Benedicto XIII "El Papa Luna"
Benedicto XIII "El Papa Luna"

Escudo del apellido Luna.

1328. Pedro Martínez de Luna nace en Illueca (Zaragoza).

Es el segundogénito de Juan Martínez de Luna y María Pérez de Gotor y Pérez Zapata.

Viene al mundo en una de las salas del castillo, recientemente construído en el altozano que domina el caserío en el que viven aproximadamente 60 familias, a orillas del río Aranda.

Pedro Martínez pasa su infancia en Illueca.

Se traslada a Montpellier para ampliar sus estudios.

Aunque se inicia como hombre de armas -tradición frecuente en los segundogénitos-.

1348. Con tan solo veinte años es ya Doctor en Leyes.

Escudo de armas del apellido Gotor.

Y poco más tarde en Decretos, siendo profesor en Derecho Canónico durante varios cursos, alcanzando notable fama por sus conocimientos y aptitudes.

Es entonces cuando comienza su carrera eclesiástica, recibiendo las órdenes menores.

De vuelta en tierras de Aragón, recibe numerosos beneficios eclesiásticos...(Arcediano de Valencia, Canónigo de Vich, Tarragona, Huesca...y finalmente de Mallorca).

Pedro IV el Ceremonioso desea recuperar la influencia aragonesa en La Curia. A tal efecto, escribe al Papa Gregorio XI para que eleve a la categoría de cardenal a uno de los religiosos aragoneses.

1375. El 20 de diciembre el elegido no es otro que Pedro Martínez de Luna, que convertido en Cardenal Diácono de Santa María de Cosmedín.

Sin embargo no llega a ocupar físicamente tal cargo, puesto que es inmediatamente llamado por el propio Gregorio XI. Partieron para la localidad de Avignon -estado pontificio desde 1309 y donde reside habitualmente el Papado-.

Retrato anónimo de Pedro IV. Siglo XV. Museo Nacional de Arte de Cataluña.

1378. A instancias de Santa Catalina de Siena, el pontífice decide regresar a Roma para reinstalar nuevamente la sede papal en esta ciudad. Siempre acompañado del De Luna.

El 27 de marzo fallece en Roma Gregorio XI.

Se inicia en esta ciudad el cónclave para elegir su sucesor. La situación es compleja: el Colegio Cardenalicio se encuentra dividido en tres facciones:

  • Limosín
  • Francés
  • Italiano

En Avignon se encuentran aún -además- diez cardenales franceses.

El pueblo romano -temeroso de que, saliendo elegido un pontífice francés volviera a llevarse la sede a Avignon- se encuentra nervioso y protagoniza toda clase de excesos en la calle. Una multitud exaltada y vociferante irrumpe en la sala del cónclave cuando esta aún no ha finalizado. Y les exige a los cardenales que el Papa ha de ser italiano o amenaza con cortales la cabeza a todos.

Los cardenales, presa del pánico, eligen rápidamente al italiano Bartolomeo de Prignano, Arzobispo de Bari.

El 18 de abril es elegido Papa con el nombre de Urbano VI, entre los vitores de la muchedumbre, y con enormes recelos entre los los propios cardenales, sobre todo los franceses.

No tardan mucho en producirse los inevitables enfrentamientos y en uno de ellos, Martín de Zalba -Obispo de Pamplona- le echa en cara al nuevo pontífice la forma en la que ha sido elegido para el cargo, a su entender, claramente ilegítima.

Urbano VI le exige su inmediata dimisión, pero esto provoca el efecto contrario y numerosos cardenales cierran filas en torno al Obispo de Pamplona -entre ellos Pedro Martínez de Luna-.

El Papa no se amilana y amenaza con ordenar nuevos cardenales italianos.

El 9 de agosto trece cardenales se retiran a Agnani, desde donde declaran que la elección de Urbano VI es ilícita a todas luces, por haber sido realizada bajo presión.

Imagen que representa a Clemente VII.

