Artículo sobre las M.U.
Insertamos a modo de presentación un artículo de nuestro compañero Jose Mª CARRASCAL aparecido en el diario ABC el 25 de Septiembre de 1.996 en el que este periodista y miembro de la 1ª Promoción de la Milicia Naval Univesitaria coincide con los objetivos de nuestra Asociación de Veteranos.

Publicado a propósito de la Convocatoria que se hizo ese año para la Celebración de las Bodas de Oro de aquella primera promoción.

MILICIAS UNIVERSITARIAS

   
Uno aprecia que se va haciendo viejo no sólo por los espejos, sino por los más variados síntomas: se mueren los amigos auténticos, los de la infancia, tiene la sensación de haber vivido la mayoría de las crisis, empieza a gustarle más releer ciertos libros que otros nuevos. Pero lo aprecia, sobre todo, en que le llegan convocatorias de colectivos; que dejó hace mucho tiempo atrás, y que incluso tenía medio olvidados: los compañeros de bachillerato, los amigos de la pandilla, los tertulianos de un café que ya ha desaparecido. Acaba de llegarme una de ellas: la de la Milicia Naval Universitaria, cuya primera promoción acaba de cumplir las Bodas de Oro. Con tal motivo unos cuantos de sus componentes tratan de sacarla del baúl de los recuerdos. De tratarse sólo de un ejercicio de nostalgia de una búsqueda del tiempo perdido, no tendría otro valor que el puramente sentimental, sin merecer salir del círculo privado en que se celebra, y menos aún en artículo de periódico. Pero los organizadores quieren ir más lejos y, queriéndolo o sin querer, tocan uno de los puntos neurálgicos de nuestro organigrama de Defensa, una de las mayores carencias de nuestro país como sociedad moderna: la falta de enlace entre militares y civiles.

Los militares han venido siendo en España un estamento aparte, casi una casta, con sus rangos, sus viviendas, sus vivencias sus ideales, incluso su Código Penal propio. La comunicación con la sociedad civil era escasa, bebiendo un recelo mutuo muchas veces teñido de desprecio. Nada de extraño que cuando las circunstancias obligasen a actuar conjuntamente a ambos estamentos, la coordinación fuese forzada, deficiente, en muchos casos sangrienta. El único cordón umbilical que unía la sociedad civil española al Ejército era el servicio militar, la "mili", que ponía en contacto a los españoles con ese otro mundo de los cuarteles, del que no se tenía idea en el exterior. Pero la mili era algo pasajero para la inmensa mayoría y, en cualquier caso, la mili se acaba. El servicio militar obligatorio es una especie a extinguir, con lo que se corta también el último lazo entre la sociedad civil y la militar.

Y es ahí precisamente donde veo un sentido a esta convocatoria que recibo de mis compañeros de Milicias Universitarias Navales. Para recordar los tiempos por San Fernando, Los batidos de La Mallorquina, la instrucción con el siroco en La Carraca, la navegación en el Marte, en el Júpiter por aguas de Canarias o por las Rías Gallegas, basta y sobra que nos reunamos cualquier tarde entorno a un café y unas copas. Pero piensan, y soy de su opinión, que las Milicias Universitarias fueron y, sobre todo, pueden ser algo más que eso. Por ella pasaron decenas de promociones de profesionales españoles. Adolfo Suárez, Felipe González Y otros hombres claves de nuestra reciente historia estuvieron en aquellos cuarteles y campamentos compartiendo vivencias y experiencias. Como ellos hay miles, muchos de los cuales han llegado a la cumbre de su vida profesional, otros incluso están ya jubilados, pero en plena forma. Hay ahí un capital enorme, hasta ahora desaprovechado, porque a nadie se le ha ocurrido aprovecharlo. Conviene además advertir que España ha carecido de algo tan básico cómo una reserva del Ejército, al estilo de la que existe en la mayoría de los países desarrollados. Hemos tenido la sociedad civil por un lado y la militar por el otro, sin nada en medio, lo que explica el poco entendimiento entre ellas. Y no les digo nada lo que va a ocurrir cuando el Ejército se haga enteramente profesional.

Las Milicias Universitarias y en lo que luego hayan devenido, que no lo sé, podrían ser el eslabón entre ambas sociedades, aparte de una cantera excepcional de profesionales de las más distintas ramas, dispuestos a cumplir su último servicio al país que aman. No por imposición, como ocurrió hace décadas, sino por propia voluntad, porque les gusta. Es como veo esta convocatoria que me envía desde Barcelona la Asociación de Milicias Navales Universitarias, no mirando al pasado, sino al futuro.

José María CARRASCAL