La
Armada Española en el Franquismo
La
Posguerra 
La
Guerra Civil había dejado en 1939 una Armada muy mermada en sus
efectivos -se perdieron totalmente dos acorazados, un crucero, un
destructor, siete submarinos y trece unidades menores, fuerzas que
no pudieron ser compensadas por la incorporación de los cuatro
destructores, dos submarinos, un cañonero y varias lanchas
torpederas adquiridas durante la contienda. A ello cabe añadir la
desaparición de la Aeronáutica Naval, los destrozos ocasionados
por la acción de los bombardeos en las bases de Cartagena y Mahón
y, lo más importante, las pérdidas humanas tanto por muerte, como
por exilio o depuración, que en el caso del Cuerpo General de la
Armada alcanzaron hasta el 59 por ciento de los efectivos existentes
en 1936.
Con
un gran esfuerzo, el contralmirante Salvador Moreno, nombrado
ministro de Marina el 17 de agosto de 1939, arropado por la entrega
entusiasta de la Corporación, emprendió la tarea de levantar la
Armada en el contexto de una España asolada tras la guerra, sin
recursos materiales, con una industria carente de utillaje moderno y
materias primas, en un ambiente internacional enrarecido por
la Segunda Guerra Mundial, iniciada el primero de septiembre de
1939.
Las
primeras medidas en el campo de la organización afectaron, como es
natural, al propio Ministerio de Marina y al Estado Mayor de la
Armada. Respecto al personal, las reformas alcanzaron a todos los
cuerpos, escalas y plantillas y, sobre todo, a su formación. En
1943 se trasladó la Escuela Naval Militar a Marín (Pontevedra), y
el año siguiente se inauguró la de suboficiales de San Fernando en
la sede de la antigua Escuela Naval. Así mismo, en 1945, la Escuela
de Guerra Naval reinició sus actividades suspendidas con motivo de
la guerra.
Para
afrontar en profundidad la modernización de la Flota, con carácter
transitorio y en virtud de la Ley de 2 de septiembre de 1939, se creó
el Consejo Ordenador de Construcciones Navales Militares, el cual se
encargó de las instalaciones y astilleros que, desde 1908, habían
sido administrados por la Sociedad Española de Construcción Naval.
Pero,
creado el Instituto Nacional de Industria en 1941, se le encomendó
a este organismo la fundación y financiación de una Empresa que,
con capital estatal tuviera como principal misión llevar a cabo los
programas navales y sus obras complementarias, que incluían las
civiles e hidráulicas a realizar en las bases y factorías navales
militares. Así nació el 11 de mayo de 1942 el marco jurídico para
crear el 11 de julio de 1947 la Empresa Nacional “Bazán” de
Construcciones Navales Militares, Sociedad Anónima, haciéndose
cargo de las factorías e instalaciones administradas por el
Consejo. Desde entonces hasta la actualidad, esta Empresa ha sido la
encargada de proporcionar a la Armada las unidades navales
requeridas de acuerdo con sus necesidades, para lo que dedicó una
gran parte de su esfuerzo a la remoción y ampliación de las tres
factorías de Ferrol, Cádiz y Cartagena.
A
partir de 1939, la actividad de los astilleros y factorías del
Consejo Ordenador se volcó en la reparación y reforma de las
unidades recuperadas en Bizerta procedentes de la Flota republicana.
Así fueron modernizados, en lo que cabe, los cruceros Galicia (ex
Príncipe Alfonso, ex Libertad), Miguel de Cervantes y
Méndez Núñez, este último para transformarlo en crucero
antiaéreo, los trece destructores clase Churruca y los tres Alsedo.
El
primer plan naval 
El
primer programa naval de la posguerra, versión actualizada de otro
planteado en 1938, fue el de 8 de septiembre de 1939, en el que se
preveía entre otras obras la construcción de 4 acorazados, 2
cruceros pesados, 12 cruceros ligeros, 54 destructores, 36
torpederos, 50 submarinos y 100 lanchas torpederas. El presupuesto
era de 5.500 millones de pesetas a invertir en once años de plazo
de ejecución. Se contaba con el apoyo técnico e industrial de
Alemania e Italia, pero la Segunda Guerra Mundial frustró tan
ambicioso proyecto y fue abandonado en 1941; se intentó revisarlo
en 1943, pero también fracasó, dando lugar tan sólo a estudios
sobre algunas clases de buques como portaaviones, cruceros ligeros y
exploradores.