Pedro Martínez de Luna intenta ejercer como mediador, pero las poderosas razones de los cardenales franceses le hacen situarse al lado de estos.

El Papa envía una delegación de tres cardenales italianos -Orsini, Corsini y Brossano- para intentar convencer a los cardenales contestatarios. Pero, sorprendentemente, los tres se pasan al otro bando, dejando en una incómoda posición a Urbano VI.

El 20 de septiembre estos disidentes cardenales eligen a Roberto de Ginebra -familiar directo del Rey de Francia- como legítimo Papa -con sede en Avignon- con el nombre de Clemente VII.

El Cisma de Occidente ha comenzado.

La cristiandad se encuentra con una situación insólita. Existen dos pontífices que afirman ser el legítimo heredero de la Silla de San Pedro y ninguno dá su brazo a torcer.

Francia reconoce inmediatamente al pontífice francés sin reserva alguna, pero la mayoría de paises optan por seguir reconociendo al pontífice italiano.

Aquí es donde entra en escena la capacidad mediática de Pedro Martínez de Luna. Desplazado inmediatamente a la Península Ibérica, consigue los apoyos de Aragón, Castilla y Navarra.

Menos suerte tiene en el viejo continente donde, tras arduas peregrinaciones y encuentros, sólo consigue la adhesión de Escocia a la causa de Clemente VII.

En septiembre, tras el Cónclave de Fondi, se ganan para su causa el sur de Alemania y a Juana I de Nápoles -a pesar de que el populacho napolitano se declara urbanista-.

El 16 de septiembre muere Carlos V de Francia.

1379. El Papa de Avignon decide cambiar la situación usando la fuerza de las armas. Pero su intento de llegar a Roma es frenado en Carpineto, donde se imponen las tropas de su rival.

La situación se torna tan dramática que Clemente VII debe refugiarse apresuradamente en Nápoles, no tardando en descubrir una creciente hostilidad hacia su persona, a pesar de ser, en teoría, un territorio fiel a su persona.

Así, pues, se ve obligado a refugiarse nuevamente en Avignon.

Dibujo que representa a Pedro Martínez de Luna.
Dibujo que representa a Bonifacio IX.

1382. En julio muere Juana I de Nápoles, pasando dicho reino a apoyar a Urbano VI.

Para acabar con la división en el seno de la Iglesia, se reúnen los más prestigiosos teólogos en la Universidad de París. Tras estudiar detenidamente el asunto se decantan por tres opciones:

  • Vía Cessionis -renuncia de ambos papas-
  • Vía Compromissi -reunión de ambos papas y sus partidarios, aceptando previamente el veredicto final-.
  • Vía Concilii -convocar un Concilio universal que deponga a ambos y elija un nuevo Papa-.

1389. El 15 de octubre muere en Roma Urbano VI.

Sus cardenales, en lugar de aprovechar la oportunidad para acercar posturas y acabar con el Cisma, eligen al cardenal Piero Tomacelli como su sucesor, convirtiéndose en nuevo Papa de Roma con el nombre de Bonifacio IX.

Su primera orden es hacer excomulgar a Clemente VII, quien responde desde Avignon haciendo lo mismo con su rival.

Pedro Martínez de Luna intenta mediar proponiendo la Vía Cessionis como único modo de acabar con el distanciamiento. Pero su propuesta le granjea la enemistad de Clemente VII, quien le aparta de su lado.

El de Luna, decepcionado, se retira a Reus.

1394. El 16 de septiembre fallece en Avignón Clemente VII. Pedro Martínez parte apresuradamente para esa localidad.

A pesar de los deseos de Francia -contraria a la coexistencia de dos Papas- y convencidos de la ilegalidad del Papa romano, los cardenales de Avignón inician un nuevo cónclave para elegir sucesor.

El 22 de septiembre -por absoluta unanimidad- de 21 votos a favor, Pedro Martínez de Luna es elegido como nuevo pontífice con el nombre de Benedicto XIII.

