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LA GUERRA DEL PACÍFICO

Antecedentes

Fuerzas Navales

Combates

 

Antecedentes 

 

La mayor parte del contenido de esta entrada pertenece al artículo:LA GUERRA CON ESPAÑA de Juan del Campo Rodríguez. Tras el desastre de Trafalgar, la Real Armada española había quedado reducida a tres fragatas de línea. Isabel II haciendo caso a dos de sus consejeros reactivó la fuerza naval elevándola a la cuarta potencia mundial con barcos modernos, potentes, fuertemente artillados, blindados y construidos en astilleros nacionales y extranjeros. El buque insignia de la nueva flota sería el "Numancia", fragata blindada cuyo final no fue digno de su brillante servicio a la Armada Española.

 En 1862, Isabel aprobó el envío a Sudamérica de una expedición de estudio científico escoltada por tres navíos de guerra bajo las órdenes del vicealmirante Luis Hernández Pinzón, descendiente directo de los hermanos Martín y Vicente Pinzón. Estas naves eran las fragatas gemelas a hélice Triunfo y Resolución y la corbeta protegida Virgen de Covadonga. El propósito que llevó a las autoridades de Madrid a incluir naves de la armada en una misión de estudio, no sólo fue para exhibir la patente de Potencia, costumbre por cierto extendida a los países europeos como Gran Bretaña, sino para que aquellas sirvieran como elementos de apoyo a una serie de reclamaciones presentados por ciudadanos españoles residentes en las Américas.

El 18 de abril de 1863, la expedición española arribó al puerto de Valparaíso. donde todo fueron parabienes, pero en julio de ese año, una vez en aguas peruanas, comenzaron a surgir los problemas. En aquella época, España no mantenía relaciones diplomáticas con el Perú ni había reconocido formalmente su independencia obtenida en 1821. Luego de una breve estancia en el Callao, la escuadra española partió rumbo a San Francisco, California. A mitad del viaje sin embargo, el 2 de agosto de 1863, se desató un incidente en la hacienda peruana de Talambo entre inmigrantes vascos y agricultores peruanos, como resultado del cual un ciudadano español resultó muerto y otros cuatro quedaron heridos. Enterado de estos sucesos, el comandante español interrumpió su travesía y partió raudo de regreso al Perú, donde intentó interferir en un asunto que los peruanos consideraban de carácter interno, exigiendo al gobierno explicaciones y reparaciones.

El asunto pasó a convertirse en un contencioso entre ambos países, a los que fueron agregándose otros elementos, como la exigencia del pago de deudas originadas en las guerras de independencia. Se intentaron negociaciones, pero resultaron infructuosas por lo que el 14 de abril de 1864 el escuadrón español en el Callao levó anclas y se dirigió a las islas de Chincha, donde se encontraban los depósitos de fertilizante de guano, que entonces era la principal exportación peruana. La pequeña guarnición que las resguardaba fue rápidamente subyugada y a las 16:00 horas una fuerza de 400 marinos españoles izó su pabellón en las islas y puso al gobernador Ramón Valle Riestra bajo arresto en la Resolución. 

Pinzón también impuso un bloqueo en el Callao y una vez más forzó a los peruanos a negociar. Si bien en un principio el gobierno del nuevo primer ministro español, José María Narváez, no aprobó la actitud asumida por Pinzón y Salazar de capturar en prenda una porción de territorio extranjero, en el transcurso de los próximos meses cambió de parecer y decidió despachar otros cuatro barcos de guerra para reforzar el poderío de su escuadra en el Perú. Asimismo, reemplazó a Pinzón por un marino más capaz a quien confirió amplios poderes: El vicealmirante Juan Manuel Pareja, un ex ministro de marina que coincidentemente había nacido en el Perú y cuyo padre, un oficial del ejército realista, había fallecido en las guerras de independencia. su misión era lograr un acuerdo con el Perú, lo cual se alcanzó, pero para el pueblo peruano supuso una humillación y explotó una revolución nacionalista en Arequipa.