Durante
el conflicto, España permaneció primero neutral (1939), después
"no beligerante" (1940), y finalmente otra vez neutral
(1943), decisiones de Franco a las que contribuyeron notablemente
las opiniones del almirante Moreno y del capitán de fragata Carrero
Blanco. No obstante, como deuda moral e incluso material por la
ayuda recibida durante la Guerra Civil, el Gobierno español
condescendió hacia Alemania, bien permitiendo a sus submarinos
repostar en puertos del Atlántico, o con la exportación de
materias primas, e incluso interviniendo humanitariamente en
ocasiones, como el intento de salvamento de los náufragos del
acorazado Bismarck llevado a cabo por el crucero Canarias (1941).
Fracasado
el programa naval de 1939, se presupuestó la construcción de 9
destructores, 9 torpederos, 8 cañoneros, 6 corbetas y 14
dragaminas; asimismo, se dispuso la renovación del Tren Naval y la
terminación de los submarinos “D” y los destructores Álava y
Liniers, procedentes de los programas de la República, cuyas
obras habían sido paralizadas en 1936.
De
los destructores, tan sólo tres entrarían en servicio: Oquendo,
Roger de Lauria y Marqués de la Ensenada. Su
construcción, autorizada en 1943, se prolongó hasta 1963 en el
caso del Oquendo, mientras que los otros dos fueron
reconstruidos en la Factoría de “Bazán” en Cartagena de
acuerdo a un nuevo proyecto entre 1964 y 1970, y los seis restantes
cancelados en 1952. Esta demora extraordinaria fue ocasionada por
los continuos cambios de proyecto y de equipos y la complicada
instalación propulsora de origen francés que montaban. Tampoco
fueron ajenos el aislamiento internacional a que era sometida España
y el vertiginoso desarrollo de la tecnología naval derivada de la
contienda mundial. Fueron dados de baja en 1978, 1982 y 1988
respectivamente.
Otro
tanto se puede decir acerca de las dificultades de proyecto y
construcción de los nueve torpederos. Bautizados con los nombres de
Audaz, Osado, Meteoro, Furor, Rayo,
Ariete, Temerario, Intrépido y Relámpago, constituyeron una
serie inspirada en el proyecto francés de la clase Le Fier de
1936 con modificaciones alemanas de 1940. Autorizada su construcción
en 1944, los cuatro primeros fueron entregados entre 1953 y 1958. De
acuerdo con los convenios suscritos entre España y Estados Unidos
en 1953, se procedió a una modernización total de las nueve
unidades de la serie, que por estas fechas habían sido clasificadas
como cazasubmarinos. Las obras, a cargo de la Empresa Nacional
“Bazán” en la factoría de Ferrol, duraron de 1958 a 1965.
Estas unidades, reclasificadas como fragatas rápidas, fueron dadas
de baja entre 1972 y 1982, excepto el Ariete naufragado en la
costa de Muros en 1966.

Los
ocho cañoneros fueron denominados con nombres de navegantes y
conquistadores españoles: Pizarro, Hernán Cortés, Vasco Núñez
de Balboa, Martín Alonso Pinzón, Magallanes, Sarmiento de Gamboa,
Vicente Yáñez Pinzón y Legázpi.
Construidos
en dos series de cuatro unidades por el Consejo Ordenador y la
Empresa Nacional “Bazán” en Ferrol entre 1943 y 1951, sus
modestas características de diseño habían quedado anticuadas aun
antes de empezar a navegar, a causa de los avances registrados en la
tecnología naval durante la Segunda Guerra Mundial. Entre 1958 y
1960 fueron modernizados el Vicente Yáñez Pinzón y el Legázpi
como consecuencia del Programa de rehabilitación del 1950,
quedando clasificados como fragatas; en 1983 y 1978 respectivamente
causarían baja, mientras que el resto lo fueron entre 1965 y 1974.
Con ayuda alemana se inició en 1943 la construcción de siete
dragaminas clase Bidasoa, basados en el M-1940 germano,
seis submarinos "G", copia del tipo VIIC de la
Kriegsmarine, una de cuyas unidades (el U573, rebautizado G-7)
había sido adquirido por la Armada después de arribar a Cartagena
con averías (1942) y diez lanchas torpederas del modelo germano S-38.
De ellos sólo entraron en servicio los dragaminas y seis lanchas,
mientras que la construcción de los submarinos fue cancelada en
1961 por los continuos retrasos en el suministro de los materiales
necesarios.
