una tarde más
Era una tarde nublada, inusualmente nublada, aunque nos encontrásemos ya en pleno otoño, aunque largos nubarrones cercasen el cielo totalmente, lo abarcasen y lo completasen. Era una tarde oscura, raramente oscura, aunque estuviera nublado, aunque los largos nubarrones impidiesen ver ni un único rayo de sol, aunque el sol ya no fuese el estival, ni tuviese su fuerza y su brillo. Era una tarde fría, excepcionalmente fría, aunque los largos nubarrones impidiesen llegar a la tierra un único rayo de sol, aunque el sol no tuviese su ímpetu veraniego, aunque estuviésemos a mediados de noviembre, aunque el clima de la capital sea frío en estas fechas, tanto que todos ya tenemos a mano nuestros abrigos y bufandas. Era una tarde solitaria, extrañamente solitaria, aunque yo ya estuviese acostumbrado a la soledad, aunque todos los habitantes de la casa (papá, mamá, Jony y el tito Kuntz)
estuviesen en ella, aunque ellos siempre estaban conmigo. Era una tarde silenciosa, curiosamente silenciosa, aunque todos los inquilinos de la casa estuvieran, aunque la televisión no dejase de hacer ruido constantemente, aunque el teléfono no parase de sonar, aunque papá y el tito Kuntz discutiesen como a ambos les gusta (gritando) y mamá intentase calmarlos, aunque Jony pusiese la música a todo volumen, aunque yo mismo también tuviese puesto un compacto. Era una tarde lenta, aparentemente lenta, aunque estuviese entretenido subrayando los apuntes que había tomado en clase esta mañana, aunque el derecho penal fuese muy interesante, aunque el tiempo siempre transcurra a la misma velocidad, desentendiéndose, por más que nos parezca lo contrario, de estados mentales. Era una tarde triste, inequívocamente triste, aunque no fuese tan nublada como inusualmente creía, ni tan oscura como yo raramente pensaba, ni tan fría como yo excepcionalmente suponía, ni tan solitaria como yo extrañamente proponía, ni tan silenciosa como yo curiosamente planteaba, ni tan lenta, como a mí me parecía. Era, simplemente, una tarde más de mi vida, ni tan inequívocamente triste, sentado delante de mi mesa de estudio.
cecilio santiago alcalde 99