La fragata blindada NumanciaEl 4 de Febrero de 1865, la poderosa fragata blindada Numancia partió desde España para unirse a la escuadra del Pacífico y apoyarla con su fuego y características. La decisión de enviar a esta extraordinaria nave fue resultado de los trabajos de una comisión que estudió desde los pertrechos, climatología, corrientes marinas y condiciones marineras de la fragata, ya que hasta el momento, ningún barco de sus características había podido atravesar el atlántico, al igual que la decisión de darle el mando al capitán de Navío Casto Méndez Núñez. Nueve días después de la salida, la fragata alcanzó San Vicente de Cabo Verde. El 16 de febrero zarpó nuevamente, recalando en Montevideo el 13 de marzo. Junto con el vapor transporte Marqués de la Victoria partió el 2 de abril llegando a Valparaíso el 28 de Abril y, finalmente, se incorporó a la escuadra del almirante Pareja en el Callao el día 5 de Mayo.

Mientras tanto, el sentimiento antiespañol entre las otras naciones sudamericanas del Pacífico, Bolivia, Chile y Ecuador se acentuaba día a día. Era obvio que los españoles no teníamos la intención de reconquistar nuestros antiguos territorios ni mucho menos. Tampoco teníamos la fuerza ni los recursos para hacerlo, pero los habitantes de esos países lo temían. Así que, cuando la corbeta española Vencedora se detuvo en un puerto chileno para aprovisionarse de carbón, el presidente de ese país declaró que el carbón constituía una provisión de guerra que no podía ser entregada a una nación beligerante. Tal acto, hizo que el almirante español decidiera bloquear los puertos de Chile, tras lo cual levó anclas del Callao y al frente de cuatro fragatas se dirigió a Chile, mientras que la Numancia y la Covadonga permanecieron bloqueando el primer puerto peruano.

El Villa de MadridEl 17 de septiembre de 1865, el almirante Pareja, a bordo de su buque insignia, el Villa de Madrid, ancló en Valparaíso, negoció con las autoridades chilenas y para alcanzar un acuerdo satisfactorio, entre otras cosas solicitó que el pabellón español fuera saludado con 21 cañonazos. Bajo las condiciones prevalecientes los orgullosos chilenos se negaron a saludar la bandera y una semana después estalló la guerra. Para ese entonces el general O´Donnell había asumido nuevamente el gobierno español y respaldó las acciones perpetradas por su almirante en Sudamérica. Como Pareja no contaba con tropas suficientes como para intentar un desembarco, decidió imponer un bloqueo en los principales puertos chilenos. Aquel plan sin embargo era poco práctico, pues para bloquear los 3,000 kilómetros de costa chilena se requería una flota mucho más grande de la que disponía. Pese a todo, el bloqueo sobre Valparaíso si tuvo efectos demoledores en la economía local y causó serios perjuicios a los comerciantes chilenos y neutrales.

Tras caer diversos presidentes peruanos ascendió el General Prado. Una de las primeras medidas adoptadas por Prado fue declarar su solidaridad con el pueblo y gobierno de Chile y un estado de guerra con el gobierno de su Majestad Católica a efecto de restituir el honor de la nación y confrontar los insultos y humillaciones conferidos por Pareja. Ese mismo 26 de noviembre el almirante Pareja se suicidó. Durante las últimas semanas el marino español estaba sufriendo una serie de reveses. No podía concretar avances significativos en la guerra con Chile, su bloqueo se deterioraba y la tripulación de las naves se encontraba desmoralizada. La corbeta de hélice El orgulloso almirante desconocía que los chilenos, en una brillante acción naval, habían capturado a la corbeta de hélice Virgen de Covadonga, que además costó a los españoles cuatro muertos y veintiún heridos. Cuando el 25 de noviembre el cónsul de los Estados Unidos en Valparaíso le mencionó casualmente el incidente, el almirante sufrió un fuerte colapso nervioso. Era el segundo barco que España perdía después del incendio de la fragata de hélice Triunfo exactamente un año atrás. Fue demasiado para él. Al día siguiente se vistió con su mejor uniforme, se acostó en su camarote y se pegó un tiro en la cabeza.

Al conocer la muerte del prestigioso marino y la pérdida de un barco de guerra al enemigo, la opinión pública española entró en un estado de indignación y demandó revancha. Por la pérdida de la Virgen de Covadonga, un diario en Madrid escribió:

“Si es necesario, dejemos que nuestro escuadrón perezca en el Pacífico, pero salvemos nuestro honor”

La muerte del almirante Pareja supuso el ascenso del vigoroso e inteligente Casto Méndez Núñez, capitán de la fragata Villa de Madrid, a contralmirante, asumiendo el mando de la flota. El cinco de diciembre de 1865, Chile y el Perú formalmente suscribieron una alianza para enfrentarse a nosotros.