A
estas unidades cabe añadir siete dragaminas clase Guadiaro similares
a los Bidasoa, construidos entre 1948 y 1956, así como
remolcadores, algibes, buques hidrógrafos, guardacostas y el yate Azor.
Factor
común de todos los buques de la posguerra fue su diseño anticuado,
carentes de armamento y de sistemas de detección y seguridad
interior modernos, con el inconveniente añadido de haber hipotecado
las disponibilidades presupuestarias de la Armada durante las décadas
de los años cuarenta y cincuenta. Así resultaron baldíos los
esfuerzos del ministro almirante Francisco Regalado (1945-1951),
sucesor de Moreno, para adquirir o construir algún portaaviones
ligero e incorporarlo a la Flota, paso fundamental para la
reconstitución de la antigua Aeronáutica Naval que se hacía a
todas luces evidente según pasaban los años, y era imprescindible
si se quería desempeñar las responsabilidades inherentes a la
soberanía nacional sobre el gran espacio marítimo comprendido
entre las islas Baleares y las Canarias. El 20 de julio de 1951, el
almirante Salvador Moreno volvía a la cartera de Marina, cuando se
hacían más evidentes en la Armada las consecuencias del bloqueo y
el aislamiento político ejercido contra el Régimen de Franco, no
obstante haber sido revocado por la ONU el acuerdo sobre la condena
que contra él pesaba desde hacía años (4 de noviembre de 1950).
Tan sólo se puede destacar la puesta en vigor de los Cuadernos Tácticos
que dieron una cierta modernidad a las fuerzas navales, pues
permitieron conocer la razón de cada maniobra y poner al día a la
oficialidad de los buques frente al futuro.
Segundo
Plan naval franquista

A
la inyección de optimismo que supuso para la Armada la firma de los
convenios de 1953 y el inicio de las obras de modernización de la
Flota, a partir de 1956, (que se tratará más adelante) siguió una
serie de proyectos de planes de construcciones navales por
iniciativa de los sucesivos ministros de Marina, almirantes Moreno,
Abárzuza y Nieto Antúnez que no pasaron de su enunciación y
estudio, pese a que la situación económica de la nación había
mejorado notablemente desde 1960.
Así
llegamos a 1965, año en el que siendo ministro el almirante Pedro
Nieto Antúnez, después de un estudio estratégico y táctico
profundo, así como la consideración de los trabajos realizados por
una comisión de expertos que se trasladó a Estados Unidos,
Inglaterra, Holanda y Francia para verificar el impacto económico e
industrial que suponía para la nación, el Gobierno promulgó por
Ley 85/65 el primer Programa de Equipos y Material de las Fuerzas
Armadas, que promovida por la Armada se extendió a los Ejércitos
de Tierra y Aire. El plazo comprendido por la Ley fue de ocho años
hasta 1972, y se adjudicaron un total de 20.860 millones de pesetas
para los tres ejércitos, de los cuales 10.000 millones
correspondieron a la Marina.
Con
este presupuesto, al que se inyectaron 16,3 millones de dólares
procedentes del convenio con los Estados Unidos (unos 3.000 millones
de pesetas), se acometió la primera fase del Programa Naval que
incluía la construcción de cinco fragatas clase Baleares,
dotadas de una notable capacidad antiaérea y antisubmarina, dos
submarinos clase Delfín, (del tipo antisubmarino más
avanzado del momento) y la modernización de los destructores Roger
de Lauria y Marqués de la Ensenada, todo lo cual suponía
un reto a la industria nacional por la alta tecnología de las
nuevas construcciones.
La
serie de las fragatas Baleares, del tipo DEG norteamericano,
modificación de la clase Knox, fue construida en Ferrol
entre 1968 y 1976, mientras que la de los submarinos y la
modernización de los destructores se llevó a cabo en Cartagena
entre 1968 y 1973. Después de una nueva ampliación de los créditos,
en octubre de 1969 se autorizó la construcción de otros dos
submarinos de la misma clase Delfín, que entraron en
servicio en 1975. La ejecución de estas obras supuso un avance
notable tecnológico, no sólo para los astilleros de la E.N. "Bazán",
sino también para la industria nacional que con productos propios o
construidos bajo licencia participó en estos programas.
