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LA
ARMADA INVENCIBLE
La
Armada Invencible fue el nombre dado por el pueblo a la escuadra
española formada por Felipe II para la invasión de Inglaterra. La
reina británica Isabel I mantuvo siempre una postura contraria a
España y de apoyo a los focos conflictivos que surgían en Europa. En
1585, la reina, que había favorecido a los rebeldes de los Países
Bajos, firmó con ellos un tratado en el que se comprometía a
prestarles ayuda militar a cambio de la presencia de sus tropas en
Brill y Flesinga. En ese mismo año el corso se recrudeció y, en
mayo, Felipe II ordenó la captura de todas las naves inglesas
ancladas en puertos españoles. En septiembre, Francis Drake inició
una campaña de ataque sistemático a las colonias del área del
Caribe, poniendo en entredicho el sistema defensivo español en el
Atlántico.
CREACIÓN
DE LA ARMADA
Para
entonces el rey de España había recibido ya la propuesta de Álvaro
de Bazán, primer marqués de Santa Cruz, de preparar una expedición
naval contra Inglaterra, que solventase, a la vez, el problema del
control del océano y la revuelta de los Países Bajos. Había
consultado también a Alejandro Farnesio, que se había mostrado,
aunque cauto, de acuerdo con el proyecto.
En los meses siguientes, la idea de la invasión de la isla tomó
cuerpo. Santa Cruz y Farnesio enviaron al monarca sus planes
respectivos para la campaña, que resaltaban, sobre todo el del
segundo, la necesidad de una gran armada que neutralizara el poder de
la inglesa y asegurara el traslado de los tercios de Flandes a
Inglaterra. La falta de un puerto con calado suficiente para que
atracaran los galeones inclinó a Felipe II hacía la posibilidad de
que éstos realizaran la travesía del canal de la Mancha en barcazas,
escoltados por la escuadra.
En la década de 1580 los ingresos de la Corona procedentes de las
Indias fueron ingentes; estos recursos, junto con los que provenían
de la Iglesia y de la fiscalidad castellana, hicieron posible la
construcción de algunas embarcaciones y el avituallamiento de una
poderosa flota.
Farnesio había fijado la fecha de la invasión para octubre de 1586,
pero entonces, los 130 buques y los cerca de 30.000 hombres que
compusieron 'La Invencible' no estaban listos, a pesar de que los
astilleros aceleraron su actividad y se hicieron toda clase de
esfuerzos, económicos y políticos para activar el aprovisionamiento.
La ejecución de María Estuardo, en febrero de 1587, precipitó el
plan de invasión.
DERROTA
La
Gran Armada debía haber sido mandada por Santa Cruz, un ilustre
marino, cuya carrera se había consolidado desde Lepanto hasta el
combate de las Azores; pero murió y fue sustituido por Alonso Pérez
de Guzmán, séptimo duque de Medinasidonia, capitán general de
Andalucía y experto administrador en temas militares y navales, pero
sin conocimiento alguno del mar y mucho menos de la guerra naval. El
20 de mayo de 1588 la Armada Invencible salió de Lisboa, bordeando
con dificultades la costa hasta La Coruña, donde se pertrechó de
agua y alimentos. Hasta el 21 de julio no abandonó este puerto, para
entrar, una semana después, en el canal de la Mancha.
El primer enfrentamiento serio con los ingleses ocurrió a la altura
de Calais. Poco más tarde, frente a Gravelinas, la flota británica
dispersó a las naves españolas. Los vientos impulsaron hacia el
Norte a los restos de la escuadra, que, ante la imposibilidad de
volver al Canal y acudir al encuentro de Farnesio, optó por un largo
y duro regreso rodeando las islas Británicas. Nuevas tormentas, a la
altura de Irlanda, remataron el desastre. Aún así algo más del 50%
de las embarcaciones (67) logró llegar al puerto de Santander.
La derrota de la Invencible se debió a una serie de factores.
Indudablemente, Felipe II calculó mal las posibilidades de invasión
de Inglaterra y el apoyo de los católicos ingleses; hubo además una
falta de coordinación con la infantería flamenca pero, en lo
fundamental, se trató de dos conceptos diferentes de guerra naval.
España optó por enviar poderosos galeones equipados con artillería
pesada de corto alcance, con la intención de dañar la capacidad
marinera de los barcos ingleses y abrir la posibilidad de abordaje.
Inglaterra apostó por artillería de largo alcance, con lo que sus
buques pudieron mantenerse a distancia de los españoles; su mayor
movilidad les permitió huir del enfrentamiento.
España no tuvo pérdidas materiales importantes. En pocos años
reconstruyó su potencia naval. Las consecuencias políticas y
psicológicas fueron más amplias: la Europa protestante consideró,
desde entonces, que el poder español había sido doblegado.
SE
AUMENTARÁ ESTE APARTADO.
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