Dos días después el Perú nos declaró oficialmente la guerra. Acto seguido un escuadrón naval peruano conformado por las fragatas a vapor Amazonas y Apurimac bajo el mando del capitán Lizardo Montero se dirigió hacia Valparaíso para unirse a la flota chilena.  A partir de ese momento una serie de rumores se esparcieron por Europa y un estado de inquietud invadió aguas españolas porque para entonces dos poderosos blindados peruanos, recién construidos, estaban por partir de astilleros británicos y se presumía que se dirigirían al puerto de Cádiz. Los españoles también temían acciones de corsario en aguas internacionales del Atlántico contra sus barcos mercantes.

Sin embargo, el temor no era suficiente para vencer los prejuicios que se tenían sobre los antiguos territorios. Se les veía inferiores y para nada, capaces de doblegar nuestra poderosa flota.

 

COMPOSICIÓN DE LAS FUERZAS NAVALES       

 

La conformación de lo que serían las escuadras aliada y española, desde la llegada de la expedición científica al Callao en 1863 hasta los encuentros navales de 1866, sufriría diversas variaciones, pues la primera sería reforzada con nuevas adquisiciones y la segunda con unidades provenientes de la península. Los españoles habíamos logrado amasar una fuerza naval formidable, más fuerte aún de la que actuó en el conflicto contra Marruecos, compuesta de las siguientes naves de guerra: 

  • Corbeta de hélice Vencedora, con casco de madera, construida en el Arsenal de El Ferrol en 1861. Desplazaba 778 toneladas, tenía una eslora de 58 metros, alcanzaba una velocidad de 8 nudos y estaba armada con dos cañones giratorios de 200 mm en los costados y dos de 160 mm giratorio a proa.

  • Goleta Virgen de Covadonga construida en el arsenal de La Carraca en 1864, desplazaba 445 toneladas, tenía una eslora de 46 metros y alcanzaba una velocidad de 8 nudos. Estaba armada con dos cañones giratorios de 200 mm en las bandas y uno de 160 mm giratorio en la proa. España perdería sin embargo dicha nave en beneficio de Chile a fines de noviembre de ese año, como ya se relató anteriormente.

  • Fragata de hélice Villa de Madrid, construida en Cádiz en 1862, desplazaba 4,478 toneladas, con una eslora de 87 metros y una velocidad de 15 nudos. Su armamento consistía en treinta cañones de 200 mm; catorce de 160 mm; dos de 120 mm; dos obuses de 150 mm y dos cañones de 80 mm para desembarcos.

  • Fragata de hélice a vapor Resolución, construida en 1861, gemela de la fragata Triunfo, hundida frente a Chincha en noviembre de 1864 (por incendio a bordo). Desplazaba 3,100 toneladas, tenía una eslora de 70 metros, una velocidad de 11 nudos y disponía de veinte cañones 200 mm; catorce cañones de 160 mm y uno giratorio a proa de 220 mm. Para apoyar acciones de desembarco contaba con dos obuses de 150 mm, dos cañones de 120 mm y dos de 80.

  • Fragata de hélice Almansa, construida en 1864, poseía un desplazamiento de 3,980 toneladas y una eslora de 85 metros. Alcanzaba una velocidad de 12 nudos y estaba armada con treinta cañones de 200 mm; catorce de 160 mm y dos de 120 mm; además contaba con dos obuses de 150 mm y dos cañones de 80 mm para desembarcos. Esta nave arribaría al escenario de guerra recién en abril de 1866 (8).

  • Fragatas a hélice Reina Blanca y Berenguela, cada una de 3,800 toneladas de desplazamiento, armadas con 46 cañones.

  • Entre las naves peninsulares destacaba la recién llegada fragata blindada Numancia, entonces considerada una de las naves de guerra más poderosas del mundo. Había sido construida en Tolón, Francia, en 1863. Desplazaba nada menos que 7.500 toneladas, tenía una eslora de 96 metros y alcanzaba una velocidad de 12 nudos. Su armamento consistía en 34 cañones de 200 mm. Estaba protegida por un blindaje de acero de cinco pulgadas y media mm de espesor y era operada por una tripulación de 620 hombres.

