
La Corona de Aragón y la expansión de Cataluña por el Mediterráneo
Casi coincidiendo con la disgregación política de los territorios hispano- arábigos, el conde Ramón Borrell de Barcelona empezó a gobernar de hecho en el 992 con plena independencia respecto a la antigua soberanía franca de los Capeto. Poco a poco, se fueron uniendo al condado de Barcelona, mediante herencias o alianzas, el resto de los condados de la región: Gerona, Ausona, Ampurias, Rosellón, Cerdaña, Urgel y Besalú; fue la época del nacimiento de una Cataluña con personalidad histórica definida, el comienzo de su expansión comercial por el Mediterráneo y la formación de una incipiente marina militar para protegerse del corso y las incursiones árabes en sus costas.
Todo se basaba en Barcelona, que ya poseía los elementos indispensables para desempeñar su función: un puerto, un faro (desde 995), y astillero y arsenal para la fabricación y el mantenimiento de todo tipo de embarcaciones. Pero es a partir de Ramón Berenguer III (1096-1131) cuando la Marina catalana adquiere prestigio e importancia en el Mediterráneo occidental; en 1114, junto con una armada de la ciudad de Pisa, el conde dirigió una campaña contra los corsarios árabes asentados en las Baleares (1114-1115).
Viajó a Italia para obtener del papa Benedicto VIII los beneficios de la declaración de cruzada contra los infieles y también renovar las alianzas con Génova y Pisa (1118). Consiguió sojuzgar a los árabes del reino de Valencia, aunque fue derrotado por los almorávides en Corvins. Al fallecer, dejó sentadas las bases del posterior engrandecimiento de la Marina catalana.
Su sucesor Ramón Berenguer IV (1131-1162), confederado con los genoveses, reunió una armada que al mando de Dalmau de Pinós acudió en ayuda de Alfonso VII de Castilla para conquistar Almería (1147), y en la campaña siguiente expulsó a los árabes de Tortosa (1148). Al contraer matrimonio en 1137 con Petronila, hija única y heredera de Ramiro II de Aragón, quedaron confederados el principado de Cataluña y el reino de Aragón en la persona de Ramón Berenguer, quien pasó a gobernar este reino con el título de Príncipe.
La unión de Aragón y Cataluña hizo de esta corona una potencia respetable en el Mediterráneo. Relacionado con todos los estados italianos y los reinos de Navarra y Castilla, su descendiente Jaime I (1213-1276), gracias a una importante flota al mando de Ramón de Plegamáns, conquistó la isla de Mallorca (1229), poco después sometió Menorca (1231) e invadió Ibiza y Formentera (1235), por lo que las islas Baleares, que eran musulmanas con alternativas desde el año 903, pasaron a formar parte de la monarquía catalanoaragonesa. En 1238 conquistaba el reino de Valencia, y en 1266 el de Murcia, que cedió a Alfonso X de Castilla. Hasta su fallecimiento en 1276 fomentó la marina y el comercio, nombró cónsules en todos los puertos del Mediterráneo y dictó las Ordinationes Ripariae (1258), que fueron la base de los códigos marítimos posteriores, recogidos en el famoso Libro del Consulado del Mar, la más completa compilación legislativa naval de Europa; objeto de una minuciosa reglamentación por Pedro IV en 1347, fue impreso por primera vez en 1502.
LA COCA MEDITERRÁNEA
El camino abierto por Jaime I fue seguido por su sucesor Pedro III durante su breve reinado (1276-1285). Con una flota al mando de Conrado de Llanza atacó Ceuta (1279) y a los corsarios de Túnez y Tremecén (1282), y con otra a las órdenes de Pedro de Queralt protegió las costas de Mallorca. En 1282 se apoderó del reino de Sicilia, donde fue proclamado rey tras derrotar a Carlos de Anjou. En la campaña siguiente empezó a destacar el almirante calabrés Roger de Lauria, al servicio de Pedro III, que secundado por Pedro Queralt, Ramón Marquet, Berenguer Mallol y Berenguer de Montoliou, hizo fracasar todas las pretensiones de Felipe de Francia sobre Italia y Cataluña (1285).
Durante el reinado de Alfonso III (1285-1291) se conquistó definitivamente Menorca (1287) y continuaron las disputas con los franconapolitanos, que fueron derrotados por Roger de Lauria en Castellamare (1286). Antes de morir, Alfonso III firmó la paz de Tarascón que confirmó a Cataluña y Aragón como potencia mediterránea. Le sucedió Jaime II (1291- 1327), hermano del anterior, quien por el tratado de Anagni (1295) cedió el reino de Sicilia al papado, pero los sicilianos otorgaron el trono a Fadrique, hermano de Jaime (1296), por lo que se declaró la guerra entre ambos. Roger de Lauria, a las órdenes del aragonés, obtuvo sus últimos triunfos en cabo Orlando (1299) y Ponza (1300), pero Sicilia quedó en manos de Fadrique al firmarse la paz (1302). En la Península, Jaime II ayudó a Castilla en la reconquista de Tarifa (1293), intervino en la crisis castellana y poco después en la campaña de Almería (1309). Finalizada la guerra en Sicilia, y
con el beneplácito del rey Fadrique, una gruesa armada de galeras con cuatro mil almogávares a las órdenes de Roger de Flor, en compañía de Berenguer de Entenza, Berenguer de Rocafort y otros, acudió a Constantinopla en 1302 a petición de Andrónico II, emperador bizantino, para protegerle de los turcos. Gracias a esta acción, y tras muchas vicisitudes, los ducados de Atenas y Neopatria se agregaron a la corona de Sicilia (1311) y posteriormente a la de Aragón (1380), dominio que finalizó diez años más tarde.
