Don Pelayo
Don Pelayo

No se sabe exactamente la fecha exacta de su nacimiento.

Es hijo del Duque Favila (1) y nieto del rey Recesvinto, al que habría servido como spatarius (7).

Estando la Corte en Tuy, su padre resulta muerto a manos del propio rey Witiza, debido a las intrigas palaciegas de la corte visigoda, o a la "excesiva cortesía" que Favila mostrara hacia la propia mujer de Witiza. (2).

Tras su muerte, el cadáver de su progenitor es clavado en la orilla del río Órbigo, cerca de León.

El joven Pelayo y su familia, se ven obligados a huir de Toledo, refugiándose en Tuy bajo la protección del noble Gundemaro. Aquí conoce a Gaudiosa Ferrández, hija de Trasamundo, Conde de Galicia, con la que terminará casando.

Así pues, crece entre las agrestes y salvajes montañas. Con frecuencia suele bajar al valle de Cangas y visita a sus familiares en tierras cántabras.

Favila, padre de don Pelayo.
Guerrero visigodo

Dicen los cronistas que es forzado y trabajador, inquieto y animoso pero cuerdo y avisado. En sus principios es justo y moderado, dotado de un profundo sentido religioso.

Físicamente nos lo describen como hermoso, de cara larga, ojos grandes, cabellos y manos larga, con barba castaña. Tiene un dedo meñique que apenas puede mover, por causa de un accidente en sus años juveniles.

Sabedor que Witiza ha dado orden de capturarle, decide marchar en peregrinación a Jerusalén en compañía de un noble llamado Zeballos (3).

710. Con la muerte de Witiza vuelve a la Península. Los nobles godos no están de acuerdo con la última voluntad de Witiza de dejar el trono a su hijo Agila, quien cuenta con diez años de edad, obviando el derecho electivo ó de los nobles a elegir a su rey por aclamación.

En Toledo se celebra una asamblea, donde es elegido por la facción de descontentos el nuevo rey don Rodrigo, mientras Agila y sus partidarios, en clara minoría, se refugian en la Tarraconense visigoda. Ferviente partidario del nuevo rey, obtiene de éste el cargo de Conde de Espatarios en la guardia real.

711. El nuevo rey acude a someter una rebelión de vascones, en el Norte, circunstancia que es aprovechada por el conde Julián, Gobernador de Ceuta, para abrir las puertas del sur de Hispania a las hordas musulmanas (4).

Rápidamente se levanta el sitio y se van sumando nobles godos en el camino con sus respectivas tropas, pues las noticias hablan de una gran cantidad de gente desembarcada en Tarifa (5). Entre los nobles que se les unen figuran familiares del difunto Witiza, como el obispo Oppas y el Conde Sisiberto.

El 19 de julio ambos potentes ejércitos se encuentran frente a frente en las orillas del río Guadalete, donde se halla presente Pelayo en calidad de espatario. Por parte musulmana unos 20.000 hombres. Los godos les superan en número: aproximadamente 40.000.

Batalla del Rio Guadalete. Con un calor sofocante en época estival las hostilidades comienzan. El entrechocar de espadas, gritos de los heridos y alaridos aterradores se suceden durante cuatro días.

Don Rodrigo según un grabado del siglo XVII.
Batalla del río Guadalete, por Salvador Martínez Cubells. Academia de San Fernando. Madrid.

Al cuarto día de batalla los visigodos están agotados.

Sus pesadas corazas y armaduras (así como en sus caballos), les tienen exhaustos, mientras que los muslimes, con sus ligeras corazas de cuero, les ganan en maniobrabilidad y sus monturas en ligereza. Los musulmanes se aprestan a cruzar el río y pasar a la otra orilla.

Pero los godos se defienden con fiereza y no permiten que se aposenten definitivamente en su parte del río.

Al séptimo día de batalla tiene lugar el episodio definitivo. En el límite de sus fuerzas, don Rodrigo junto con sus fieles, se adentran en el corazón del ejército ismaelita y el resultado de la batalla parece decantarse del lado cristiano.