  • El escuadrón español sería reforzado con otras pequeñas cañoneras y transportes, algunos de ellos confiscados en el transcurso del conflicto a los chilenos, como el Marques de la Victoria (armado con 3 cañones), el Paquete de Maule, el Matauré, el Matías Cousiño y el Paquete de los Vilos. El poder conjunto de fuego de nuestra escuadra bordeaba los 250 cañones.

Entre los dos aliados sudamericanos, el Perú contaba con la escuadra más numerosa. Por cierto distaba de tener el poder de fuego y el tonelaje de la flota peninsular pero tampoco era una flotilla constituida por barquichuelos armados con improvisadas carroñadas –como muchos presumían- que hubieran podido ser fáciles víctimas de los buques de Méndez Núñez. Por el contrario, el Perú poseía la marina más poderosa del Pacífico occidental operada por oficiales navales muy profesionales y decididos. Tal como ocurrió con la marina española, la década de 1850 había visto la renovación de la armada peruana mediante la adquisición de naves de última generación en los mejores astilleros de Europa, particularmente británicos. Cuando se inició el conflicto con la Madre Patria, el Perú contaba con las siguientes naves:

  • Fragata de hélice Apurimac, con casco de madera, desplazaba 1,666 toneladas y disponía de 44 cañones de potente calibre.

  • Fragata de hélice Amazonas, con casco de madera, tenía un peso de 1,320 toneladas y estaba armada con veintiséis cañones de 32 libras, seis cañones de 64 libras y uno de 120 libras.

  • Monitor blindado Loa, clase Richmond, de casa-mata, construido en 1854 y modificado en 1864, desplazaba 648 toneladas y estaba armado con un potente cañón liso de 110 libras en la proa y uno liso de 32 libras en la popa. Su coraza de hierro, dispuesta en planos inclinados, era de tres pulgadas.

  • Monitor blindado Victoria, clase Richmond, de casa-mata, diseñado y construido en el Perú, desplazaba 300 toneladas, tenía un blindaje de hierro de tres pulgadas y contaba con una torre giratoria de acero con un cañón liso de 68 libras (10).

  • Corbeta Unión, clase Súper Alabama, con casco de madera revestido de cobre, desplazaba 1,600 toneladas, alcanzaban 13 nudos de velocidad y estaba armada con dos cañones Voruz de 100 libras y doce de 68 libras.

  • Corbeta América, clase Súper Alabama, con caso de madera revestido de cobre, desplazaba 1,600 toneladas, alcanzaban 13 nudos de velocidad y estaba armada con dos cañones Voruz de 100 libras y doce de 68 libras.

  • Fragata blindada de batería central Independencia, protegida con coraza de hierro de 4.5 pulgadas, desplazamiento de 2,004 toneladas y velocidad de 12. 5 nudos, armada con dos cañones de 150 pulgadas, doce de 70 pulgadas, cuatro de 32 pulgadas y cuatro de nueve pulgadas.

  • Blindado de torreón Huáscar, desplazaba 1,130 toneladas, propulsado por un motor de 1,500 caballos de fuerza, tenía una coraza de hierro de 4.5 pulgadas y una torre giratoria armada con dos cañones Armstrong de 300 libras y dos cañones pivotantes de 40 libras. Gracias a sus potentes cañones estaba en capacidad de destruir en caso de combate a cualquiera de las fragatas de madera españolas, cuyos cañones más poderosos eran los de 68 libras, número 2, lisos, incapaces de perforar su blindaje o para el caso el del Independencia.

  • Vapor de guerra Colón, construido en Estados Unidos en 1864, armado con dos cañones rayados de 12 libras.

  • El Perú disponía asimismo de cinco vapores con aparejo de corbeta: el Tumbes (2 cañones de 70 libras), el Sachaca (6 de 12 libras), el Lerzundi (6 de 12 libras) y el Ucayali (2 de 32 libras, 3 de 24 libras y 1 de 18 libras).

