
LOS REYES CATÓLICOS
Esta parte de nuestra historia naval es muy extensa. Son tan importantes los hechos que en ella ocurren que los trataremos por separado en su mayoría. Aquellos que no encontréis en Navegahispania decídnoslo y gustosos la investigaremos e incluiremos.
Con el matrimonio de los Reyes Católicos Fernando de Aragón e Isabel de Castilla en 1468, y después de haber ocupado ésta el trono vacante de su hermano en 1474, mientras que el primero lo recibía de manos de su padre Juan II en 1479, se logra por primera vez la formación de la nacionalidad española y su constitución definitiva.
Los Reyes Católicos recibieron por herencia la gran arteria económica que para Castilla suponía la ruta comercial establecida entre los puertos de la Hermandad de las Villas del Cantábrico y los centros productivos de Flandes y Francia, a los que pronto se añadieron los ingleses gracias a su política de acercamiento a la corona británica, plasmada en los tratados de Londres (1482) y Medina del Campo (1489). Vino, hierro, miel, cera y, sobre todo, la lana -a través del monopolio de Burgos (1494)- fueron los principales productos objeto de las transacciones, protegidos por los Reyes Católicos mediante numerosas disposiciones. El panorama económico se completaba gracias a la pesca en la costa sahariana de los alrededores del cabo Bojador y el comercio con las poblaciones limítrofes y Guinea, así como las del norte de África e Italia; incluso Cataluña conoció una nueva etapa de expansión por el Mediterráneo hasta Egipto y se restableció el consulado de Alejandría (1495).
Desde el principio de su reinado, ambos monarcas consideraron la Marina como la herramienta más poderosa para proteger el comercio y llevar a cabo los proyectos expansionistas en el Mar Mediterráneo y en el Océano Atlántico, no sin haber anulado previamente las aspiraciones de Alfonso V de Portugal y de Luis XI de Francia, empeñados en evitar la consolidación de Isabel en el trono de Castilla (1474-1479). Contra los portugueses, el conflicto, que hizo renacer el corso en ambas partes, se centró en la lucha por el dominio del Estrecho, donde se distinguió el vasco Juan de Mendaro al derrotar una flota portuguesa al mando de Alvar Mendes (1476). Fue notable también la fracasada expedición de Charles de Valera hacia Guinea (1477).
En el teatro mediterráneo, la Marina participó activamente en los auxilios a la isla de Rodas y a la ciudad de Otranto contra los ataques del sultán Mohamed II de Turquía (1481). Seguidamente lograron tras larga guerra la conquista del reino de Granada (1481-1492), último territorio de la Península Ibérica ocupado por el Islam, en cuyas acciones tuvo destacada actuación una armada permanente del Estrecho, creada en 1491, al mando de los almirantes Fadrique Enríquez y Galcerán de Requesens, de Castilla y Aragón respectivamente. A esta conquista siguió la del reino de Nápoles en dura pugna contra Carlos VIII y Luis XII de Francia que deseaban ocupar Italia, renovando las antiguas aspiraciones de la casa de Anjou (1494-1505), y de Cefalonia, arrebatada a los turcos del sultán Bayaceto (1500). De acuerdo con la política africanista de la reina Isabel, proseguida por el cardenal Cisneros, Melilla (1497), Mazalquivir (1505). Vélez de la Gomera (1508), Orán (1509), Bugía (1510) y Trípoli (1510) caían en poder de España. En todas estas acciones navales se distinguieron Pedro Navarro, Bernardo de Villamarí, Luis de Requesens y Ramón Cardona. Con la anexión de la alta Navarra, Fernando el Católico al morir en 1516 dejó asentada la supremacía española en Europa.
En el Océano Atlántico, las sucesivas expediciones de Juan Rejón, Pedro de Vera y Alonso de Lugo entregaron a España las islas Canarias (1478-1498). Pero es en el descubrimiento de América donde la Marina será protagonista indiscutible, consecuencia lógica a su tradición marítima, comercial y pesquera que había forzado a los habitantes de sus extensas costas a desarrollar la navegación de altura, practicada por castellanos y catalanoaragoneses desde el siglo XI, lo cual facilitará la gran aventura de los descubrimientos geográficos de portugueses y españoles en los siglos XV y XVI.
En efecto, las Capitulaciones de Santa Fe (1492), otorgadas por los Reyes Católicos, y el apoyo de hombres como los hermanos Pinzón y Juan de la Cosa, permitieron la salida de una flotilla española compuesta por las tres naves Santa María, Pinta, y Niña desde el puerto de Palos (Huelva), que al mando de Cristóbal Colón descubrirá las Indias Occidentales, el 12 de octubre de 1492. A partir de esta fecha, crucial en la historia de la Humanidad, los marinos españoles emprenderán un proceso continuado de descubrimiento y conquista que, en pocos años, finalizará con la creación de un inmenso imperio heterogéneo, pero al mismo tiempo compacto, que va a subsistir hasta entrado el siglo XIX.
