Pedro II el Católico de Aragón

Alfonso II de Aragón, según un retrato de Manuel Aguirre y Monsalbe (1885).

1177. Nace en Huesca.

Es hijo de Alfonso II el Casto o el Trovador de Aragón y de Sancha de Castilla.

Es bautizado en la Catedral de Huesca, ciudad donde pasa gran parte de su infancia, al cuidado de su aya Sancha de Torres, esposa del noble Juan Pictavin, y siendo educado en unos ideales cruzados y caballerescos.

1994. Con apenas 17 años consigue la conquista de Chelva a los musulmanes.

1995. La derrota castellana en Alarcos faculta a Celestino III a llamar a cruzada a todos los reinos peninsulares cristianos contra el enemigo musulmán.

1196. Muere su padre en Perpignan, víctima de la malaria.

En septiembre es coronado como rey en las Cortes de Daroca, recibiendo todos los territorios regidos por su padre, incluso los que se encuentran al sur de Francia.

Sancha de Castilla, según el Liber Feudorum Maior. Archivo de la Corona de Aragón.
Únicamente La Provenza pasa a pertenecer a su hermano Alfonso en calidad de conde.

Pedro II es un rey impetuoso y aventurero, fiel a sus ideales. Pero también es temperamental e inmaduro, irreflexivo y algo disoluto.

Nada más llegar al trono, a diferencia de su padre, estrecha lazos con Castilla, estableciendo un pacto de mutua ayuda y defensa, no sólo contra los almohades, sino contra cualesquiera de los otros reinos cristianos.

1197. En febrero asiste a una reunión en Perpignan donde acuden los Condes de Comminges y Toulouse, así como el Arzobispo de Narbona, a la sazón tío suyo.

Asiste, al frente de sus tropas, a una razzia conjunta castellano-aragonesa. La presencia de un fuerte contingente musulmán hace que ambos reyes se replieguen.

Su ayuda es fundamental para Alfonso VIII de Castilla en su lucha contra leoneses y navarros.

1198. Gracias a esta, los castellanos consiguen imponerse finalmente.

Alfonso VIII. Jardines de la Plaza de Oriente. Madrid
Cede al Conde de Comminges, Bernat, quien está casado con María de Montpellier, el Valle de Arán (1).
Escudo de armas de los Condes de Toulouse

Celebra una Asamblea en Barcelona. En ellas encuentra un gran apoyo en los ciudadanos y la burguesía, frente a la altivez de la nobleza. Sin embargo tiene que ceder ante la pretensión de los nobles de quedar exentos de la jurisdicción de Paz y Tregua (2).

Establece una alianza entre la Corona de Aragón y el Condado de Toulouse.

El 3 de septiembre su embajador, Ramón de Frexa, consigue un acuerdo de paz con la República de Génova, mediante el cual sus barcos podrán navegar tranquilamente sin el temor a posibles ataques de piratas genoveses.

1199. Los acuciantes problemas económicos hacen que tenga que vender algunas villas y castillos entre sus nobles.

Durante su reinado se consolida la institución del Justicia Mayor de Aragón. La cultura adquiere un gran auge, gracias a los trovadores. Se organizan grandes ceremonias y el románico se expande. La construcción de conventos y monasterios se dispara y se conceden regímenes municipales autónomos a distintas poblaciones (Perpignan, Fraga, Cervera...).

1200. Hace enviar a su tesorero judío Aben Benist a Marruecos, para tratar de la ampliación de las treguas concertadas con el líder de los almohades, por estar a punto de expirar.

Concierta la boda de su hermana Leonor y Raimundo VI de Toulouse. Según la Crónica de San Juan de la Peña:

“La secunda hermana Elionor, dió por muller á Remón conte de Tolosa, de la qual fillos no fincoron”

En septiembre se entrevista con su madre, doña Sancha en la localidad de Ariza, al objeto de limar algunas diferencias surgidas entre ambos algunos años atrás por algunos castillos incluídos en la dote de su madre.

