Juana la Loca
Fernando el Católica. Copia de un retrato de un pintor holandés.

1479. Nace el 6 de noviembre en Toledo en el Palacio de Cifuentes.

Es el tercer hijo de los Reyes Católicos Isabel I de Castilla y Fernando II de Aragón.

La guerra civil que ha enfrentado a sus padres con Juana la Beltraneja acaba de finalizar con la victoria de sus progenitores.

Mientras sus padres están embarcados en una nueva guerra contra el Reino de Granada, no se olvidan de que sus descendientes reciban una esmerada educación.

Juana es una adolescente inteligente, que aprende de pequeña el latín y el francés, gustando de la poesía, la música y la danza.

Isabel de joven. Retrato anónimo del siglo XV. Alcázar de Segovia.

La rigidez de La Corte castellana la hacen despuntar en modales protocolarios, urbanismo y una sólida formación religiosa. Sus tutores son el sacerdote dominico Andrés de Miranda y Beatriz Galindo la Latina.

Juana La Loca. Retrato Convento Agustino (Madrigal de las Altas Torres) (AVILA).

Tiene un gran parecido físico con su abuela Juana Enríquez (madre de Fernando), tanto que éste no duda en apelarla cariñosamente como "madre", en tanto que la reina Isabel suele dirigirse a ella como "mi suegra".

Siendo ya adolescente reciben sus padres una propuesta matrimonial del rey francés para su heredero Carlos, Delfín de Francia. Tal proposición es inmediatamente desestimada por la tradicional animadversión que los monarcas hispanos sienten por el pais vecino.

1489. Se vuelve a recibir una nueva propuesta matrimonial, esta vez viene de parte del Rey de Escocia, Jacobo IV, recibiendo la misma negativa que la vez anterior.

Realmente la joven Juana se encuentra plenamente involucrada en estos momentos en una relación místico espiritual que parece querer llevarla a los brazos de Dios, ejerciendo de religiosa. Pero sus padres proveen para ella otro destino.

1490. Siguiendo su habitual política de aislamiento respecto de Francia han puesto sus ojos en los herederos de las principales casas europeas. De hecho, su hermana mayor Isabel ya se encuentra casada con el heredero al trono de Portugal.

1495. Cuando cuenta con dieciséis años de edad, es prometida al heredero del emperador Maximiliano I de Austria, Felipe, apodado el Hermoso.

Sin poseer una gran belleza, Juana es una joven atractiva, poseedora de unos bellos ojos verdes rasgados, un rostro fino y un elegante talle.

1496. En agosto una nutrida representación de La Corte se halla concentrada en Laredo. Han venido a despedir a Juana que parte con destino a Flandes. En el embarcadero se encuentran sus padres y hermanos, junto con una nutrida representación de la nobleza.

La impresionante comitiva con decenas de naos y un gran despliegue de soldados zarpa en pos del país de su futuro marido.

El 31 de agosto la comitiva se ve obligada a fondear en el Puerto de Portland, Inglaterra, a causa de una tormenta. Y poco después, uno de los barcos que contiene los enseres de la princesa naufraga y se va a pique.

Retrato atribuido a Juan de Flandes, que se cree pintado entre 1496 y 1515.
Felipe de Habsburgo, a la edad de diecisiete años (1495).  Upton House.

Para colmo de males, al llegar a destino recibe la inesperada sorpresa de que su prometido no viene personalmente a recibirla. Se encuentra en Alemania siguiendo instrucciones precisas de sus asesores borgoñeses, quienes aún dudan de la conveniencia de un tratado con Castilla en detrimento de sus relaciones con Francia.

Finalmente los jóvenes prometidos se conocen. Juana inmediatamente descubre el porqué del apodo de su futuro marido. Un sólo vistazo visual le ha bastado para sentirse irresistiblemente atraída por Felipe de Habsburgo. Toda su férrea educación religiosa se desmorona y no vé llegar el momento de yacer con el archiduque.

Aunque la ceremonia estaba prevista para cuatro días más tarde, los jóvenes prometidos son casados a toda prisa por el capellán Diego Ramírez de Villaescusa. Parece ser que el evento tiene lugar en la localidad de Lille (4).

La pareja pasea su amor por todos los rincones y ciudades de Flandes, donde son recibidos con grande pomba y boato.

