Entre el 3 y 4 de diciembre
se realizó en el Edificio Diego Portales la
Conferencia Ciudadana Contra el Racismo, la Xenofobia, la Intolerancia
y la
Discriminación, instancia organizada por la Fundación
Ideas en el marco de la
conferencia gubernamental sobre este grave problema que se realizó
los tres días
siguientes.
A nivel internacional, la discriminación en todas sus
formas es considerada un
problema de gran trascendencia, realizándose a comienzos
de año una Asamblea de
las Nacionales Unidas en la que se analizaron todos los aspectos
que conforman
esta conducta, teniendo como uno de sus objetivos el actualizar
los datos con
que cuenta el organismo mundial sobre este problema. Las cifras
que tiene la ONU
son de 1989 y hablan de que en el mundo 2.200 millones de personas
son "víctimas
de discriminación o de restricciones que afectan su libertad
de pensamiento,
conciencia, religión, o a su identidad étnica".
Saber si esta cantidad ha
aumentado o disminuido, no es sólo cuestión de
cifras, sino también de atisbar
el sufrimiento y las injusticias que vive cada uno de estos
cientos de millones
de personas.
Para las Naciones Unidas, la discriminación a fines de
siglo ha tomado otro
cariz, y aunque reconoce la existencia de una mayor integración
constata que los
conflictos nunca han cesado. "La sociedad internacional se enfrenta
a
situaciones nuevas: las líneas de separación son
cada vez más difusas; y los
conflictos, cada vez más frecuentes y a veces difícilmente
descifrables, atentan
contra la integridad, la identidad, la libertad y la humanidad
del individuo".
Alude principalmente a las luchas que se están dando
en los Balcanes o entre las
ex repúblicas soviéticas y que se tornan, por
periodos, encarnizadas, con el
consiguiente éxodo de personas que huyen de la violencia
y la pobreza.
En nuestro país, la discriminación racial es muy
fuerte, aunque disimulada. Se
esconde tras frases como "morenito pero simpático", el
o la "mapuchita", o
calificar de "indios" a las personas porfiadas. Dichos que,
si bien pueden no
ser concientemente malintencionados, muestran la profundidad
en que está alojada
en la cultura de las personas.
El hecho de que los mapuches que han llegado a las ciudades
en busca de trabajo
estén focalizados en áreas laborales determinadas,
tampoco es casual. Son
sectores en los que no se les exige estudios, son labores de
gran desgaste
físico, y no se les ve demasiado. Es el caso de las panificadoras,
la
construcción y el servicio doméstico, reductos
en los que se ha "establecido" la
migración mapuche. Sólo es cosa de fijarse un
poco y preguntarse por qué no hay
cajeras/os en los bancos con rasgos mapuches, o vendedores/as
de AFP o seguros,
por ejemplo. El mismo Francisco Estévez, director de
la Fundación Ideas, señaló
en otro medio que nuestro país existe la cultura de la
"pigmentocracia, es decir
ðexplicað, se asocia el status social al color de la
piel. Mientras más cerca
estás del bíotipo nórdico, tienes más
posibilidades de ascenso social, y
mientras más cerca estás de bíotipo indígena
más dificultades tienes".
Un ejemplo más fresco de este racismo inherente se ha
dado con los ciudadanos
peruanos que llegaron al país buscando mejores expectativas
y que han sufrido la
"acogida del chileno". Muchos de ellos viven hacinados, reciben
los peores
trabajos, con salarios que muchas veces están por debajo
del salario mínimo,
debido al aprovechamiento que hacen los empleadores de su situación
irregular,
no teniendo ninguna protección laboral y al margen de
los sistemas de salud,
educación y vivienda. A lo que se suma la acusación
desde los sectores más
pobres ðeconómica y culturalmenteð de nuestra
población, de que vienen a
quitarles el trabajo a los chilenos, y descargando contra los
habitantes del
vecino país la impotencia por la incapacidad de lograr
una legislación que
realmente proteja a los trabajadores en general.
DEL
DICHO AL HECHO
Una definición de la
discriminación racial, que las Naciones Unidas en asamblea
general elaboró en 1965 y que fue reproducida en un documento
por la
organización Meli Wixan Mapu, distribuido en la reunión
del Diego Portales,
señala que discriminación es "toda distinción,
exclusión, restricción o
preferencia basada en motivos de raza, color, linaje u origen
nacional o étnico
que tenga por objeto o por resultado anular o menoscabar el
reconocimiento, goce
o ejercicio, en condiciones de igualdad, de los derechos humanos,
y libertades
fundamentales en las esferas política, económica,
social, cultural o en
cualquiera otra esfera de la vida pública". A la luz
de esta definición, la
organización mapuche señala que "el racismo es
una práctica permanente, masiva,
grave, y que afecta principalmente a los integrantes de la nación
mapuche".
