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Cavite
La guerra del Pacífico
 

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BATALLA DE CAVITE  1898

Introducción

Política EE.UU.

Plan EE.UU.

Opciones españolas

Combate

 

INTRODUCCIÓN

 

El Oregon con el pabellón de las barras y las estrellas...La guerra hispano–norteamericana regeneró la marina norteamericana e hizo emerger a los Estados Unidos como potencia mundial emergente. 

La isla de Cuba era uno de los últimos vestigios del imperio español. Un sistema político colonial, la dominación económica por la metrópoli y la represión de todas las reformas intentadas, había impulsado a revueltas periódicas contra el dominio español. La revuelta más duradera fue la guerra de los Diez Años, de 1868 a 1878. 

Cuba, situada a menos de cien millas de Florida, despertaba simpatía en los norteamericanos  por sus vínculos emocionales, comerciales y también estratégicos con la isla. Las peticiones de intervención norteamericana fueron constantes durante la segunda mitad del siglo XIX, pero los diferentes presidentes norteamericanos continuaron la política pasiva de no ejercer presión sobre el gobierno español para que implantara reformas. 

En 1895 estalló una nueva rebelión que en 1898 ya le había costado a España 100.000 bajas. Toda la isla estaba asolada por los dos bandos y su economía totalmente arruinada; las exportaciones a Estados Unidos, su cliente potencial, quedaron reducidas a la mitad entre 1894 y 1895; España detenía los barcos norteamericanos en alta mar y destruía  las propiedades norteamericanas en Cuba; la rebelión fue desastrosa para los intereses comerciales y financieros norteamericanos en el país. Para provocar la intervención de Estados Unidos, había agentes que destruían también las propiedades de los norteamericanos y actuaban sobre el sentimiento popular americano de todas las formas posibles.

 El grupo que fomentaba la rebelión cubana era muy poderoso en los Estados Unidos. La opinión pública americana se sintió ultrajada aún más en 1896, cuando el capitán general español  Valeriano Weyler intentó dominar la rebelión por medio de su política de “reconcentración”. La reconcentración consistía en recluir  a la población no combatiente  en ciudades fortificadas y conquistar sistemáticamente el país, de modo que aquélla no pudiera apoyar a los rebeldes.

 En la prensa americana aparecieron relatos sensacionalistas de atrocidades. Al comienzo de la rebelión, el presidente Grover Cleveland había mantenido la política básica americana de pedir a España que reformase su administración en Cuba para terminar con la insurrección.Mckinley acosado por la prensa

 En 1897, con la llegada al poder de McKilnley, en la presidencia norteamericana se seguía insistiendo en el mismo sentido. Los rebeldes, pensando que podía darse una ayuda estadounidense siguieron luchando de manera constante. La guerra cada vez estaba más cerca. Empujado por la prensa sensacionalista de William Radolph Hearst y Joseph Pulitzer y por la presión del Congreso y la opinión pública, McKinley se iba preparando para la guerra.

La gota que colmó el  vaso americano fue la sospechosa explosión que provocó el hundimiento del acorazado Maine en el puerto de La Habana el 15 de febrero de 1898.

McKinley hizo varios intentos desesperados para resolver el problema por la vía democrática. Pero no dieron resultado, ya que el 21 de abril y bajo una situación de euforia social, se declaró la guerra.

 

POLÍTICA NAVAL Y DE EXPANSIÓN NORTEAMERICANA

 

La reconstrucción de la marina norteamericana había comenzado en la década de 1880, a la misma vez que se exponían nuevas teorías de estrategia y defensa naval.

La política naval que se impuso fue la impulsada por Alfred Mahan cuya doctrina se conoció como “teoría del acorazado”. Su principal argumento se basaba en que una potencia importante debía tener una fuerte flota de acorazados para eliminar la posibilidad de bloqueo por las escuadras enemigas y para adquirir supremacía de batalla en una zona amplia contigua a sus costas.

 Fuera del campo de la política naval, Mahan era un intelectual que al igual que otros predicaban una nueva doctrina de expansión y la adquisición de mercados extranjeros. Mahan junto a sus amigos de influencia política Henry Lodge y Theodore Roosevelt, promovieron la llamada a la acción, agrupando las ideas de seguridad nacional, expansión comercial y honor de la nación en apoyo de un programa principal de expansión comercial y naval.

El programa tuvo una voz más activa en el gobierno en el momento que Theodore Roosevelt fue nombrado subsecretario de marina en 1897.