“… En la hora tercia del día 26 de Septiembre de 1.394, en votación unánime, los veintiún cardenales presentes en el cónclave de Aviñón, eligen a Don Pedro de Luna, cardenal de Aragón, como sumo pontífice…”

Pedro Martínez de Luna. Cuadro existente en la Universidad de Sevilla.

Busto del Papa Luna, que está expuesto en la Seo de Zaragoza.

El 3 de octubre -como el nuevo pontífice no es aún siquiera sacerdote- es ordenado como tal, y seguidamente, consagrado como obispo.

El 11 de octubre es coronado como Papa en la Catedral de Avignón. En el acto pronuncia las siguientes palabras:

“…Juro por Dios y la Cruz de Nuestro Señor, luchar con todas mis fuerzas para la unión de la Iglesia. Juro no hacer ni decir cosa que por su naturaleza pueda impedirla ó retardarla. Juro actuar con intachable lealtad y si fuere preciso, abdicaré en pro del bien supremo de la Fe…”

Pero con su nuevo cargo ocurre algo insólito. Pedro Martínez se transforma. El hombre que había luchado por aunar los intereses de la Iglesia, ahora se vé a sí mismo como el legítimo representante de Cristo en la tierra.

Francia presiona. Inmediatamente se unen Inglaterra y Castilla. Pero el Papa Luna

"..sigue en sus trece..." (1)

A Avignón llega un ejército de 5.000 hombres, capitaneados por los Duques de Borgoña, Orleans y Berry. Pero la respuesta del De Luna será siempre la misma

"Non posumus"

1398. El Consejo Real de Francia consigue que la mayoría de cardenales abandonen Avignón, excepto cinco de ellos, que se quedan junto a Pedro Martínez.

El cardenal Juan de Neuchatel -el mismo que le había investido como sacerdote cuatro años antes- incita a la rebelión popular en la ciudad. Conseguida las simpatías del populacho, las tropas de Godofredo de Boucicaut -hermano del Mariscal de Francia- someten la fortaleza donde se haya refugiado Benedicto XIII a un duro asedio.

En el interior los defensores no llegan a las tres centenas, y muchos de ellos no son hombres de armas. Pedro Martínez acude puntualmente a insuflar ánimos en los lugares más desprotegidos....y en uno de ellos es herido en un hombro...a pesar de tener ya 70 años de edad.

El duro asedio se prolonga. Pero la testarudez del Papa Luna comienza a dar sus frutos:

Dibujo que representa al Papa Luna.

  • Castilla presiona a Francia para que levante el asedio
  • Martín I el Humano de Aragón sopesa el enviarle tropas de socorro
  • Vicente Ferrer no para de predicar en su nombre dondequiera que se encuentre
  • Las Universidades de Toulouse y París se posicionan de su parte
  • El populacho de Avignón comienza a inclinarse a su favor

1402. Tras cuatro años, Francia se muestra favorable a levantar el asedio, si Benedicto XIII acepta renunciar en caso de que el Papa romano muriese o renunciase.

El de Luna parece aceptar y consiente en licenciar a sus tropas, comprometiéndose a permanecer en el Castillo de Avignón.

Pero tan pronto como los franceses se marchan dá marcha atrás y declara que había firmado bajo amenazas y no tiene validez alguna lo pactado.

Con la vuelta francesa el asedio se recrudece.

1403. Pero Martín I el Humano envia a Jaime de Pradés, con la única misión de preparar la fuga del pontífice.

El 12 de marzo, al amparo de la noche, consigue huir -al parecer disfrazado de monje cartujo- mediante un agujero practicado en las murallas. Embarca seguidamente hasta Provenza.

Poco después instala su residencia en la Abadía de San Víctor en Marsella.

Envía una embajada a Roma convencido de que la Vía Lustitiae es la mejor solución al conflicto, pero el Papa romano rechaza tal pretensión.