1497. Su hermano, el príncipe Juan, muere en Salamanca. La princesa Margarita, que se encontraba encinta, aborta al conocer la noticia. La siguiente en la línea sucesoria es su hermana Isabel.

1498. La citada muere de parto. El príncipe Miguel consigue sobrevivir y es declarado heredero a los tronos de España y Portugal.

El 24 de noviembre nace en la localidad de Lovaina, muy cerca de Bruselas, su primogénita Leonor, llamada así en honor a la abuela paterna de Felipe, Leonor de Portugal.

Según los historiadores, las desavenencias matrimoniales comienzan tras este primer parto. Felipe se comporta como un galán seductor con cualquiera de las faldas que se le cruzan en La Corte.

1500. Se produce el inesperado óbito del príncipe Miguel.

Los RRCC maniobran casando a su hija María con el Rey de Portugal, viudo de su hermana Isabel.

Juana la Loca.
Catalina de Aragón, por Michael Sittow (1503).

La sucesión al trono parece definitivamente asegurada.

Por estos tiempos, Juana ya es víctima de unos celos patológicos.

El 24 de junio no duda en asistir a una fiesta en el Palacio de Gante, buscando alguna posible amante de su marido, a pesar de encontrarse en muy avanzado estado de gestación. Sintiéndose súbitamente indispuesta, se retira a los retretes, donde inmediatamente nace su segundo hijo, el futuro Carlos I, llamado así en honor del abuelo materno de Felipe, Carlos el Temerario.

Algunos psiquiatras señalan que Juana probablemente padeciera desde niña algún tipo de esquizofrenia, agudizada por el comportamiento de su marido en Flandes.

1501. El 18 de julio nace en Bruselas su hija Isabel, llamada así en honor de Isabel la Católica.

En noviembre su hermana Catalina casa con Eduardo de Gales.

1502. El matrimonio se desplaza hasta Toledo, donde son jurados como Príncipes de Asturias y, en consecuencia, herederos al trono de Castilla. Seguidamente marchan hasta Zaragoza, donde son jurados como herederos al trono de Aragón.

Pero Felipe se siente incómodo en La Corte. Se siente vigilado y echa de menos las libertades de la Corte borgoñesa. Con una banal excusa, parte para Flandes con Juana nuevamente embarazada.

1503. El 10 de marzo da a luz a su cuarto hijo, el infante Fernando, llamado así en honor de Fernando el Católico.

Según el doctor Gutiérrez de Toledo, Juana no puede dormir. Deambula por las noches hablando sola y ocasionalmente sufre unos tremendos ataques de ira contra la aptitud de su esposo.

Felipe y Juana por Alonso de Mena. Capilla Real de Granada.
Castillo de la Mota (Medina del Campo, 2005).

Poco después es trasladada al Castillo de la Mota.

Pero Juana quiere volver al lado de Felipe.

La servidumbre tiene órdenes estrictas de no hacerla caso. Consigue una noche salir por su propio pie del castillo pero la guardia consigue alcanzarla mientras deambula por Medina del Campo. Desesperada, queda una noche entera de noviembre a la intemperie.

Desde ese momento se niega a probar bocado alguno y a dormir en un lecho cómodo.

Sus servidores juzgan prudente avisar a la reina Isabel, quien, a pesar de su precario estado de salud se traslada desde Segovia para intentar aliviarla.

Al llegar mantienen una discusión tan violenta que la propia reina dirá:

"...me habló tan reciamente y con tanto desacatamiento y tan fuera
de lo que debe hija debe decir a su madre, que si no la viera yo
en la disposición en que ella estaba no se las sufriera..."

1504. Finalmente consigue convencer a su madre y permitirla viajar junto a su marido. El 1 de marzo, parte para Flandes.

Una vez en Flandes, Juana se comporta de una forma sumamente peculiar. En cierta ocasión se hace con unas tijeras con las cuales corta las trenzas de una supuesta dama, amante de su marido. Felipe la insulta delante de todos, la maltrata...

Su marido está ya tan convencido de la incapacidad mental de su esposa que ordena al tesorero de doña Juana, Martín de Muxica, el ir anotando en un diario las extravagancias y rarezas cometidas o mandadas hacer por Juana (1)

Isabel la Católica, en un retrato obra de Juan de Flandes.
Testamento de Isabel la Católica, por Eduardo Rosales.