Por lo mismo, instancias como la desarrollada a comienzos de
mes son valoradas
por Cristián Melillán, dirigente de Meli Wixan
Mapu y asistente a la reunión,
por su capacidad de reflotar el tema, pero que al no tener carácter
resolutivo
no aporta un avance en las condiciones de vida de los discriminados.
"Nosotros
fuimos como organización y el único interés
de nuestra participación era sacar
un voto político exigiendo la libertad de los presos
políticos mapuches y
repudiar la violencia que se desarrolla en todo un contexto
de discriminación
por parte del Estado en comunidades mapuches en presencia del
capital y de
intereses privados", señala.
Para el dirigente mapuche, esta reunión y la aparición
de los personeros de
gobierno, careció de importancia resolutiva y obedeció
a otros objetivos. "Este
espacio fue supeditado a las lógicas de gobernabilidad
de Latinoamérica y en ese
sentido su presencia ahí ðde Lagos, otros representantes
gubernamentales y de
las ONGs que no son de las más antisistémicas-
es fundamentalmente para integrar
o estar en contacto con organizaciones sociales". Por lo mismo,
al dirigente no
le extrañó la versatilidad con que se mostraron
los personeros gubernamentales
en sus discursos, entendiéndolos como dirigidos a las
organizaciones y medios
extranjeros que asistieron a la conferencia. "Las alusiones
a Allende, al juicio
de Pinochet, eran bastante continuas y radicales en alguna medidas.
Ahí el
gobierno aparece vendiendo otra pomada muy distinta a lo que
se ve adentro. Ni
siquiera subvertible con lo que uno les pueda contar".
El dirigente mapuche, que también es dirigente estudiantil
de la Universidad de
Chile, ha sentido en carne propia el peso del racismo, pero
para él la lucha
contra la discriminación, por ganarse el espacio "validarse
a sí mismo y generar
un cambio en el estado de cosas tiene que ser asumida colectivamente".
"No confío y tengo muchas dudas, de gente que apelando
a la discriminación busca
que las soluciones las asuman otros. Es decir, que te financien
un proyecto, te
entregan a modo individual una cantidad de dinero. Te financian
o te dan algunas
facilidades, y piensan que ahí se acaba la discriminación".
En este sentido, Cristián Melillán no espera mucho
de instancias como la
desarrollada en el Diego Portales.
"Asumir la reivindicación de tierras, asumir la reivindicación
por decisiones
políticas, es una situación colectiva y en ese
sentido no es tierra sino que
territorio y no es mi situación particular sino la situación
colectiva, en este
caso de la Nación mapuche. Silvio, en alguna parte, dice
que 'la historia se
construye sin permiso'. Es darme cuenta de una situación
y no esperar del que me
oprime, del que me explota que cambie ese estado de cosas. Yo
lo tengo que
hacer".
La realización de este seminario coincidió con
el regreso al país de las
hermanas Quintremán, quienes obtuvieron de la Fundación
Heinrich Böll de Berlín
el premio Preta Kelly, por la lucha incansable que han dado
contra la
construcción de la Central Ralco, mega proyecto transnacional
que en nuestro
país ha contado con el total apoyo del gobierno de Frei
y la favorable inacción
del gobierno de Lagos. Ambos, de los partidos de la Concertación,
la misma que
están detrás de las realización de este
seminario y cuyos personeros posan de
progresistas, pronunciando discursos por la igualdad.
Ralco es una muestra de las formas que adquiere el racismo:
se engañó a la
gente, aprovechándose de su poca instrucción y
del poco dominio del idioma
castellano. Se les hizo creer que debían permutar sus
tierras porque la decisión
ya estaba tomada. Se les amenazó. No se respetaron sus
creencias, arrasando con
cementerios y lugares ceremoniales. En definitiva, se puso todo
el aparataje que
puede movilizar una gran empresa para conseguir mediante triquiñuelas
los
terrenos de los pehuenches. ¿Es o no racismo?
EL
"HISTORIADOR" VILLALOBOS
Los comentarios que destiló
Sergio Villalobos en columnas de opinión que El
Mercurio publicó a mediados de año (14/5/00 y
9/6/00), son el mejor ejemplo de
racismo en nuestra sociedad, mereciendo una querella de parte
de los loncos de
varias comunidades, agrupados en la Coordinadora Arauco Malleco,
por
considerarlos injuriosos y dañinos a la idiosincracia
de la nación mapuche.