1404. El 1 de octubre muere Bonifacio IX. La curia romana elige rápidamente como su sustituto a Cosimo de Migliorati -perdiéndose, así, una oportunidad histórica de acabar con el Cisma-, quien sube al solio romano con el nombre de Inocencio VII.

1405. El citado no tarda en ser excomulgado por Benedicto XIII, quien además planea un asalto a la propia ciudad de Roma. No tiene suficientes hombres de armas, pero no parece importarle, llegando a contratar a mercenarios y piratas para tal aventura.

1406. A finales de año -a pesar de su avanzada edad (78 años)- se pone al frente de su ejército que marcha sobre Roma. Pero no es necesario llegar a conflicto armado alguno.

Gregorio XII.

El 6 de noviembre fallece Inocencio VII.

Nuevamente, los cardenales romanos eligen a Angelo Correr, como Papa de Roma, con el nombre de Gregorio XII. Pero le hacen prometer que, renunciará a su cargo si Benedicto XIII hace lo propio.

El 29 de septiembre es la fecha designada por ambos pontífices para encontrarse y llegar a un acuerdo. La ciudad elegida es Savona.

Pero Gregorio XII no se presenta.

1407. Carlos VI de Francia, harto de la situación, les exige a ambos la renuncia inmediata, instándoles a la celebración de un próximo congreso.

1408. El 15 de noviembre se celebra el Congreso de Perpignan.

Tras debatir intensamente, una comisión traslada al Papa Luna -que solo cuenta actuamente con las adhesiones de Aragón y Navarra- las siguientes conclusiones:

...“Carísima eminencia, nos, los cardenales de su obediencia, manifestamos nuestra pública adhesión a vuestra santidad reconociendo vuestros continuos esfuerzos en pro de la reunificación de la cristiandad, rechazando por injustas y falsas las acusaciones de cismático y hereje que sobre vuestra persona han recaído…

Proclamamos y reconocemos en vos, Benedicto XIII al único y verdadero pontífice… si bien suplicamos a vuestra eminencia que muestre su amor a la Iglesia aceptando la renuncia a vuestro trono, en el caso de que el papa romano abdique jurídica y efectivamente a sus derechos. Por último os rogamos humildemente que enviéis embajada a la asamblea eclesiástica que se celebra en Pisa, para arbitrar las soluciones que pongan fin a esta dolorosa situación…”

Pero nadie renuncia.

1409. El 25 de marzo se celebra el Concilio de Pisa. La Universidad de París lo ha auspiciado, estimando que la única salida al conflicto es la Via Concilii. Ingleses y alemanes se han apuntado sin dudarlo.

Como resultado de dicho Concilio se depone a los dos Papas -algo insólito hasta ahora en la Iglesia-

“…por herejes y fautores del cisma…”.

Alejandro V.

“…los hasta ahora llamados Benedicto XIII y Gregorio XII son cismáticos notorios, nutren y fomentan la división de la Iglesia, son públicos herejes, escandalosos e indignos de todo honor a causa de sus crímenes y excesos..."

El 26 de junio se pretende dar carpetazo al Cisma elegiendo a un Papa neutral. El elegido es Pietro Philargi quien sube al solio papal con el nombre de Alejandro V.

Los pontífices depuestos no reconocen validez alguna a todo esto y la Iglesia.... si ya era insólito el caso anterior, el de ahora es rocambolesco.... pues tiene....¡¡¡¡¡tres Papas!!!

1410. El 3 de mayo fallece en Bolonia el casi inédito Alejandro V.

Los cardenales romanos eligen como su sucesor al cardenal Baldassare con el nombre de Juan XXIII.

El 24 de mayo es consagrado sacerdote -como le ocurriera a Pedro Martínez de Luna- y ascendido a la categoría de Papa al día siguiente. Su reputación es tan pésima que Aragón, Castilla y Navarra vuelven a reconocer como Papa a Benedicto XIII.

Benedicto XIII decide trasladarse a los dominios del Rey de Aragón, en la ciudad de Barcelona.