El 26 de noviembre fallece Isabel la Católica.

Siguiendo la voluntad de su esposa, Fernando el Católico declara a su hija Juana como Reina y Señora de Castilla. Previsoramente, la reina Isabel ha dejado escrito una singular cláusula:

"...cuando la Princesa, mi hija, no estuviere presente en estos reinos
o estando en ellos no quisiere o no pudiere entender
en la gobernación de ellos, el rey Fernando, mi señor, rija,
administre y gobierne los dichos mis reinos y señoríos por la dicha Princesa..."

Parece ser que la difunta reina no tenía en muy buena estima a Felipe el Hermoso. Deja escrito que la posible Regencia recaiga en su marido Fernando mientras dure la minoría de edad del futuro heredero de su reino, su nieto Carlos de Gante,

La intención de Felipe y Juana es emprender inmediatamente viaje hacia España, pero debe posponerse porque la princesa está nuevamente embarazada.

1505. El 11 de mayo se celebran Cortes en Toro donde se reconoce a la aún ausente Juana como Reina de Castilla y se encomienda la Regencia del reino a su padre Fernando.

La presión de los nobles antifernandistas castellanos se traduce poco después en la Concordia de Salamanca, que permite un gobierno conjunto, de Fernando, Felipe y de la propia Juana.

El 15 de septiembre nace la infanta María, el quinto hijo de la pareja.

El 12 de octubre, para sorpresa de propios y extraños, Fernando el Católico casa con Germana de Foix.

1506. El 8 de enero Felipe y Juana se embarcan en Middleburg (actual Holanda) con destino a España. El archiduque en una impresionante demostración de ostentación, prepara 50 navíos cargados con tesoros y joyas, amén de ir acompañados por 2.000 soldados. La pareja viajará a bordo de la nave La Julien.

Sello que representa a Juana la Loca en el V Centenario de las Cortes de Toro.
Juana la Loca.

Pero en plena travesía se declara una fuerte tormenta que parece querer mandar la expedición a pique. Se decide guarecerse en el puerto inglés más cercano. Para colmo de males, la nave capitana La Julien sufre un voraz incendio que amenaza con hacerla naufragar (5). Todos pierden los nervios excepto la princesa Juana. Mientras todos el mundo anda mareado o vomitando, la princesa pide que le sirvan su comida. Ante la extañeza de todos simplemente comenta:

"...no sé de ningún rey que haya muerto ahogado, por eso no siento miedo"

Finalmente consiguen llegar a puerto, siendo recibidos en la Corte de Enrique VII mientras dura la reparación de sus barcos.

El 22 de abril finalmente parten con destino La Coruña, donde son espléndidamente recibidos por sus partidarios. Felipe mantiene encerrada a Juana, negándose a que reciba a nadie, mientras reparte prebendas y promete cargos entre los nobles que añoran volver a su situación anterior al gobierno de Los Católicos. Tanto derroche hace escribir a algún avispado cronista:

"...no queda zapatero en la corte que no escriba para ofrecerse a Don Felipe...".

Es recluída en el Castillo de Mucientes por su esposo, mientras este se entrevista con su padre en Puebla de Sanabria (17 de junio).

El 27 de junio tras la Concordia de Villafáfila, Fernando el Católico renuncia a sus aspiraciones al trono castellano, retirándose a sus dominios de Aragón y reconociendo en un documento la incapacidad de su hija Juana. Parece ser que Felipe el Hermoso ha conseguido todo cuanto pretendía en este momento.

Pero ocurre algo con lo que no contaba. La poderosa aristocracia castellana capitaneada por el Almirante de Castilla Fadrique Enríquez le exige ver a su Señora -negándose a creer en su supuesta locura-. Tras este encuentro, Pedro López de Padilla (6) declarará que Juana no está loca y que presidirá en el futuro las sesiones de las cortes del reino (7).

Restos de la fortaleza de Mucientes (VALLADOLID, 2009)
Castillo de Belmonte de Campos (PALENCIA, 2003)

El 12 de julio las Cortes de Castilla reunidas en Valladolid reconocen a Juana como

"reina verdadera y legítima subcesora y señora natural propietaria destos dichos reinos,
y al dicho señor don Phelipe, nuestro señor,
por rey verdadero e legítimo señor como su legítimo marido
".