En su primer viaje, Colón descubrió Guanahaní, La Española (actualmente República Dominicana y Haití) y Cuba, y en el segundo Puerto Rico y Jamaica (1493). El año siguiente se firmó el tratado de Tordesillas entre los Reyes Católicos y Juan II de Portugal, por el que se repartieron los derechos de los futuros descubrimientos, determinando un límite constituido por un meridiano situado a 370 leguas a poniente del archipiélago de Cabo Verde, a Portugal le correspondería el espacio geográfico situado a levante y a España el de poniente de dicha línea (1494). En el tercer viaje, Colón descubrió la isla de Trinidad y las bocas del Orinoco (1498), y Pero Alonso Niño llegó en 1499 al golfo de Paria, islas Margarita y Curiana en Cumaná.
Por su parte, Alonso de Ojeda, Américo Vespucio y Juan de la Cosa descubrieron Curazao y el golfo de Maracaibo, el mismo año. Vicente Yáñez Pinzón cruzó el ecuador y llegó a Brasil tres meses antes que Cabral; exploró las bocas del Orinoco y del Amazonas y alcanzó el cabo San Agustín (1500). Juan de la Cosa y Rodrigo de Bastidas recorrieron la costa colombiana desde Santa Marta a Darién (1501). En 1502, Colón realizó su cuarto y último viaje durante el cual exploró las costas de las actuales Honduras, Nicaragua, Costa Rica y Panamá. Ovando conquistó La Española (1502-1509). Alonso de Ojeda, con Juan de Vergara y García de Ocampo, alcanzó el golfo de Paria (1502). Vicente Yáñez Pinzón y Juan Díaz de Solís descubrieron el Yucatán (1508). Diego Velázquez de Cuéllar conquistó Cuba (1511- 1514).
Vasco Núñez de Balboa descubrió el Mar del Sur (Océano Pacífico) el 27 de septiembre de 1513, el mismo año en que Ponce de León descubrió La Florida. Juan Díaz de Solís se dirigió hacia la costa sudamericana y penetró en el Río de la Plata, donde encontró la muerte a manos de los indios (1516). Hernández de Córdoba y Antón de Alaminos exploraron la costa de Yucatán (1517) y Juan de Grijalva la de México (1518).
Las obras propias y las traducciones árabes de los matemáticos y geógrafos griegos conservaron en España, más que ninguna otra nación de Europa, los conocimientos de las ciencias náuticas y en especial de la astronomía. Alfonso X el Sabio (1221-1284) se interesó mucho por esta ciencia e impulsó en Toledo los trabajos que en este campo realizaron autores hispanoárabes o árabes avecindados en España, judíos y cristianos de toda la Península, cuyo producto final fueron las tablas astronómicas llamadas "alfonsíes" en honor de su promotor. En estas efemérides, impresas por primera vez en 1483, basaron sus estudios Zacuto, Reggiomontano, Granolachs, Angelus, Stoefler y otros para publicar las suyas. Abraham bar Samuel bar Abraham Zacuth o Zacuto, hebreo natural de Salamanca y profesor de astrología en Zaragoza, escribió entre 1473 y 1476 su Almanach perpetuus, editado en Portugal (1496), que contiene las efemérides y tablas calculadas para el meridiano de Salamanca, utilizado por los navegantes españoles y portugueses para sus observaciones en la mar durante los primeros viajes de descubrimiento, particularmente en el viaje de circunnavegación de Magallanes y Elcano (1519-1522).
Los barcos empleados en la navegación oceánica por las naciones ibéricas durante esta época, fueron básicamente la carabela y la nao. La primera era un navío de unas 50 toneladas, de poca manga y bastante eslora, aparejado con velas latinas, aunque sobre esto se ha discutido mucho; nacida de un proceso evolutivo cuyo origen radica en la galera mediterránea y el cárabo moro, la carabela poseía buenas cualidades marineras y, sobre todo, capacidad de navegar ganando barlovento. La nao, descendiente de la carraca, era de un porte de 200 hasta 600 toneladas; la española en particular tenía una quilla doble que la manga, mientras que la eslora en la cubierta era el triple. Aparejaba velas cuadras y, aunque ceñía poco al viento, viraba con facilidad por avante, tenía gran capacidad de carga y para soportar artillería en las armadas.