el club de la lucha
Tocando fondo (1)
La película empieza un poco antes de donde acaba... que quiere decir esto... el director, David Fincher, nos deja donde estabamos... necesitamos algo más. Nos da un poco mas, pero... ¿quiénes somos?, ¿de donde venimos? ¿a donde vamos? Frases que a alguno se le podrían pasar por la cabeza en esos momentos pero no a Edward Norton, que busca la solución de su enigma, una cuestión bien diferente a las anteriormente planteadas.
Cada día libramos una nueva batalla, ¿contra quien lo hacemos? El protagonista, el Narrador esta inmerso en su guerra cotidiana, sus quehaceres diarios, una lucha que no quiere ganar, porque ni siquiera sabe que existe, la batalla por su subsistencia dentro de una sociedad que no comprende y que no le comprende a él, pelea que esta perdiendo y que le esta hundiendo por momentos.
No puede dormir... ¿quién puede dormir? El insomnio, reflejo de, hablando en términos freudianos, un Ello hostil, que no deja descansar, que lucha contra un Superyo que no puede confiar en su Yo, que no puede dejarlo solo, que tiene que vigilarlo. Es cuando surge el recurso al otro, la personificación, el nacimiento del individuo que nos dará seguridad, un ser invencible, lo que todos desearíamos ser, encarnado en Brad Pitt, aparece Tyler Durden.
Solo falta un elemento. Cuando una aventura se nos presenta difícil y laboriosa, cuando tenemos que tratar de superar peligros infinitos necesitamos de un ángel, un ser celestial que, por encima de todo y de todos, nos dé fuerzas para continuar nuestro caminar, aunque sea un ser terminal, marginal, como todos los del film, ella es Helena Bonham Carter, es Marla Singer. Por cierto, chocante y ocurrentísima es la introducción de este personaje en escena... aparece en un grupo de autoayuda, de los múltiples a los que asistía el Narrador y ella, llamado "seguimos siendo hombres juntos"... los que allí van tienen cáncer de testículo.
A partir de esto momento el director desarrolla una trama fascinante y confusa que, ciertamente, necesita de la complicidad del espectador para ser entendida en su complejidad. Si queremos ver una historia complaciente, mejor quedarnos en casa, pero si lo que deseamos es que se muevan nuestros cimientos, si tememos y queremos que se tambaleen nuestras más firmes convicciones... o lo poco seguro que tengamos, estaremos entrando en un mundo complicado, moralmente ambiguo, de personajes arrastrados a la lenta autodestrucción que conlleva el continuo anonimato diario, el trabajar de aparcacoches, de oficinistas, de cajeros, de vendedores, sin nada mas que aguantar al jefe o consumidor molesto de turno, sin mas objetivos en la vida que consumir... "tenemos trabajos que no queremos para comprar cosas que no necesitamos". Estamos entrando en El club de la lucha.
"El tocar fondo no es un seminario de fin de semana". No lo digo yo, es la frase que Durden dedica al Narrador cuando van en una limusine buscando, también en palabras de Tyler: "una experiencia acojonante". Es entonces cuando el alter ego del Narrador no se conformará con hacer fuerte a su otro yo, sino que buscará algo mas, hacer fuerte a los demás, liberarlos de la esclavitud que supone su búsqueda de la autoperfección, de la autorrealización, de las posesiones materiales. Será el momento cero, un nuevo inicio, una nueva oportunidad para todos.
Sin embargo hay algo que no encaja. Nuestro ángel no entra en los planes de Tyler. Craso error que al final todos pagaremos... en una bellísima y catárquica escena final que merece ser vista varias veces... y que esta acompañada de un fotograma de un pene... como los que introducía Tyler en las películas aptas... en fin.
Si el tiempo vivido es largo, el índice de supervivencia para todos se reduce a cero (2)
El club de la lucha es una película fracturada y contradictoria en su esencia, nihilista y romántica. Si pretendemos verla como un film mas, probablemente salgamos del cine bastante decepcionados y perdidos, esto en el mejor de los casos. Si, en cambio, somos capaces de captar la odisea de unos personajes que agonizan a cada paso que dan, quizás habremos entendido algo del espíritu que David Fincher ha querido insuflar a su obra. Debemos aceptar que, además de romper con el lenguaje fílmico habitual de forma ciertamente magistral, como cuando el Narrador expone quien es Tyler, que a su vez interfiere en las explicaciones que el primero da; el director es algo tramposo, por ejemplo en la escena del coche, donde Tyler y el Narrador hablan en presencia de otros individuos, cosa que no sucede prácticamente ninguna vez mas en la película, y que salva la coherencia de ésta.
En cualquier caso, el film es un derroche de virtuosismo y riesgo, y nada mas que por ello ya merece la pena. Es una maravilla visual, oscuro, tenebroso, a la vez luminoso y sorprendentemente brillante, como en la representación del mobiliario del apartamento del Narrador, cuando los nombres, características y precios de los muebles aparecen en la pantalla ante la confusión de mas de un espectador.
Sin embargo, algunos tacharán a la película de fascista. Los cráneos rapados, la aparente intención de crear un ejercito y el dogmatismo de Tyler invitan a ello. Evidentemente estas personas cuando han visto la película han sentido miedo, pero no de la cinta en si misma, sino de lo que esta les ha mostrado de si mismos. Esta claro que el film enseña cosas feas, lo peor, pero lo peor de nosotros mismos, nuestros fantasmas, escarba en nuestra cueva, y en algunos no encontrará precisamente a su animal del poder.
Por último, me gustaría destacar la banda sonora de la película, excelentemente realizada por The dust brothers, que consigue envolver las escenas con unos temas de break beat que aumentan, si cabe, la tensión y angustia del film, alejándose inteligentemente Fincher de las obvias y ya mas que repetidas melodías clásicas tétricas realizadas a partir de instrumentos de cuerda tradicionales.
En un momento dado Marla pregunta: "¿has oído alguna vez un estertor de muerte?"; el Narrador podría decir: "tendría que gritar tan fuerte que nadie querría oírme" y después callaría; finalmente Tyler concluiría: "¡Aaaaahhhhhhhhh! Y ahora continuemos..."
Tu eliges.
cecilio santiago alcalde 99