 En 1896, el departamento de marina había ideado un amplio plan de operaciones contra España en el Caribe, Europa y el Lejano Oriente. Rooselvelt expuso su teoría de cómo debía encararse la guerra desde tres ángulos. Para aislar a España de sus ingresos y colonias en el Lejano Oriente, el plan de la armada recogía un ataque contra la escuadra española situada en Manila, para evitar su utilización contra la navegación norteamericana y la zona del Pacífico, al que seguiría la conquista de Manila como base para controlar el comercio de Filipinas.

 

PLAN NORTEAMERICANO

 

  En 1898, la marina norteamericana disponía de cinco acorazados, seis monitores, dos cruceros acorazados, ocho cruceros protegidos, nueve cruceros menores y diez cañoneros. Normalmente sólo media docena de cruceros y cañoneros se encontraban en la zona asiática para defender las vidas e intereses de los comerciantes y misioneros norteamericanos en China y Corea. Roosevelt eligió al comodoro Dewey para que organizase la escuadra asiática.

  Dewey zarpó para el Lejano Oriente en diciembre de 1897.

Siguiendo las instrucciones de Roosevelt, Dewey reunió la escuadra asiática de Hong Kong y se encontraba dispuesto a atacar cuando se declaró la guerra en abril de 1898.

A medida que la guerra se iba aproximando la mayor preocupación de Dewey era que su escuadra no quedase inmovilizada en el Lejano Oriente por falta de carbón, suministros y abastecimientos. Dewey descubrió que los otros jefes navales habían acaparado todos los stock posibles de carbón galés de primera calidad. Sin embargo, Dewey pudo comprar el barco carbonero Nanshan con 3000 toneladas de carbón a bordo, y posteriormente adquirió el buque de vapor Zafiro como barco de abastecimiento.

El problema de la munición se alivió al llegar el 22 de abril el crucero Baltimore con una remesa especial de Hawaii.

  Dewey contaba con cuatro cruceros, dos cañoneros y tres barcos auxiliares. Dewey izó su bandera de comodoro en el Olympia, el mejor crucero acorazado de la marina.

  El 23 de abril requirieron a la escuadra para que abandonara Hong Kong en 24 horas, ya que se había proclamado el bloqueo de Cuba y las hostilidades habían comenzado.

Al día siguiente Dewey recibió órdenes del secretario de marina John Long de dirigirse a Manila para conquistarla o destruir la escuadra española que allí se encontraba estacionada. Dewey conoció que el cónsul norteamericano en Manila, Oscar Williams, se encontraba de camino a Hong Kong, por lo que la escuadra esperó a que el cónsul informase sobre Manila y sus defensas. Williams llegó el día 27 a las 11 y la escuadra zarpó a las 14.

   

OPCIONES ESPAÑOLAS

 

Montojo España no había podido derrotar a los rebeldes cubanos ni a los filipinos. Algunas autoridades españoles se dieron cuenta de que Cuba estaba perdida, pero los círculos de la Corte, los políticos y nacionalistas conservadores preferían la derrota en guerra a cualquier rendición ante las demandas norteamericanas. Incluso los españoles moderados temían que cualquier arreglo sobre Cuba llevase a los conservadores y nacionalistas a amenazar el trono del joven rey español, entonces bajo la regencia de su madre austríaca. 

  La derrota española estaba servida, ya que entraban al conflicto con sólo cuatro cruceros acorazados, doce cruceros viejos, cinco torpederos, tres destructores y algunos cañoneros. Además muchas de estas naves se encontraban en un estado lamentable. No había suficiente tripulación y la escasez de carbón y munición imposibilitó el poder hacer prácticas de tiro y maniobras. La situación era patética, la pobreza de España hacía imposible mantener a los barcos abastecidos, no había ningún plan de operaciones.

  El almirante Pascual Cervera tenía la sensación de desastre inminente. Incluso una victoria sólo serviría para atrasar la hecatombe inevitable.