El 31 de mayo muere en Barcelona, Martín I el Humano, su principal benefactor.

1411. El 21 de julio decide retirarse al Castillo de Peñíscola, lugar cedido por el Gran Maestre de la Orden de Montesa.

Gregorio XII también se ve obligado a huir a Gaeta, ante la deserción veneciana.

En Peníscola desarrolla una febril actividad -a pesar de sus 83 años-. Traslada su famosa biblioteca y ordena la restauración de los torreones medievales.

1412. Es el principal impulsor de la llamada Concordia de Alcañiz, mediante la cual decide que acudan tres representantes de Aragón, Cataluña y Valencia, a fin de elegir al sucesor de la Corona de Aragón -aunque su preferido es, sin lugar a dudas, Fernando de Antequera-.

El 24 de junio resulta elegido -como era de esperar- el citado Fernando en el Compromiso de Caspe.

El Compromiso de Caspe, por Dióscoro Teófilo (1867).
Juan XXIII.

1413. Promueve la llamada Magna Disputa de Tortosa, entre representantes católicos y rabinos judíos. Alrededor de 3.000 judíos serán obligados a convertirse al catolicismo.

1414. Publica la Bula Etsi Doctoribus, que conlleva una serie de medidas extremadamente duras contra los judíos, siendo estas:

  • La obligación de portar alguna señal en su vestimenta que les identifique
  • Vivir en barrios separados de los cristianos
  • Requisación de ejemplares del Talmud

Mientras tanto, los turcos avanzan imparables por Europa.

El 1 de noviembre el Emperador Segismundo y el Papa Juan XXIII realizan una llamada al mundo católico ante tan inminente peligro, mediante la celebración de un concilio a celebrar en la ciudad de Constanza. La propuesta es simple: renuncia de los tres Papas y elección de un único Pontífice que aúne al mundo cristiano.

El 5 de noviembre comienza el Concilio de Constanza. Pedro Martínez no comparece ni tampoco lo hace emisario alguno suyo.

Fernando de Antequera, se entrevista con el Papa Luna en Peníscola, intentando que se avenga a razones, sin conseguirlo.

1415. El 6 de abril triunfan las tesis conciliaristas, donde se propugna que el concilio es superior al Papa y, este ha de ser elegido por Agregatio Fidelium, es decir, por naciones, no por cardenales. En consencuencia, los tres deben dimitir, y el elegido ha de ser uno distinto a los tres actuales.

Juan XXIII -único de los Papas presentes- se asusta ante el cariz de los acontecimientos y huye disfrazado.

El 29 de mayo es arrestado, hecho prisionero y, finalmente, destituído.

Gregorio XII, en la catorceava reunión del concilio, presenta también su renuncia.

Sólo queda el tozudo Benedicto XIII para que la unificación de la Iglesia sea un hecho.

En verano, en Perpignán, ante el emperador Segismundo, Fernando de Antequera, y un numeroso y expectante público, Pedro Martínez, de 87 años de edad, dá comienzo a un largo discurso de más de siete horas, donde expone resumido lo siguiente:

…”Aseguráis que soy un Papa dudoso y yo acepto vuestra opinión. Sin embargo, debo deciros que antes de ser Papa fuí Cardenal indiscutible de la Santa Iglesia de Dios, ya que fuí investido antes del Cisma. Soy por tanto el único Cardenal vivo, anterior al Cisma. El resto han muerto…

"Si como aseguráis, todos los Papas elegidos después del Cisma son dudosos, también lo son todos los cardenales que han sido nombrados por ellos.

El Emperador Segismundo, por Alberto Durero.
Grabado que representa a Fernando I de Aragón.

En consecuencia, soy el único Cardenal auténtico… sin mancha de principio.

Como exclusivamente los Cardenales son los que nombran ó eligen Papa… yo solo, soy el que puede designar ó elegir un Papa auténtico.