1201. Se vuelve a reunir en Daroca con su madre para dejar resueltas definitivamente sus disputas.

Siguiendo la política de su padre, su Corte se llena de un marcado aire cultural, con proliferación de trovadores y un gusto por las grandes ceremonias. El rey aragonés es, además, un gran impulsor y creador de monasterios y conventos, lugares desde donde se transmite el saber y las ciencias.

Alfonso II Conde de Provenza y hermano de Pedro II.

1202. Conquista Manzanera a los árabes.

Este mismo año interviene personalmente en El Languedoc imponiendo una paz a su aliado, el Conde de Foncalquier, que se halla en lucha contra el hermano del monarca aragonés, Alfonso II Conde de Provenza.

1204. Parece ser que la idea de Pedro II es la de emparentar con una Hohenstaufen (familia que rige los destinos del Sacro Imperio Germánico y reina en Sicilia), pero como quiera que el Pontífice no se hace partícipe de sus planes, se casa por razones de estado con María de Montpellier (recien repudiada por el Conde de Conminges), matrimonio que nunca gozará de las simpatías del monarca aragonés.

La Crónica de San Juan de la Peña en 1369 nos habla así del evento:

“Et el desus dito rey don Pedro priso por muller, la filla del noble princep Don Guillem de Montpeller clamada María, nieta del emperador de Costantinnoble, de la qual procreó un fillo que fué nombrado Jaime. Et por aquesti ajustamiento matrimonial pervino la baronía de Montpeller a Rey de Aragon”

En cualquier caso su reino se incrementa con el Señorío de Montpellier, obteniendo además el vasallaje de Raimundo Roger Trencavel, cuñado de María y Señor de Beziers, Carcasona y Albi.

En abril firma el Tratado de Milhau entre Toulouse y la Corona de Aragón, para ayudarse militarmente en caso de agresión ó guerra contra el Condado de Provenza.

En noviembre renueva el compromiso adquirido por su antepasado, Sancho Ramírez, declarándose como vasallo de la Santa Sede. Se hace coronar en Roma por Inocencio III, el mismo que unos años antes predicara Paz y Fé. Dice la leyenda que el Papa le coloca una corona de pan blando con sus propias manos. A cambio se compromete a pagar la cantidad de 250 mancusos anuales.

1205. El Papa edicta una bula, mediante la cual autoriza a los reyes aragoneses a ser coronados en el futuro en la Seo de Zaragoza, de manos del Arzobispo de Tarragona.

Coronación de Pedro II en Roma.
Pedro II de Aragón. Por Manuel Aguirre y Monsalve.

En septiembre nace Sancha, su primera hija con María de Montpellier. Nada más nacer se concierta su matrimonio con el heredero del Condado de Toulouse, el futuro Raimundo VII, quien cuenta con nueve años de edad. La prematura muerte de Sancha dará al traste con el proyecto.

Regresa a Aragón. Sus arcas están vacías y establece un nuevo sistema de impuestos, conocido como monedaje, que causa un hondo malestar entre sus súbditos y los representates de las ciudades.

Pedro II, empedernido mujeriego, se distancia paulatinamente de su reciente esposa. Damas de alta alcurnia no faltan en su alcoba, en cualquier caso.

Le nace una hija natural, doña Constanza, que terminará casando con el Vizconde de Bearn.

A partir de este momento decide expandir los límites de su reino hacia el sur, a costa de los musulmanes.

Se alía con Alfonso VIII de Castilla ante cualquier posible agresión musulmana. Hace lo propio con Ricardo Corazón de León y con Juan Sin Tierra (con quien llega a entrevistarse en Jaca).

Seguidamente conquista Camarena de la Sierra (Teruel) a los árabes, población que entrega a su noble Pedro del Pomar, al objeto de su repoblación.

1206. Su idea más inmediata es, una vez conseguido el rico territorio del Condado, divorciarse de María para, seguidamente, casar con María de Montferrat, heredera del casi desaparecido Reino de Jerusalén.