Paralelamente,
se incorporaban nuevas y modernas unidades a la recién creada Arma
Aérea . A mediados de 1965 quedó constituida la 3ª Escuadrilla de
helicópteros con cuatro Agusta-Bell AB 204 antisubmarinos,
que serían reforzados a partir de 1974 con material Agusta-Bell
AB 212 AS mucho más potente. La 4ª Escuadrilla se había
formado en 1965 con dos aparatos de enlace y transporte de ala fija Piper
PA-24 Comanche y dos PA-30 Twin Comanche, pero su situación
no fue legalizada por el Ejército del Aire hasta 1977. La 5ª
Escuadrilla quedó operativa en 1966 al recibirse los primeros helicópteros
antisubmarinos Sikorsky SH-3D, con la particularidad de
entrar en servicio en la Armada antes inclusive de hacerlo en la
Marina norteamericana.
Una
de las cláusulas de la renovación de los acuerdos de 1963 con
Norteamérica preveía la constitución de un grupo antisubmarino de
alta mar formado por un portahelicópteros o portaaviones ligero y
unidades de escolta de la Flota. Tras sucesivas negociaciones con la
Marina estadounidense se aceptó la cesión por cinco años del
portaeronaves Cabot, uno de los integrantes de la clase Independence,
veterano de la Segunda Guerra Mundial, al que hubo que someter a
unas profundas obras de reacondicionamiento en el Philadelphia Naval
Shipyard de 1966 a 1967. Rebautizado con el nombre de Dédalo,
fue entregado a la Armada el 30 de agosto de 1967 y adquirido por
compra el 5 de diciembre de 1973. Con un desplazamiento de 16.000
toneladas a plena carga, tenía capacidad para operar sobre veinte
aeronaves. Fue basado en Rota y a partir de su llegada a España se
constituyó en buque insignia del Grupo Aeronaval de la Flota,
participando en todos los ejercicios programados para el
adiestramiento de la Flota, como los nacionales tipo Alborex y
Gaviota, o los internacionales Murcie, Faron, Trilateral y
Canarex.
Los
convenios hispano-americanos 
La
situación va a cambiar drásticamente al firmarse en Madrid, el 26
de septiembre de 1953, los convenios hispano-norteamericanos, que
permitieron a España un respiro en el asfixiante cerco
internacional al que era sometida desde el final de la Segunda
Guerra Mundial, y consolidaron el Régimen de Franco tanto de cara
al exterior como al interior. El cambio de actitud llegó a tal
extremo que el Generalísimo fue invitado a presenciar las maniobras
de la VI Flota norteamericana en el Mediterráneo. Los convenios
eran consecuencia lógica de la política exterior de los Estados
Unidos, nación empeñada en hacer frente a la amenaza que para el
mundo Occidental suponía la Unión Soviética, provocadora de la
"Guerra Fría" declarada entre ambas superpotencias.
Con
la firma de un acuerdo de una duración de diez años prorrogables,
los Estados Unidos, a cambio de una asistencia económica y militar
cifrada en unos 500 millones de dólares, obtenían la autorización
para construir y utilizar diversas instalaciones militares situadas
en Rota (Cádiz), Cartagena, Torrejón de Ardoz, Zaragoza y Morón,
entre otras. En virtud de este acuerdo, la Armada recibió de 1954 a
1963, cinco destructores clase Fletcher, un submarino clase Balao,
doce dragaminas MSC modernos, un calarredes, veintiún buques
y embarcaciones de desembarco (LSM, LCM, y LPCL) y un
patrullero clase SC.
El
periodo de los diez primeros años de vigencia de los convenios que
contempló el paso por el Ministerio de Marina de los almirantes
Salvador Moreno (hasta 1957), Felipe Abárzuza (1957-1962) y Pedro
Nieto Antúnez a partir de 1962, sirvió para incrementar
notablemente la instrucción de los jefes y oficiales de la Armada
en las tácticas y técnicas navales modernas, lo que permitió
formar profesores o instructores en las nuevas escuelas y centros de
adiestramiento que se establecieron en las capitales departamentales
y Baleares.
Particularmente
importante fue la participación de unidades navales españolas en
maniobras conjuntas con las Marinas de Estados Unidos, Francia,
Reino Unido, Italia y Portugal a partir de 1959, lo que facilitó a
las dotaciones la familiarización con los procedimientos, tácticas,
señales y doctrinas de empleo de la fuerza naval vigentes en la
NATO, elevando su nivel profesional a un apreciable grado de
eficacia. Es reseñable también la potenciación de la Infantería
de Marina, que durante estos años vio incrementada su fuerza con
armamento más moderno y mejores medios de transporte terrestres y
anfibios, aunque los sucesos posteriores de Sidi-Ifni demostraron
que eran insuficientes.
