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Crucero Baleares
Puesta en grada: 15 agosto 1928. Botadura: 20 abril 1932. Entrada en servicio: 28 diciembre 1936. Hundido: 6 marzo 1938 Como su gemelo, el Baleares se encontraba en El Ferrol al comenzar la guerra. Entró en servicio, todavía incompleto, en diciembre de 1936 y no montó la cuarta torre hasta el verano de 1937. Acompañó al Canarias en los primeros meses de 1937, pero después actuaría casi siempre solo. En el amanecer de 20 de Mayo, mientras escoltaba un petrolero entre la niebla, el Baleares pasó entre los dos destructores republicanos de vanguardia y el grueso formado por dos cruceros y seis destructores. Solo detectó a los primeros a los que cañoneó sin consecuencias. El 12 de julio frente a Valencia encontró a seis destructores republicanos escoltando a dos mercantes. Los ahuyentó pero los mercantes pudieron escapar. La
mañana del 7 de septiembre, una vez mas solo, el Baleares encontró
un convoy de cuatro mercantes arrumbados al oeste escoltado por el
Libertad, el Méndez Núnez y siete destructores frente al cabo
Cherchel (Argelia). Aunque en posición desfavorable entre tierra y la
fuerza enemiga, el Baleares se deslizó por la popa del convoy
mientras combatía con el Libertad y el Méndez Núnez y los
destructores permanecían con los mercantes. El tiro del Baleares fue
malo aunque alcanzó al Libertad, este por su parte alcanzó dos veces
al Baleares (una de los impactos provocó un peligroso incendio en las
municiones de 120 mm). Cuando el Méndez Núnez se rezagó el Libertad
rompió el contacto virando hacia el convoy. El Baleares viró también
pero manteniéndose a distancia. Por la tarde, y después de perderlos
de vista, el Baleares encontró de nuevo a los cruceros y tuvo lugar
otra acción indecisa. Finalmente rompió en contacto en espera del
Canarias, que había salido de Ceuta. Los dos cruceros ya no
encontraron al convoy que se había refugiado en el puerto de Cherchel
(uno de los mercantes varó en la playa), ni a la escuadra enemiga que
navegaba hacia Cartagena. A pesar de los daños el solitario Baleares
evitó la llegada del convoy a la España republicana.
Finalmente
la noche del 5 al 6 de marzo de 1938, los tres cruceros nacionales
escoltaban a dos mercantes, la operación parecía rutinaria (el
almirante Moreno jefe habitual cedió el mando al almirante Vierna) y
hubo exceso de confianza. El almirante republicano Ubieta había
preparado un ataque de lanchas torpederas contra los cruceros en Palma
de Mallorca con el apoyo lejano de la escuadra republicana. La operación
de las lanchas se suspendió por el mal tiempo, pero Ubieta decidió
mantenerse en el mar. Así las dos escuadras avanzaban en la oscuridad
sin saber una de la otra hacia cabo de Palos. A las 00.36 casi a la
vez los cruceros Libertad y Méndez Núñez y cinco destructores
avistaron a los tres cruceros nacionales a 2000 metros, solo uno de
los destructores pudo disparar torpedos antes de perder contacto. Las
dos escuadras hicieron varios cambios de rumbo de forma que a las
02.00 el Baleares descubrió de nuevo a la escuadra republicana y abrió
fuego a unos 2000 metros, pero el almirante Vierna cometió el error
de disparar proyectiles iluminantes alrededor del horizonte, e hizo señales
luminosas, con lo que descubrió claramente a sus buques. Esta vez los
republicanos tuvieron tiempo de responder, el Libertad alcanzó al
Baleares y casi de forma simultánea también por dos torpedos
(lanzados por el destructor Lepanto probablemente) que volaron el pañol
de municiones de proa y el puente, el buque se detuvo, escorando rápidamente
y con varios incendios a bordo. El Canarias, que le seguía, esquivó
los restos, y guió al Cervera fuera de la acción. Por su parte los
republicanos abandonaron también el combate. El Canarias y el Cervera
pusieron a salvo al convoy, y luego volvieron a recoger a los
supervivientes. Para entonces y después de tres horas el navío se
había hundido y los supervivientes habían sido salvados por
destructores de la Royal Navy. El buque se llevó al fondo a 700 de
sus tripulantes. El fin del Baleares prefigura el de los cruceros americanos y australianos cuatro años después frente a Guadalcanal. Los cruceros pesados de mucha eslora y protección antisubmarina insuficiente, corrían un riesgo enorme frente a los destructores armados con torpedos en combate nocturno. El mando nacional, sin embargo, se vio obligado a emplear los cruceros en solitario ante las pobres características de los destructores comprados en Italia.
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