  El lamentable estado de la preparación española para la guerra se reflejaba, por ejemplo, en Manila. El almirante Montojo mandaba una escuadra de cruceros y cañoneros; pero los cruceros eran antiguos y de escaso valor para la lucha. El mejor barco de la escuadra española era el Cristina de 3100 toneladas, cuyo principal armamento eran seis cañones de 6,2 pulgadas. Su principal apoyo era el Castilla con cuatro viejos cañones Krupp de 5,9 pulgadas. Tenía unas calderas muy deficientes y el casco con filtraciones. Otros barcos importantes fueron el Cuba, el Luzón, que fueron clasificados como cruceros, el Ulloa o el Austria. El peso total de la artillería española era la tercera parte de la norteamericana, aunque en realidad aún menor, ya que los barcos españoles se encontraban equipados con muy pocos cañones de tiro rápido. Los españoles disponían de diecinueve tubos lanzatorpedos, pero no tenían torpedos equipados.Imagen actual de las baterías de Cavite

  Cuatro caminos se abrían a la acción de los españoles en Manila.

Primero: podían haber desembarcado a los hombres, cañones y munición para utilizarlos en la defensa de Manila y preparar los barcos para volarlos o hundirlos cuando apareciesen los norteamericanos. Este plan fue rechazado por el gobernador militar. Segundo: Montojo podía haber salido al encuentro de Dewey navegando a vapor con sus cuatro barcos en condiciones, atacándole quizá de noche o cuando los barcos norteamericanos pasaran por Corregidor. Teniendo en cuenta el estado de los barcos esta idea era dudosa. Tercero: Montojo podía haber dispersado sus navíos entre las islas para hostigar a los norteamericanos todo lo que pudieran. Este plan habría originado muchas molestias a Dewey y podría haber salvado a la escuadra española. Y por fin, Montojo podía combatir fondeando en la bahía de Manila con el apoyo de las baterías de costa. Este fue el plan que se adoptó en definitiva.

Las baterías de costa debían haber sido una valiosa ventaja para Montojo, pero la mayoría estaban cerca de Manila y esforzándose por salvar a la ciudad de las granadas norteamericanas; el almirante español había fondeado demasiado lejos para que dichas Baterías fueran eficaces.

 

   

EL COMBATE

 

Ataque

Sin munición

Remate Final

Resultado

 

ATAQUE

A las 7 de la mañana del 30 de abril, informaron a Montojo de que los barcos norteamericanos habían sido avistados al amanecer en la bahía de Subic. A medianoche oyó el estampido de cañonazos y dio órdenes a sus hombres de prepararse para la acción. 

Dewey se decidió a entrar en la bahía de Manila de noche, a pesar de los rumores sobre las formidables baterías de costa y las abundantes minas con que estaba sembrada la bahía. La entrada en la bahía se había minado, pero el agua tenía tal profundidad que las minas quedaban muy por debajo del calado de cualquier barco.

Pique sobre el mapa para verlo ampliado

Dewey atacó de noche porque los españoles pensaban que navegar por el canal que conducía a la bahía sería imposible para los extranjeros.

La escuadra norteamericana entró en la bahía formando una línea única, encabezada por el Olympia. Los barcos pasaron la bahía sin oposición y continuaron lentamente hacia Manila.

Inmediatamente, como no iban a intervenir en la batalla, se separaron el McCulloch, el Nanshan y el Zafiro. A las 5:15 del 1 de mayo, la escuadra estaba delante de Manila y la batería de Cavite lanzaba los primeros cañonazos. Las baterías de costa y la escuadra española habían abierto fuego a su máximo alcance, dejando caer una lluvia de proyectiles muy por delante de la línea norteamericana que avanzaba a una velocidad de ocho nudos.

A las 5:41 Dewey ordenó al Olympia que abriera fuego con sus cañones de proa. El Olympia avanzaba a lo largo de la línea española. Los barcos de Dewey recorrieron la línea española bien manejados y con sus cañones atronando. Los disparos españoles eran continuos pero poco eficaces, ya que la mayoría quedaban cortos o excesivamente largos.

A distancia de 1600 a 650 metros, los barcos norteamericanos recorrieron cinco veces de arriba hacia abajo la línea española. Antes del quinto paso, Montojo aceptó que la misión era desesperada a no ser que pudiera atacar con el espolón a sus enemigos.

 

Ordenó a los demás barcos que le siguieran y marchó al encuentro con los enemigos. Cuando el Cristina avanzó se concentró sobre él un fuego tan devastador que quedó convertido en pedazos. Una granada de ocho pulgadas hizo explosión en el depósito de municiones o cerca del mismo. Ardiendo en popa, con sólo dos hombres para manejar los cañones del costado, el barco pudo encaminarse a la costa, donde se ordenó a la tripulación que barrenase y abandonase la nave. De sus cuatrocientos hombres, doscientos eran bajas, entre ellos Montojo, herido en la pierna por un cascote de metralla.