El 22 de octubre sus embajadores llegan a firmar un documento mediante el cual la Corona de Aragón se compromete a enviar un contingente de tropas a Tierra Santa. Y todo esto estando su rey casado aún.

Pero los habitantes del Condado de Montpellier se rebelan, indignados por el continuo desprecio sufrido por su Señora. Ante los nuevos acontecimientos, Pedro II se retracta de sus intenciones.

Negras nubes se ciernen sobre su reinado.

1207. La religión cátara (del griego kátaros -puros-) se extiende por toda la Occitania francesa. Con epicentro en la ciudad de Albi (de ahí albigense), niega el poder de la Iglesia romana, a quienes acusa de corruptos y de enriquecerse en contra de las enseñanzas de Jesucristo.

Escudo de Montpellier.
Fresco que representa a Inocencio III en el Monasterio de Sacro.

Inocencio III observa con preocupación el auge de esta religión, que nombra obispos propios y se expande rápidamente. La riqueza de esta región despiertan las apetencias del monarca francés. El Papa no pierde tiempo en declarar como herejes a sus habitantes, habilitando al Rey de Francia para actúar militarmente contra ellos, caso de no abandonar sus creencias.

Por estas fechas, el rey aragonés se encuentra en Montpellier y es engañado por algunos nobles (3) (ver Jaime I), para yacer con su legítima esposa, María de Montpellier.

1208. El 15 de enero el legado papal, Pierre de Castelnau, visita la región de Toulouse resultando asesinado en la misma.

El 2 de febrero nace su hijo Jaime en el Palacio de Montpellier. Los acontecimientos se precipitan. El Conde de Toulouse es acusado del asesinato y excomulgado.

1209. Se prepara un ejército de cruzados al mando de Simón de Montfort, que comienza los preparativos para el asedio y asalto de Beziers.

Raimundo VI de Toulouse se asusta ante la magnitud de los acontecimientos y se plega ante el Pontífice (19 de julio), alineándose junto a los cruzados.

1209. El 22 de julio el ejército cruzado, al mando de Simón de Montfort y arengado por Arnaud Amalric (antiguo Prior del Monasterio de Poblet) asalta la ciudad. En la ciudad únicamente moran algunos cátaros. Ante la pregunta de sus capitanes de como reconocer a éstos de los cristianos, la respuesta de Arnaud Amalric es contundente:

"Matadlos a todos, Dios reconocerá a los suyos"

La ferocidad y el ensañamiento de los asaltantes contra la población convence a Raimundo Roger Trencavel de la necesidad de proteger a sus súbditos, convirtiéndose en el adalid de los cátaros. Se fortifica en la ciudad de Carcassona.

El 3 de agosto se inicia el asalto. Los defensores se defienden estoicamente, pero la superioridad militar de los asaltantes es incuestionable. Pedro II intercede personalmente por los defensores pero sus intentos son estériles. Finalmente, Trencavel acepta la propuesta hecha por Amalric y Montfort de asistir al campamento enemigo para tratar la rendición de Carcassona, con plenas garantías para su vida.

Tras entregar la ciudad, los cruzados faltan a su palabra y encierran a Roger Trencavel en una lúgubre y fría mazmorra. Dos meses después morirá, oficialmente de disentería, más que presumiblemente, envenenado por órdenes de Simón de Montfort o Arnaud Amalric.

Simón de Montfort se convierte así en Señor de Berziers y Carcasona, supuestamente vasallo de Pedro II de Aragón.

Promete a su hijo pequeño Jaime, con la hija de Ermengol VIII de Urgel, Aurembiaix.

Simón de Montfort.

Escudo de armas del Condado de Urgel.

Muere Ermengol VIII de Urgel. Antes de morir se ha convertido en vasallo de Pedro II, obteniendo la promesa de su rey de defender los derechos de su hija y heredera Aurembiaix, ante las agresiones de Guerau IV Señor de Cabrera.

