Por
Pablo Marimán Quemenado (historiador)
Burócratas,
Yanakonas y Profesionales Mapuche
(Entre el Colonialismo
y la Autonomía).
A continuación paso a exponer algo
seguro ya conocido, o suficientemente claro en cierta conciencia
colectiva, me refiero a la inserción y marcha en el mundo
del trabajo. Específicamente tiene que ver con la sobrevivencia
y lo enajenante que se ha vuelto, en este último tiempo,
el ejercicio de la actividad profesional en el medio mapuche,
más cuando se es “de la raza”. De esto me he hecho una
idea después de los años que distan del momento
que obtuve el título. Quizás sea un tema en el cual
nos ponemos de acuerdo en censurar o posponer para la mesa de
un boliche o para antes de irnos a dormir.
Así como en el último tiempo
se ha ido perfilando un actor y una dinámica en las relaciones
que mantenemos con la sociedad dominante, me refiero muy especialmente
a líderes comuneros y a las acciones de recuperación
territorial y resistencia en contra de forestales, fundos e hidroeléctricas,
también han ido tomando cuerpo -o se han dejado ver- las
acciones de otros estamentos que agrupan la opinión y el
quehacer mapuche, a veces complementando el discurso autonomista
(1) que parte
de la dirigencia viene bosquejando, o bien negando este y actuando
como una valla de protección del sistema de dominación
(2) .
Parece no estar suficientemente claro que
la formación que tenemos muchos de los que hemos obtenido
un título técnico o profesional nos hace depender
del sistema que impulsa el grupo dominante chileno, específicamente
de su institucionalidad, pues no es concebible que una comunidad,
una organización o la estructura que se de la sociedad
mapuche en la actualidad, pueda concentrar un quehacer de este
tipo pagándole a un profesional de sus filas lo que el
mercado establece como aceptable. Quienes han hecho esto lo han
asumido con grandes dificultades que no son sustentables en el
tiempo, cargando con ellos el estigma de románticos, idealistas
y bueno... hasta de giles. O bien el de leales, consecuentes,
pero...pobretones. En fin, el lector podrá discriminar
en esto.
Todo el proceso de formación técnica
y profesional está hecho para que finalmente ocupemos un
sitio ya sea en escuelas, universidades, corporaciones, fundaciones,
institutos, ongs, municipalidades, consultoras, etc...allí
sí es funcional nuestra profesionalización. El lenguaje
que aprendemos a utilizar para describir la realidad, las categorías
que empleamos para descomponer tras análisis las situaciones
que atendemos, todo nos lleva a reproducir elementos que provienen
de la sociedad dominante, y con esto al sistema global y por ende,
al tipo de relación que sostenemos con ella. Lo que este
adiestramiento logra a la larga (y esto ya se ha dicho) es nuestra
integración, pero no a la sociedad y cultura a que pertenecemos,
pues la educación no ha hecho más que alejarnos
de esta posibilidad. Los distintos grupos y clases en el poder
han sido consecuentes con esta lectura al pedir que se nos eduque
para sacarnos de la pobreza, pero en el fondo sabemos que para
algunos (como la derecha) se trata de sacarnos de nuestras tierras
y así dejar uno de nuestros patrimonios para consumo de
sus empresas y proyectos que han contado con los acuerdos o mayorías
necesarias de las clases en el poder (3)
.
Habría que decir que la formación
alcanzada muchas veces, si no es que en ella ha mediado la autoformación
del mismo profesional mapuche, no arranca de su cultura, por lo
tanto aunque se tenga el interés por devolver lo aprendido
al servicio de su comunidad o grupo con el cual se establecen
las lealtades y compromisos, el impacto de esta labor no necesariamente
se vuelve un proceso cualitativamente distinto del que pueden
hacer nuestros pares chilenos con la formación común
que reciben. Nosotros portamos una “contradicción vital”,
ninguno puede trabajar de lleno en un organismo mapuche que se
plantee intervenir sobre su realidad, pues estos no tienen los
recursos para pagar estos “recursos” humanos, y si no subsisten,
mueren comúnmente en el intento de ser.