Tremendo varapalo para el Habsburgo que aspiraba a gobernar en solitario. Preso de ira, ordena que el Alcázar de Segovia les sea arrebatado a los Marqueses de Moya, fieles a su esposa, mientras sigue colmando de prebendas a sus partidarios. A don Juan Manuel III Señor de Belmonte de Campos le hace entrega de los Castillos de Burgos, Jaén, Plasencia y Atienza.

No desespera el borgoñés en su deseo de incapacitación y vuelve a emplazar a los procuradores, pero estando el presente.

La primera pregunta a Juana es el porque no viste a la española -la reina suele vestir en ocasiones a la forma musulmana-. Su esposa le responde

"Si no tiene el reino otros problemas que su manera de vestir..."

Lo que levanta alguna carcajada entre los asistentes.

El Habsburgo insiste e intenta convencer a los presentes de la necesidad de cambiar a la reina sus damas de compañía. La reina, perspicaz e ingeniosamente replica

"No entiendo que interés tiene para unos hombres,
las damas con las que conviva una mujer..."

El regocijo ya es general y los procuradores se niegan a seguir, no hallando motivos ni razones, no ya para encerrarla, sino incluso para desproveerla de la corona. Juana, según cuentan, fue reconociendo uno por uno a sus entrevistadores y manteniendo una muy lúcida e inteligente conversación.

Felipe el Hermoso.
En el momento de la coronación la reina se halla nuevamente encinta de cinco meses.
Escudo de armas del apellido Velasco.

La Corte se traslada a Burgos. El país se halla sumido en una hambruna como consencuencia de una pertinaz sequía que ha facilitado algún brote de peste.

Son agasajados por el VII Condestable de Castilla Bernardino Fernández de Velasco, quien los aloja en la Casa del Cordón. Apenas unos días después, Felipe es retado a un partido de pelota donde demuestra buenas maneras frente a un fornido mozo. Apenas terminado el encuentro y aún sudoroso, dá buena cuenta de una jarra de agua helada.

Felipe I enferma. A pesar de los intensivos cuidados de médicos flamencos y españoles termina falleciendo el 25 de noviembre, tras cuatro días de penosa enfermedad.

Juana recibe la noticia del fatal desenlace sin derramar una sola lágrima. No hay escenas ni llantos. Simplemente su rostro adquiere un rictus de severidad que la acompañará durante el resto de su vida.

El cadáver de Felipe es enviscerado y embalsamado.

Su corazón es extraído y mandado a Flandes en una urna de oro, como era su deseo.

Mientras llega el momento de ser trasladado a la Capilla Real de Granada, su cuerpo es enterrado provisionalmente en la cripta de la Cartuja de Miraflores en Burgos.

Su estado mental se deteriora.

Todos los días después de almorzar se acerca al féretro y pide a los monjes que se lo abran a fin de acariciar el cadáver y comprobar que sigue aún dentro. La sola idea de que puedan llevarse el féretro sin su consentimiento a Flandes la aterra. Si alguien hace el menor ruído se lleva los dedos a los labios mientras susurra:

"Psss...el rey está durmiendo y nadie debe molestarle"

Se dice que manda a sus sirvientes soltar arañas por la cripta a fin de que las telarañas le indiquen si alguien ha osado bajar sin su presencia. Y que impide que el suelo sea barrido y fregado a fin de que las huellas de las pisadas delaten a cualquier posible intruso.

La Demencia de doña Juana, por Lorenzo Vallés. Casón del Buen Retiro. Madrid.
Juana la Loca trasladando el féretro de Felipe el Hermoso, por Pradilla.

El 20 de diciembre se hace acompañar de algunos nobles a la cripta. Tras hacerles reconocer la momia de don Felipe y rendirle pleitesía, les hace saber que todo está dispuesto para iniciar el viaje a Granada.

Y todo ello a pesar del espantoso frío que hace en Castilla en este tiempo y de que la reina se encuentra en su último mes de embarazo.

La comitiva se pone en marcha.

Los cronistas dicen que el féretro va en un carro tirado por cuatro caballos. Los conductores van encapuchados. El cortejo fúnebre va acompañado de clérigos, multitud de soldados, nobles y villanos que se unen a la comitiva según pasa. El rostro de Juana cubierto siempre por un velo.

