El Duque de Alba
El Duque de Alba
Escudo de armas de la Casa de Alba.

1507. Nace el 29 de octubre en Piedrahita (Ávila).

Es hijo de García Alvárez de Toledo y de Beatriz Pimentel, y nieto de Fadrique Alvárez de Toledo, II Duque de Alba.

1511. Realmente el título de III Duque de Alba le habría correspondido originariamente a su padre, pero éste muere durante una campana en África.

Desde niño se siente fascinado por las artes militares y las campañas de cruzada que le cuenta habitualmente su abuelo.

1513. Con tan sólo seis años de edad su abuelo le lleva a presenciar personalmente la toma de Navarra.

Escudo de armas del apellido Pimentel.

Fernando Alvarez de Toledo, grabado de joven.

1523. Con diecisiete años de edad, y sin permiso familiar, se une a las tropas del Condestable de Castilla don Iñigo de Velasco, participando en la toma de Fuenterrabía, localidad ocupada por franceses y navarros. Tras la exitosa toma es nombrado como Gobernador de Fuenterrabía

1527. Nace su hijo natural Fernando de Toledo, fruto de un romance con una molinera de la cercana localidad de La Aldehuela.

Casa con su prima María Enríquez, hija del III Conde de Alba de Aliste don Diego Enríquez de Guzmán. Matrimonio del que nacerán cinco hijos:

  • García Alvárez de Toledo
  • Fadrique Alvárez de Toledo IV Duque de Alba
  • Antonio Alvárez de Toledo V Duque de Alba
  • Diego Alvárez de Toledo, Conde de Lerín, casará con Briande de Beaumont
  • Beatriz Alvárez de Toledo, casará con el Marqués de Astorga, don Álvaro Pirez de Osorio

1531. Fallece su abuelo Fadrique. Como consecuencia obtiene directamente el título ducal.

1532. Acude con los grandes de España a la llamada del emperador Carlos I para liberar Viena del asedio otomano. Se desplaza acompañado de su amigo Garcilaso de la Vega, sin embargo no llegan a entrar en combate, pues los turcos levantan el asedio al enterarse del impresionante ejército imperial que se les viene encima.

Fernando Álvarez de Toledo ha sido educado bajo unas rígidas normas castellanas de educación, servicio al rey y a España y desde pequeño ha sido instruído en el protocolo de La Corte. Estando ya al servicio del emperador, recibe de éste una curiosa misión: le hace ser el encargado de sustituir el austero y sencillo protocolo de la Corte castellana y adaptarlo por uno mucho más ceremonioso, a fin de que sus súbditos de los Países Bajos no confundan simplicidad con falta de respeto hacia Su Majestad.

Siempre gozará del fervor y el respeto de sus soldados, a quienes normalmente se dirige como nobles señores...

No olvida que un ejército respetado ha de estar inmerso en una férrea disciplina. Por eso, cualquier soldado bajo sus órdenes sabe que el robo a un campesino o la violación de una mujer se paga con la horca...eso sí, siempre estará pendiente de que sus soldados estén bien pagados y alimentados...

Carlos I en la batalla de Muhlberg, por Tiziano.

1534. Mulay Hasán de Túnez es depuesto por el pirata Barbarroja. Este, apoyado por Solimán el Magnífico, se ha convertido en una seria amenaza para los países que comercian libremente en la cuenca mediterránea.

1535. Carlos I tiene la firme intención de acabar con los piratas berberiscos que asolan el Mediterráneo. Para ello cuenta con la ayuda del Papado y la República de Génova. Se prepara una gran flota de más de 300 barcos, aportados mayoritariamente por España.

El 2 de marzo el Duque de Alba embarca en Barcelona al mando de los temidos Tercios Viejos compuestos por 30.000 hombres, y se une al resto de las tropas bajo las órdenes del Marqués del Vasto. A semejanza de lo que hizo su abuelo con él en Navarra, se hace acompañar de su pequeño hijo García, de cinco años de edad.

