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LEPANTO  
Antecedentes La Liga La batalla El error de Lepanto

Antecedentes

A medida que transcurría el siglo XVI y aumentaba la capacidad bélica de los turcos, crecían las razones por las que los países cristianos ribereños del Mediterráneo debían sentirse inseguros. Desde la caída de Constantinopla en 1453, el poderío otomano no había dejado de aumentar, así como sus actos de expansionismo bélico en la Europa Oriental. Solimán el Magnífico era el caudillo que había conducido las huestes de la Sublime Puerta - el Imperio Turco - hasta el corazón de Europa tras tomar Belgrado y Budapest.

 Los estados occidentales tenían sus miras en otros asuntos: la España de Carlos I se orientaba hacia el Atlántico y en Europa tenía excesivos problemas, en el norte con franceses y alemanes, por lo que el asunto de la cuenca del Mediterráneo quedaba en un segundo plano.

 A lo largo de este tiempo se llevaron a cabo algunas acciones directas contra los turcos, como las campañas de Carlos I en Argel y Túnez en 1531 y 1535. Pero esto sólo sucedió en situaciones extremas cuando los piratas berberiscos habían llegado al punto de obstaculizar gravemente el comercio español. Había una división entre los reinos cristianos que aprovechó el Imperio Turco para consolidarse.

 En esta situación comienza su reinado Felipe II, hijo de Carlos I, y lo hace con buen pie. Consiguió la victoria de San Quintín en 1557 contra los franceses.  Esta victoria unida a la de Gravelinas obligó a Enrique II de Francia a firmar la paz de Cateau – Cambréseis en 1559. Esta paz ponía a Felipe II en situación para ocuparse de los problemas mediterráneos.

 Debido al poderío turco era necesario establecer una alianza de las potencias cristianas con intereses en el Mediterráneo. La idea de una Liga Cristiana era poco factible debido a los diversos intereses que cada país tenía sobre la zona.

 La muerte de Solimán el Magnífico trajo un momento de calma. Selim II, hijo y heredero de Solimán  no contaba con el talento guerrero y político de su padre. En 1568, los moriscos de las Alpujarras se rebelaron contra el poder real. Los turcos aprovecharon  la situación para crear sobre España un clima de asedio que obligase a Felipe II  ocuparse en su propia defensa. La revuelta de las Alpujarras fue sofocada por Don Juan de Austria.

 Los dos personajes más influyentes en la Corte de Selim II  tenían opiniones diferentes sobre el enemigo más importante a batir. José Micas, ejercía de financiero bélico y apuntaba hacia los venecianos. El estadista, Mehmet Sokolli sostenía que los turcos nada podían temer de los venecianos y apuntaba como principal enemigo a España.

 El 13 de septiembre de 1569 estalló una de las fábricas de pólvora del Arsenal de Venecia. Los rumores que llegaron a Constantinopla hizo la tragedia mucho mayor. En la Corte de Selim corrió el rumor de que toda escuadra veneciana había sido destruida. Los partidarios de la guerra contra Venecia se impusieron.

 Los turcos pidieron la entrega de Chipre, los venecianos no aceptaron. Buscaron el apoyo de Felipe II, que tras la intervención del Papa  Pio V, aceptó.

El triunfo turco fue absoluto, pronto cayó Nicosia y toda Chipre, excepto Famagusta.

La formación y composición de la liga

 En Roma se produjo la reunión entre los representantes del Papa, de Venecia y de Felipe II. En agosto estaba ultimado un proyecto de acuerdo por el cual las tres potencias se constituirían en Liga ofensiva – defensiva por una duración mínima de doce años. Se prohibían las conversaciones separadas con los otomanos y al mando de la flota quedaba Don Juan de Austria. El 25 de mayo se dio a conocer la formación de la Liga Santa. Al final, la duración de la Alianza se estableció a perpetuidad. Comenzaron a prepararse los detalles para comenzar la gran batalla.