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Mapa del S.XVI de la ciudad siciliana de Cagliari
Antes de fallecer en 1327, Jaime II incorporó Cerdeña, posesión de Pisa, a sus dominios (1324), que quedó asegurada por la victoria naval de Cagliari (1326), aunque permaneció en litigio con los genoveses a partir de 1329 durante los reinados de Alfonso IV (1327-1336) y Pedro IV (1336-1387). Este último mostró la solidaridad peninsular al colaborar con Castilla en las campañas contra los almorávides; el 6 de septiembre de 1336, una escuadra al mando de Gilbert de Cruilles atacó Ceuta y derrotó a una agrupación naval africana. Después de la batalla del Salado (1340), el monarca aragonés gracias al almirante Pedro de Montcada dominó el Estrecho y participó en la conquista de Algeciras (1344) y en el fracaso de Gibraltar (1350), donde murió Alfonso XI de Castilla víctima de la peste. Las treguas con los africanos permitieron el apogeo de la economía catalana en el Mediterráneo occidental en dura rivalidad política y comercial con Génova. Este señorío había intervenido abiertamente en una sublevación de la isla de Cerdeña contra el dominio aragonés (1347). Después de aliarse los catalonoaragoneses con Venecia y el Imperio bizantino (1351) comenzaron las hostilidades. Una escuadra coaligada se enfrentó a otra genovesa en el Bósforo Tracio con resultado indeciso (1350). Pero la reacción de los catalanoaragoneses no se hizo esperar y el almirante Bernardo de Cabrera obtuvo una completa victoria sobre la genovesa de Nicolo Pisano en Alguer (Cerdeña) en 1353, aunque Pedro IV fracasó en su intento posterior de apoderarse de la isla por completo. Sin embargo, lo más notable del reinado de este monarca fue la reincorporación a la corona de Aragón de Mallorca, Rosellón y Cerdeña que arrebató a su cuñado Jaime III (1343-1344). Con Pedro I de Castilla, sostuvo el aragonés una prolongada lucha por el equilibrio peninsular desde 1355 a 1366, y otra de beligerancia solapada hasta la firma del tratado de Almazán de 1375, ya en pleno reinado de Enrique II de Castilla. Pedro IV ordenó la revisión de Llibre del Consolat del Mar en 1347, protegió el desarrollo de la cartografía y de la náutica a cargo de judíos mallorquines, de los que el Atlas catalán atribuido a Abraham y Jafuda Cresques (1375), constituyó el máximo exponente de una escuela nacida en Mallorca, porque las circunstancias históricas hicieron de esta isla un cruce de culturas y centro comercial desde su incorporación a la confederación catalanoaragonesa, a partir de 1229.
Juan I (1387-1396) se limitó a conservar los enclaves aragoneses en Cerdeña contra la rebelión endémica de sus naturales; durante su reinado se perdieron los ducados de Atenas y Neopatria (1388). Su hermano y heredero Martín I (1396-1410), ratificó la orientación marítima mediterránea pues hizo efectiva la soberanía aragonesa sobre Córcega y defendió Cerdeña, aunque fracasó en dos expediciones de castigo sobre Berbería en 1398 y 1399 a cargo del almirante Pedro de Vilaragut..Por el compromiso de Caspe, Fernando de Antequera heredó la corona aragonesa (1412); muerto en 1416, dejó como sucesor a Alfonso V el Magnánimo (1416-1458), que se apoderó de la totalidad de Cerdeña (1420), aunque fracasó en Córcega por la oposición genovesa (1421). La reina Juana II, sitiada en Nápoles por Sforza y Luis de Anjou solicitó auxilio a Alfonso bajo promesa de reconocerlo como heredero (1420); una escuadra al mando de Ramón de Perellós contribuyó a alejar el peligro, y Alfonso V desembarcó en Nápoles (1421). Después de vencer a los genoveses en el combate naval de la Foz Pisana (1421) y sofocar una sublevación de los napolitanos (1423), regresó a Cataluña, no sin antes asaltar la ciudad de Marsella el 19 de noviembre de 1423. En el verano de 1432 atacó las islas Gerba (Túnez).
Antes de fallecer Juana II en 1435, rompió el compromiso de nombrar a Alfonso V como su heredero en el trono napolitano y designó a Renato de Anjou. El Rey aragonés envió su armada para emprender por Gaeta la conquista de Nápoles, no obstante, la escuadra genovesa de Felipe María Visconti atacó por sorpresa a la de Alfonso en Ponza e hizo prisionero al monarca (1435). El viraje político de Visconti propició la firma del tratado de Milán por el que ambos soberanos se repartían Italia (8 de octubre de 1435). De 1443 a 1442 el rey aragonés luchó por anular a Renato de Anjou, lo que consiguió el 26 de febrero de 1443 al entrar triunfalmente en Nápoles, donde permaneció hasta el final de su vida (1458), dedicándose a los asuntos italianos y olvidándose de sus dominios en España. Dejó en testamento el reino de Aragón a su hermano Juan II (1458-1479), y el reino de Nápoles y Sicilia a Fernando I (1458-1494), su hijo natural. En Cataluña se desató una guerra civil, agravada por la invasión de los franceses de Luis XI (1467), que finalizó en 1472 con la victoria de Juan II. Falleció en 1479 dejando como sucesor a su hijo Fernando II de Aragón, cuyo matrimonio con la reina Isabel I de Castilla en 1469 consagró la unión de Aragón y Castilla.