2001: una odisea intelectual

 

Suelo ser poco permeable a los lances eruditos sin importancia: el que yo responda ahora al guante lanzado por mi augusto corresponsal y co-autor de esta página debe hacer pensar al que esto lea que el tema no es para mi ni mucho menos banal.

De acuerdo en que dar al asunto del comienzo del tercer milenio demasiada importancia no es propio de mi talante ateo, pero no poner las cosas en claro significaría dejar vía libre al relativismo sociológico que tan bien ha descrito el amigo Cecilio, y eso sí que no puede ser.

En primer lugar, aunque su legitimidad religiosa es discutible cuando menos, el calendario actual, que rige en gran parte del mundo, es solo una convención, y tampoco tiene sentido cambiarlo para sustituirlo por otra convención, quizá igual de arbitraria.

Así pues, digamos que el calendario está dividido en dos por un punto temporal que se supone fue el del nacimiento de Jesús de Nazaret (o se supuso, ya que las últimas cuentas de los historiadores dicen que nació en el año 4 a.c.). En realidad, este calendario es cosa de los romanos; y sus efemérides se relacionan mas bien con los eventos del Imperio.

Veamos el siguiente dibujo:

-2 -1 1 2


Nacimiento de J. de N.

 N. de R.: Ciertamente el dibujo no esta demasiado conseguido. ¿La culpa? Del programa, claro.

 

Por lógica, el primer año tras este evento es el año 1, y el año anterior es el -1: no tiene sentido poner un año cero. Y aunque así nos pudiera parecer a algunos en la actualidad, los romanos no conocían el cero, así que resulta imposible que lo emplearan en la construcción de un calendario.

NOTA: como "romanos" quiero englobar tanto a los del Imperio como a los de la iglesia romana que heredaron su forma de hacer las cosas, y que en realidad fueron los que establecieron el calendario actual, con mínimos cambios posteriores.

No hay que ser muy listo para ver que, para que pasen 2000 años, es necesario que transcurra el años 2000, así que jamas puede comenzar el tercer milenio si esto no ha sucedido.

En fin, creo que el año 2000 tiene suficiente encanto emocional (para el que le emociones esas cosas) como para también adjudicarle el incipit de nuevos siglos y milenios. Este hecho es meramente matemático, y tratar de darle la vuelta es un gran sinsentido. El que coincida con el ya mítico efecto 2000 (Y2K para los mas snobs) y la asociación de esto con los milenarismos esos es en el primer caso un lamentable error de previsión, y en el segundo un ejercicio de diversión por parte de algún paleto sin nada mejor que hacer.

Resumiendo: aprendamos a separar los hechos factuales de las aspiraciones espirituales, y echemos cuentas, aunque sea con los dedos, para comprobar cual es la verdad. En otro caso, integraremos las filas de los que, como Buruaga, piensan que si es necesario el milenio empieza en uno, dos años, o en siete.

Por último, un recurso de autoridad, que no debe emplearse como herramienta en ningún caso, pero que aquí viene como anillo al dedo. Pensemos en una mítica película de 1968, llamada "2001". Pensemos en que Kubrick y Clarke eran grandes maestros en su oficio. Pensemos, finalmente, que no eligieron el nombre por casualidad.

 

 antonio d. vizcaino gómez 00

 

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