Otro
hito importante lo constituyó la llegada a España, en febrero de
1954, de las primeras aeronaves que se incorporaban a la Armada
desde la desaparición de la Aeronáutica Naval en 1939. Eran tres
helicópteros Bell 47G que quedaron adscritos a la Escuela de
Aplicación de Helicópteros situada en el recinto de la Escuela
Naval Militar de Marín, desde donde pasarían tres años más tarde
a la recién construida base de utilización conjunta de Rota (Cádiz).
A
partir de entonces el material aéreo fue incrementándose
paulatinamente; se agregaron nueve helicópteros Bell y Agusta-Bell-47,
y nueve Sikorsky HRS-3, versión naval del S-55. Estos
últimos empleados al principio sólo para transporte y búsqueda y
salvamento, terminarían siendo los primeros en dedicarse a la
guerra antisubmarina al dotárseles de sonar calable y torpedos. Al
crearse las escuadrillas en 1959, la 1ª encuadró a los Bell-47 de
adiestramiento y la 2ª a los Sikorsky.
Programa
Modernización Buques de la Armada

Tras
prolijas negociaciones, el 3 de abril de 1955 se suscribió entre
los representantes de las Marinas española y norteamericana el
Programa de Modernización de Buques de la Armada, dentro del marco
de los convenios de 1953. El acuerdo regulaba los términos y
condiciones en que el Gobierno de EE.UU. suministraría los equipos
y asistencia técnica necesarios para llevar a cabo la modernización
de 47 unidades de la Armada, por un importe de algo más de 42
millones de dólares.
La
ejecución del programa corrió a cargo de la Empresa Nacional
"Bazán". Con él se pretendía obtener una fuerza naval
fundamentalmente antisubmarina, dotando a los barcos con nuevos
equipos de comunicaciones, desmagnetización, seguridad interior,
aprovisionamiento en la mar, instalaciones eléctricas, detección y
artillería, afectando también a la habitabilidad y compartimentación
interna. Las obras duraron de 1957 a 1965, y por diversas causas el
Programa finalmente afectó sólo a 29 unidades: dos destructores de
la clase Liniers, nueve cazasubmarinos Audaz, dos
fragatas Pizarro, dos minadores Júpiter, cinco
corbetas Descubierta, dos submarinos "D" y siete
dragaminas Guadiaro.

La
modernización constituyó todo un éxito pues, aparte de mejorar la
operatividad de las unidades afectadas, incrementó sensiblemente el
adiestramiento de las dotaciones y potenció la capacidad técnica
de la Empresa Nacional "Bazán". Además, algunos barcos,
como las corbetas, dieron tan excelentes resultados que se pudo
prolongar su vida activa hasta los comienzos de la década de los años
noventa, integrados en la Fuerza de Vigilancia Marítima.
Paralelamente
a la ejecución de este Programa, de 1953 a 1964 continuaron los
encargos de nuevas construcciones o incorporación de unidades por
compra, aunque siempre limitadas a buques auxiliares, a causa de la
prioridad que se dio a las modernizaciones. Se incorporaron a las
listas de la Armada, el petrolero Teide, el transporte Almirante
Lobo, cuatro guardapescas y diversos buques tipo barcaza de
desembarco, patrullero, hidrógrafo, remolcador, algibe y lancha
antisubmarina. También se dedicaron importantes recursos económicos
a las obras de infraestructuras en tierra. Mención aparte merece la
construcción de los dos submarinos de asalto Foca y dos Tiburón
a partir de 1953, que no pasaron de la fase de pruebas y puede
considerarse tan sólo como un proyecto de investigación; fueron
dados de baja en 1979.
Durante
estos años, la actividad operativa de la Armada se centró en el
adiestramiento de las unidades de la Flota mediante grandes
maniobras anuales como las Navarca de 1953, que culminaron en
Cádiz en un desfile naval presidido por Franco, o las Foca de
1958 en aguas de Baleares. En plena guerra fría, las unidades se
desplegaron por las costas españolas, particularmente el Mar de
Alborán, saco de Cádiz, Canarias y Baleares para ejercer la
vigilancia sobre las actividades de las unidades del Pacto de
Varsovia, tarea sacrificada y monótona que ha sido llevada a cabo
hasta la disolución de dicho Pacto.