En Cagliari se unen al resto de la expedición naval que es mandada por el avezado marino genovés Andrea Doria.

El 16 de junio los Tercios saltan a tierra y establecen sin apenas oposición una cabeza de puente para poder montar el campamento base.

Se emplea casi un mes en montar la artillería que será usada contra la Fortaleza de la Goleta, recinto rectangular que defiende el paso del estrecho canal que une el puerto interior de Túnez en su salida al mar.

En este tiempo se sufren las faltas de agua, el hostigamiento enemigo y enfermedades como la disentería, que amenazan con dar al traste con la operación.

Carlos I decide adelantar las operaciones y desembarca para dirigir personalmente el ataque sobre la Fortaleza de la Goleta, donde se ha hecho fuerte el pirata Barbarroja.

El 14 de julio se desata la batalla. La artillería española bombardea desde tierra y mar las defensas de la fortaleza durante seis horas, hasta abatir la torre principal de la fortaleza.

El Emperador con sus nobles a la cabeza lideran el ataque de los Tercios Viejos, que avanzan a sangre y fuego, abriéndose camino por las brechas abiertas en las murallas.

El ataque es demoledor. Se rinden las 84 naves piratas de Barbarroja que se vé obligado a huir buscando refugio en la ciudad de Túnez.

Soldado de los Tercios Viejos.
Mulay Hasán, soberano de Túnez. Colección F. Vaschetti.

El 20 de julio, bajo un sol abrasador, Carlos I dá la orden de avanzar. La consigna es hacerse con los pozos de agua que suministran el vital elemento a la ciudad.

Carentes de agua y recibiendo las andanadas de artillería, Túnez no tarda en capitular. El pirata berberisco huye definitivamente, mientras miles de cautivos cristianos son felizmente liberados.

Mulay Hasán es repuesto en el trono y el Duque de Alba y otros nobles permanecerán en la ciudad durante algún tiempo para consolidar las conquistas realizadas.

1536. Carlos I entra triunfante en Sicilia y Nápoles.

El 5 de mayo es recibido en Roma de una forma tan apoteósica como cuando antiguamente eran recibidas las legiones romanas tras una gran victoria.

El pirata Barbarroja.
Pablo III por Tiziano. Museo de La Catedral de Toledo.

1538. Mediante la Tregua de Niza se consigue la tan ansiada paz con Francia.

Las fuerzas protestantes se unen en la llamada Liga de Esmalcalda. Se suceden los expolios a la iglesia católica y se expulsan obispos e incluso príncipes no simpatizantes con las ideas de Lutero.

1546. Carlos I decide pasar a la acción. Acaba de firmar con Francia la Paz de Crépy (1544), y los franceses son unos sólidos aliados ahora. Además, cuenta con la aquiescencia y las tropas del Papa Pablo III.

La coalición católica acantona tropas mientras las disputas entre los integrantes de la Liga facilita la operación.

1547. El 24 de abril el Duque de Alba comanda uno de los Tercios que se enfrentan a ellos en la Batalla de Muhlberg. Los arcabuceros españoles destrozan a la caballería e infantería enemiga y Fernando Álvarez de Toledo se cubre de gloria, junto al resto de los comandantes españoles.

1554. Se encuentra entre la flor y nata de la aristocracia española presente en la ceremonia matrimonial entre Felipe II y María Tudor, evento celebrado en Winchester el 25 de julio.

1555. Se aviva en conflicto italiano entre Francia y España. El Duque de Alba es mandado a Milán en calidad de gobernador.

El 25 de octubre en Bruselas Carlos I abdica en su hermano Fernando sus propiedades alemanas.

1556. Carlos I abdica en su hijo Felipe II los siguientes territorios: España y sus colonias, Italia y los Países Bajos.

Felipe II nombra al Duque de Alba como Virrey de Nápoles.