 El capitán general era Don Juan de Austria que tenía fama de diplomático, valiente, inteligente y audaz. El 9 de agosto, el cardenal Granvela entregó a Don Juan de Austria el estandarte de la Liga. El 23 de agosto llegó hacia Mesina donde le esperaban la reducida flota papal, al mando de Colonna, y los venecianos comandados por Sebastiano Veniero.

 Los turcos continuaban sus operaciones en el Mediterráneo Oriental. Por su parte, los comandantes aliados acordaron jugarse el “todo por el todo”. El objetivo era buscar a Alí Bajá y darle batalla.

 Don Juan de Austria distribuyó los efectivos cristianos en tres divisiones. La primera división sería “la batalla”, con sesenta galeras entre ellas las capitanas de Roma y Venecia con sus almirantes Colonna y Veniero. La segunda y tercera división constarían de cincuenta y tres galeras y la cuarta división era la de reserva, al mando de Álvaro de Bazán. Delante, en vanguardia, navegarían seis galeras al mando de Don Juan de Cardona.

 Cada galera contaba con un número de soldados que oscilaba entre los doscientos cincuenta y trescientos y unos ciento sesenta y cinco remeros. La nave contaba con una eslora aproximada de 45 metros y 5 o 6 de manga.

Formaban parte de la escuadra seis gigantescas galeazas venecianas, treinta fragatas rápidas españolas, veinticuatro naves de carga y otros barcos auxiliares menores. No fue utilizado el galeón, empleado por los españoles en el Atlántico.

La batalla

La ruta de la escuadra cristiana y la situación de la flota turcaDon Juan quería en un primer momento saber la posición turca, para ello mandó a Gil de Andrade que regresó el 29 de septiembre con la noticia de que los turcos esperaban en el golfo de Lepanto, muy mermados por la intensa campaña llevada a cabo durante el verano. 

 Lepanto es el nombre italiano de Naupacta, ciudad griega en el estrecho que separa el golfo de Patrás del de Corinto, sobre el Peloponeso.

 Don Juan tuvo un enfrentamiento con Veniero ya que este hizo colgar a un capitán, dos sargentos y dos soldados al servicio de España, tras una reyerta entre estos y unos venecianos. Don Juan retiró el mando a Veniero que fue sustituido por Barbarigo.

 El día 6, la flota ya estaba en Petala y se presentaron dos posturas: unos eran partidarios de esperar al enemigo y otros como Álvaro de Bazán querían avanzar hasta la boca del golfo para buscar a los turcos. En el plan de Bazán se establecía una espera de dos horas, una vez entrados en el golfo, para que los turcos se presentaran. En caso de que esto no sucediera se practicaría una andanada general de artillería y se daría por finalizada la operación. Este fue el plan que se pondría en marcha.

 El domingo siete de octubre sucedió la batalla. Los turcos de Alí Pachá fueron advertidos por los cristianos a las siete de la mañana. Alí Pachá estaba confiado por las informaciones proporcionadas por el corsario Kara – Kodja que disfrazado y a bordo de un pesquero griego, presenció la revista que Don Juan practicó  a sus tropas  en la costa albanesa, Sin embargo, sus apreciaciones resultaron equivocadas, ya que calculó un contingente de tropas que sólo era la mitad del real. Kara – Kodja comunicó a Alí Pachá que la escuadra cristiana estaba en orden de combate y éste dio orden de salir al encuentro de los cristianos.

 La escuadra otomana se componía de doscientas cinco galeras, sesenta y seis galeotes o fustas y veinticinco mil soldados.

 Don Juan de Austria se estremeció al comprobar que el número de naves turcas era mayor a las de su flota y Alí Pachá también experimentó la misma sensación al comprobar como las informaciones de Kara – Kodja no eran correctas. La Real disparó un cañonazo y la escuadra comenzó el despliegue. Barbarigo quedaría enfrentado a Sirocco. Juan de Austria a Alí Pachá y Andrea Doria a Uluch Alí.

Don Juan ordenó a Doria que se aproximase más su ala al centro. Doria no cumplió con prontitud la orden lo que provocó la huida De Uluch Alí por ese “agujero”.