Ciertamente un espectáculo sobrecogedor el viajar siempre de noche y a la luz de las antorchas porque según la reina:

"una mujer honesta debe de huir de la luz de día,
cuando ha perdido a su marido que era su sol"

La reina ha dado la orden de no pasar por ninguna ciudad importante para no recibir ningún tipo de festejo o agasajo. La comitiva se mueve por villas y pueblos pequeños y se evitan los lugares donde las mujeres puedan tener contacto con el féretro, incluídos los conventos de monjas.

1507. El cortejo debe hacer un alto a su paso por la localidad palentina de Torquemada, porque la reina ya no puede seguir.

El 14 de enero nace Catalina, la hija póstuma de Felipe el Hermoso.

En Torquemada esperan durante cuatro meses, hasta que se trasladan hasta la cercana localidad de Hornillos de Cerrato, se supone que por un incipiente brote de peste.

Detalle del cuadro anterior que muestra a Juana la Loca.
Restos del castillo de Hornillos de Cerrato (2005).

En Hornillos pasa una noche completamente a la intemperie, por no querer alojarse en el Convento de la localidad.

Resulta incluso cómico imaginarse a toda una pléyade de nobles siguiendo por obligación a la Reina de Castilla en su deambular y no tener donde pasar la noche, ellos que son poseedores de magníficos y suntuosos palacios y castillos.

En esta localidad la comitiva espera algunos meses.

Manda abrir el féretro para comprobar que Felipe, efectivamente, sigue dentro. La llave colgando siempre de su cuello, atada a una cinta negra.

En agosto se encuentra en Tórtoles con su padre, que ha sido requerido por el Cardenal Cisneros para actuar de regente, viendo la incapacidad de Juana.

Su hija le confirma que no siente el más mínimo ánimo por gobernar, pidiéndole se haga cargo de los asuntos castellanos. Fernando la pide que desista de este viaje sin razón.

1508. Mientras su padre se ocupa del gobierno, Juana apenas come y no se lava. Se ha vestido de riguroso negro, mandando forrar las paredes de sus aposentos del mismo color (2).

1509. Fernando toma la decisión de recluir a su hija en un Palacio en Tordesillas. Va acompañada por su pequeña hija Catalina y por algunas sirvientas.

Coloca a un hombre de su confianza, el aragonés Luis Ferrer, con la consigna de evitar las visitas, en la medida de lo posible. Nada de lo que ocurra dentro de estos muros es conveniente que trascienda.

El féretro de Felipe es colocado en el Convento de Santa Clara, de tal forma que la reina pueda observarlo desde una ventana. La reina se ha hecho acompañar de cinco retratos de sus seres queridos. A saber, uno de Isabel la Católica, otro de su hermana mayor Isabel, dos de su hermana menor Catalina y uno de ella misma. Asímismo, ha traído infinidad de joyas en varios baules. Todo ello perfectamente inventariado.

Doña Juana. Estatua ubicada en la localidad de Tordesillas.

Sepulcro de Fernando el Católico, por Domenico Fancelli.

Enrique VII de Inglaterra redacta una petición formal de matrimonio para con doña Juana. Su padre no sale de su estupor. El intento del ya anciano rey inglés se queda en eso, pues Juana se niega a recibir al embajador que porta la petición de mano.

Los años van pasando lentamente y doña Juana sigue recluída en el Palacio.

1516. El 23 de enero muere Fernando el Católico en Madrigalejo, cuando se dirige al Monasterio de Guadalupe. En su testamento evita que los tronos de Aragón y Castilla recaigan en su hija Juana, dejando Regentes en cada uno de los reinos, hasta que el príncipe Carlos alcance la edad de veinte años.

Ha dejado expresamente ordenado que su hija debe ignorar su fallecimiento durante tanto tiempo como se pueda.

La situación en la que vive Juana en Tordesillas es de total abandono, tanto que nadie cree que viva mucho más tiempo (3).

El Cardenal Cisneros, Regente de Castilla, destituye a Mosén Ferrer, por el trato dispensado a Juana en sus ocho años. Incluso algunos de sus ayudantes son azotados en público.

El citado admite:

"haber usado de violencia en alguna ocasión para preservarle la vida,
pues se negaba a tomar alimento".