Por su parte los aliados chilenos contaban con la corbeta de madera Esmeralda, de 854 toneladas, armada con dieciocho cañones; y el vapor Maipú, de 450 toneladas, armado con cuatro cañones de 32 libras y uno de 68 libras. Asimismo los chilenos estaban a punto de recibir de Gran Bretaña dos nuevos cruceros de 1,100 toneladas de la clase Alabama, el Chacabuco y la O´Higgins. Sin embargo, dichos barcos fueron retenidos bajo las leyes de neutralidad del Reino Unido hasta que concluyera el conflicto con España. No obstante, la flota chilena se vería compensada con la captura de la Virgen de Covadonga, y con la compra al Perú del vapor Lerzundi al que se bautizaría como Lautaro.

 

COMBATES DE ABTAO Y EL CALLAO 

 

Combate de Abtao

 

El 16 de enero de 1866, la flota aliada peruano-chilena, integrada por las fragatas peruanas Apurimac y Amazonas y la goleta chilena Covadonga, navegó en convoy desde Ancud, hacia los astilleros de Abtao, una facilidad estratégicamente ubicada en la entrada del sureño archipiélago de Chiloe, cuyos fuertes vientos y traicioneros canales se orientan hacia el Estrecho de Magallanes.
Durante el difícil viaje, la fragata Amazonas, víctima de las corrientes, impactó en una roca sumergida en el canal del Chacao y se hundió.
El resto de las naves aliadas arribó sin dificultades y permaneció en Abtao con órdenes de esperar la llegada de las corbetas peruanas Unión y América antes de iniciar la ofensiva contra la escuadra española.

En Abtao, los chilenos habían levantado algunas fortificaciones y un dique para reparar los buques de guerra aliados.

El 21 de enero de 1866, el comandante Méndez Núñez, luego de informarse sobre la posición del escuadrón aliado, ordenó que las fragatas Villa de Madrid, al mando del capitán Claudio Alvar Gonzáles, armada con 36 cañones, y la Reina Blanca, bajo el comandante Juan Topete, armada con 50 cañones, dejaran el bloqueo de Valparaiso y se dirigieran hacia el sur. La idea era interceptar, destruir o causar el mayor daño posible a los buques de guerra aliados. Los españoles arribaron primero a la localidad de San Juan Bautista y a la isla Juan Fernández. Posteriormente se trasladaron a la isla de Chiloe. De ahí pasaron a Puerto Bajo, Isla Guateca y posteriormente a Puerto Oscuro.

El 4 de febrero las corbetas gemelas de 1,600 toneladas, América y Unión al mando de los tenientes Benjamín Mariategui y Miguel Grau, respectivamente, se unieron a la escuadra chileno-peruana en Abtao, sin que los españoles se entererasen de la llegada de estos importantes refuerzos.

Poco después, a primeras horas de la mañana del 7 de febrero, la Villa de Madrid y la Blanca aparecíeron frente al apostadero de Chayalhue, donde se ubicaban los barcos aliados, que era una posición de muy difícil acceso.

Hubo júbilo en el comando español al haber descubierto, finalmente, a sus adversarios. Alvar Gonzáles decidió atacar por sorpresa pero al principio surgieron las dudas pues las aguas eran poco profundas y los estrechos muy peligrosos y existía el peligro de que las naves pudieran encallar en aguas poco profundas, razón por la cual permanecieron a la entrada.

A las 10 de la mañana, la Covadonga, que estaba patrullando el área, notó la presencia de las naves enemigas, con lo cual se rompió el factor sorpresa. Informado de esta situación, el comandante de la primera división naval peruana, el capitán Manuel Villar, asumió el mando de la fuerza aliada, conformada por la fragata Apurimac, las corbetas América y Unión y la goleta chilena Covadonga y dispuso formar una línea de batalla para controlar las únicas dos entradas a la facilidad.

A 15:00 horas los españoles decidieron finalmente presentar batalla y se aproximaron para cañonear a sus enemigos. Para tal efecto ingresaron lentamente al embarcadero por el cauce más ancho, primero la Reina Blanca, seguida por la Villa de Madrid.

Treinta minutos después, cuando los españoles estaban aproximadamente a 1,600 metros de distancia de las posiciones aliadas, el comandante Villar ordenó a la fragata Apurimac abrir fuego. El resto de la flota la siguió. Los españoles de inmediato contestaron con sus potentes cañones. Algunos proyectiles españoles alcanzaron la línea de flotación del Apurimac, obligándolo a que se desplazara hacia al norte. Otra granada española impactó en la Unión, y mató a dos de sus tripulantes. La América también recibió un impacto. La lucha continuó pero con poco efecto. La artillería española era muy errática mientras los barcos aliadas supieron utilizar mejor su armamento.