Sí, dependemos, dependemos para nuestra
sobrevivencia de la fuerza de trabajo que vendemos a otras instituciones
que, tras esquemas y prácticas coloniales
(4) -por muy bien intencionadas
que sean- permiten mediante los espacios que brindan canalizar
ciertas inquietudes, así como impactan en administrar mejor
la pobreza y el estado en que se encuentran las cosas. Por supuesto
entre nosotros también hay quienes en su quehacer no se
cuestionan nada de esto, porque lo creen desde que se tragaron
el discurso de la educación (5)
y......bueno, ustedes sabrán que otros por opción
flotan cual desecho orgánico.
Tremendamente paradójico será
ser profesional especialmente cuando la manera en que aprendió
a entender su mundo, no guarda ninguna relación con la
forma en que le enseñaron a intervenir sobre el en la academia.
Así como los sueños y visiones premonitorias o explicativas
del porqué de ciertas cosas son vistas como manifestaciones
de esquizofrenia del campesinado indígena o factores a
considerar, también serán obstáculos a su
“desarrollo” la proliferación del minifundio para lo cual
-y antes de condenar su existencia- se aplicará tecnología
de punta enseñando a sacar partido al último centímetro
cuadrado de tierra que les quedó luego de la radicación,
la posterior subdivisión, continuando con los arriendos
por 99 años y finalmente los megaproyectos: forestaciones,
carreteras, centrales y otros (6)
.
Los profesionales somos un sector vulnerable,
tanto que sin querer (...queriendo a veces) terminamos administrando
la maquinaria colonial (7)
. Aquí convendría hacer ciertas precisiones, pues
se sabe que muchos de quienes venden su fuerza de trabajo están
convencidos que no están aportando al desarrollo de su
pueblo desde el lugar en que fueron seleccionados...es una situación
enajenante a la larga, una muerte lenta que puede terminar convenciendo
al individuo (peñi o lamgen, fucha o weche) que sostener
un esquema que no hace mas que reproducir al sistema –con esas
ciertas bondades del indigenismo a la chilena- es lo menos malo
que nos puede ocurrir. Nace la oportunidad y con ella los burócratas
o ganapanes, submundo compuesto no necesariamente de profesionales.
Cuantos de estos no vemos caminando con su
mejor pinta y estatura. En general este grupo no le arregla el
día a nadie, menos a su raza. Están ahí por
su “profesionalismo”, por el partido, su fe, la familia grande.
Están porque tienen hijos y familias, es cierto, que dependen
de ellos. Están porque son capaces de cerrar la puerta
cuando las cosas están tirantes, y sobre todo, están
porque son incapaces de romper filas. Son la mayor obra del sistema,
la evidencia de su triunfo.
También hay unos ()%§¤¶§#&*0<^ç#¥-
que jamás vivirán ésta enajenación,
pues son oportunistas que trabajan para si mismos y sus amos,
me refiero a los yanakona. Algunos, como sus abuelos que traicionaron
a destacados lonko, manejan muy bien su idioma, las costumbres
y el medio, otros hacen como que lo comparten. Los yanakona que
observo a menudo tienen una mentalidad y acción tremendamente
versátiles que hacen de sus carreras, por lo general meteóricas,
palancas que les dan prestigio, poder (es decir influencia) y
granjerías económicas. Esto último con mayúscula.
Pero siempre estarán bajo un buen alero, como el pino lo
es para esos hongos venenosos que besan sus pies.
Sus valores nada tienen que ver con los del
kimche, ni con los de un kumeche, nunca se entroncarían
con las de un norche, pues atornillan al revés. Que Frei
el año 98 destituyera al director de Conadi cuando éste
se reuniría con el consejo de esta Corporación en
un ambiente que hacía ver que se desconocerían las
permutas de tierras que ofrecía Endesa, fue un acto descarado,
un golpe bajo para algunos sectores que creían en el enpoderamiento
de la institucionalidad ajena, es decir, de la Conadi. Pero llamó
más la atención que ante la naturaleza de una institución
que terminaba de sacarse la careta de indigenista, los consejeros
hallan vuelto a sesionar como de costumbre a las semanas después.