El nuevo Papa Pablo IV desea a toda costa echar a los españoles de tierras italianas. Para ello establece un tratado con Francia mediante el cual une las tropas papales a las francesas y declara al monarca español desposeído del título de Rey de Nápoles.

Fernando Álvarez de Toledo mueve sus 12.000 hombres en dirección a Roma. El Papa, sobresaltado por la magnitud del ejército que se aproxima, pide una tregua.

Fernando Alvárez de Toledo, por Antonio Moro.
Francisco de Guisa. Museo del Louvre.

1557. En realidad es una estrategia papal, pues un contingente francés al mando de Francisco de Guisa se dirige ya apresuradamente a Nápoles.

En agosto las tropas de Felipe II destrozan a las francesas en San Quintín, y Francisco de Guisa debe volver apresuradamente porque puede peligrar incluso París.

En septiembre las huestes del Duque de Alba derrotan al débil ejército papal, entrando victorioso en Roma.

1558. Se encuentra en Milán, donde es retratado por Tiziano.

1559. El 3 de abril se celebra la boda por poderes entre Felipe II e Isabel de Valois. El Duque de Alba ejerce de representante legal del monarca español. Durante la ceremonia se produce un altercado entre él y el príncipe don Carlos, por un malentendido en el protocolo del besamanos.

1560. Llegan a oídos de Felipe II noticias nada tranquilizadoras: nobles flamencos parecen dispuestos a acercarse a alemanes luteranos y establecer alianzas militares con ellos.

Felipe II, según un retrato anónimo presente en el Instituto Valencia de don Juan (MADRID).

1565. En junio acude como jefe de la delegación española a la entrevista que Isabel de Valois -esposa de Felipe II- mantiene con su madre, Catalina de Medici, en Bayona.

1566. Su hijo Fadrique ingresa preso por orden real en el Castillo de la Mota, tras haber dado promesa de matrimonio a Magdalena de Guzmán e incumplir la misma.

Se producen alborotos y desórdenes en los Países Bajos causados por calvinistas. El monarca español decide el envío de un potente ejército para la vuelta a la normalidad en Flandes.

El Duque de Alba acepta su designación real para tal misión, consciente de que no puede esperar otra cosa más que desprestigio y pérdida de fortuna. Por ello, antes de salir para su misión, le comenta al embajador francés

Isabel de Valois, pintada por Antonio Moro.

"En esta querella de Flandes, no se trata de ir contra la religión,
sino simplemente contra los rebeldes..."

Pero pocas semanas más tarde parece contradecirse. Al nuncio papal le dirá sobre el envío a la región de tanta gente de armas

"La necesidad de sofocar la rebelión no es más que una tapadera del objetivo real:
proteger la religión verdadera"

1567. Antes de partir tiene un enfrentamiento con el príncipe Carlos, por los deseos de éste de desear haber sido elegido para tal menester, a pesar de carecer de la más elemental formación militar o táctica para ello.

En abril parte de España con destino a Italia (1). Sus órdenes parecen ser bastante claras: mantener la unidad religiosa, cueste lo que cueste.

En Milán se pone al frente de un contingente de 10.000 hombres con el cual cruza Los Alpes y desciende por el Rin llegando finalmente a Bruselas por el conocido como Camino Español el 22 de agosto.

Grabado anónimo del Duque de Alba. Siglo XVIII.

En esta ciudad se le une su propio hijo Fadrique, que ha sido indultado a condición de prestar servicio en Flandes ayudando a su padre.

Ultimos honores a los Condes Egmont y Horn, por Louis Gallait.

Su pensamiento no puede ser más claro: servir a Dios y al Rey.

Nada más llegar sustituye a Margarita de Parma como responsable de la jurisdicción civil. Inmediatamente, se dá cuenta de que la nobleza local apoya abiertamente a la nueva herejía protestante.

Organiza el llamado Tribunal de los Tumultos, a fin de llevar a juicio a los responsables de los desórdenes acontecidos un año antes.

