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Los
estados occidentales tenían sus miras en otros asuntos: la España de
Carlos I se orientaba hacia el Atlántico y en Europa tenía excesivos
problemas, en el norte con franceses y alemanes, por lo que el asunto de
la cuenca del Mediterráneo quedaba en un segundo plano. A
lo largo de este tiempo se llevaron a cabo algunas acciones directas
contra los turcos, como las campañas de Carlos I en Argel y Túnez en
1531 y 1535. Pero esto sólo sucedió en situaciones extremas cuando los
piratas berberiscos habían llegado al punto de obstaculizar gravemente
el comercio español. Había una división entre los reinos cristianos
que aprovechó el Imperio Turco para consolidarse. Debido
al poderío turco era necesario establecer una alianza de las potencias
cristianas con intereses en el Mediterráneo. La idea de una Liga
Cristiana era poco factible debido a los diversos intereses que cada país
tenía sobre la zona. La
muerte de Solimán el Magnífico trajo un momento de calma. Selim II,
hijo y heredero de Solimán no
contaba con el talento guerrero y político de su padre. En 1568, los
moriscos de las Alpujarras se rebelaron contra el poder real. Los turcos
aprovecharon la situación
para crear sobre España un clima de asedio que obligase a Felipe II
ocuparse en su propia defensa. La revuelta de las Alpujarras fue
sofocada por Don Juan de Austria. Los
dos personajes más influyentes en la Corte de Selim II
tenían opiniones diferentes sobre el enemigo más importante a
batir. José Micas, ejercía de financiero bélico y apuntaba hacia los
venecianos. El estadista, Mehmet Sokolli sostenía que los turcos nada
podían temer de los venecianos y apuntaba como principal enemigo a España. El
13 de septiembre de 1569 estalló una de las fábricas de pólvora del
Arsenal de Venecia. Los rumores que llegaron a Constantinopla hizo la
tragedia mucho mayor. En la Corte de Selim corrió el rumor de que toda
escuadra veneciana había sido destruida. Los partidarios de la guerra
contra Venecia se impusieron. Los
turcos pidieron la entrega de Chipre, los venecianos no aceptaron.
Buscaron el apoyo de Felipe II, que tras la intervención del Papa Pio V, aceptó. El triunfo turco fue absoluto, pronto cayó Nicosia y toda Chipre, excepto Famagusta. La
formación y composición de la liga En
Roma se produjo la reunión entre los representantes del Papa, de
Venecia y de Felipe II. En agosto estaba ultimado un proyecto de acuerdo
por el cual las tres potencias se constituirían en Liga ofensiva –
defensiva por una duración mínima de doce años. Se prohibían las
conversaciones separadas con los otomanos y al mando de la flota quedaba
Don Juan de Austria. El 25 de mayo se dio a conocer la formación de la
Liga Santa. Al final, la duración de la Alianza se estableció a
perpetuidad. Comenzaron a prepararse los detalles para comenzar la gran
batalla. El
capitán general era Don Juan de Austria que tenía fama de diplomático,
valiente, inteligente y audaz. El 9 de agosto, el cardenal Granvela
entregó a Don Juan de Austria el estandarte de la Liga. El 23 de agosto
llegó hacia Mesina donde le esperaban la reducida flota papal, al mando
de Colonna, y los venecianos comandados por Sebastiano Veniero. Los
turcos continuaban sus operaciones en el Mediterráneo Oriental. Por su
parte, los comandantes aliados acordaron jugarse el “todo por el
todo”. El objetivo era buscar a Alí Bajá y darle batalla. Don
Juan de Austria distribuyó los efectivos cristianos en tres divisiones.
La primera división sería “la batalla”, con sesenta galeras entre
ellas las capitanas de Roma y Venecia con sus almirantes Colonna y
Veniero. La segunda y tercera división constarían de cincuenta y tres
galeras y la cuarta división era la de reserva, al mando de Álvaro de
Bazán. Delante, en vanguardia, navegarían seis galeras al mando de Don
Juan de Cardona. Cada
galera contaba con un número de soldados que oscilaba entre los
doscientos cincuenta y trescientos y unos ciento sesenta y cinco
remeros. La nave contaba con una eslora aproximada de 45 metros y 5 o 6
de manga. Formaban
parte de la escuadra seis gigantescas galeazas venecianas, treinta
fragatas rápidas españolas, veinticuatro naves de carga y otros barcos
auxiliares menores. No fue utilizado el galeón, empleado por los españoles
en el Atlántico.