El doctor Soto se hace cargo de los cuidados médicos de la reina. Juan de Ávila ejerce como su confesor. El nuevo gobernador es Hernán Duque de Estrada.

Con el cambio la reina mejora, ya se asea y viste con normalidad. Come bien. se le permite recibir visitas y asistir diariamente a misa en Santa Clara, aunque acompañada de Hernán Duque.

El Cardenal Cisneros.
Carlos I adolescente, por Bernaerd Van Orley. Museo del Louvre.

A pesar de haber oído rumores sobre el fallecimiento de su padre nadie le confirma oficialmente su deceso. Finalmente, al enterarse, pregunta quien es el Regente. Al saber que es el Cardenal Cisneros muestra su aprobación por la elección.

Su hijo Carlos, incumpliendo el testamento de Fernando el Católico, se autoproclama Rey desde Flandes, a pesar de que sólo tiene 16 años.

1517. El 8 de septiembre Carlos parte para España, justo el mismo día que fallece el Cardenal Cisneros. Nada más pisar tierra tiene la intención de visitar a su madre en Tordesillas. Hernán Duque anuncia a Juana la inminente llegada de su hijo con estas palabras:

"Señora, nuestro rey y señor Carlos, hijo de Vuestra Alteza, ha venido a España"

Siendo inmediatamente corregido por ella con estas otras:

"Sólo yo soy la reina, mi hijo Carlos no es sino infante".

Hernán Duque ordena que en la habitación de Catalina se abra un hueco para que la pequeña pueda, al menos, ver las estrellas del cielo.

El 4 de noviembre recibe la visita de sus hijos Carlos y Leonor. Al marcharse, sin que la reina lo sepa, se llevan a su hermana Catalina, estimando que no es bueno ese ambiente para alguien de tan corta edad.

Juana tarda algunos días en percatarse de la ausencia de su pequeña. Al tener conocimiento entra en una de sus fases de encerramiento en sí misma. Se pasa noches y días de pie mirando por la ventana, negándose a tomar alimento y acostarse en tanto no regrese Catalina. Su salud empeora de tal manera, que, informado Carlos, permite la vuelta de su hermana durante un tiempo, pero con instrucciones precisas de relacionarse más con la gente.

1518. El 9 de febrero su hijo Carlos es jurado como Rey de Castilla en Valladolid. A pesar de eso, su prudencia política le aconseja aparecer siempre detrás de su madre:

"Doña Juana e Don Carlos, su hijo, reina y rey de Castilla, de León, de Aragón..."

La soledad de la reina Juana en Tordesillas. Detalle de un retrato.

Juana recibe un tremendo varapalo en este año. Hernán Duque es sustituído por Bernardo Sandoval y Rojas II Marqués de Denia, persona de confianza del Rey, quien, lamentablemente, heredará los métodos de Mosén Ferrer, parece ser que con conocimiento del mismísimo Carlos I.

A la reina se le vuelve a impedir salir de Palacio y recibir libremente visitas. Ni siquiera ir a rezar a Santa Clara ni a ver el féretro de su esposo como antes.

Padilla. Detalle del famoso cuadro de la decapitación de los comuneros de Antonio Gisbert.

1519. Carlos I se proclama Emperador. Con la dignidad imperial cambia también el enunciado de su titulación:

"Don Carlos, por la divina clemencia Emperador siempre augusto,
rey de Alemania, doña Juana, su madre y el mismo don Carlos,
por la misma gracia reyes de Castilla, de León, de Aragón...

1520. Se produce la revuelta comunera en Castilla. Tras la quema de Medina del Campo por elementos realistas toda Castilla es un clamor comunero. Vecinos de Tordesillas asaltan el Palacio donde se halla encerrada, deponen al Marqués de Denia y se entrevistan con doña Juana.

El 29 de agosto los principales jefes comuneros se hallan en Tordesillas para entrevistarse con la reina. Juan de Padilla le ofrece la devolución del trono y le pide que se ponga al frente de la revuelta. La hija de los RRCC le responde:

"Sí, sí, estad aquí a mi servicio y avisadme de todo y castigad a los malos"

El entusiasmo comunero tras esta entrevista es tan enorme que se decide que Tordesillas sea la sede de la Santa Junta.

