Curso de Periodismo Digital
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Seguridad en Internet

En las redes de comunicación la principal mercancía es la información. La continua evolución de la tecnología nos obliga a poner "a prueba" todas las nuevas facetas que se desarrollan en Internet. El anonimato y la intimidad son bienes muy valorados por los  usuarios. ..conozcamos el por qué de esta afirmación.

 

Muchos son los internautas que se conectan diariamente a la marea de información que circula por la Red. Conscientes de los riesgos que deben asumir, los usuarios de ordenadores personales ceden a la providencia una parcela considerable en el control de su cibersituación.

La máquina tendría que ser como la vivienda: no se debe permitir el paso a nadie que no este familiarizado con los protocolos de bienvenida. Como en todos los aspectos de la vida, muchos de los usuarios de Internet pecan de ser demasiado confiados; en ese preciso instante, perdemos una pequeña porción de nuestra intimidad y nuestro anonimato, valor que deberíamos proteger por encima de cualquier otro.

Muchos son los intereses que están en juego. Empresas e instituciones monitorizan las cualidades del internauta intentado averiguar cuáles son sus preferencias, sus gustos, sus aficiones, etc. Como en todo, hay varias formas de obtener la información: la ética y la ilegal. El modo ético todos lo conocemos, por lo que vamos a centrarnos en la invasión del anonimato "vía picardía".

Cada vez que un usuario de Internet disfruta del correo electrónico, maneja su navegador, interacciona con los grupos de noticias, opera con una herramienta de transmisión de datos, etc va dejando un rastro virtual inherente a los propios sistemas de comunicación. Este sendero de información puede ser hábilmente manipulado por personas dedicadas a actividades negativas para el desarrollo óptimo de la Red.

Con estos datos ilegalmente recopilados se pueden llegar a desentrañar facetas de los consumidores imposibles de averiguar de otro modo (personalidad, hábitos, residencia, etc). Esta información puede ser utilizada por terceros para cubrir una serie de facetas comerciales que posteriormente analizaremos.

El proceso es sencillo: un usuario corriente accede a una página web que le han recomendado. El administrador (o quién fuere) recopila automáticamente los datos más sensibles. Sin que el usuario se percate de ello, puede averiguar con total impunidad la dirección de Internet de la máquina desde la que esta operando, el correo electrónico, las páginas que ha leído y las que visualiza en su monitor, las imágenes que ha salvado, el último sitio Web visitado, el sistema operativo que utiliza, el navegador, el tipo de pantalla, las fuentes, etc.

A primera vista parece información baladí, pero en malas manos puede ser el detonante perfecto para la perpetración de un ataque remoto repentino. Este no es el único fin al que se destina este tipo de información. Correo basura, marketing abusivo y suplantación de personalidad son algunas de las formas dañinas que imperan impunemente por la Red. Este tipo de acciones conduce a los usuarios menos sensibles a la violación continua de la seguridad, desarrollada en parámetros de confidencialidad, integridad y disposición del uso legítimo.

Contra los individuos que desarrollan las facetas más ocultas de la red solo cabe una solución: estar siempre alerta. Actualizarse, y mantener el ordenador al día son requisitos fundamentales para mantener la salud de nuestro equipo. Políticas de seguridad y análisis de vulnerabilidades pueden fracasar desde el mismo momento de su implantación, si no se lleva un control estricto de los datos obtenidos.

Todos los conceptos aplicables al campo de la "intimidad" pueden ser manipulados. Desde la (no) publicación , hasta el control absoluto de la interactividad, el respeto tiene que ser un valor no negociable. Reflexionar sobre la ética de la publicación de datos íntimos podría ayudar a paliar los defectos de forma de la virtualidad, respetando, como no, los parámetros de la realidad cotidiana.

 

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