Estas
actividades fueron salpicadas por otras de diferente índole como
las visitas de la Escuadra a Lisboa (1949) y al África Occidental
Española (1950). En 1954 una agrupación naval constituida por el Canarias
y cuatro submarinos, al mando del vicealmirante Benigno González-Aller,
hizo acto de presencia en las posesiones españolas del Golfo de
Guinea ante las primeras señales anti-colonialistas que apuntaban
en África.
Convenio
1970 
En
virtud de la renovación del convenio hispano-norteamericano de
1970, la Armada recibió cinco destructores FRAM entre 1972 y
1973, formándose la 11ª Escuadrilla basada en Ferrol, que
estuvieron en servicio hasta 1989-1992. A estas unidades hay que añadir
cuatro submarinos Guppy II y cuatro dragaminas oceánicos MSO,
además de los grandes buques de desembarco Galicia y tres LST
que ya hemos mencionado. Simultáneamente se incorporaron al
Arma Aérea ocho helicópteros AH-IG Huey Cobra de ataque a
tierra, constituyéndose la 7ª Escuadrilla en diciembre de 1972.
El
4 de julio de 1970, siendo ministro el almirante Adolfo Baturone
Colombo, entraba en vigor la Ley Orgánica de la Armada, cuerpo
legal que rigió la Corporación hasta la creación del Ministerio
de Defensa, cuyos fundamentos han permanecido hasta la actualidad.
El periodo previsto por la Ley 85 de 1965 (primera fase del Programa
Naval) finalizaba en 1972, y para darle la imprescindible
continuidad se imponía arbitrar una nueva Ley, que fue la 32 de
1971, conseguida también siendo ministro de Marina el almirante
Baturone. Esta disposición permitió absorber las obligaciones
pendientes de la anterior 85/65 e iniciar la segunda fase del
Programa Naval. El recurso presupuestario para nuevas construcciones
fue de 54.000 millones de pesetas repartido en ocho anualidades.
Considerando
esta limitada cantidad se preparó un Plan de Objetivos de Fuerza
que sólo incluía una parte de las necesidades señaladas en el
Plan General de la Armada (PLANGENAR). Se dieron las siguientes órdenes
de ejecución: dos buques hidrógrafos-oceanógrafos clase Malaspina;
dos buques hidrógrafos auxiliares clase Antares; seis
patrulleros pesados clase Lazaga y seis ligeros clase Barceló;
cuatro corbetas clase Descubierta y dos submarinos clase Galerna;
estas dos últimas unidades estudiadas y comparadas con otras
alternativas por el entonces capitán de fragata Gárate Coppa,
decidido impulsor del Arma Submarina y partidario de continuar el
camino abierto por la incorporación de la serie "60"
Delfin, también inspirada en un proyecto francés.
La
integración de las unidades Guppy a la Flotilla de
Submarinos de Cartagena y la entrada en servicio de los Delfín (1973)
exigieron poner al día la infraestructura de apoyo de la Base de
Submarinos, crear un centro de comunicaciones para el control
operativo de las unidades en la mar, adecuar los sistemas de enseñanza
y adiestramiento mediante la instalación simuladores, y reformar
profundamente la organización. Gracias a ello la Flotilla empezó a
realizar patrullas de muy larga duración, bien en zonas
frecuentadas por fuerzas navales soviéticas de superficie y
submarina para seguir sus movimientos, o para obtener toda clase de
inteligencia naval en áreas de interés estratégico.
El
8 de noviembre de 1972, un avión británico V/STOL Harrier efectuó
una serie de tomas y despegues en la cubierta del Dédalo con
resultado plenamente satisfactorio. Previa la aprobación de Franco,
en enero de 1973, el ministro, almirante Pita da Veiga, pudo
anunciar su pretensión de incorporar aviones de este tipo al Arma Aérea,
proyecto arriesgado pues hasta el momento ninguna marina, incluso la
Royal Navy, había conseguido embarcar tales medios aéreos en sus
unidades.
Era
el logro de un largo proceso de gestación bien culminado gracias al
esfuerzo de los almirantes Nieto Antúnez, Baturone, Meléndez,
Barbudo, Pita da Veiga y González López, y al tesón puesto en el
empeño por el entonces capitán de fragata Saturnino Suanzes de la
Hidalga, con el apoyo decisivo del almirante Carrero Blanco,
subsecretario de la Presidencia del Gobierno, asesinado alevósamente
cuando encabezaba el Consejo de Ministros (20 de diciembre de 1973).
