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No se sabe con exactitud cuándo el
hombre comenzó a navegar. Probablemente nunca tendría una aparente necesidad de
internarse en la mar. ¿Por qué una tribu o pueblo iba a necesitar arriesgar su
vida para nada? Quizás en un principio no hubiera necesidad, pero sí curiosidad,
afán por conocer. ¿Cuántos días estarían dispuestos a navegar estos hombres? y,
¿cuánto tiempo durarían en el mar? Por lo que se sabe estuvieron dispuestos a
todo lo que se les avecinara.

Los primeros pobladores de nuestra península, íberos
y celtas, entraron en ella por tierra, y la mayoría de los habitantes de
ella provenían de territorios del sur de Europa y del norte de África.
¿Cuando apareció el primer barco en nuestras aguas? Vaya usted a saber.
Probablemente los mismos hombres que vivían aquí tendrían sus barquichuelas
de pesca y sus primitivos puertos a los que llegarían los fenicios atraídos
por la riqueza de nuestros yacimientos. Tal pueblo denominó nuestro suelo
Hispania, que erróneamente se traduce como "Tierra de conejos" y no como
"tierra del norte" (próximamente incluiremos un artículo publicado en "la
aventura de la historia" que trata sobre el tema). Llegaron en sus barcos
gáulos y se dice que hicieron rápida amistad con los habitantes de nuestras
costas y establecieron en nuestro litoral puertos donde comerciar.
FENICIOS
Todos los pueblos que vinieron a nuestro país tras
los primeros celtas e íberos lo hicieron por mar y todos ellos amparados por una
marina militar independientemente de la misión o el objetivo que persiguieran,
ya que no podían estar desprotegidos ante el ataque de potencias extranjeras y
debían defender sus intereses comerciales y sus puertos. Tras los FENICIOS
llegaron los
GRIEGOS.
Grecia situada en la península balcánica era agreste y limitaba mucho la
expansión del pueblo griego que se veía empujado a navegar por el Mediterráneo
en busca de nuevos puertos y lugares donde establecerse y desde ahí mantener
fuertes vínculos tanto con los pueblos indígenas como con la metrópoli. Y hasta
España llegaron los griegos. Fundaron ciudades y entraron en buena lid comercial
con el anterior visitante, los fenicios. En su lucha contra los griegos, los
fenicios llamaron a los cartagineses, quienes a las órdenes de Amílcar Barca, se
apoderaron de la mayor parte de España. Fue en esta época cuando Roma inició una
disputa fronteriza en defensa de las zonas de influencia griega: y así comenzó
en la península la segunda guerra púnica, que decidió el destino del mundo de
entonces. Tras la victoria de Roma, Publio Escipión, "El Africano", comenzó la
conquista de España, que iba a estar bajo dominio de Roma durante seis siglos.

CARTAGO era la potencia naval de su tiempo. Roma estaba
ocupada con las invasiones y guerras en la península itálica. El puerto de
Cartago fue una maravilla de la ingeniería que aun hoy sorprende por su
innovación y perfección. Un puerto que tenía dos mares interiores con una
construcción central donde arribaban todos los barcos y gracias a la cual la
circulación marítima era mucho más fluida que la que se pueda encontrar en
muchos puertos de la actualidad.
La potencia naval de Cartago era inigualable.
Habían desarrollado la quinquerreme; mientras que sus antecesores los fenicios
se movían por el mundo con trirremes, naves que ya eran de por sí temibles con
sus espolones y gran velocidad. La majestuosidad y potencia de las naves de
Cartago fue estudiada por los romanos que poco duchos en las labores marineras
decidieron utilizar el abordaje como medio de combate contra la poderosa flota
púnica. Para ello acoplaron a sus barcos plataformas por las que pasaban al
barco enemigo su eficaz y temible infantería. Así fue como en poco tiempo el
poderío naval cartaginés cedió ante el empuje de la impetuosa Roma que destruyó
Cartago hasta los cimientos en la tercera de las guerras púnicas en el año 146 a.c.
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Esta es una quinquerreme
púnica de las que Roma construyera 120 en pocos días al construirlas en
serie y por módulos. Como nos explica magistralmente J.L. Lago: "El
quinquerreme era el navío más poderoso del Mediterráneo. Su tripulación era
de 420 hombres, de ellos 120 soldados que colocaban sus escudos en las
bordas. De los 300 marineros, 270 eran remeros, todos contratados, que se
disponían en tres órdenes de la siguiente forma: 2 remeros en el orden
superior, dos en el medio y uno en el inferior. La nave montaba a proa un
recio espolón reforzado con bronce y su obra viva (parte de la nave que
queda bajo el agua) estaba forrada de placas de plomo para evitar la
corrosión de la madera. A popa se alzaba una tienda de cuero y los dos
grandes remos que servían de timones. Un mástil retráctil podía alzarse para
soportar una vela cuadra, pero en combate siempre se utilizaban
exclusivamente los remos."
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Tras la segunda guerra
Púnica comienza la romanización de la península. Ya no quedan en la península ni
fenicios, ni griegos, ni celtas, ni íberos, ni los celtíberos... ya sólo
ciudadanos del imperio. Eso sí, quedaron las ciudades creadas por los
comerciantes como son Cartagena, Cádiz, Málaga, Ampurias, Rosas y un largo
etcétera de villas y plazas a lo largo de toda la costa y el interior. Será Roma quien se
adentre en la península con mayor o menor resistencia de los pueblos celtíberos y llegue hasta el fin del mundo, FINISTERRE (en la
actualidad, y debido al alto grado de imbecilidad que reina en España se está
empezando a llamar "Fisterra")
Para saber más sobre las guerras
púnicas visiten www.satrapa1.galeon.com
La importancia del dominio del mar
en las costas peninsulares se puso de manifiesto en la guerra civil de César y
Pompeyo (49 a.de C.) y en la sublevación de los cántabros y astures en tiempos
de Augusto (19 a. de C.). Con el establecimiento de la paz romana se propició en
la Península Ibérica la construcción naval, el comercio de productos agrícolas y
la exportación de minerales.
La política naval del Imperio
Romano
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