A pesar de estar al ancla y sin vapor las naves peruanas lucharon con gran energía y determinación. El Covadonga chileno, bajo el teniente Manuel Thomson, logró disparar disparar sobre un islote y anotó algunos impactó en la Blanca a una distancia de sólo 600 metros.

La reina Blanca, la peor parada de todas nuestras navesDespués de dos horas en que se intercambiaron aproximadamente 1,500 tiros, las naves españolas, que habían sufrido varios impactos, empezaron a retirarse protegidas por sus fuegos. Ambos lados incurrieron en daños, pero al final los españoles se llevaron la peor parte. La Reina Blanca recibió 16 impactos y la Villa de Madrid once cañonazos. La línea de flotación de la primera fue seriamente afectada. Imposibilitados de sostener combate en las aguas poco profundas y comprendiendo que un tiroteo de gran alcance podría afectar más sus naves, los comandantes españoles se retiraron a Valparaíso. Si bien la batalla acabó indecisamente y no hubo un resultado contundente, los aliados lo consideraron una gran victoria moral al haber rechazado enérgicamente el ataque español y haberlos forzado a retirarse de la batalla. En su primer examen de combate contra una potencia europea, los sudamericanos mostraron mucha determinación y sin duda dieron una lección de coraje. Los españoles, por su parte, comprendieron que sus adversarios iban en serio y que tenían una capacidad de respuesta que ponía en peligro su aventura militar.

Bahía de Valparíso en el 1900

En su informe a Méndez Núñez, el comandante español Claudio Alvar Gonzáles escribió:

“Los tiros más exactos y eficaces provinieron de las corbetas peruanas Unión y América”.

El comandante Méndez Núñez, como su predecesor, había fracasado en sus esfuerzos de subyugar a los aliados.

Los españoles no podían desembarcar ni ejecutar acciones terrestres y ahora se habían visto frustrados en su intento de comprometer a la escuadra aliada en combate a mar abierto, ya que las naves aliadas habían rehuido el combate adentrándose en aguas poco profundas. Las naves españolas quedaron así aisladas, cortas de suministros y sin esperanzas de victoria. Los arrogantes agresores se habían convertido en hombres desesperados que requerían de una acción espectacular para salvar su honor. En España, el gobierno y la prensa continuaban exigiendo venganza. La verdad fue que el resultado de Abtao fue incomprensible para aquellos que creían que los sudamericanos eran un pueblo que a la sola presencia del más débil barco español quedarían enervados por el pánico e incapaces de ejecutar cualquier acción, ni aun para implorar misericordia.

Informado sobre el resultado de Abtao, Méndez Núñez procedió al sur con la poderosa Numancia, la Resolución y la Reina Blanca para forzar un nuevo combate con los aliados, pero no tuvo éxito. Por su parte las corbetas peruanas Unión y América, también fueron enviadas en búsqueda de uno de los buques de guerra españoles que estaban navegando alrededor del área, pero no pudieron encontrarlos.

Después de esto, la flota aliada permanecería a la defensiva en aguas chilenas del sur, a la espera de la llegada de los blindados Huáscar e Independencia, lo que evidentemente se convertiría en factor que cambiaría el equilibrio de fuerzas.

COMBATE DEL CALLAO

combate del callaoTras la retirada a aguas poco profundas de las fuerzas aliadas, Méndez Núñez, puso rumbo a Valparaíso. Cuando llegó comunicó al cuerpo diplomático enemigo, y a las fuerzas neutrales presentes en la zona, que bombardearía la ciudad en el plazo de cuatro días si no se firmaba un acuerdo de paz.

Temiendo el éxito español que podía darle la hegemonía sobre la zona que ansiaban Estados Unidos e Inglaterra, el contralmirante inglés y el comodoro norteamericano intentaron disuadirlo de sus intenciones amenazándolo con la participación de sus poderosos barcos en la defensa de Valparaíso. Méndez Núñez no mostró ningún síntoma de impresionarse por la amenaza, respondiendo que se vería obligado a hundir las dos flotas si se interponían en su misión. Viendo el firme carácter del español, y sobre todo, ante la posibilidad que el Numancia hundiera de verdad sus flotas, tuvo lugar el bombardeo de Valparaíso sin la ayuda prometida por Estados Unidos e Inglaterra a la alianza entre Perú y Chile.  