Venciendo
toda suerte de dificultades, se adquirieron ocho aviones AV-8A (AV-8S
Matador en versión hispana) de la Infantería de Marina de
EE.UU., de los que siete llegaron a España en diciembre de 1976
(uno perdido por accidente); quedaron integrados en la 8ª
Escuadrilla, mientras el Dédalo sufría las modificaciones
adecuadas a las necesidades operativas de los nuevos aviones. Con
estas unidades la Armada acometía la solución del grave problema
de disponer en la mar de medios aéreos adecuados en el momento
oportuno y sin restricción en el espacio, además de dar una
dimensión oceánica a la Flota.
La
rápida evolución tecnológica de los armamentos, equipos y aun del
diseño básico del buque, así como las exigencias de necesidades
ineludibles, obligaron a la Armada a realizar un esfuerzo económico
muy considerable y particularmente intenso en lo que se refiere a
instalaciones de apoyo logístico en las bases navales. Así fue
acometida la electrificación y suministro de vapor a los muelles,
la construcción y ampliación de polvorines, talleres y cuarteles,
la renovación e instalación de centros de comunicaciones, etc; en
1977 se construyó en Cartagena un carenero múltiple (synchro-lift)
diseñado especialmente para llevar a cabo las carenas y
reparaciones de los nuevos submarinos.
Crisis
Coloniales 
| SIDI-
IFNI |
GUINEA
ECUATORIAL |
MARCHA
VERDE |
IFNI

A
finales de noviembre de 1957, bandas marroquíes fuertemente armadas
invadieron el territorio de Ifni y poco después el Sahara español,
evidentemente con el apoyo material y político de Marruecos que había
alcanzado su independencia en 1956. Las escasas guarniciones españolas
en presencia tuvieron que replegarse a los enclaves y poblaciones
costeras, en tanto se pudiese emprender la contraofensiva a cargo de
las fuerzas del Ejército desplazadas a la zona desde la Península
a bordo de buques de la Armada y mercantes, la mayor parte de la
Compañía Transmediterránea.
Para
soslayar la extensión del conflicto y evitar la intervención
directa de las fuerzas regulares de Marruecos, una agrupación de la
Flota integrada por los cruceros Canarias y Méndez Núñez
escoltados por tres destructores, al mando del vicealmirante
Nieto Antúnez, realizó una demostración de fuerza frente al
puerto de Agadir con la artillería apuntando a tierra, para indicar
a las autoridades alauitas hasta qué punto llegaba la determinación
del Gobierno español de llevar la guerra a sus últimas
consecuencias (7 de diciembre de 1957). Pese a las enérgicas
protestas de Rabat, la demostración surtió efecto,
descongestionando la presión sobre Ifni y frenando temporalmente
las aspiraciones marroquíes.
Durante
la campaña (noviembre de 1957- marzo de 1958), además de la
demostración anterior y de la participación directa de algunas
unidades de Infantería de Marina, la actuación de la Flota se
centró en el apoyo logístico a las fuerzas del Ejército que
operaban en los territorios invadidos, la protección de las cabezas
de playa de Sidi-Ifni y El Aaiún con bombardeos sobre las tropas
enemigas, el apoyo a las columnas propias que progresaban hacia el
interior por medio de fuego naval selectivo, y la vigilancia de las
aguas costeras para interceptar el contrabando de armas por vía marítima.
Francia, deseando evitar a toda costa el agravamiento de la situación,
ayudó a España con medios navales y aéreos. En lo que afecta a
los primeros, se concretó en el préstamo temporal de un buque
dique anfibio, un portacarros y barcazas de desembarco, los cuales
jugaron un buen papel durante la campaña, que había demostrado,
entre otras carencias, la debilidad de los medios anfibios de la
Flota.

Como
ésta había sido una de las primeras enseñanzas del conflicto, a
partir de entonces la Armada persiguió dotar a la Infantería de
Marina de medios adecuados, lo que se plasmó en la cesión en 1964
por parte de los EE.UU. de dos grandes transportes de ataque, el Castilla
y el Aragón, en virtud del acuerdo de renovación de los
convenios de 1953. Más tarde, en 1968, se creó el Tercio de Armada
acuartelado en San Fernando (Cádiz), mientras que el número de
unidades navales se incrementó con la entrega del transporte de
ataque Galicia y tres buques de desembarco clase LST (1971-1972).
