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Isabel,
hija de Juan II de Castilla y de Isabel de Portugal, y Fernando, hijo de
Juan II de Aragón y de Juana Enriquez, contrajeron matrimonio en
Valladolid el 19 de Octubre de 1469, entre fuertes oposiciones al mismo.
Isabel heredaría el trono de Castilla en 1474 después de la muerte de
su hermano Enrique IV, autoproclamándose reina, ya que había un
conflicto sucesorio entre ella y Juana, hija de Enrique IV, de la que se
decía era hija de D. Beltrán de la Cueva y no del rey, este conflicto
prosiguió después de la coronación, ya que Alfonso V de Portugal,
esposo de Juana, lanzó una ofensiva en apoyo de ésta, ofensiva que se
disputó en las batallas de Toro y Albuera tras las cuales Isabel, que
salió vencedora, fue reconocida reina por las Cortes de Madrigal.
Mientras tanto Fernando era nombrado heredero a la muerte de su hermano
Carlos. En 1468 recibió el trono de Sicilia y a la muerte de su padre
en 1479, el de la corona de Aragón. Participó en las luchas a favor de
su esposa Isabel y a partir de esta fecha se produjo la unión
dinástica de Aragón y Castilla y el comienzo del reinado conjunto,
siguiendo los acuerdos que se habían firmado en 1475 en la concordia de
Segovia por los que ambos monarcas mantenían su igualdad en lo tocante
a Justicia, moneda y expedición de privilegios, pero reservaba a Isabel
la fidelidad de los tenedores de Castillos y las cuestiones de
Hacienda.Este matrimonio ha sido considerado como el punto de partida de
la unidad y de la grandeza de España. El primer objetivo de los nuevos
monarcas fue el de restablecer la autoridad real para lo cual se
sirvieron de una poderosa organización la Santa Hermandad creada en
1476 que era una especie de policía judicial que perseguía a los
perturbadores del orden. También constituyeron el Consejo Real que
sustituía a las Cortes y nombraron corregidores para controlar las
ciudades y vincularon la dirección de la Mesta al Consejo Real. De este
modo quedaba controlada la política del reino, aunque estas medidas
pesaron más sobre el reino de Castilla que sobre el de Aragón. La
siguiente misión era concluir la reconquista en el reino nazarí de
Granada lo que consiguieron en 1492. La paz interior y la buena
organización del reino permitieron que las arcas reales se llenaran y
con ellas se acometieran nuevas empresas como el apoyo al almirante
genovés Cristobal Colón que descubriría América en 1492, aportando
riquezas para el reino y un fuerte expansionismo exterior. El éxito de
la guerra antimusulmana y la presión de los confesores de la reina
indujeron a los Reyes a unificar la religión de sus súbditos por lo
cual en 1492 se procedió a expulsar a los judíos y los mudéjares
granadinos, obligados a convertirse. Ya en 1478 se había creado La
Inquisición para perseguir a los cristianos nuevos que volvían a sus
antiguas creencias. El reino continuó ampliándose al conseguir
Fernando de Carlos VIII de Francia la restitución de la Cerdaña y el
Rosellón en virtud del tratado de Barcelona de 1493. Así mismo en
Italia se enfrentó al monarca francés consiguiendo la conquista del
reino de Nápoles en 1504. En ese mismo año fallecía la reina Isabel y
aunque dejaba como regente de la heredera al trono, Juana I, a su marido
Fernando el Católico, la nobleza castellana no lo apoyó por lo que
éste marchó a sus estados de Aragón. De este modo quedaba encargado
del gobierno de Castilla Felipe de Austria, el Hermoso, esposo de la
reina Juana I de Castilla, la Loca. Pero la muerte de Felipe en 1506
obligó a restituir a Fernando, llamado por el Cardenal Cisneros a
Castilla en 1507. Los últimos años de su reinado se caracterizaron por
los enfrentamientos con Francia en terreno italiano. A la muerte de
Fernando el Católico heredó el trono su nieto Carlos I de España.
Desde el punto de vista artístico esta etapa se caracteriza por la
supervivencia de la tradición gótica y la lenta penetración de los
nuevos moldes renacentistas. Bajo el impulso de los monarcas o de la
alta nobleza se erigieron numerosos edificios, iglesias, universidades,
hospitales, castillos, etc., especialmente en tierras castellanas dada
la supremacía económica de dicho reino en aquella época. En el campo
de la pintura se superpusieron el estilo flamenco y la novedad
renacentista. En este período continuaron desarrollando su obra
pintores que ya habían comenzado tiempo atrás como Huguet, Gallego,
Bermejo a la vez que el nuevo estilo renacentista asomaba a las obras de
artistas como Rodrigo de Osona el Viejo o Pedro Berruguete.
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