¿Por qué, para qué, con qué sentido?.
Sin pecar de exacerbado "presentismo" en mi
escritura, diría que son estos yanakona y burócratas
los sectores quienes hoy conforman un nuevo estrato -antes no
visto- que encaja en el sistema y ayuda a su reproducción,
menospreciando las capacidades propias, o bien combatiéndolas
abiertamente. Creo no fui el único sorprendido con las
declaraciones en que connotados consejeros de la conadi fustigaban
a la autoridad de Mideplan por llegar a acuerdos con comunidades
de Lumako para la devolución de tierras en una cifra nada
despreciable (4.226 ha. en una primera parte) . Les preocupaba
a estos líderes la manera en que funcionarios de gobierno
se saltaban los “conductos regulares” (Conadi-fondo de tierras)
para otorgar reconocimiento a dirigentes –y de paso a comunidades-
que habían estado involucrados en actos “terroristas”.
Junto a compañeros de trabajo estuvimos el día en
que las comunidades de Lumako se quedaron esperando a las autoridades
para hacer la firma simbólica, en sus tierras y con sus
ceremoniales, del documento que ya se había sancionado
en Santiago. Había escepticismo y también alegría,
sobre todo porque las capacitaciones de los primeros tiempos,
la organización posterior, la movilización, la represión,
los allanamientos, los juzgados y las cárceles, no habían
sido en vano (“el que no llora no mama”) y ese día veían
uno de sus corolarios. No fue Conadi, no fue el fondo, no fue
la infinita compasión paternalista la que los hizo rescatar
otro fragmento más del patrimonio. No fueron sus hermanos
burócratas, ni yanakona, tampoco los consejeros. Fueron
ellos mismos.
El surgimiento de este tipo de sujetos no
es solamente algo de estas tierras, es un fenómeno que
se repite donde está presente el Colonialismo en las relaciones
entre pueblos diferentes (8)
. El colonialismo hace que las diferencias culturales (que son
naturales) se transformen además en relaciones de desigualdad,
obvio que quienes tengan o saquen la ventaja tratarán de
convencer al otro-dominado que la situación que vive siempre
ha sido así y por su puesto que la única forma de
superarse es salvándose sólo, o bien, en la otra
vida. Por eso no es raro encontrar jóvenes, adultos y ancianos
renegando de su raza y de otra parte a políticos y burócratas
hablando de lo mapuche como una cuestión de pobreza, de
campesinos o grupos marginales...¡¡que báaaarbaros!!,
así y por antonomasia la responsabilidad del cómo
estamos está en lo que somos. Ni se nos ocurra condenar
al poder, a la opresión que éste ejerce en nuestra
contra, a la marginación y el empobrecimiento a que se
nos ha conducido.
El colonialismo que ejerce un grupo dominante
si bien puede utilizar para sus fines las estructuras sociales
y políticas del colonizado, como en Mesoamérica
y los Andes, por lo general imponen las suyas. En nuestro caso,
se nos pide abiertamente por el presidente de la república
en carta del 31 de mayo de este año, que cualquier solución
a nuestros problemas los busquemos en el ejercicio del estado
de derecho, de la legislación y la institucionalidad imperante,
es decir,..... la misma que procuró y legalizó la
pérdida de tierras, entre otras cosas.