Si entendéis que no soy Papa legítimo, no podéis negar, al menos, que soy el único Cardenal auténtico. Y como tal, puedo aceptar la “vía cesión” que tanto os entusiasma y nombrarme, por segunda vez, a mí mismo.


Y si vosotros no queréis que el Papa sea yo, al menos no podéis impedirme que sea yo el único que pueda nombrar a un nuevo Papa”…

Su razonamiento, prodigio de largas horas de minucioso estudio, deja perplejos a todos los asistentes. Obviamente, no se produce su renuncia.

El 21 de noviembre Fernando de Antequera requiere a Benedicto XIII para que este renuncie. Su lacónica respuesta es:

”Me qui te feci missiti in desertum!..." (A mí, que te hice ser lo que eres, me arrojas al desierto) (2)

Con algunos escasos fieles se encierra en el Castillo de Peñíscola.

1416. La Corona de Aragón deja, oficialmente, de prestar obediencia al Papa Luna.

1417. El 26 de julio la sentencia del Concilio de Constanza en su contra es clara:

“…este Santo Sínodo, como legítimo representante de la Iglesia Universal, establece y proclama que Pedro de Luna, llamado Benedicto XIII, ha sido y es un perjuro, causa de escándalo, obstructor de la paz y la unidad de la Iglesia y contumaz hereje… por lo que, en consecuencia, se le prohíbe actuar y comportarse como Sumo Pontífice…”

Se le declara como hereje, perjuro y uno de los causantes del Cisma, retirándosele la dignidad pontificia.

Foto cortesía de Mihaela Miha (2007)
Grabado que representa a Martín V.

EL 11 de noviembre los cardenales eligen a Otón Colonna como nuevo y único Papa de la Iglesia con el nombre de Martín V. El Cisma ha terminado.

Pero no para Pedro Martínez de Luna, quien, desde su refugio de Peñíscola se sigue autoproclamando como el único y legítimo Papa.

Las sucesivas embajadas procedentes de Roma son rechazadas sistemáticamente, a pesar de ofrecérsele el reingreso en La Iglesia y una renta anual de 50.000 florines. La respuesta del Papa Luna será siempre la misma:

"Non possumus" (No podemos)

Alguien decide que hay que acabar con él al precio que sea.

1418. Martín V envía al Cardenal Adimari, Arzobispo de Pisa, con el único objeto de eliminar a personaje tan obstinado.

El legado papal contacta con Paladio Calvet, Fraile de Banyolas, quien a su vez, convence a Domingo Dalava, camarero personal del de Luna, de que le suministre un veneno considerado mortal.

Este oculta dicho veneno en un postre medieval llamado citronat, al cual Pedro Martínez es un gran aficionado.

El Pontífice enferma de gravedad y sufre de grandes dolores, preludio de un desenlace inminente. Reunidos sus doctores personales, deciden provocarle el vómito y administrarle una tisana confeccionada por el judío converso Jerónimo de Santa Fé.

Sorprendentemente, el remedio consigue el efecto deseado. El Papa se recupera y no tarda en descubrir el complot.

Paladio Calvet es quemado en la misma playa de Peñíscola por los seguidores del Papa. Mientras otros religiosos relacionados con este intento de envenenamiento son detenidos, el instigador cardenal Adimari huye apresuradamente a la seguridad romana -morirá dos años después, antes incluso que el propio Pedro Martínez de Luna-.

Tras este lamentable episodio, desde Peñíscola, el Pontifice vé transcurrir los años apegado a sus libros y a su célebre frase:

"El verdadero Papa soy yo"

1419. El 22 de diciembre fallece Juan XXIII.

Dibujo que representa a Alfonso V el Magnánimo.

1422. Pedro Martínez entiende que está llegando al final de sus días. Con tranquila serenidad redacta su testamento legando sus pertenencias a la Santa Sede de Roma.

El 29 de noviembre le sobreviene la muerte, que no se hace pública. Y sus bienes, incluyendo su preciada biblioteca, son objeto de rapiña.