Pero en ese momento las tropas del obispo Oppas y de Sisiberto, que debían guarecer las alas para prevenir los ataques por los flancos abandonan sus posiciones y desertan. Don Rodrigo, los ojos arrasados por las lágrimas cuenta el romancero popular que exclama:

“Él triste, de ver aquesto, gran mancilla en sí tenía:
Llorando de los sus ojos de esta manera decía:
¡Oh, Muerte! ¿Por qué no vienes y llevas esta alma mía
de aqueste cuerpo mezquino, pues se te agradecería?

Dicen algunos soldados que le vieron caer de su montura en el río Guadalete, mortalmente herido, para sumergirse en las profundidades y nunca volverse a saber de él.

Tras la desbandada del derrotado ejército visigodo, el resto de la conquista es un paseo militar para los musulmanes. La mismísima Toledo capitula sin apenas oposición.

Con la derrota, la mayor parte de la nobleza visigoda se somete a los invasores, a cambio de conservar sus propiedades y status. Incluso la propia viuda de don Rodrigo, Egilona, termina contrayendo matrimonio con uno de los musulmanes conquistadores.

Pelayo, con los restos del ejército visigodo, pasa por Toledo.

Don Rodrigo en el momento de caer mortalmente herido por Tariq. Grabado anónimo del siglo XIX. Biblioteca Nacional. Madrid.

Estatua de Don Pelayo en la Plaza de Oriente. Madrid.

Cuenta la tradición que el arzobispo toledano Urbano, les pide a los supervivientes que se lleven las santas reliquías que la ciudad conserva y que no deben caer bajo ningún pretexto en poder de los árabes.

La comitiva de supervivientes consigue llegar a Asturias. Donde ponen los tesoros a buen recaudo en el interior de la cueva, llamada hoy Monsacro, en Morcín, a unos 10 km. de Oviedo.

Los árabes se dirigen hacia el Norte.

Entran en Asturias por el Puerto de Tarna. Remontan el río Nalón y toman Lucus Asturum (Santa María de Lugo de Llanera) y seguidamente Gijón. El gobernador Munuza queda a cargo de la ciudad (9), en la que establece una fuerte guarnición. Las familias nobles asturianas capitulan y probablemente también la familia de Pelayo.

714. Siguiendo instrucciones precisas de Damasco, los jefes árabes pretenden emparentar con las nobles godas a fin de evitar posibles rebeliones futuras. El gobernador Munuza ha puesto los ojos en la hermana de Pelayo, Ormesinda.

Es un hecho bastante frecuente en estos tiempos los matrimonios entre musulmanes y algún miembro importante de la nobleza del lugar conquistado. El deseo del gobernador musulmán es, además, el de entroncar con los descendientes de la última autoridad legítima del Duque Favila.

Pero Pelayo no ve con buenos ojos este enlace. El gobernador Munuza decide entonces enviarle a Córdoba en calidad de rehén junto con otros familiares de ricas familias asturianas.

717. Consigue escapar de Al-Hurr (hijo de Muza) y dirigirse al Norte. Viendo que Munuza tiene órdenes de Córdoba de prenderle en cuanto le vea, decide dirigirse hacia las montañas asturianas, donde es bien recibido por las tribus astures que en ellas habitan.

Los astures son una tribu de feroces guerreros conocidos por sus constante rebeldía a cualquiera de los pueblos que siempre trataron de dominarlos.

718. Se celebra una Asamblea (se supone que tal vez en Cangas de Onís o en la misma Covadonga). Asisten los sabios y ancianos astures. Pelayo les echa en cara a todos la falta de valentía para defender sus tierras y sus familias contra el invasor, de la misma forma que hicieron contra los visigodos, el haber perdido el espíritu de rebeldía y pagar con sus dineros y mujeres a aquellos que son adoradores de un falso Dios.

Guerrero astur.
Grabado que representa a don Pelayo.

En palabras de Claudio Sánchez Albornoz:

“Entre aquellos bravos montañeses mal romanizados y peor sometidos por los godos,
tuvo eco el llamamiento del rebelde; se alzaron en armas y se unieron a Pelayo.
Los convocó éste a una asamblea general; en ella le reconocieron como caudillo,
Y el antiguo espatario de Rodrigo, por azares de fortuna,
Quedó así convertido en jefe de un levantamiento popular”.

