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Nº 1015 - Santiago, 22 de diciembre del 2000

A.M.

Racismo en Chile


Entre lo dicho y lo hecho. La realización de la Conferencia Ciudadana Contra el Racismo, la Xenofobia, la  Intolerancia y la Discriminación, coincidió con el regreso al país de las 
hermanas Quintremán, quienes obtuvieron de la Fundación Heinrich Böll de Berlín el
premio Preta Kelly, por la lucha incansable que han dado contra la construcción de la
Central Ralco, mega proyecto transnacional que en nuestro  país ha contado con el total apoyo del gobierno de Frei y la favorable inacción  del gobierno de Lagos. Ambos, de los partidos de la Concertación, la misma que  está detrás de las realización de este seminario y cuyos personeros posan de  progresistas, pronunciando discursos por la igualdad. 

Entre el 3 y 4 de diciembre se realizó en el Edificio Diego Portales la 
Conferencia Ciudadana Contra el Racismo, la Xenofobia, la Intolerancia y la 
Discriminación, instancia organizada por la Fundación Ideas en el marco de la 
conferencia gubernamental sobre este grave problema que se realizó los tres días 
siguientes. 
A nivel internacional, la discriminación en todas sus formas es considerada un 
problema de gran trascendencia, realizándose a comienzos de año una Asamblea de 
las Nacionales Unidas en la que se analizaron todos los aspectos que conforman 
esta conducta, teniendo como uno de sus objetivos el actualizar los datos con 
que cuenta el organismo mundial sobre este problema. Las cifras que tiene la ONU 
son de 1989 y hablan de que en el mundo 2.200 millones de personas son "víctimas 
de discriminación o de restricciones que afectan su libertad de pensamiento, 
conciencia, religión, o a su identidad étnica". Saber si esta cantidad ha 
aumentado o disminuido, no es sólo cuestión de cifras, sino también de atisbar 
el sufrimiento y las injusticias que vive cada uno de estos cientos de millones 
de personas. 
Para las Naciones Unidas, la discriminación a fines de siglo ha tomado otro 
cariz, y aunque reconoce la existencia de una mayor integración constata que los 
conflictos nunca han cesado. "La sociedad internacional se enfrenta a 
situaciones nuevas: las líneas de separación son cada vez más difusas; y los 
conflictos, cada vez más frecuentes y a veces difícilmente descifrables, atentan 
contra la integridad, la identidad, la libertad y la humanidad del individuo". 
Alude principalmente a las luchas que se están dando en los Balcanes o entre las 
ex repúblicas soviéticas y que se tornan, por periodos, encarnizadas, con el 
consiguiente éxodo de personas que huyen de la violencia y la pobreza. 
En nuestro país, la discriminación racial es muy fuerte, aunque disimulada. Se 
esconde tras frases como "morenito pero simpático", el o la "mapuchita", o 
calificar de "indios" a las personas porfiadas. Dichos que, si bien pueden no 
ser concientemente malintencionados, muestran la profundidad en que está alojada 
en la cultura de las personas. 
El hecho de que los mapuches que han llegado a las ciudades en busca de trabajo 
estén focalizados en áreas laborales determinadas, tampoco es casual. Son 
sectores en los que no se les exige estudios, son labores de gran desgaste 
físico, y no se les ve demasiado. Es el caso de las panificadoras, la 
construcción y el servicio doméstico, reductos en los que se ha "establecido" la 
migración mapuche. Sólo es cosa de fijarse un poco y preguntarse por qué no hay 
cajeras/os en los bancos con rasgos mapuches, o vendedores/as de AFP o seguros, 
por ejemplo. El mismo Francisco Estévez, director de la Fundación Ideas, señaló 
en otro medio que nuestro país existe la cultura de la "pigmentocracia, es decir 
ðexplicað, se asocia el status social al color de la piel. Mientras más cerca 
estás del bíotipo nórdico, tienes más posibilidades de ascenso social, y 
mientras más cerca estás de bíotipo indígena más dificultades tienes". 
Un ejemplo más fresco de este racismo inherente se ha dado con los ciudadanos 
peruanos que llegaron al país buscando mejores expectativas y que han sufrido la 
"acogida del chileno". Muchos de ellos viven hacinados, reciben los peores 
trabajos, con salarios que muchas veces están por debajo del salario mínimo, 
debido al aprovechamiento que hacen los empleadores de su situación irregular, 
no teniendo ninguna protección laboral y al margen de los sistemas de salud, 
educación y vivienda. A lo que se suma la acusación desde los sectores más 
pobres ðeconómica y culturalmenteð de nuestra población, de que vienen a 
quitarles el trabajo a los chilenos, y descargando contra los habitantes del 
vecino país la impotencia por la incapacidad de lograr una legislación que 
realmente proteja a los trabajadores en general. 