Por lo visto metidos y manoseados estamos
en un merengue en que las autoridades del país y la región
dicen que somos pobres...jamás un pueblo Empobrecido. La
academia más rancia (que por lo visto pesa en sus opiniones)
y que nos quiere como objetos de estudio, después de escuchar
la reivindicación más política del programa
nos trata de alquimistas del conocimiento, seguramente por salirnos
de su objetividad y por no decir lo que están condicionados
a escuchar. Las instituciones que buscan nuestro desarrollo son
tantas y con tan buenas intenciones que no se logra más
que sobrevivir, golpeando las puertas del fuerte o la misión
para que nos arrojen comida o abrigo (forraje, fonola, luz eléctrica
le llaman ahora)...para que hablar de las iglesias, los milicos
y otros grupos para los cuales no salimos de la categoría
del que hay que ayudar o bien, eliminar.
INTERCULTURALIDAD, PODER Y AUTODETERMINACIÓN.
Jode confesarlo, pero bueno sería destruirlo
todo para así empezar de nuevo. Dudo que un cataclismo
pudiera hecharnos una manito, sopena que los sobrevivientes sean
los del Arca y no los que a salvo dejó Trentren. Así
entonces, es bueno explorar las posibilidades de desarrollo profesional
pensando en los escenarios a construir, cuidando que el telón
de fondo no termine aplastándonos, haciendo estéril
el cuento que nos aprendimos cuando estudiamos.
En la actualidad se habla, y mucho, de interculturalidad.
Cuando ésta como idea vio la luz en la década del
cuarenta encontró a un movimiento mapuche hegemonizado
por la Corporación Araucana, la que hablaba de un sistema
de educación indígena que partiendo de ciertos rasgos
culturales mapuche, como el idioma y su patrón económico,
culminase integrándolos al idioma y cultura nacional (entiéndase
dominante desde nuestro presente). Fracasó el proyecto,
pues a muchos -como también ahora- esto le sonaba a separatismo.
Los mismos que fustigaban estas ideas
tenían college italiano, alianzas francesas, colegios alemanes
o adventistas (para que decir católicos...). Los mismos
que condenaban al fracaso estas iniciativas aplaudían los
decretos y acciones policiales que incendiaban los organismos
de salud para terminar con la medicina mapuche y sus agentes.
Pero los tiempos pasan y entre medio una dictadura militar que
por decreto quiso terminar con lo indígena en el país.
El programa del movimiento al venírsenos la democracia
cívico-militar, reivindicaba más que nunca su cultura
y sus derechos colectivos, fue una antesala del momento actual
así como un salto casi cualitativo ante su pasado más
inmediato.
Y la luz se hizo. Se valoró también
por decreto la diversidad, el fomento y protección a la
cultura mapuche y lo indígena en general. La interculturalidad
entró por la puerta ancha, por las grandes pinalerias de
finales de siglo, y así también lo hicieron las
áreas de desarrollo indígena, el artículo
1º y 34º de la nueva ley. El indigenismo a la chilena
hasta obtuvo su institucionalidad, y así se creó
un fondo de tierras, otro de desarrollo, un gabinete municipal
de educación intercultural, un instituto de estudios y
consultoras, cientos de consultoras, todas haciendo proyectos
y propuestas para el desarrollo y, por supuesto, algunos actuando
con el monopolio de la interculturalidad.
Había algo, sin embargo, que se descuidó
y que por seis años y más no se asumió o
quiso vérselo (para suerte nuestra), por lo visto atraía
más al fantasma separatista que al dinero. La autodeterminación
y, muy particularmente, la autonomía se habían guarecido
de la lluvia de tentaciones y proyectos con que se teñía
la política indígena. Algunos la concibieron, otros
la entendieron en el desencanto del camino, pero ojo y cuidado
con los que sin comprometerse están calculando en como
convertirla en proyectos y productos financiados por Mideplan,
Conadi o el organismo que sea.
La interculturalidad puede ser una alternativa,
y especialmente interculturalizar la institucionalidad ajena,
sólo y cuando se tiene como horizonte la autodeterminación
de los pueblos, que como nosotros, han sido subordinados y dominados
por el colonialismo. La interculturalidad de la educación
(de la escuela a la universidad), será posible cuando desborde
los márgenes de sus paredes y se haga pensando en el entorno
social, cultural y territorial que envuelve a sus usuarios. ¿Qué
ganamos cuando un curriculum toma contenidos y agentes educativos
mapuche, si en el territorio circundante (local como regional)
se construyen centrales, puertos, carreteras, forestales sin que
se nos consulte o incidamos en sus decisiones, pero sí
siendo víctimas de sus impactos?.