Mientras, la cruzada albigeste continúa implacablemente su labor de conquista.

1210. Cae Minerve, a pesar de los esfuerzos de Guillém de Minerve por resistir en su casi inexpugnable ciudad. Los casi 200 cátaros que la habitan son quemados en una gigantesca pira construída para la ocasión, al rehusar renegar a su fé.

Seguidamente cae el Castillo de Termes. Su señor, Raymond de Termes es encarcelado en Carcasona.

Pedro II conquista a los musulmanes valencianos el Rincón de Ademuz, con sus dos villas históricas: Castielfabib y Ademuz, mientras los castellanos se apoderan de Moya (Cuenca). Para la conquista ha contado con la ayuda de los caballeros de la Orden del Temple, a quienes cede Tortosa.

Guerau IV se apodera por sorpresa del Condado de Urgel. El Rey de Aragón responde sitiándole en Balaguer y haciéndole prisionero. Urgel es incorporado así a la Corona de Aragón.

1211. Se celebra el Sínodo de Letrán, donde se imponen las tesis de Simón de Montfort, partidario del asalto y del uso de la fuerza. Raimundo VI intenta, inútilmente, atraerse para su causa a Pedro II, pero este se muestra dubitativo por la fuerza de sus oponentes.

El monarca aragonés intenta salvaguardar sus territorios en la Occitania. Para ello, el 21 de enero concierta la boda de su hijo Jaime con la hija de Simón, Amicia. Incluso accede a dejar a su pequeño hijo en calidad de rehén, siendo trasladado éste al Castillo de Carcassone.

Los cruzados contra la herejía albigeste toman Lavaur, ahorcando a todos sus defensores, y sacando los ojos y cortando la nariz a todos los hombres, en uno de los más sangrientos episodios de la cruzada. Raimundo VI de Toulouse, horrorizado, abandona la misma y se convierte en el más ferviente defensor de los cátaros.

Raimundo asiste al Concilio de Montpellier, donde es nuevamente excomulgado por defender la herejía.

Escudo de armas de Guerau de Cabrera.
Guerrero almohade

Viéndolo todo perdido, consigue casar a su heredero, el príncipe Raimundo con Sancha, hermana de Pedro II, haciendo pública declaración de vasallaje al monarca aragonés y consiguiendo de éste la promesa de defender el territorio.

1212. Castilla consigue la llamada a cruzada de Inocencio III contra los infieles sarracenos, desviando momentáneamente su atención del sur de Francia. Pedro II no tarda en responder afirmativamente. Los motivos son sobradamente conocidos:

  • Su deseo de no enemistarse con la Iglesia, sobre todo ahora que Arnaud Amalric acaba de ser nombrado Obispo de Narbona y acude a la llamada con numerosos caballeros cruzados franceses
  • Su alianza con Castilla
  • Su interés en mermar el potencial musulmán, tras sus últimas conquistas en tierras de Valencia y Teruel a éstos (sus asesores piensan que si los sarracenos vencen, su siguiente objetivo podría perfectamente ser el Reino de Aragón)

El 16 de julio se produce la trascendental batalla de Las Navas de Tolosa, donde el rey aragonés forma a la izquierda del castellano y consiguiendo un gran triunfo para la cristiandad (ver Alfonso VIII).

Mientras tanto, en la Occitania francesa, los cruzados conquistan algunas poblaciones menores, en su camino hacia la capital, Toulouse, entre ellas Muret, establecida en base de operaciones por Montfort y donde quedan unos 60 caballeros y 700 peones.

1213. En enero Pedro II traslada su Corte a Toulouse, gesto que es interpretado como un claro desafío por los cruzados y el Papa. Viene acompañado de su "mainada" (4). Nada más llegar, recibe el homenaje de su vasallo, Raimundo VI.