DEL DICHO AL HECHO 

Una definición de la discriminación racial, que las Naciones Unidas en asamblea 
general elaboró en 1965 y que fue reproducida en un documento por la 
organización Meli Wixan Mapu, distribuido en la reunión del Diego Portales, 
señala que discriminación es "toda distinción, exclusión, restricción o 
preferencia basada en motivos de raza, color, linaje u origen nacional o étnico 
que tenga por objeto o por resultado anular o menoscabar el reconocimiento, goce 
o ejercicio, en condiciones de igualdad, de los derechos humanos, y libertades 
fundamentales en las esferas política, económica, social, cultural o en 
cualquiera otra esfera de la vida pública". A la luz de esta definición, la 
organización mapuche señala que "el racismo es una práctica permanente, masiva, 
grave, y que afecta principalmente a los integrantes de la nación mapuche". 
Por lo mismo, instancias como la desarrollada a comienzos de mes son valoradas 
por Cristián Melillán, dirigente de Meli Wixan Mapu y asistente a la reunión, 
por su capacidad de reflotar el tema, pero que al no tener carácter resolutivo 
no aporta un avance en las condiciones de vida de los discriminados. "Nosotros 
fuimos como organización y el único interés de nuestra participación era sacar 
un voto político exigiendo la libertad de los presos políticos mapuches y 
repudiar la violencia que se desarrolla en todo un contexto de discriminación 
por parte del Estado en comunidades mapuches en presencia del capital y de 
intereses privados", señala. 
Para el dirigente mapuche, esta reunión y la aparición de los personeros de 
gobierno, careció de importancia resolutiva y obedeció a otros objetivos. "Este 
espacio fue supeditado a las lógicas de gobernabilidad de Latinoamérica y en ese 
sentido su presencia ahí ðde Lagos, otros representantes gubernamentales y de 
las ONGs que no son de las más antisistémicas- es fundamentalmente para integrar 
o estar en contacto con organizaciones sociales". Por lo mismo, al dirigente no 
le extrañó la versatilidad con que se mostraron los personeros gubernamentales 
en sus discursos, entendiéndolos como dirigidos a las organizaciones y medios 
extranjeros que asistieron a la conferencia. "Las alusiones a Allende, al juicio 
de Pinochet, eran bastante continuas y radicales en alguna medidas. Ahí el 
gobierno aparece vendiendo otra pomada muy distinta a lo que se ve adentro. Ni 
siquiera subvertible con lo que uno les pueda contar". 
El dirigente mapuche, que también es dirigente estudiantil de la Universidad de 
Chile, ha sentido en carne propia el peso del racismo, pero para él la lucha 
contra la discriminación, por ganarse el espacio "validarse a sí mismo y generar 
un cambio en el estado de cosas tiene que ser asumida colectivamente". 
"No confío y tengo muchas dudas, de gente que apelando a la discriminación busca 
que las soluciones las asuman otros. Es decir, que te financien un proyecto, te 
entregan a modo individual una cantidad de dinero. Te financian o te dan algunas 
facilidades, y piensan que ahí se acaba la discriminación". 
En este sentido, Cristián Melillán no espera mucho de instancias como la 
desarrollada en el Diego Portales. 
"Asumir la reivindicación de tierras, asumir la reivindicación por decisiones 
políticas, es una situación colectiva y en ese sentido no es tierra sino que 
territorio y no es mi situación particular sino la situación colectiva, en este 
caso de la Nación mapuche. Silvio, en alguna parte, dice que 'la historia se 
construye sin permiso'. Es darme cuenta de una situación y no esperar del que me 
oprime, del que me explota que cambie ese estado de cosas. Yo lo tengo que 
hacer". 
La realización de este seminario coincidió con el regreso al país de las 
hermanas Quintremán, quienes obtuvieron de la Fundación Heinrich Böll de Berlín 
el premio Preta Kelly, por la lucha incansable que han dado contra la 
construcción de la Central Ralco, mega proyecto transnacional que en nuestro 
país ha contado con el total apoyo del gobierno de Frei y la favorable inacción 
del gobierno de Lagos. Ambos, de los partidos de la Concertación, la misma que 
están detrás de las realización de este seminario y cuyos personeros posan de 
progresistas, pronunciando discursos por la igualdad. 
Ralco es una muestra de las formas que adquiere el racismo: se engañó a la 
gente, aprovechándose de su poca instrucción y del poco dominio del idioma 
castellano. Se les hizo creer que debían permutar sus tierras porque la decisión 
ya estaba tomada. Se les amenazó. No se respetaron sus creencias, arrasando con 
cementerios y lugares ceremoniales. En definitiva, se puso todo el aparataje que 
puede movilizar una gran empresa para conseguir mediante triquiñuelas los 
terrenos de los pehuenches. ¿Es o no racismo? 