La interculturalidad no puede en nuestro país
darse el lujo de atender sólo y tan sólo las diferencias
culturales, sin entrar a intervenir en las desigualdades culturales
que reproducen las relaciones que nos atan al Estado. Aquí
entramos a una dimensión esquivada a veces y muy bien asumida
en otras (al menos en la oralidad y el papel), me refiero a la
cuestión del poder, y muy especialmente a la dicotomía
y complemento que a veces representa lo propio y lo ajeno.
La autodeterminación y la autonomía,
como una de sus expresiones, es autogobernarnos. Para este propósito
se necesitan dos elementos básicos y uno fuera de nuestro
control, me refiero a tomar decisiones como conjunto (antes, tener
la voluntad de hacerlo), concebir estructuras que las promuevan
y lograr que estas incidan favorablemente en la relación
con el Estado y la sociedad nacional, evitando que el otro las
neutralice o transforme para tan solo su provecho. Ah!! y sobre
todo territorio, ese espacio histórico que estamos en su
mayoría de acuerdo que en el caso de Chile comienza desde
el Biobio. Seguro que no está demás decir que hay
muchos siglos a nuestro favor que nos permiten reivindicarla,
por supuesto ajustándola a nuestros tiempos, pues lo que
antes del siglo 20 tuvimos fue independencia pura (otra manifestación
de la autodeterminación).
Bien, haciendo una conexión entre profesión
y proyecto político mapuche, se puede llegar a reconocer
que difícil ha sido, y es, que existan organizaciones gremiales
que agrupen a los profesionales mapuche, pues el ritmo de trabajo,
sus necesidades y expectativas juegan por lo visto, en contra
de potenciar esfuerzos en su organización e intereses propios,
además somos muy tentables, me recuerdo el caso de la asociación
de profesionales y técnicos mapuche (aprotema) y la aparición
de la Conadi el año 94. Esta última se nutrió
de la primera hasta hacerla desaparecer.
En la historia de este siglo, que es cuando
somos paridos como un subconjunto de la sociedad contemporánea
mapuche, no hay mayores registros que demuestren la permanencia
en el tiempo de asociaciones de este tipo. Los profesores aparecen
con destellos en distintas épocas, pero sólo hasta
el toque de campana que hace volver al deber, a la necesidad del
día a día y otras cosas ($), la que siempre ha aparecido
sonando y descontinuando sus procesos de pensar el desarrollo,
la defensa, la denuncia y todo lo que tiende a darles precisamente
autonomía. Así, sólo han terminado cumpliendo
sus horarios y fines redenteros que le encomendó el sistema
(9).
Cierta vez escuché como se desganchó
de la Corporación Araucana un grupo que pasó a llamarse
Nueva Sociedad Lautaro. Muchos de quienes salieron eran empleados,
técnicos y profesionales que tras un ideario más
integracionista habían escapado al planteamiento de la
autonomía institucional que hacía la Corporación
y cuya aspiración se resumía en contar con bancos
propios, salud, educación, oficina de asuntos indígenas,
etc. Los líderes de la Corporación contaban con
ascendencia sobre sus dirigidos en la medida que descendían
de antiguos lonko, en ellos influía todo lo que rodeaba
esta condición (prestigio, oratoria, poder, etc), pero
sobre todo contaban con los suficientes recursos económicos
como para no depender de un sueldo y una jefatura que condicionara
su accionar y discurso. Ellos eran agricultores y algunos llegaron
a ser comerciantes. Por lo visto no miraron bien la actitud y
el desempeño que tenían los profesionales dentro
de su organización, más cuando estos marchaban en
otra dirección y con otros ritmos. Se pelearon cuenta la
historia oral, y finalmente, la existencia de la NSL terminó
a los pocos años después. Muchos de ellos no volvieron
a retomar el camino de la organización, terminaron acumulando
puntos y retenciones para su jubilación (10)
Pudiéramos decir, los profesionales
no son y/o no han sido el motor fundacional de un despegue hacia
un futuro (el que bien pudiera parecerse –dudo que igualar- a
nuestro pasado). No son elementos detonantes de los cambios ni
del desarrollo, al menos así lo demuestra su naturaleza
y el papel desempeñado en el tiempo.