1423. El 24 de mayo se hace oficialmente público su deceso. Ninguno de sus tesoros está ya en el Castillo de Peníscola.

Mientras su cadáver es enterrado en la capilla del castillo, tres de sus cardenales eligen como su sucesor a Gil Sánchez Muñoz, Arzobispo de Teruel, quien adopta el nombre de Clemente VIII -jamás reconocido por la Iglesia-.

1429. El 26 de julio, este Clemente VIII reconoce oficialmente como único y verdadero Papa a Martín V. El Cisma de Occidente ahora sí que ha terminado.

1430. El capitán don Rodrigo -sobrino de Pedro Martínez y que le había servido fielmente-, pide permiso al rey aragonés Alfonso V el Magnánimo para el traslado del cuerpo de su tío a su villa natal de Illueca, siéndole concedido.

El 9 de abril se abre la capilla y todos contemplan la momia incorrupta de Benedicto XIII.

Su momia es colocada en el Castillo de Illueca, en una suntuosa y valiosa urna de cristal, siendo objeto de peregrinación por parte de muchos fieles que llegan desde cualquier parte de la península y el continente.

Siglo XVI. Un religioso italiano, de nombre Juan Porro, llega hasta Illueca, para comprobar in situ el motivo de tanta devoción hacia el ex-pontífice.

Poseído y enrabietado por un sentimiento anti-hereje, rompe con su cayado la valiosa urna de cristal, causando daños a los restos allí depositados.

La población, indignada al tener noticias de los hechos, intenta encontrar y castigar al culpable, pero este ya ha huído, amparándose en la noche, no volviéndose a saberse nunca más de él.

Se cree que el castillo podría haber tenido este aspecto hacia 1360.
Cráneo del Papa Luna.

La capilla es clausurada al público por orden del Arzobispo de Zaragoza, dándose por finalizadas las peregrinaciones.

Siglo XVIII. Durante el transcurso de la Guerra de Sucesión la familia Luna -como todas las aragonesas- toma partido por el Archiduque Carlos, en detrimento de Felipe de Borbón.

La villa es asediada. A pesar del valiente heroísmo de los defensores, los asaltantes franceses penetran y destrozan cuanto encuentran a su paso. La cámara mortuoria tampoco se libra. La urna de cristal es destrozada a culatazo limpio y la calavera separada del cuerpo de un certero golpe de espada.

Los huesos terminan siendo arrojados en un punto inconcreto cerca del río Aranda y su calavera, única en ser recuperada -por haber sido entregada a unos niños para que jugaran con ella-. (3)

Siglo XIX. María Luisa Lacerda, última descendiente de los Marqueses de Villaverde, cede bienes y títulos a sus sobrinos, los Muñoz de Pamplona, Condes de Argillo, llevando la calavera al un pequeño oratorio en la capilla de su antiguo Palacio de Saviñán, sin protección alguna.

2000. En abril la calavera del pontífice es sustraída del Palacio de los Condes de Argillo.

Los autores son dos jóvenes hermanos -uno menor de edad- que no tardan en ser detenidos.

2006. La prueba de carbono 14 dá como resultado que la calavera pertenece a un período entre los años 1390 y 1425.

2007. El 8 de mayo el Gobierno de Aragón decreta que el cráneo del Papa Luna es Bien de Interés Cultural.

 

(1). Frase que ha pasado a la posteridad para definir la terca postura del Papa Luna.

(2). Otras crónicas dicen que cuando el enviado de Fernando de Antequera vuelve, le trae al monarca aragonés el siguiente mensaje:

"Andad, dezid al rey que le agradezco mucho que en pago de averle hecho yo rey sin serlo, me quiere él hazer que no sea yo Papa, sabiendo que lo soy”

(3). Se cumple así, según la leyenda, una de las afirmaciones de San Vicente Ferrer, quien parece que llegó a decir:

"Para castigo de su orgullo, algún día jugarán los niños con su cabeza, a guisa de pelota"

 
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Página actualizada el 01/12/2013