EL "HISTORIADOR" VILLALOBOS 

Los comentarios que destiló Sergio Villalobos en columnas de opinión que El 
Mercurio publicó a mediados de año (14/5/00 y 9/6/00), son el mejor ejemplo de 
racismo en nuestra sociedad, mereciendo una querella de parte de los loncos de 
varias comunidades, agrupados en la Coordinadora Arauco Malleco, por 
considerarlos injuriosos y dañinos a la idiosincracia de la nación mapuche. 
En el texto, el historiador argumenta que de la conquista todos salieron 
ganando, tanto los conquistadores como los conquistados: "El simple robo de 
especies de un comienzo por los indígenas se transformó luego en un provechoso 
comercio que beneficiaba a los dos pueblos". Aunque desliza que "el aguardiente 
y el vino fueron la mayor tentación, debido a su alto grado alcohólico". 
Villalobos ve con naturalidad la violaciones a las que fueron sometidas las 
mujeres: "Inevitable fue el roce sexual, efectuado en gran escala durante las 
entradas de los ejércitos (É) en el trabajo de las encomiendas, en el contacto 
en estancia y puestos fronterizos". Aduciendo con esta argumentación, además, la 
no existencia de mapuches puros, a los que el historiador denomina con el nombre 
de araucanos, impuesto por los conquistadores. "Desde entonces, hasta el día de 
hoy, los llamados araucanos ðeufemísticamente, mapuchesð no son más que 
mestizos, aunque sean notorios los antiguos rasgos". Planteamiento con el cual 
pretende decir que no existe el pueblo mapuche como tal y, de ahí, que son 
insostenibles sus reivindicaciones territoriales. Admite la excepción con 
irreverencia: "hubo comunidades o individuos recalcitrantes que aún pueden 
encontrarse como curiosidad". 
El historiador también hace gala de sus prejuicios cuando señala que los 
conquistadores aportaron religión y moral cristiana y el concepto del bien y el 
mal: "La justicia en lugar de la venganza, la monogamia y la condena a la 
homosexualidad". 
El párrafo final culmina diciendo: "es cierto que perdieron gran parte de sus 
tierras, empleadas fundamentalmente para la caza y la recolección, es decir, mal 
aprovechadas para ojos modernos; pero también es cierto que pudieron 
incorporarse a la producción agrícola y ganadera de mercado. Dispusieron de todo 
lo que aportó el europeo y el chileno: ganado vacuno, ovejuno y caballar, trigo, 
toda clase de árboles frutales y hortalizas, herramientas y utensilios variados, 
arado de acero, ropas y calzados industriales y en los tiempos actuales muchas 
cosas más". 
Solo cabe preguntarse: por qué, entonces, las comunas con mayor población 
mapuche son las que encabezan el listado de los municipios más pobres del país. 

Lo cierto es que con historiadores como Villalobos, por más conferencias contra 
la discriminación y el racismo que se hagan, este mal social va seguir latente, 
ayudado por la lectura obligatoria y prejuiciosa de este tipo de material 
escolar. 

Empecé a sentirme más mapuche que antes.

Enrique Antileo, de 17 años, cursa el tercero medio en el Instituto Nacional y 
es miembro de la organización Tragún Wequeche ðen mapudungún: agrupación de 
gente jovenð, que surgió hace más de un año. Ahí se reunen los estudiantes 
mapuches de este plantel, sacan un boletín que va en su tercer número, 
participan como organización en diversas instancias mapuches y mantienen 
coordinación con agrupaciones estudiantiles de iguales características que han 
surgido en diversos liceos capitalinos, como el Carmela Carvajal y el Liceo de 
Aplicación, entre otros. 
"En la básica fue que sentí esa presión de la gente no mapuche hacia el mapuche 
y empecé a sentirme más mapuche que antes. 
Era una discriminación de niños. Prejuicios sociales que vienen de la familia, 
como que el mapuche es flojo, que el mapuche es alcohólico. Me decían indio, o 
bailaban haciendo el típico sonido tapándose la boca con la mano. No me podían 
decir flojo porque era el mejor del curso, pero me molestaban y yo los ignoraba 
o los molestaba también, pero no me podía defender culturalmente, porque no 
sabía. Ahora podría responderles, decirles que mi cosmovisión es más rica que la 
de ellos o que por lo menos tengo una cultura propia, pero ahora no se da tanto. 

En mi familia siempre ha estado el reconocimiento de sentirse mapuche, pero ahí 
quedaba todo, porque el conocimiento de gente vieja como mi abuelo y mi abuela 
se fue perdiendo. Entonces, mi base cultural para defenderme de otra identidades 
que me discriminaban no eran muy fuertes. 
Empece a ver los conflictos en la tele, me interesó bastante lo que era el 
conflicto en Ralco y la recuperación de tierras. Era reconocer mi gente. Me metí 
en la agrupación y empecé a recuperar los conocimientos culturales, una forma de 
ver el mundo, la religión, una lengua. 
Antes yo decía soy chileno y ahora tengo un sentimiento diferente: ahora soy 
mapuche y no chileno". 

Nº 1015 - Santiago, 22 de diciembre del 2000

Racismo en Chile

A.M. 


 

 

 

 

 

 

 

 
 
 
 
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