Pero aquí no existen laberintos cerrados
del cual no podamos salir, si es que queremos. El egoísmo
de hacerse viejo asegurándose en el sistema previsional
no puede ser todo lo que nos mueva en la vida como generación.
La autonomía no puede ser sólo una consigna o un
mero campo semántico en que reconozcamos la negación
al sistema actual. Si autogobierno es concebir estructuras, querámoslo
o no, las instituciones deberán entrar al campo de la disputa
por su control. Ahora bien, se trata de un acto de discriminación,
pues entre nosotros existe institucionalidad ajena (omnipresentes),
institucionalidad propia marginada (descontinuadas y otras cercenadas).
Por ultimo, instituciones apropiadas y reorientadas.
Para quienes piensan el futuro no solo individualmente,
todas ellas son posibilidades reales de compromiso y desarrollo.
Siempre y cuando lo ajeno lo interculturizemos como se viene haciendo
actualmente con la educación y la salud, sin perder de
perspectiva el derecho a la autodeterminación. Siempre
y cuando lo propio y marginado lo reactivemos consiguiendo su
reconocimiento y aplicabilidad real, como en el caso del fvxaxawvn
que activaba el meliwixanmapu en nuestra independencia político-territorial,
ambas ideas están presentes en la mayoría de los
actuales pliegos que exigen un parlamento mapuche. Siempre y cuando,
por último, la institucionalidad apropiada sea un factor
real de control cultural propio ¿queremos un sistema educacional
para nosotros distinto y complementario al existente, una universidad,
otra inserción en el municipio, otro desarrollo?. Ellas
en su conjunto deben ser capaces de reproducir las nuevas relaciones
que esperamos entablar con el mundo wingka, y de manera conjunta
desprendernos del neocolonialismo que cubre nuestras tierras desde
el siglo xx.
La autonomía será el precio
que tendremos que pagar para remendar la historia, pues mucha
de esta institucionalidad tendrá que centralizar ciertos
procesos y estandarizar otros. Los mapuche volveremos a reestructurarnos,
espero no para matar nuestra diversidad. Quizás allí
los profesionales encuentren su rol fundamental. Obviamente que
desde el presente se impone hacer frente a la enajenación
y el oportunismo, así como crear nuevos espacios para influir
en la formación, reorientarla, darle un marco y una proyección
que nos prepare para ese momento, pues la autonomía dejó
de ser una idea, se está haciendo creencia.
-------- 0 -------
He preferido decir lo dicho aquí aunque
se vuelva saliva arrojada contra el viento. Podrán decir
que es despecho, delirio, lucidez, todas juntas o ninguna de las
anteriores. He preferido decir lo dicho aquí por los muchos
que hoy son obligados a militar, a callarse, a ser numero, a no
asociarse, a participar en campañas políticas o
religiosas, y todo, para mantener una mañosa estabilidad
laboral. También por los que están siendo calumniados,
corridos de sus trabajos, cerrándoseles las puertas por
lo que piensan, por lo que dicen o hacen, tildándolos de
fundamentalistas, mapuchistas, o bien, traidores a la dirección.
A todos los que son víctimas de esta forma de racismo que
termina por confundirse con la política indígena
que va quedando. Se trata de una guerra sucia, no declarada, que
así como cobra víctimas en los campos, también
se apodera de la ciudad, especialmente donde nos hallamos trabajando.
