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MILICIAS UNIVERSITARIAS |
| Uno aprecia que se va
haciendo viejo no sólo por los espejos, sino por los
más variados síntomas: se mueren los amigos
auténticos, los de la infancia, tiene la sensación de
haber vivido la mayoría de las crisis, empieza a
gustarle más releer ciertos libros que otros nuevos.
Pero lo aprecia, sobre todo, en que le llegan
convocatorias de colectivos; que dejó hace mucho tiempo
atrás, y que incluso tenía medio olvidados: los
compañeros de bachillerato, los amigos de la pandilla,
los tertulianos de un café que ya ha desaparecido. Acaba
de llegarme una de ellas: la de la Milicia Naval
Universitaria, cuya primera promoción acaba de cumplir
las Bodas de Oro. Con tal motivo unos cuantos de sus
componentes tratan de sacarla del baúl de los recuerdos.
De tratarse sólo de un ejercicio de nostalgia de una
búsqueda del tiempo perdido, no tendría otro valor que
el puramente sentimental, sin merecer salir del círculo
privado en que se celebra, y menos aún en artículo de
periódico. Pero los organizadores quieren ir más lejos
y, queriéndolo o sin querer, tocan uno de los puntos
neurálgicos de nuestro organigrama de Defensa, una de
las mayores carencias de nuestro país como sociedad
moderna: la falta de enlace entre militares y civiles. Los militares han venido siendo en España un estamento aparte, casi una casta, con sus rangos, sus viviendas, sus vivencias sus ideales, incluso su Código Penal propio. La comunicación con la sociedad civil era escasa, bebiendo un recelo mutuo muchas veces teñido de desprecio. Nada de extraño que cuando las circunstancias obligasen a actuar conjuntamente a ambos estamentos, la coordinación fuese forzada, deficiente, en muchos casos sangrienta. El único cordón umbilical que unía la sociedad civil española al Ejército era el servicio militar, la "mili", que ponía en contacto a los españoles con ese otro mundo de los cuarteles, del que no se tenía idea en el exterior. Pero la mili era algo pasajero para la inmensa mayoría y, en cualquier caso, la mili se acaba. El servicio militar obligatorio es una especie a extinguir, con lo que se corta también el último lazo entre la sociedad civil y la militar. |
Las Milicias Universitarias y en lo que luego hayan devenido, que no lo sé, podrían ser el eslabón entre ambas sociedades, aparte de una cantera excepcional de profesionales de las más distintas ramas, dispuestos a cumplir su último servicio al país que aman. No por imposición, como ocurrió hace décadas, sino por propia voluntad, porque les gusta. Es como veo esta convocatoria que me envía desde Barcelona la Asociación de Milicias Navales Universitarias, no mirando al pasado, sino al futuro. José María CARRASCAL |
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