hecho educativo con los mismos criterios del sistema: “palanca de desarrollo, civilización, progreso, etc”, por supuesto, y obviamente, renegando de lo suyo.
(6) Una idea proveniente del mundo de la salud proponía establecer huertos medicinales para reproducir las distintas yerbas que se utilizan en nuestra medicina, sin embargo la discusión fue desviada por los técnicos y profesionales mapuche que allí participaban hacia entender que más que reproducir en laboratorio (como les gustaría a unas de las tradiciones culturales que estaba allí presente) conveniente era recuperar el monte y el territorio donde estas crecen libres y al cual no se les permite entrar a los agentes médicos mapuche por “tener” otros propietarios. Como conclusión la discusión quedó en punto muerto, pues su definición no pasa por la supremacía de uno de los logos, sino por la posibilidad concreta de transformar la realidad de parte de uno de estos.
(7) Me refiero particularmente a aquella institucionalidad que adopta, a la fuerza o mesiánicamente, una intervención de y en lo mapuche en rubros como el educativo, productivo, académico, eclesial, en fin...usted amigo lector (...alma que escucha) puede seguir agregándole
(8) Este concepto es la piedra en el zapato para muchos indigenistas y gente común que creen que hablar de colonialismo es remitirse al tiempo en que los imperios europeos organizaron muchas haciendas a través del mundo, como la Gobernación de Chile entre ellas. Chile –como España lo hizo en su tiempo- somete, invade y expolia a los pueblos indígenas y sus territorios. Crea un régimen jurídico distinto para ellos en que no se le reconocen derechos colectivos hasta el día de hoy.
(9) Vaya un reconocimiento a todos aquellos que no lo han hecho así y han abierto las celdas de clases para mirar al mundo.
(10) Vaya otro reconocimiento para quienes se sirvieron socialmente de ese sistema y nos legaron desde otros soportes, mas identidad y convencimiento de lo que somos y podemos.

Por Pablo Marimán Quemenado (historiador)


 

 

 

 

 

 

 

 
 
 
 
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