(1)
por discurso autonomista me refiero al conjunto de ideas, argumentos
y acciones que ponen énfasis en lo mapuche, en sus intereses
y capacidades propias de organización y lucha.
(2)
El sistema de dominación lo conforman los impulsos e intereses
que desde el Estado o privadamente tienden a desarticular al mapuche
y su wallmapu. Estos impulsos e intereses son canalizados a través
de instituciones cuyas funciones se regulan a través
del estado de derecho. (3)
Me recuerdo del caso Ralko y de cómo el consenso político
estaba dado en si las permutas favorecían o no, más
no en cuestionar el etnocidio que involucra dicha obra y frenar
así el desarraigo de familias pewenche. Por supuesto se
dieron excepciones.
(4)
Si las instituciones que conocemos (aunque usted no lo crea) nos
fueron impuestas (misiones, iglesias, escuelas, juzgados, policías,
municipios, fundaciones, ong, etc) y se han reproducido a costa
de pulverizar o dejar al margen a las nuestras -enseñándonos
de paso el credo de que las nuestras son anquilosadas o se quedaron
en el pasado-, entonces la naturaleza de esas instituciones ajenas
es sólo entendible por las relaciones que someten a los
mapuche al estado de derecho chileno...por eso es que no hay desarrollo
mapuche, pues dejamos al zorro a cargo del gallinero. Tarde o
temprano sentirá el olor del miedo entre los plumajes,
los movimientos cada vez más nerviosos y torpes de las
aves lo estimularán de sobremanera para finalmente, hincar
el diente.....¡¡.....es su naturaleza....!!....
(5)
Aún así se debe confesar que la escuela, presente
en la demanda que por educación ha hecho el movimiento
mapuche en lo que fue del siglo 20, ha sido significada por nuestra
gente de manera distinta al sistema en cuanto a su valor y funcionalidad,
más esto no niega la existencia del fenómeno de
la alienación que constatamos en personas o grupos que
valoran el hecho educativo con los mismos criterios del sistema:
“palanca de desarrollo, civilización, progreso, etc”, por
supuesto, y obviamente, renegando de lo suyo.
(6)
Una idea proveniente del mundo de la salud proponía establecer
huertos medicinales para reproducir las distintas yerbas que se
utilizan en nuestra medicina, sin embargo la discusión
fue desviada por los técnicos y profesionales mapuche que
allí participaban hacia entender que más que reproducir
en laboratorio (como les gustaría a unas de las tradiciones
culturales que estaba allí presente) conveniente era recuperar
el monte y el territorio donde estas crecen libres y al cual no
se les permite entrar a los agentes médicos mapuche por
“tener” otros propietarios. Como conclusión la discusión
quedó en punto muerto, pues su definición no pasa
por la supremacía de uno de los logos, sino por la posibilidad
concreta de transformar la realidad de parte de uno de estos.
(7)
Me refiero particularmente a aquella institucionalidad que adopta,
a la fuerza o mesiánicamente, una intervención de
y en lo mapuche en rubros como el educativo, productivo, académico,
eclesial, en fin...usted amigo lector (...alma que escucha) puede
seguir agregándole
(8)
Este concepto es la piedra en el zapato para muchos indigenistas
y gente común que creen que hablar de colonialismo es remitirse
al tiempo en que los imperios europeos organizaron muchas haciendas
a través del mundo, como la Gobernación de Chile
entre ellas. Chile –como España lo hizo en su tiempo- somete,
invade y expolia a los pueblos indígenas y sus territorios.
Crea un régimen jurídico distinto para ellos en
que no se le reconocen derechos colectivos hasta el día
de hoy.
(9)
Vaya un reconocimiento a todos aquellos que no lo han hecho así
y han abierto las celdas de clases para mirar al mundo.
(10)
Vaya otro reconocimiento para quienes se sirvieron socialmente
de ese sistema y nos legaron desde otros soportes, mas identidad
y convencimiento de lo que somos y podemos.
Por Pablo Marimán
Quemenado (historiador)