En el texto, el historiador argumenta que de la conquista todos
salieron
ganando, tanto los conquistadores como los conquistados: "El
simple robo de
especies de un comienzo por los indígenas se transformó
luego en un provechoso
comercio que beneficiaba a los dos pueblos". Aunque desliza
que "el aguardiente
y el vino fueron la mayor tentación, debido a su alto
grado alcohólico".
Villalobos ve con naturalidad la violaciones a las que fueron
sometidas las
mujeres: "Inevitable fue el roce sexual, efectuado en gran escala
durante las
entradas de los ejércitos (É) en el trabajo de
las encomiendas, en el contacto
en estancia y puestos fronterizos". Aduciendo con esta argumentación,
además, la
no existencia de mapuches puros, a los que el historiador denomina
con el nombre
de araucanos, impuesto por los conquistadores. "Desde entonces,
hasta el día de
hoy, los llamados araucanos ðeufemísticamente, mapuchesð
no son más que
mestizos, aunque sean notorios los antiguos rasgos". Planteamiento
con el cual
pretende decir que no existe el pueblo mapuche como tal y, de
ahí, que son
insostenibles sus reivindicaciones territoriales. Admite la
excepción con
irreverencia: "hubo comunidades o individuos recalcitrantes
que aún pueden
encontrarse como curiosidad".
El historiador también hace gala de sus prejuicios cuando
señala que los
conquistadores aportaron religión y moral cristiana y
el concepto del bien y el
mal: "La justicia en lugar de la venganza, la monogamia y la
condena a la
homosexualidad".
El párrafo final culmina diciendo: "es cierto que perdieron
gran parte de sus
tierras, empleadas fundamentalmente para la caza y la recolección,
es decir, mal
aprovechadas para ojos modernos; pero también es cierto
que pudieron
incorporarse a la producción agrícola y ganadera
de mercado. Dispusieron de todo
lo que aportó el europeo y el chileno: ganado vacuno,
ovejuno y caballar, trigo,
toda clase de árboles frutales y hortalizas, herramientas
y utensilios variados,
arado de acero, ropas y calzados industriales y en los tiempos
actuales muchas
cosas más".
Solo cabe preguntarse: por qué, entonces, las comunas
con mayor población
mapuche son las que encabezan el listado de los municipios más
pobres del país.
Lo cierto es que con historiadores
como Villalobos, por más conferencias contra
la discriminación y el racismo que se hagan, este mal
social va seguir latente,
ayudado por la lectura obligatoria y prejuiciosa de este tipo
de material
escolar.
Empecé
a sentirme más mapuche que antes.
Enrique Antileo, de 17 años,
cursa el tercero medio en el Instituto Nacional y
es miembro de la organización Tragún Wequeche
ðen mapudungún: agrupación de
gente jovenð, que surgió hace más de un año.
Ahí se reunen los estudiantes
mapuches de este plantel, sacan un boletín que va en
su tercer número,
participan como organización en diversas instancias mapuches
y mantienen
coordinación con agrupaciones estudiantiles de iguales
características que han
surgido en diversos liceos capitalinos, como el Carmela Carvajal
y el Liceo de
Aplicación, entre otros.
"En la básica fue que sentí esa presión
de la gente no mapuche hacia el mapuche
y empecé a sentirme más mapuche que antes.
Era una discriminación de niños. Prejuicios sociales
que vienen de la familia,
como que el mapuche es flojo, que el mapuche es alcohólico.
Me decían indio, o
bailaban haciendo el típico sonido tapándose la
boca con la mano. No me podían
decir flojo porque era el mejor del curso, pero me molestaban
y yo los ignoraba
o los molestaba también, pero no me podía defender
culturalmente, porque no
sabía. Ahora podría responderles, decirles que
mi cosmovisión es más rica que la
de ellos o que por lo menos tengo una cultura propia, pero ahora
no se da tanto.
En mi familia siempre ha estado
el reconocimiento de sentirse mapuche, pero ahí
quedaba todo, porque el conocimiento de gente vieja como mi
abuelo y mi abuela
se fue perdiendo. Entonces, mi base cultural para defenderme
de otra identidades
que me discriminaban no eran muy fuertes.
Empece a ver los conflictos en la tele, me interesó bastante
lo que era el
conflicto en Ralco y la recuperación de tierras. Era
reconocer mi gente. Me metí
en la agrupación y empecé a recuperar los conocimientos
culturales, una forma de
ver el mundo, la religión, una lengua.
Antes yo decía soy chileno y ahora tengo un sentimiento
diferente: ahora soy
mapuche y no chileno".
Nº
1015 - Santiago, 22 de diciembre del 2000
Racismo
en Chile
A.M.