Diversos autores califican al rey aragonés como:

"Afable, gracioso, de buenas obras, bravo hasta la imprudencia,
magnífico hasta la prodigalidad, de una probidad a toda prueba,
incapaz de abandonar a sus amigos en la desgracia...

"Arriesgado en el combate arrastra con el ejemplo en la batalla a sus hombres..."

Virtudes que transmite a los caballeros jóvenes y nobles de los que en la Corte se rodea.

Cruzado de la coalición contra los cátaros.
Caballero Occitano de principios del siglo XIII.

Los cruzados reanudan su campaña contra Toulouse. Raimundo VI se fortifica en la capital mientras hace desesperados llamamientos al Papa.

En el Concilio de Lavaur el Papa concede el perdón a los cátaros y el retorno de los condados a sus nobles originales con dos condiciones:

  • Abandono total de sus ideas heréticas
  • Sumisión a la Iglesia

El Concilio termina sin acuerdo alguno. Pedro II, avezado de que los cruzados están determinados a acabar con los díscolos nobles, acoge bajo su protección a los Condados de Toulouse, Foix y Comminges, así como al Vizcondado de Bearn. Inmediatamente, hace saber a los cruzados que, cualquier intento de agresión contra estos Condados, tributarios de Aragón, será respondido por la fuerza de las armas.

En agosto el ejército aragonés cruza Los Pirineos. Mientras avanza va rindiendo fácilmente las pequeñas poblaciones tomadas antes por los cruzados y su ejército crece con voluntarios occitanos con ganas de desquite.

En septiembre se junta con sus aliados occitanos y divide su ejército en tres destacamentos:

  • Raimundo Roger I de Foix, al frente de unos 600 caballeros occitano-aragoneses.
  • Pedro II, al mando de unos 700 caballeros aragoneses
  • Raimundo VI de Toulouse y Bernat IV de Comminges, mandando unos 900 caballeros

En total, unos 2000 caballeros y 5000 infantes.

Batalla de Muret. El 10 de septiembre se inicia el asedio. Se emplean catapultas y se conquista casi toda la ciudad, forzando a los defensores a replegarse al castillo y la zona vieja. Los sitiados están a punto de sucumbir cuando se presenta Simón de Montfort al frente de 900 caballeros.

Pedro II ordena dejarles libre el paso para que su ejército no quedara entre dos frentes. Los 900 cruzados entran por una puerta y se unen al resto de defensores. Sin embargo su situación es delicada; tienen víveres para un día escaso y no se espera la llegada de refuerzos. Los sitiadores están en ventaja numérica.

En esta tesitura, Raimundo VI, buen conocedor de las tácticas cruzadas (por haber combatido junto a ellos en los primeros embites), aconseja al monarca aragonés levantar una empalizada, concentrarse en un punto y empujar paulatinamente a los defensores, dejando que el hambre, el cansancio y la desesperación hagan el resto del trabajo.

Pedro II de Aragón. Dibujo.

Por si fuera poco, se hallan en camino los ejércitos de Guillermo II de Montcada, Gastón VI de Bearn y las huestes de Nuño Sánchez del Rosellón y Cerdaña. El futuro parece bastante halagüeño.

Pero el Rey de Aragón y sus consejeros aragoneses (especialmente Miguel de Luesia) acogen con burla la propuesta del tolosano y rechazan la táctica del asedio por considerarla indigna.

El fogoso monarca aragonés se hace esta noche acompañar de una dama mientras "vela" sus armas.

El día siguiente (13 de septiembre) ordena a la infantaría reanudar el ataque. Montfort, que se vé ya perdido, arenga a sus hombres en el patio de armas. Divide su caballería en tres escuadrones de 300 hombres cada uno:

  • Uno mandado por Guillaume de Contres y Guillaume des Barres
  • Otro mandado por Bouchard de Marly
  • El último mandado por el mismo Simón de Montfort

Aprovechando un momento de descanso de la caballería aragonesa, salen de forma impetuosa sin apenas darles tiempo a organizarse. La caballería de Raimundo Roger I de Foix intentan contentar la fuerte avalancha en un primer momento. Inmediatamente son sobrepasados y dirigen todas sus tropas en busca del estandarte real. La mainada aragonesa cierra filas para proteger a su monarca. Miguel de Luesia es el primero en caer. Después le siguen Aznar Pardo, Pedro Pardo, Gómez de Luna, Miguel de Roda....