Guinea
Ecuatorial 
La
crisis ocasionada por el presidente Francisco Macías a raíz de la
independencia de las posesiones españolas en el Golfo de Guinea (12
de octubre de 1968), forzó, ante la gravedad de los
acontecimientos, la intervención de la Armada para repatriar
urgentemente la colonia española concentrada en Bata y Fernando Pó.
Se
formó una agrupación naval compuesta por el crucero Canarias,
los transportes de ataque Aragón y Castilla y el
petrolero Teide que, al mando del vicealmirante Romero Manso,
se dirigió a la zona, dejando al crucero fuera de la vista de costa
para dar cobertura a la operación sin que su presencia provocase
represalias por parte de Macías. En la evacuación del personal
civil y sus pertenencias, completada en abril de 1969, colaboraron
la fragata Pizarro, la corbeta Descubierta y muy señaladamente
los buques de la Compañía Transmediterránea Ernesto Anastasio,
Ciudad de Toledo y Río Francolí, así como el
mercante Villa de Bilbao.
En
junio de 1969, con motivo de la retrocesión a Marruecos del
territorio de Sidi Ifni, una agrupación de la Flota integrada por
los transportes Aragón y Castilla y cuatro destructores de la 21ª
Escuadrilla, apoyó la evacuación de las unidades del Ejército y
personal civil que permanecían de guarnición en aquel enclave.
Marcha
Verde 
Tras
la cesión de Sidi-Ifni a Marruecos, el Gobierno de Hassan II ejercía
una presión creciente sobre la provincia del Africa Occidental Española
(Sahara y Río de Oro) con miras de anexionarse un territorio tan
rico en fosfatos y recursos pesqueros. La postura española pretendía
conceder la autodeterminación a la población autóctona mediante
un referéndum.
Ante
el peligro que esto suponía para el mantenimiento de sus tesis
-rechazadas por resolución del Tribunal Internacional de Justicia
de La Haya-, el rey Hassan pasó a la acción directa en octubre de
1975, aprovechando las circunstancias de la crisis originada en España
por la sucesión del Generalísimo Franco, casi agonizante (murió
el 20 de noviembre). Para ello, el monarca alauita, con el apoyo del
mundo árabe y la anuencia de los EE.UU., organizó una invasión
masiva del Sahara español con 350.000 marroquíes -la llamada
"Marcha Verde"- para forzar que las negociaciones
bilaterales desembocasen en la anexión del territorio a Marruecos
(16 de octubre de 1975).
Las
fuerzas españolas se encontraban desplegadas a unos diez kilómetros
de la frontera norte del territorio saharaui, dispuestas a impedir
la progresión de aquella ingente multitud. La "Marcha
Verde" se desarrolló del 6 al 9 de noviembre, sin que llegara
a traspasar las líneas españolas, retirándose seguidamente tras
el inicio de las conversaciones que conducirían al acuerdo de
Madrid firmado el 14 de noviembre, en virtud del cual la
administración del Sahara pasaría a Marruecos y Mauritania a
partir del 28 de febrero de 1976.
Durante
todo el tiempo que duró la crisis, la Armada estuvo lista para
intervenir. Se movilizó el Grupo Anfibio de la Flota con el Tercio
de Armada de Infantería de Marina embarcado; en la zona del Golfo
de Cádiz se mantuvo una fuerte agrupación compuesta por unidades
de la Flota, mientras que unidades de la Flotilla de Submarinos eran
desplegadas por la costa marroquí desde Agadir a la frontera con
Argelia en el Mediterráneo. Otras unidades transportaron refuerzos
y apoyo logístico a las fuerzas del Ejército destacadas en el
Sahara. Firmado el acuerdo de Madrid, la Armada procedió a la
repatriación por vía marítima de los 20.000 hombres del Ejército
con su impedimenta y equipo militar, incluyendo unidades blindadas y
mecanizadas. La "Operación Golondrina", que así se
denominó, fue realizada entre el 20 de noviembre de 1975 y el 12 de
enero del año siguiente.
La
muerte del Generalísimo

El
20 de noviembre de 1975 fallecía Franco tras larga enfermedad y dos
días después, don Juan Carlos de Borbón fue proclamado Rey, iniciándose
en España el llamado periodo de la Transición política que
finalizó con la proclamación de la Constitución de 1978, comienzo
de una etapa democrática que culminaría con la incorporación
plena de España a todas las instituciones políticas y económicas
del Mundo Occidental e Iberoamericano.