El 9 de septiembre numerosos nobles flamencos son detenidos, especialmente el Conde Egmont, que mandara la caballería flamenca en la batalla de San Quintín, siendo uno de los artífices de la victoria en la misma. El citado conde es engañado y apresado junto con el Conde Horn en un banquete organizado por su hijo Fadrique.

1568. El citado tribunal actúa con un rigor implacable y sentencia a morir ajusticiados a los dos nobles citados junto con un numeroso grupo de personas,

La sentencia se cumple el 5 de junio en la Plaza del Ayuntamiento de Bruselas. El pueblo flamenco conocerá a partir de entonces a este tribunal como El Tribunal de la Sangre.

Dicen las malas lenguas que el Duque de Alba gustaba de contemplar en persona las ejecuciones con el fin de satisfacer su pasíon por ver el tormento de sus víctimas. Nada más lejos de la realidad: el Gran Duque contemplaba in situ las mismas por la escasa o nula confianza que tenía en la justicia flamenca. Incluso algún testigo ocular pudo corroborar como gruesas gotas de lágrimas resbalaban por sus mejillas cuando era ajusticiado el Conde Egmont, amigo personal suyo y persona a la que realmente admiraba y respetaba (2).

En cualquier caso las ejecuciones no calman la rebeldía en Flandes, sino todo lo contrario. Y los soldados se ven obligados a permanecer allí más tiempo del que era menester, en principio.

Y como mantener soldados (muchos) cuesta dinero y las arcas reales están más bien vacías, se hace imprescindible la imposición de nuevos impuestos a las ciudades flamencas. Algunas, como Utrech, se niegan directamente al pago del diezmo, declarándose en rebeldía...otras seguirán su ejemplo, poco después... y el lento goteo de ejecutados continúa.

Fernando Alvarez de Toledo, pintado por Antonio Moro.
Guillermo de Orange, por Key. Museo Thyssen. Madrid.

La rebelión se extiende por todos los Países Bajos. Lo que en principio era considerado un problema religioso, ahora se transforma en un claro sentimiento nacional en contra del monarca español Felipe II.

1571. Su hijo Fadrique casa con su prima María de Toledo.

1572. Guillermo de Nassau Príncipe de Orange capitanea y alienta la rebelión desde el exterior, contando con la colaboración de Francia, siempre hostil a los intereses españoles.

Numerosas ciudades son tomadas por la fuerza de las armas: Malinas, Zutphen, Alkmaar, Naarden, Haarlem.

En octubre en Malinasse procede a masacrar sistemáticamente a una buena parte de la población y las guarniciones que las defendían, a pesar de las quejas de algunos oficiales españoles, estimando que la política de represión no puede llevar a nada bueno.

El Duque de Alba a la edad de 56 años, por Tiziano.

Luis de Requesens. Grabado antiguo.

Igual suerte corren las ciudades de Zutphen y Naarden.

En Haarlem se ejecuta a toda la guarnición, estimada en 2.000 hombres. Un oficial de alta graduación le habla al secretario real

"Del aborrecimiento que tienen al nombre de la Casa de Alba".

1573. Ante las numerosas quejas llegadas a La Corte, en contra de los métodos utilizados en Flandes, durante cinco años de represión y con más de 3.000 ejecuciones, Felipe II decide relevar al Duque de Alba y mandar en su lugar a Luis de Requesens.

Se opta por usar menos la fuerza y dar más concesiones a los rebeldes. El embajador francés en Álava escribe al monarca español señalándole

"A mi pobre juicio se avía de haber procurado otro camino"

El propio Virrey de Nápoles, Cardenal Granvela, pide al rey una política en Flandes más flexible.

1574. El propio Felipe II reconoce públicamente que

"No es posible llevar adelante lo de Flandes por la vía de la guerra"

Fernando Álvarez de Toledo regresa a La Corte enfermo, deprimido, acusado de crueldades y con la tremenda frustración de sentirse fracasado en su misión. A su llegada se encuentra con que los partidarios de la línea blanda (ebolista) se han impuesto de la mano del secretario del rey, Antonio Pérez y de la Princesa de Éboli.