Detalle de una litografía de Serra que representa la muerte de Pedro II en la Batalla de Muret.

Pedro II se halla en plena batalla. Ha salido con otra armadura (por indicación de sus nobles) y luce la de un simple caballero. Su idea original era batirse en campo abierto con el propio Simón de Montfort en particular duelo de caballeros.

Pero los cruzados franceses no entienden de honor (llevan toda la campaña demostrándolo). Alain de Roucy y Florent de Ville, dos caballeros cruzados, tienen órdenes expresas del propio Montfort de dirigir sus huestes para abatir al rey aragonés en cuanto vean la armadura real.

Pedro II, quien ha causado ya algunas bajas entre sus enemigos, observa el difícil trance por el que pasa el caballero que viste su armadura, a punto de ser abatido. Su espíritu caballeresco le impide permanecer impasible y trata de llamar la atención de los caballeros francos:

"El rey, heus-el aquí"

El bravo rey aragonés es abatido sin misericordia. A pesar de que los lanceros aragoneses dan buena cuenta de los culpables de su muerte, la noticia se propaga con rapidez y extiende el pánico entre sus líneas. La desbandada es general.

El ejército tolosano (que no ha llegado a participar en el combate), es inexplicablemente desarbolado y diezmado por la caballería francesa. La derrota es total.

Pedro II es enterrado primeramente en los Hospitalarios de Toulouse.

1217. El Papa autoriza el traslado de sus restos a Aragón, siendo enterrado en el Monasterio de Sigena, al lado de su madre.

Su hijo, Jaime I, escribirá de él en su Llivre dels fets:

"Nuestro padre, el rey Pedro, fue el rey más generoso que nunca hubo en España,
y el más cortés, y el más afable, hasta el punto que era tan espléndido
que sus rentas y su patrimonio iban a menos.
Y era un buen caballero para las armas, otro como él no había en el mundo..."

 

(1). Según una más que interesante hipótesis de Miret y Sans, el monarca aragonés habría cedido el citado Valle de Arán a Bernat, a condición de que este se divorciara casi inmediatamente de María de Montepellier, pues Pedro II habría puesto sus ojos en las espléndidas tierras del citado Condado de Montepellier. El divorcio del citado Conde y Bernat, así como el siguiente matrimonio entre Pedro y María se cumplen.

(2). Ley que permitía al rey actúar como mediador en los conflictos entre los nobles y los agricultores o entre los vasallos de un mismo Señor, quedando relegado únicamente a los territorios propiedades del mismo rey.

(3). Según la leyenda Jaime I fue engendrado de una forma poco usual, debido a las malas relaciones de sus progenitores. El rey estando en Montpellier tenía numerosas amantes y no quería yacer con la reina. Esta urde un plan junto con algunos de sus nobles y eclesiásticos. Quienes hacen creer al rey que esa noche tendrá relaciones con una misteriosa dama que no quiere ser reconocida. La misteriosa dama es la propia reina que, amparada en la oscuridad de la alcoba, consigue retener al fogoso Pedro durante toda la noche sin que este lo note.

Al amanecer, con la claridad del día, se deshace el engaño y el sorprendido rey aragonés, presa de un ataque de ira, se marcha de Montpellier para no volver jamás, dejando a su esposa encinta.

(4). Dicese así de los jóvenes caballeros y señores (todos ellos aragoneses) que componen la guardia personal de Pedro II. Viven por y para su rey y son fieles hasta la muerte, como no tardarán mucho en demostrar.

 
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Última actualización 12/04/2012