Y seguidamente es alzado sobre un escudo o pavés, al modo de los galos, reconociéndole como su soberano y rey, princeps o líder de los astures (6), en un lugar conocido como El Campo de la Jura.

Seguidamente es alzada su mujer Gaudiosa.

De este matrimonio han nacido ya dos hijos:

  • Favila, que reinará apenas dos años
  • Ermesinda, que casará con Alfonso, hijo del Duque de Cantabria y llegará a reinar como Alfonso I el Católico

Sus primeros movimientos y golpes de mano inquietan a un desconcertado Munuza que no consigue detener su cada vez más numeroso grupo de rebeldes. Informa a Córdoba, pero Musa Ben Nusayr se halla más pendiente de futuras operaciones de envergadura en La Galia como para hacer frente a

"un grupo de 30 asnos salvajes".

721. Los musulmanes reciben un severo correctivo con la derrota ante los francos en Toulouse. El propio Al-Samah ha muerto combatiendo y su sucesor, el yemení Ambasa, decide asegurar el norte peninsular hispano antes de posibles operaciones futuras.

Reunen un pequeño ejército al mando de Al Qama que penetra en Asturias por el mismo lugar que lo habían hecho los primeros árabes ocho años antes, destruyendo cuantas aldeas sospechosas de colaborar con el rebelde se encuentra y sembrando el caos por doquier.

722. Pelayo es informado de estos movimientos, decidiendo abandonar Cangas de Onís y retirarse a lugares más inaccesibles.

Estatua de don Pelayo, sita en Cangas de Onís. Cortesía de Iris Guijarro (2011).

Dice Isa Ibn Ahmand al-Raqi que en tiempos de Anbasa Ibn Suhaim al-Qalbi, se levantó en tierras de Galicia un asno salvaje llamado Belay [Pelayo]. Desde entonces empezaron los cristianos en al-Ándalus a defender contra los musulmanes las tierras que aún quedaban en su poder, lo que no habían esperado lograr. Los islamistas, luchando contra los politeístas y forzándoles a emigrar, se habían apoderado de sus país hasta que llegara Ariyula, de la tierra de los francos, y habían conquistado Pamplona en Galicia y no había quedado sino la roca donde se refugia el señor (muluk) llamado Belay con trescientos hombres. Los soldados no cesaron de atacarle hasta que sus soldados murieron de hambre y no quedaron en su compañía sino treinta hombres y diez mujeres. Y no tenían que comer sino la miel que tomaban de la dejada por la abejas en las hendiduras de la roca. La situación de los musulmanes llegó a ser penosa, y al cabo los despreciaron diciendo «Treinta asnos salvajes, ¿qué daño pueden hacernos?».

Crónica de Al-Maqqari

El obispo Oppas. Detalle de un lienzo de José de Madrazo.

Pelayo y los astures terminan refugiándose en un angosto valle, rodeado de colinas, estrecho para impedir cualquier maniobra y cubierto de frondosa vegetación. Al fondo se vislumbra una colina que en la Crónica de Alfonso III se denomina Auseva, hoy llamada Covadonga.

Y a sus espaldas se alzan los tremendos Picos de Europa, para que, en caso de derrota poder huir, sabiendo que los musulmanes no se adentrarían en tan arriesgado paisaje.

Sus hombres son estratégicamente dispuestos y quedan esperando a los árabes. No tardará mucho en llegar Al Qama al frente de sus huestes. Viene acompañado por el Obispo Oppas. El Cronicón del Obispo Sebastián, pone en labios de Oppas, las siguientes palabras:

"Hermano: estoy seguro que trabajas inútilmente.
¿Qué resistencia has de oponer en esta cueva,
cuando toda España y sus ejércitos unidos bajo el poder de los godos,
no pudieron resistir el ímpetu de los ismaelitas?.
Escucha un consejo: retírate a gozar de los muchos bienes,
que fueron tuyos, en paz con los árabes como hacen los demás.
"

A lo que Pelayo contesta:

"No quiero amistad con los sarracenos, ni sujetarme a su imperio.
Tú y otros como tú, entregasteis a esas gentes el reino de los godos;
Nosotros despreciamos a esta multitud de paganos, en cuyo nombre vienes,
y confiamos que de este monte que ves saldrá la salud a España
".

