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INTRODUCCION
Los patrones
electrocardiográficos de normalidad quedaron establecidos hace tiempo,
y hoy en día, con unos conocimientos adecuados, son pocas las dudas
diagnósticas que debe plantearnos un ECG. El propio Einthoven asignó
una denominación a cada onda del ECG a medida que se éstas se iban
inscribiendo, y así quedó establecido denominar P a la primera onda, y
Q, R, ST y U a las sucesivas. Entre ondas, existen intervalos,
segmentos, y puntos de referencia de un gran interés diagnóstico.
Estos son; el intervalo PR, el punto J, el segmento ST, y el intervalo
QT principalmente.
Dentro de los que se considera un patrón electrocardiográfico normal,
existen amplias variaciones, en lo que se refiere a frecuencia
cardiaca, duración del PR, eje eléctrico, disposición de las ondas de
repolarización ventricular etc.
En primer lugar, hemos de recordar que el
electrocardiograma (ECG) es un registro lineal de la activación
eléctrica del corazón (despolarización y repolarización del músculo
cardíaco) que se va sucediendo en el tiempo.
Por cada ciclo cardíaco se registran sucesivamente la curva de
despolarización auricular (asa
de P), que en el ECG corresponde a la
onda P (FIGURA1),
la curva de despolarización ventricular (asa
de QRS), que en el ECG origina el
complejo QRS (FIGURA2),
y la curva de repolarización ventricular (asa
de T), que da lugar a la
onda T (FIGURA3).
El intervalo entre las ondas de un ciclo a otro es variable, depende
de la frecuencia cardíaca y corresponde a la fase de reposo celular.
El electrocardiograma se registra desde distintos puntos
(derivaciones), originando curvas con distintas morfologías, pero
siempre en condiciones normales con la cadencia mencionada con
anterioridad (P-QRS-T) (FIGURA4) |