Este
comentario se me hace muy difícil porque todavía no puedo
discernir si este nuevo disco de Dream Theater me encantó, me
defraudó, me aburre, me gusta o qué. Quizá un poco
de cada cosa. Pero vayamos por partes.
Six Degrees of Inner Turbulence es la nueva producción en estudio
de los metálico-progresivos norteamericanos. Y se trata quizá
del álbum más ambicioso de la banda ya que estamos hablando
de un disco doble. Y es justamente Dream Theater una banda ideal para
encarar un desafío de estas características. Yendo a la
música en sí esta está más cerca del lado
progresivo que del metal propiamente dicho aunque con Dream Theater
uno siempre puede esperar el vértigo y la velocidad que en este
caso se encuentran en temas como "The prison of glass" que
abre el disco 1. Para cerrarlo "Disappear" nos muestra al
grupo bajando totalmente las revoluciones hasta casi el límite
donde por momentos se cruza esa delgada línea que separa lo conmovedor
de lo denso. También hay algunos pasajes más inclasificables,
más raros en el medio de las canciones (algunas de 13 minutos)
y hasta se animan a explorar sonidos más modernos (o modernosos
según la óptica de cada uno) algo que nunca habían
hecho.
La majestuosidad se hace presente en "Overture" la introducción
del segundo disco y la sencillez la encontramos "Solitary shell"
un tema semi-acústico que contrasta con el resto del disco: bien
eléctrico y distorsionado.
Si de un futuro clásico hablamos yo me animaría con "The
test that stumped them all". Por otro lado no le vendría
mal una vuelta de tuerca a "Misunderstood" que no llega a
convencer del todo y así podría seguir con el resto de
los 13 temas que componen los dos CD's.
El nivel vocal e instrumental es como siempre de una perfección
absoluta, como nos tienen acostumbrados. Y es que Petrucci, Portnoy,
La Brie, Myung y Rudess son unos capos y nos se espera menos de ellos.
Así parece ser este disco que en cada oída uno le encuentra
más y más detalles y lo va digiriendo de a poco.
Un disco raro, atípico, variado, complejo, contundente, por momentos
inaccesible y por momentos muy entretenido pero sin duda alguna genial.
Santiago
Bennasar