Don Oppas, viendo lo inútil de su empeño, vuelve con los árabes diciéndoles:

"Marchad hacia la cueva y luchad, que si no es por medio de la espada,
nada podremos conseguir de él."

Andaban preocupados los astures porque no tenían enseña alguna que llevar a la batalla, cuando apareciendóseles un ermitaño que esgrime una cruz de roble les dice:

"Esta es la cruz de la victoria"

Estatua de Don Pelayo en Covadonga.

Los cristianos, cuyo número se calcula entre 300 ó 400 hombres se distribuyen por lugares estratégicos, mientras 100 de ellos se parapetan en la cueva.

Los musulmanes suben confiados. No han encontrado rival de cuidado desde que desembarcaron en la tierra de los godos y los poblados de esta zona han sido quemados sin resistencia. Su número puede rondar los 2.000 hombres.

Batalla de Covadonga. Los muslimes disparan sus flechas que rebotan en las rocas sin causar daños a los guarecidos. Sus catapultas disparan piedras que, terminan cayendo rodando y haciendo grande estrago entre sus propias tropas.

Por contra, las flechas y hondas astures hacen auténticos estragos entre los asaltantes. Los que se reagrupan son literalmente arrollados por tremendas piedras y troncos de árboles que causan gran mortandad entre los islamitas.

Los supervivientes, sin tiempo a recuperarse reciben la carga de los astures que bajan desde sus escondites apretando los dientes, blandiendo sus espadas y gritando como demonios.

No hay cuartel. El que cae al suelo es rematado sin piedad. El propio Al Qama perece en la batalla y don Oppas es hecho prisionero.

La desbandada de los muslimes es total. Un destacamento huye por las Vegas de Buferrera y Enol. Cruzan el Puerto de Ostón y el Cares. Ascienden hasta Amuesa, Bulnes los Puertos de Aliva y el Valle de Liébana. Siguiendo el curso del río Deva llegan hasta Goscaya, donde un gran desprendimiento de tierras causa gran mortandad entre los fugados. No falta quien achaca el suceso a intervención divina.

Munuza recibe la noticia en su Cuartel General de Gijón con incredulidad y miedo. Inmediatamente se dá cuenta, que si un ejército de algunos miles ha sido derrotado, sus escasas fuerzas pueden correr la misma suerte.

Se dá la orden de retirada hacia el Sur (8).

Intenta enlazar con la antigua calzada romana de La Mesa (la más directa). Pero los ecos de la derrota musulmana se han desperdigado con rapidez por los valles. Numerosos cristianos se han unido ya a las huestes de Pelayo y otros acechan deseosos de venganza.

Don Pelayo, representado por Madrazo.
Alfonso I.

En su precipitada retirada Munuza es hostigado continuamente hasta ser alcanzado en el Valle de Olalíes y masacrado junto con sus hombres.

Gijón (Gigia) es reconquistada para los cristianos, pero Pelayo establece la primera Corte de la España liberada en Cangas de Onís “MAXIMA SEDIUM MINIMA URBIUM”, en las estribaciones de los Picos de Europa.

De esta forma para poder refugiarse en la montaña en caso de un ataque numeroso por parte musulmana.

Ante la gran cantidad de cristianos enrolados tras sus últimas derrotas, los musulmanes desdeñan la posibilidad de intentar recuperar Gijón.

Numerosos cristianos llegan desde zonas límitrofes, sobre todo de Galicia y de Cantabria. De este último lugar acude don Alfonso, hijo del Duque de Cantabria don Pedro, quien acude con numeroso refuerzo de soldados para combatir al lado de los astures.

La trascendencia de la batalla es tal que no queda un sólo musulmán en la Asturias transmontana.