Lepanto
es el nombre italiano de Naupacta, ciudad griega en el estrecho que
separa el golfo de Patrás del de Corinto, sobre el Peloponeso. Don
Juan tuvo un enfrentamiento con Veniero ya que este hizo colgar a un
capitán, dos sargentos y dos soldados al servicio de España, tras una
reyerta entre estos y unos venecianos. Don Juan retiró el mando a
Veniero que fue sustituido por Barbarigo. El
día 6, la flota ya estaba en Petala y se presentaron dos posturas: unos
eran partidarios de esperar al enemigo y otros como Álvaro de Bazán
querían avanzar hasta la boca del golfo para buscar a los turcos. En el
plan de Bazán se establecía una espera de dos horas, una vez entrados
en el golfo, para que los turcos se presentaran. En caso de que esto no
sucediera se practicaría una andanada general de artillería y se daría
por finalizada la operación. Este fue el plan que se pondría en
marcha. El
domingo siete de octubre sucedió la batalla. Los turcos de Alí Pachá
fueron advertidos por los cristianos a las siete de la mañana. Alí
Pachá estaba confiado por las informaciones proporcionadas por el
corsario Kara – Kodja que disfrazado y a bordo de un pesquero griego,
presenció la revista que Don Juan practicó
a sus tropas en la costa albanesa, Sin embargo, sus apreciaciones
resultaron equivocadas, ya que calculó un contingente de tropas que sólo
era la mitad del real. Kara – Kodja comunicó a Alí Pachá que la
escuadra cristiana estaba en orden de combate y éste dio orden de salir
al encuentro de los cristianos. La
escuadra otomana se componía de doscientas cinco galeras, sesenta y
seis galeotes o fustas y veinticinco mil soldados. Don
Juan de Austria se estremeció al comprobar que el número de naves
turcas era mayor a las de su flota y Alí Pachá también experimentó
la misma sensación al comprobar como las informaciones de Kara –
Kodja no eran correctas. La Real disparó un cañonazo y la escuadra
comenzó el despliegue. Barbarigo quedaría enfrentado a Sirocco. Juan
de Austria a Alí Pachá y Andrea Doria a Uluch Alí. Don
Juan ordenó a Doria que se aproximase más su ala al centro. Doria no
cumplió con prontitud la orden lo que provocó la huida De Uluch Alí
por ese “agujero”. La
Real iba bien escoltada. Don Juan la dotó de los mejores soldados de
los tercios españoles, por lo que pasaron a bordo cuatrocientos
arcabuceros. El gobierno de la galera y la defensa de la cámara de boga
fue conferido a Gil de Andrade. El capitán de la galera era Juan Vázquez
Coronado, experto navegante. La
batalla comenzó con un cañonazo proveniente de la formación turca
cuando las dos escuadras estaban a una milla. Era el cañonazo de rigor
antes de cualquier batalla naval. Barbarigo,
y su ala izquierdo, fue el primero en enfrentarse a los turcos por su
situación adelantada. El ala derecho turco de Sirocco sufrió las
consecuencias del fuego de las galeazas cristianas. Alí
Pachá ordenó que no empezara combate alguno contra las galeazas, sino
que las evitaran y las sobrepasasen para que quedasen fuera de combate.
La jugada le salió bien ya que cuando fueron rebasadas por la escuadra
turca, su papel se limitó a ser meros espectadores. Barborigo
fue rodeado por ocho galeras turcas. Fue alcanzado por una flecha turca
y murió. La misma suerte corrió su sustituto y sobrino Franco
Contarini. A Contarini, le sustituyó Federico Nani que resistió a las
embestidas turcas. Llegaron al lugar diez galeras de la reserva enviadas
por Álvaro de Bazán que consiguió la rendición de la galera de
Sirocco. Asimismo,
las secciones centrales de Don Juan de Austria y Alí Pachá habían
llegado frente a frente. La artillería otomana había dañado a la
Real, lo mismo hicieron las galeazas cristianas con la nave almirante la
Sultana. Aprovechando que Don Juan había ordenado retirar el espolón
para que no fuese entorpecido el tiro artillero, Alí Pachá penetró en
el casco de la Real y ambas galeras quedaron enfrentadas proa con proa. En
la lucha cuerpo a cuerpo participó el propio Don Juan de Austria, que
contó con el apoyo de doscientos soldados enviados por Álvaro de Bazán
desde la reserva, así como de Colonna que viraba hacia la izquierda y
disparaba su arcabucería contra la Sultana. A pesar de estar herido, la
nave de Veniero también fue en su ayuda además de treinta de las
galeras de la reserva de Álvaro de Bazán. Un
tercer asalto acabó con la resistencia de la Sultana. Apareció una
bandera con la cruz en la galera turca y los cristianos gritaron
victoria. Alí Pachá murió de un tiro en la frente. Lo que quedaba del
centro y el flanco izquierdo no tardó en caer.
Don
Juan de Cardona fue en auxilio de Giustiniani, fue abordada por dieciséis
naves turcas, lo que dio lugar a la batalla más encarnizada. Álvaro de
Bazán acudió con las galeras de reserva, también llegó Don Juan de
Austria, por lo que Uluch Alí abandonó las galeras capturadas y huyó
con trece de sus naves. La
actitud de A. Doria fue muy criticada. Incluso llegó a merecer el
calificativo de traidor. Al
atardecer, la escuadra llegó a Petala, donde se pudo comprobar que uno
de los soldados que más bravo luchó a bordo de la Real fue una mujer.
Cervantes recibió dos arcabuazos en el pecho, además del que le costó
la mano izquierda. Por
parte cristiana, las pérdidas se cifraron en quince galeras, siete mil
seiscientos cincuenta muertos y siete mil setecientos ochenta y cuatro
heridos. Las pérdidas en el bando turco fueron sensiblemente
superiores. En los días posteriores se procedió al reparto del botín
que resultó ser muy apreciable ya que los turcos llevaban en sus
galeras todos sus artículos de valor. El
17 de octubre la galera cristiana “El Ángel” llegó al puerto de
Venecia y proclamó la victoria de la armada de la Liga Santa.
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