Sus enemigos le atacan duramente. Cuando el rey se entera de la boda de su hijo Fadrique (sin su permiso) se inicia un procedimiento judicial contra ambos.

A pesar de todo, aún cuenta en las deliberaciones del Consejo Real, siendo uno de los partidarios de la mano dura para restablecer el orden en Flandes.

1575. El estado español se sume en una profunda bancarrota que afecta sobremanera a sus ejércitos en Flandes. Se producen deserciones en masa y amotinamientos. En Castilla se protesta por el aumento de los impuestos.

Antonio Pérez.
Don Sebastían, Rey de Portugal. Mº Descalzas Reales. Madrid.

1576. La ciudad de Amberes sufre las consecuencias de uno de esos amotinamientos. Soldados rebeldes incendian gran parte de la ciudad y masacran a varios miles de sus ciudadanos. Tales hechos serán denominados como la Furia Española.

1578. El rey Sebastián de Portugal resulta muerto en la Batalla de Alcazarquivir. El trono, al que aspira Felipe II, recae en el tío del anterior, Enrique I.

1579. Termina el proceso incoado contra el Gran Duque y su hijo Fadrique. A éste último se le condena a ser encerrado en el Castillo de la Mota, mientras a Fernando Álvarez se le destierra por un período de un año en Uceda

"Por romper el estricto protocolo de La Corte"

1580. En enero muere Enrique I de Portugal. Felipe II presenta su candidatura al trono en ausencio de descedientes del anterior, mientras los portugueses prefieren a don Antonio Prior de Crato.

Felipe II manda excarcelar al Duque de Alba y, sabedor de la enorme popularidad que aún tiene entre la tropa, le encomienda la misión de conquistar Portugal. El ya anciano noble de 72 años acepta las órdenes de su rey. Manda unas fuerzas estimadas en 40.000 hombres.

En junio marcha sobre tierras portuguesas cabalgando ocho horas diarias (a pesar de su avanzada edad). Mientras tanto, don Álvaro de Bazán dirige la fuerza naval paralelamente a las de tierra.

A pesar del sol abrasador que siempre les acompaña y de una epidemia de gripe que diezma sus tropas, el Duque de Alba se enfrenta al ejército portugués de Diego de Meneses, a quien derrota (tras la batalla le hace decapitar), entrando triunfante en Lisboa. En sólo 53 días se convierte en dueño de todo Portugal.

Poco después, envía a Felipe II el siguiente mensaje:

" Dios ha querido conceder la victoria a vuestras armas,
por lo cual le doy las gracias y felicito a Vuestra Majestad "

Y aprovecha para solicitarle a su rey su pronto regreso a casa, pero el monarca español le deniega la vuelta, otorgándole el prestigioso título de Condestable de Portugal.

1582. El Gran Duque de Alba se siente morir. En su lecho de muerte le dice a fray Luis de Granada:

"Quantos he degollado en Flandes era por ser herejes y rebeldes"

El 11 de diciembre muere en Lisboa. Sus restos son trasladados a Alba de Tormes, recibiendo sepultura en el Convento de San Leonardo.

Posteriormente son trasladados a San Esteban, en Salamanca.

El Duque de Alba, ya mayor.
 

(1). A pesar de padecer ya la enfermedad de la gota, que le hace estar tumbado durante horas y le impobilita para moverse. También se dice que el Duque de Alba se vió obligado a vender algunas de las joyas de su mujer, para poder costearse el citado viaje.

(2). No había nunca nada personal en las sentencias que aplicaba, siendo todas estas de carácer político. Jamás se arrepintió o tuvo remordimientos por estas sentencias. Incluso se atrevió a pedirle a su Rey, una pensión vitalicia para la viuda del Conde Egmont.

 
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Página actualizada el 30/10/2011