La reina parece otra. Se le permite salir, pasear, conversar y recibir libremente a quien le parece. Incluso sus atinados comentarios y discursos son objeto de elogio. El Cardenal Adriano de Utrech escribe con preocupación a Carlos I:

"Doña Juana parece otra"

Y ante la perspectiva de que la reina pueda estampar su firma y ponerse al frente de la revolución comunera le sentencia:

"Si firmase su alteza, que sin duda alguna todo el Reino se perderá..."

Pero Juana no firma. Por más que se le insiste, se le ruega, se le suplica que con su firma dé legitimidad a su causa y se ponga al frente de ella, la Reina de Castilla no firma documento alguno.

Grabado que representa a Adriano VI.
Carlos I. Cuadro anónimo. Museo de Versalles.

El 3 de diciembre se produce la traición del noble Pedro Girón a la Santa Junta y como consecuencia Tordesillas se pierde para la causa comunera. Dos días después, el ejército realista entra en la ciudad. El II Marqués de Denia es restablecido en sus funciones y Juana vuelve a ser una reina prisionera.

Catalina, que desde primeros de año tiene asignado un paje en la persona de Francisco de Borja, escribe a su hermano Carlos para quejarse de que a su madre no la dejan ni siquiera pasear por el corredor de Palacio y

"...la encierran en su cámara que no tiene luz alguna..."

Hoy día se sabe que Carlos I estaba perfectamente informado de todo cuanto acontecía a su madre. Hay abundante correspondencia mantenida con el II Marqués de Denia donde éste asegura que la reina se queja constamente de estar "como presa", solicitando permiso para entrevistarse con sus nobles

"porque se quiere quejar de como la tienen..."

Y finalmente se jacta ante el Emperador de tenerlo todo controlado y de saber dar continuamente largas a este tipo de peticiones.

La ignominia de este personaje es tal que constantemente ningunea a la reina y a su propia hija Catalina, confiscándoles las joyas, vestidos y regalos que les son enviados y repartiéndolos entre su propia familia, especialmente sus hijas.

1521. Con la derrota comunera en Villalar se esfuman sus posibilidades de poder salir algún día de Tordesillas. Su estado físico y mental se deteriora.

1524. Carlos I se establece durante un mes en Tordesillas. El objeto no es otro que el de preparar la próxima boda de su hermana Catalina, con Juan III de Portugal.

Sin embargo, antes de marcharse, ordena el expolio de las joyas que su madre tiene en Tordesillas. Como vulgares y alevosos ladrones, y con nocturnidad, amparados en la oscuridad de la noche, las descuelgan desde una ventana. El objeto es pagar parte de la dote de la boda de Catalina. Incluso llenan los arcones con ladrillos pensando que su madre no notará la falta de sus objetos más valiosos.

Escudo de armas del Marqués de Denia, tomado de: http://www.grandesp.org.uk/index.html
Su hija Catalina, en un retrato de 1552 pintado por Antonio Moro. Museo del Prado.

Pero la reina se dá cuenta. Hace llamar a su secretario para informarle del robo y que tome las medidas oportunas. El secretario no sabe que decir pues sabe perfectamente quien ha mandado a los ladrones.

1525. El 2 de enero Catalina parte para Portugal. Tiene 18 años, los cuales los ha pasado junto a su madre entre los muros de este Palacio-prisión. Juana mira desde una ventana hasta que la comitiva desaparece de su vista. Y así continuará durante mucho tiempo, con la mirada perdida en algún punto inconcreto.

Ni siquiera cuando la peste llama varias veces a las puertas de Tordesillas, el Emperador dará la orden de evacuar a su madre. A pesar de que, en alguna ocasión incluso algún sirviente murió a causa de la enfermedad.

Juana alterna períodos de lucidez con otros de furia demencial, durante los cuales golpea al personal de servicio o les arroja objetos. Cuando alguno de los sirvientes es herido de consideración, se le remunera espléndidamente para que mantenga la boca cerrada. Otros no soportan la situación y simplemente se marchan.

Apenas tiene visitas.

1533. Se le conoce una única salida de Tordesillas. Es a campo a través, alejada de cualquier población donde puedan verla e inmediatamente se le ordena regresar.

1536. Carlos I e Isabel de Portugal pasan las navidades en Tordesillas.

Pasan los años. Pasan los sirvientes.

1551. Doña Juana sufre una parálisis parcial en una pierna. Lo que al principio es un simple renqueo termina postrándola en la cama. Ya no se lava ni permite que lo hagan.