 La Real iba bien escoltada. Don Juan la dotó de los mejores soldados de los tercios españoles, por lo que pasaron a bordo cuatrocientos arcabuceros. El gobierno de la galera y la defensa de la cámara de boga fue conferido a Gil de Andrade. El capitán de la galera era Juan Vázquez Coronado, experto navegante.

 La batalla comenzó con un cañonazo proveniente de la formación turca cuando las dos escuadras estaban a una milla. Era el cañonazo de rigor antes de cualquier batalla naval.

Barbarigo, y su ala izquierdo, fue el primero en enfrentarse a los turcos por su situación adelantada. El ala derecho turco de Sirocco sufrió las consecuencias del fuego de las galeazas cristianas.

 Alí Pachá ordenó que no empezara combate alguno contra las galeazas, sino que las evitaran y las sobrepasasen para que quedasen fuera de combate. La jugada le salió bien ya que cuando fueron rebasadas por la escuadra turca, su papel se limitó a ser meros espectadores.

 Barborigo fue rodeado por ocho galeras turcas. Fue alcanzado por una flecha turca y murió. La misma suerte corrió su sustituto y sobrino Franco Contarini. A Contarini, le sustituyó Federico Nani que resistió a las embestidas turcas. Llegaron al lugar diez galeras de la reserva enviadas por Álvaro de Bazán que consiguió la rendición de la galera de Sirocco.

 Asimismo, las secciones centrales de Don Juan de Austria y Alí Pachá habían llegado frente a frente. La artillería otomana había dañado a la Real, lo mismo hicieron las galeazas cristianas con la nave almirante la Sultana. Aprovechando que Don Juan había ordenado retirar el espolón para que no fuese entorpecido el tiro artillero, Alí Pachá penetró en el casco de la Real y ambas galeras quedaron enfrentadas proa con proa.

 En la lucha cuerpo a cuerpo participó el propio Don Juan de Austria, que contó con el apoyo de doscientos soldados enviados por Álvaro de Bazán desde la reserva, así como de Colonna que viraba hacia la izquierda y disparaba su arcabucería contra la Sultana. A pesar de estar herido, la nave de Veniero también fue en su ayuda además de treinta de las galeras de la reserva de Álvaro de Bazán.

 Un tercer asalto acabó con la resistencia de la Sultana. Apareció una bandera con la cruz en la galera turca y los cristianos gritaron victoria. Alí Pachá murió de un tiro en la frente. Lo que quedaba del centro y el flanco izquierdo no tardó en caer.

El fallo de Lepanto

andrea doria.jpg (60322 byte)El asunto importante y ya reseñado era el flanco derecho, donde Doria no cumplió con celeridad las órdenes de Don Juan de Austria. Uluch Alí marchó presto por ese lugar, esa rendija cristiana, donde se encontraba el grupo de galeras de Malta  que mandaba Giustiniani que remolcaba el peso de naves turcas capturadas. Uluch Alí cayó sobre él y mató a sus tripulantes.

 Don Juan de Cardona fue en auxilio de Giustiniani, fue abordada por dieciséis naves turcas, lo que dio lugar a la batalla más encarnizada. Álvaro de Bazán acudió con las galeras de reserva, también llegó Don Juan de Austria, por lo que Uluch Alí abandonó las galeras capturadas y huyó con trece de sus naves.

La actitud de A. Doria fue muy criticada. Incluso llegó a merecer el calificativo de traidor.

 Al atardecer, la escuadra llegó a Petala, donde se pudo comprobar que uno de los soldados que más bravo luchó a bordo de la Real fue una mujer. Cervantes recibió dos arcabuazos en el pecho, además del que le costó la mano izquierda.

 Por parte cristiana, las pérdidas se cifraron en quince galeras, siete mil seiscientos cincuenta muertos y siete mil setecientos ochenta y cuatro heridos. Las pérdidas en el bando turco fueron sensiblemente superiores. En los días posteriores se procedió al reparto del botín que resultó ser muy apreciable ya que los turcos llevaban en sus galeras todos sus artículos de valor.

 El 17 de octubre la galera cristiana “El Ángel” llegó al puerto de Venecia y proclamó la victoria de la armada de la Liga Santa.

 

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