Aunque las cifras de 123.000 bajas que se han dado por parte islamita son francamente irreales.

No disfrutará nunca de paz el bravo guerrero, pues la pequeñez de sus dominios le obligan a estar siempre alerta, batallando aquí y allá, ampliando o perdiendo posesiones según los encuentros con los musulmanes le sean propicios o adversos.

Existe un monolito en Covadonga, donde se asegura que fue proclamado como rey Pelayo. En dicho obelisco pone:

EN ESTE CAMPO DEL RE-PELAO/
DESPUES DE LA VICTORIA DE COVADONGA/
ANUNCIADA POR LA APARICION DE LA SANTA CRUZ/
FUE PROCLAMADO REY DON PELAYO/
LOS SEÑORES YNFANTES DE ESPAÑA/
DUQUES DE MONTPENSIER/
EN SU VIAGE Á STURIAS Y VISITA Á COVADONGA/
EL DIA 15 DE JUNIO DE 1857/
MANDARON ERIGIR Á SUS EXPENSAS ESTE OBELISCO/
QUE SE INAUGURO…

Don Pelayo

Sepulcro de don Pelayo en Covadonga.

737. Muere Pelayo en Cangas de Onís donde tiene su Corte. Es enterrado en la Iglesia de Santa Eulalia de Abamia.

Alfonso X el Sabio hace trasladar sus restos a Covadonga donde actualmente reposan. En el sepulcro puede leerse la siguiente inscripción:

"Aquí yace el santo rey D. Pelayo, elleto el año de 716,
que en esta milagrosa Cueva comenzó la restauración de España.
Vencidos los moros, falleció el año 737
y le acompaña su mujer y hermana."

 

(1). Según Manuel de Cimadevilla, Pelayo es el fruto de los amores entre el duque Favila y Luz Vitular Fernández. Habría nacido en Toledo y la ilícita relación de sus progenitores no contaba con los parabiones del rey Witiza, conocido por su depravadez sexual, siempre rodeado de concubinas y quien deseaba a toda costa obtener los favores de Luz Vitular, a la sazón, sobrina suya.

(2). Citando nuevamente a Manuel de Cimadevilla, el duque Favila habría resultado muerto por un bastonazo dado por el propio Witiza, a consecuencia de los celos que le causan la relación entre el Duque y Luz Vitular.

(3). Padre Mariana, en su Historia de España.

(4). Se dice que el citado conde estaría dolido y lleno de rencor, tras conocer que su hija La Cava, habría sido seducida por su rey.

(5). Los desembarcos árabes en la Península eran cosa harto frecuente. Solían limitarse al pillaje y la rapiña, embarcando nuevamente antes de que llegaran tropas para reducirlos.

(6). Según Claudio Sánchez Albornoz, dicha elección se habría producido tras la Batalla de Covadonga y no antes.

- Por su parte, la profesora Margarita Torres asegura que tal elección se habría producido en una ermita cerca de la localidad de Cordiñanes, basándose en que, cada 8 de septiembre se celebra una romería, donde todos los vecinos acuden desde tiempos inmemoriales para recordar los acontecimientos que desembocaron en la Batalla de Covadonga.

(7). La Narejense y La Rotense le presentan como spatarius, tanto del rey Witiza como posteriormente de don Rodrigo.

  • La Crónica Albeldense nos lo presenta como un noble godo.
    • "ITEM ORDO GOTORUM OBETENSIUM REGUM"
    • Primun in Asturias Pelagius rg. in Canicas an
    • Iste, ut supra diximus, a Uittizanc rege de Toledo expulsus Asturias ingressus
  • Lucas de Tuy, en el siglo XIII, nos amplía información al respecto, asegurando que era nieto del rey Recesvinto. Teodofredo, padre de Rodrigo, era hermano de Favila, con lo cual Rodrigo y Pelayo eran primos.

(8). Dice la leyenda que el vencido ejército muslim consigue llegar hasta los alrededores de León, en los Llanos de Camposagrado, para volver a ser derrotado por los astures perseguidores.

 
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Última actualización 02/09/2012