las metarmorfosis de jarre

 

La primera:

Un joven Jean Michel Jarre estudia con Pierre Schaeffer, pionero de la música concreta. El pasado academicista queda lejos, y ya se advierte la tendencia a emplear formas musicales abiertas, al uso de la tecnología más avanzada (es uno de los primeros músicos franceses en emplear el mítico sintetizador EMS VCS 3) y al hibridismo en cuanto al público receptor de sus creaciones (consumidores de pop vs seguidores de la vanguardia).

 

La segunda:

Se desembaraza del hálito ruidista de sus primeros trabajos y decide crear una ‘tecnosinfonía’ en seis movimientos, usando los sintetizadores más modernos de la época, y siguiendo en cierto modo el camino abierto por Tangerine Dream y Kraftwerk en los dos años anteriores. Sin embargo, el resultado es más accesible, y aún así nunca antes se había hecho nada parecido. En 1977, ‘Oxygene’ es un éxito mundial.

 

La tercera:

Tras abanderar junto a Vangelis, Neuronium, Klaus Schulze y los citados Tangerine Dream la corriente denominada ‘música espacial’, extendiendo el concepto del ‘Oxygene’ en el superior ‘Equinoxe’, Jarre resta algo de ‘paisajismo’ a su música, y encadena tres discos en los que tiende al tecno-pop y a estructuras musicales más estándar (‘Magnetic Fields’, ‘Rendez Vous’, ‘Revolutions’). Entre medias, el inclasificable ‘Zoolook’ aparece como una obra maestra de experimentación sin otro referente en el mundo musical, y la segunda parte de ‘Rendez Vous’, que muestra al Jarre más exuberante de todos los tiempos en una mezcla apabullante de coros, electrónica de alta gama y aspiraciones trascendentales. Entre 1986 y 1990 enlaza una serie de conciertos multimedia que lo encumbran como el rey del macroespectáculo.

 

La cuarta:

Los finales de los 80 y principios de los 90 son duros para Jarre: con Vangelis centrado en el mercado de la new age, con Tangerine Dream bajo mínimos y Mike Oldfield haciendo pop de los más estándar, el francés es el único que hace lo que él hace. La creciente importancia del techno y la música dance le incitan a cambiar de aires, y en ‘Chronologie’ concibe un disco moderno, quizás el más híbrido de su carrera. En ese punto también cambia el concepto de sus conciertos, bastante más modestos que sus extravagancias pasadas.

 

La quinta:

Jarre no se resigna a abandonar su puesto de vanguardia musical, y su siguiente movimiento está calculado para devolverle su posición de privilegio: ‘Oxygene 7-13’ debía ser el renacimiento del viejo Jarre y de sus viejos artilugios analógicos. No sale bien, y sus seguidores dan la espalda a este disco incomprendido.

 

La sexta:

Tras el anterior mal trago, comprende el camino a seguir: puede que ya no en cabeza, pero desde luego no a la zaga. Declara su admiración por Orbital, Underworld y Chemical Brothers, de quienes se considera hermanos de tribu, y ante el pavor de sus fans hace remezclar su ‘Oxygene 7-13’ por artistas del techno. Aunque mantiene su amor por los instrumentos analógicos, moderniza del todo su sonido y su forma de hacer música: en su último trabajo ‘Metamorphoses’ (recién horneado) emplea el software musical más moderno, el programa ProTools, para lanzar una serie de temas genuinamente actuales, pero sin olvidar ciertas reminiscencias de sus éxitos y rarezas del pasado. Así pues, el Jarre más moderno en años afronta con ánimos renovados esta nueva etapa, desafiando a las críticas y a su propio glorioso pasado.

 

Lo permanente:

Además de su aparente eterna juventud y de sus modelitos para los conciertos, Jarre siempre ha mantenido su gusto por mantenerse en constante estado de renovación, incluso cuando esta actitud le ha acarreado las más variadas críticas. Los 90 han sido un continuo clamor de sus seguidores por una vuelta a los inicios setenteros, y de sus detractores por una pronta y digna jubilación. Lo que ha hecho, en cambio, ha sido seguir creando cosas nuevas: mejores o peores, pero sin tratar de repetir las cosas del pasado (ni siquiera en el ‘Oxygene 7-13’, que es un producto de los 90 sin duda ninguna). Vivir del pasado como Vangelis, establecer records de productividad a expensas de repertirse a sí mismo y a los demás como Mike Oldfield... la apuesta de Jarre es distinta. Para él, lo permanente es el cambio, y cuando ha sido necesario, ha afrontado el cambio aun a costa de los riesgos. Por esta razón, al menos, hay que darle el reconocimiento que se merece.

 

antonio d. vizcaino gómez 00

 

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