Su cuerpo se cubre de llagas purulentas como consecuencia de su falta de aseo. Para cambiarla de ropas y lavarla se recurre nuevamente a la fuerza.

Isabel de Portugal, por Tiziano.
Felipe II por Antonio Moro (hacia 1554).

1552. A alguien se le ocurre que la reina pueda estar endemoniada. El príncipe Felipe manda al jesuita Francisco de Borja (aquel que fuera paje de la infanta Catalina), para ver que hay de cierto al respecto.

Tras entrevistarse con ella el diagnóstico del religioso no puede ser más rotundo: de endemoniada nada. Simplemente una mujer que ha necesitado otro tipo de atenciones en lugar de prisiones. En cualquier caso la confiesa.

1554. Dos años más tarde se repite la visita. Juana se muestra más habladora. La reina le confiesa que las sirvientas no le permiten realizar sus oraciones habituales porque

"...son unas brujas empedernidas..."

Francisco de Borja vuelve a confesarla y, previsoramente, le administra la extremaunción. El personal de servicio no sale de su asombro: las palabras y los actos de la reina son absolutamente coherentes. El jesuita les explica que ha encontrado:

" muy diferente sentido en las cosas de Dios del que hasta allí se había conocido en su Alteza "

A partir de este momento sufre de fiebres altas y constantes vómitos. No se la puede mover pues sus llagas le cubren casi todo el cuerpo.

1555. En sus últimos momentos, haciendo un esfuerzo supremo, de sus labios brotan claramente sus últimas palabras conocidas:

"Jesucristo crucificado, ayúdame..."

Juana I de Castilla muere el 12 de abril, en la madrugada del Viernes Santo, en la ciudad de Tordesillas, a los 76 años de edad.

Nadie de la realeza estaba a su lado. No hubo un hermano, un hijo, un nieto, un sobrino. Ni siquiera un noble.

Veintisiete días después de muerta, el Emperador recibe la noticia en Bruselas. Las honras se aplazan hasta la vuelta del príncipe Felipe de Inglaterra, pues quiere estar presente.

Sus restos son primeramente enterrados en el Convento de Santa Clara.

1574. Sus restos son trasladados hasta la Capilla Real de Granada, descansando eternamente al lado de su querido Felipe, como era su deseo, y muy cerca de los de sus padres. Bajo un espléndido mausoleo, obra de Bartolomé Ordóñez.

Escultura yacente de Juana, por Bartolomé Ordoñez.

El Palacio en el que vivió durante casi cinco décadas, se arruinó al igual que su vida en 1509, desapareciendo con el tiempo, pues nadie parecía querer estar interesado en restaurarlo.

 

(1). Lamentablemente este diario está perdido. Se dice que habría sido mandado hacer desaparecer por la propia Isabel la Católica, preveyendo las nada loables intenciones de su yerno.

(2). El color tradicional del luto siempre había sido el blanco, hasta que la reina Isabel lo hizo cambiar por el negro actual.

(3). Como han escrito los historiadores Nicomedes Sanz y Ruiz de la Peña ( Doña Juana I en Tordesillas , Valladolid, 1984) y Manuel Fernández Álvarez ( Juana la Loca , Palencia, 1994).

(4). Lo primero que hace Felipe es despedir a las damas de compañía y ayas de doña Juana, sustituyéndolas por otras de origen flamenco. Igual hace con los consejeros castellanos.

(5). La reacción de Juana deja atónitos a los miembros de la tripulación. Mientras su esposo jura y promete a algunas vírgenes su peso en oro si sale con bien de esta, la castellana se conduce normalmente y desayunará despues con tranquilidad.

(6). Pedro López de Padilla era capitán de las milicias toledanas y padre de Juan de Padilla, quien, siendo todavía un muchacho también estuvo presente en este encuentro.

(7). Según otras versiones Pedro López de Padilla salió cabizbajo tras este encuentro y sollozando, reconociendo implícitamente la incapacidad de su soberana -lo cual le salvó la vida-, porque parece ser que la guardia dispuesta por Felipe el Hermoso tenía órdenes de tirarle por la ventana si hubiera dispuesto lo contrario.

 
Castillos de España
 
© castillosdejirm.com
Última actualización 19/07/2011