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El somatotipo de un deportista
constituye una de las variables que puede influir notablemente en los
resultados, sin embargo es sólo un aspecto más que se debe tener en
consideración, que si bien no es el más importante, pudiera favorecer o
limitar el rendimiento en determinado momento de la preparación. Sin dudas,
este factor debe ser analizado en sentido longitudinal y de acuerdo a las
individualidades, no obstante existe el somatotipo ideal; pero los atletas
que no coinciden con la clasificación óptima para la disciplina deportiva
que practican, compensan esta “deficiencia” con otras cualidades.
La interpretación del
somatotipo por parte de los especialistas es muy importante para el logro de
una adecuada dirección de las cargas de entrenamiento, en función de
modificar esta variable a niveles favorables. Lo primero a considerar en
dicha interpretación debe ser la aclaración de determinados conceptos, que
no siempre son bien definidos.
La Endomorfia refiere el contenido graso (adiposidad), la Mesomorfia incluye
el desarrollo relativo del sistema osteomuscular, mientras la Ectomorfia
indica la tendencia longilínea del sujeto. Todas las personas tiene los tres
componentes, sólo que distribuidos en diferentes proporciones, las cuales se
pueden ilustrar en la somatocarta, sin embargo es importante considerar los
valores de forma individual, así por ejemplo un sujeto (A) que presente los
valores (2,17-4,25-2,21) es sin dudas mesomorfo balanceado; pero presenta
menor desarrollo músculo esquelético (mesomorfia) que otro (B) con los
valores (2,23-6,54-2,46). Algunos autores recomiendan el uso comparativo del
Compograma propuesto por Araujo y colaboradores1 que consiste simplemente en
representar los valores en un gráfico que representa en el eje (Y) el dato
de los componentes del somatotipo y en (X) los propios componentes. A
continuación ilustramos la representación de los sujetos mencionados.

Si encontramos un sujeto
predominantemente endomorfo, seguramente nos recordará la figura de Sancho
Panza, mientras el que muestra predominio de la ectomorfia, nos recordaría
al Caballero Andante de la Triste Figura, “Don Quijote de La Mancha”; ambos,
personajes de la obra cumbre de la literatura española. En el primero de los
casos nos enfrentamos a la preparación de un sujeto que requiere mucho
entrenamiento aerobio para disminuir los niveles de tejido adiposo, mientras
el segundo necesita un entrenamiento de fuerza que permita aumentar la
hipertrofia muscular. La mesomorfia es más comprendida, en tanto refiere el
desarrollo músculo esquelético, por lo que constituye el componente que
siempre se incluye en los objetivos de la preparación del deportista.
A continuación exponemos las
zonas más apropiadas de clasificación para diversas disciplinas deportivas
en atletas adultos de ambos sexos, aunque se han observado diferencias que
apuntan a un ligero predominio de la mesomorfia en el caso de los hombres,
consideramos que con una perspectiva futura, dicha diferencia debe disminuir
hasta desaparecer, fundamentalmente en el ámbito deportivo.
Los datos que se ilustran en
los óvalos grandes se derivan de la fusión de resultados de los autores que
estudiaron el somatotipo de atletas con resultados destacados a escala
mundial (Alonso2, Carter3, Cuevas4, Heath5,
Rodríguez6 y Tanner7.) Se presentan también los
estudios en atletas españoles realizados por Berral y colaboradores.8
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