Acusado de atacar una ciudad sin apenas defensas el jefe de la flota española se dirigió a El Callao, la plaza costera más fortificada que disponía el enemigo, y el dos de mayo Méndez Núñez se preparó para atacar. Sus enemigos pensaron que el almirante español sufriría una terrible derrota. En El Callao se encontraban 96 cañones, ocho de estas piezas de artillería eran de 500 libras y seis de 300. Los barcos atacantes disponían de 245, siendo el calibre más grande de 68 libras, pero únicamente podían ser usados la mitad debido a que estaban montados a los costados de las naves.  

Las fortificaciones del Callao eran de un poderío legendario, a tal punto que aquel era considerado el puerto mejor protegido de la costa occidental de América Latina. Su principal fortificación era el Real Felipe, construido por los españoles durante el siglo XVIII en el mismo lugar donde antiguos fortines enfrentaron y respondieron ataques de figuras legendarias como Sir Francis Drake y John Hawkins.

Ante la eventual batalla, el General Prado, presidente del Perú, había mandado reforzar las defensas con potentes cañones recientemente adquiridos en Gran Bretaña. La movilización de las fuerzas militares y la población civil fue masiva. Se construyeron rápidamente nuevas defensas con el material disponible, si bien, no fueron gran obstáculo debido a lo escaso de su protección.

Cañón Belkeley, sin apenas protección no pudo demostrar su potencial

Aquellas consistían en una serie de baterías localizadas de norte a sur. Las baterías del norte, comandadas por el coronel José Joaquín Inclán, consistían en la Torre Junín, el Fuerte Ayacucho, la batería Independencia y el reducto del sol. Las posiciones del sector sur bajo el coronel Manuel de la Cotera estaban compuestas por el Fuerte Santa Rosa, la Torre de la Merced, el reducto improvisado Pichincha y las baterías Abtao, Chacabuco, Provisional, Zepita, Maipú y el Cañón del Pueblo. En total los peruanos disponían de cincuentaidos cañones, incluyendo cinco potentes Blackely de 500 libras y cuatro Armstrong de 300 libras, dispersos en los fuertes, las baterías de arena y las torres artilladas. Los proyectiles de los Blackely tenían 48 centímetros de longitud por 27.5 de diámetro, mientras que los de los Armstrong tenían 40 centímetros de longitud por 25 centímetros de diámetro. Los barcos de guerra ubicados en la bahía, al mando del capitán Lizardo Montero, disponían de ocho cañones adicionales. Consistían en los vapores Colón, el Tumbes (buque insignia) y el Sachaca y los monitores Loa y Victoria, cuya función era reforzar las defensas del norte. Las tropas comandadas por el general Juan Buendía se ubicaron en las Chacritas, mientras que la caballería lo hizo en Bellavista. El ministro de guerra, José Gálvez estableció la sede de su comando en la Torre de la Merced.




LA torre de la Merced

Alrededor de las 10:00 horas, el impresionante escuadrón español se dividió en dos grupos y formó una línea de ataque en forma de V. Un flanco, compuesto por la Numancia, Almansa y Resolución, con un total de 137 cañones, tomó posición en el norte del Callao, mientras que el otro flanco, con la Villa de Madrid, Berenguela y Reina Blanca, con 122 cañones, se desplazó hacia el sur del puerto. Los transportes y otros barcos de guerra como la cañonera Vencedora, permanecieron en la retaguardia, lejos del alcance de tiro de las defensas peruanas. A las 12:15 horas, habiéndose completado la maniobra, la majestuosa Numancia, buque insignia de Méndez Nuñez, disparó los dos primeros tiros. El Fuerte Santa Rosa respondió de inmediato y se dio inicio al duelo naval. Tras seis horas de duelo artillero la flota española consiguió una victoria completa. Cuando terminó el combate, sólo tres piezas enemigas seguían disparando, la torre blindada de defensa había sido destruida y el ministro de guerra peruano había muerto. En el bando español sufrieron daños las naves “Berenguela”, “Villa de Madrid” y “Almansa”. Murieron 43 marinos y 157 resultaron heridos, entre ellos el propio Méndez Núñez.

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