El aparato digestivo esta
formado por la cavidad bucal, con las glándulas salivares, el esófago, el
estomago, el duodeno, el intestino delgado, el intestino grueso y el recto, así
como el hígado, vesícula biliar y el páncreas.
La digestión empieza ya en la
boca con la acción de la amilasa salival que degrada a las féculas. Por ello es
necesario masticar e insalivar bien cada bocado.
El bolo alimenticio desciende
por el esófago hasta llegar al estomago, donde es mezclado con los jugos
gástricos mediante movimientos peristálticos. Los jugos gástricos sirven
principalmente para la digestion de las proteinas.
Cuando termina el proceso
digestivo en el estomago, el contenido de este pasa por el duodeno hacia el
intestino delgado, en el cual los alimentos sufren nuevos ataques de enzimas
digestivas, hasta que,por ultimo se absorben las
sustancias simples que resultan de este proceso.
En el intestino grueso tienen
lugar las ultimas fases de la digestión, aunque su principal misión es la
reabsorción del agua.
La función digestiva del
intestino grueso es efectuada por las bacterias de la flora intestinal, mientras
que en el estomago y en el intestino delgado no hay bacterias. Las bacterias del
intestino grueso descomponen los restos de alimentos que aun no han sido
digeridos, llevando a cabo un proceso de descomposición de las proteínas y de
fermentación de los hidratos de carbono que provoca la aparición de algunos
gases.
En los procesos digestivos se
forman a menudo productos tóxicos, que atraviesan la pared intestinal y han de
ser depurados por el hígado.
Sin embargo estos procesos de
fermentación ser extraordinariamente favorables para el organismo. Las
defecaciones diarias ( entre 100 y 200 gr ) están integrados por un 75 - 80 % de
agua y un 20 - 25 % de componentes sólidos ( celulosa , bacterias, células
intestinales, etc. ). El color de las deposiciones se debe al pigmento biliar
descompuesto.