  La inutilización del Castilla dejó solos en la línea española a los Cuba, Luzón, Ulloa y Duero. La situación en el bando español era desesperada. Los españoles descubrieron con asombro que los norteamericanos habían dejado de disparar y salían de la bahía. Montojo aprovechó la oportunidad para ordenar al resto de los barcos que se retiraran a lo más recóndito de la bahía de Bakor, donde debían resistir y hundir las naves cuando no quedara esperanza.

 

"SIN MUNICIÓN"

Dewey se alarmó cuando el capitán Gridley, del Olympia, le informó que sólo quedaba el 15 por ciento de la munición para la batería de cinco pulgadas. Temiendo que también los demás barcos se encontrasen con escasez munición, el comodoro ordenó la retirada inmediata. Pero la conferencia de capitanes celebrada en el Olympia reveló que los norteamericanos no habían sufrido graves perjuicios en sus barcos ni habían tenido muertos. Además se descubrió que el mensaje referente a la munición se había malinterpretado, ya que en realidad sólo se había gastado el 15 por ciento de la misma.

Mientras los capitanes fueron informados de las fuertes llamaradas en el Cristina y en el Castilla. Quedaba claro que la principal resistencia española quedaba rota. 

Dewey indicó que había ordenado el alto el fuego para que desayunasen. 

 

 

REMATE FINAL

Cuando a las once se reanudó la acción, los españoles ofrecieron escasa resistencia pues Montojo dio la orden de hundir los barcos  que quedaban a flote, recogiendo antes la documentación y los cerrojos de los cañones para llevarlos a la costa. De nuevo se aproximaron los barcos de Dewey en línea, con el Baltimore ahora en cabeza. 

A la distancia de 950 metros atacaron a la batería de Sangley Point y al Ulloa. La batería fue reducida rápidamente al silencio y el Ulloa hundido casi al mismo tiempo. El Cristina se vio sacudido por continuas explosiones en Cavite, mientras que el Castilla era una masa ardiendo. El Petrel y el Concord fueron enviados detrás de Sangley Point. La batalla terminó a las 12:30. Dewey le dijo al gobernador, que si las baterías de Manila hacían otro disparo, las tropas norteamericanas bombardearían la ciudad. El gobernador dijo que se mantendrían en silencio a no ser que los barcos norteamericanos bombardearan la ciudad.

  Con esta tregua a medias, terminaron las operaciones navales.

 

RESULTADO

Con casi toda la flota hundida o incendiada, la bahía de Manila fue un total desastre para los españoles. De los 1.150 hombres entre los oficiales y la marinería española, 58 resultaron muertos y 381 heridos. Los barcos españoles sufrieron numerosísimos impactos y quedaron en una situación lamentable. La escuadra norteamericana no sufrió daños ni bajas de consideración. El balance americano fue de 8 heridos leves en el Baltimore, un hombre con una rozadura en el Boston y dos lesionados por el retroceso del cañón en el Olympia. A pesar del resultado de la batalla, los norteamericanos estaban de acuerdo en que los españoles habían combatido con bravura. 

La responsabilidad de la derrota española debió recaer tanto en el gobierno de Madrid como en el propio almirante Montojo. El gobierno de Madrid le había entregado una escuadra oxidada y decrépita y expuesto al ataque de un enemigo potente. A pesar de las malas condiciones de su flota, se le puede achacar sin embargo a Montojo su falta de vigilancia y el no haber organizado mejor su posición defensiva. El principal error de Montojo fue permitir a Dewey que penetrara sin oposición en la bahía. Montojo escribió un informe en el que exponía que la ineficacia de los barcos y la falta de personal especializado llevaron a España a la derrota. El gobierno español sometió a Montojo a un consejo de guerra, del que salió absuelto. En su defensa incluyó una carta de Dewey en que le testimoniaba la valiente dirección  de la batalla por el almirante español.

Las noticias de la victoria no llegaron al mundo hasta el 7 de mayo, porque el cable Manila – Hong Kong había quedado cortado. Muchos de los americanos no sabían donde estaba Filipinas. El propio McKinley dijo que la guerra le serviría para aprender mucha geografía. El ansia expansionista norteamericano se vio multiplicado por la euforia de la victoria. McKinley se inclinó por retener las islas y envió una fuerza expedicionaria para hacerse con una base entre Hawaii y Manila.  España también perdió las Carolinas, Marianas y Palaos que fueron vendidas a Alemania. Estados Unidos también arrebató Puerto Rico a España.

 

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