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Reportaje a la ciudad

La cara está cambiando

por Mari Ortíz


Con cámara en mano y sólo la memoria abierta a grabar, sin cinta de por medio, salí a recorrer la ciudad para hablar con la gente que se encontraba el sábado por la tarde, en los distintos barrios y simplemente escuchar y conversar con la posibilidad de fortalecer los vínculos sociales.

Esta práctica periodística presenta dos ejes, uno personal, profesional, que apunta a cambiar de alguna manera, la forma de mi hacer diario con fuentes, que no sean las privadas y oficiales, sino del sujeto común, en su ambiente, y que cuente con la posibilidad decir, ser escuchado y compartirlo con el resto de la gente. El otro pilar es la postura frente a lo global, exterior, en sus innumerables manifestaciones, con una mirada al revivir local, no como mera reacción, sino desde el reconocimiento al saber práctico, surgido del sentido común, que pone en acción, la mejor forma de sobrevivir: la transformación. Poco a poco, en unos sectores más que otros, se están dando esos cambios, en relación directa con educación, cultura y comunicación.

El desarrollo de la identidad está formada por múltiples dimensiones, y se pone distinta según con quien se esté hablando, con huellas de culturas locales, barriales, históricas, que configura las identidades subjetivas. Ahí apunto en estas entrevistas, poner lo particular, como manifestación comunitaria.

Lo importante es establecer vínculos viables y consensuados entre la gente y el ámbito oficial, donde los medios pueden aportar ese intercambio entre los vecinos, pero por sobre todas las cosas que tengan voz y voto en la construcción de la sociedad.

La metodología del reportaje a la ciudad, se irá dando de acuerdo a las devoluciones de la gente en la calle, si desea, se publicará su autoría, o quedar en el anonimato, de la misma manera con la foto. Se tomarán las declaraciones o comentarios que deseen compartir, así ocurrió con los diferentes grupos en esta primera vez, se cruzaron en Barrio La Patria, Centenario y Carlos Casado.


Parroquianos de la Vecinal La Patria

Con rostros conocidos, los comentarios se hicieron silencio, ante mi presencia sorpresiva y el advenimiento de la propuesta. Sin inconvenientes la palabra tomó protagonismo y contaron que estaban hablando cómo hacen las parrillas con el asado cocido pero sin salida. “Lo sacan de la parrilla, lo hidratan con agua, lo guardan, al volverlo a usar lo salan y nuevamente a la parrilla. ¡Sabés los asados hidratados que te habrás comido!”, y así se sumaron anécdotas relacionadas.

Después se saltó al trabajo, “la cara de la gente es distinta desde que se abrió Vassalli, la esperanza de laburo, si bien no se concreta ahora, tenés la esperanza que te llamen si estás anotado”. Otra voz agregó, “pero no es sólo Vassalli, ¿vieron las construcciones que hay en todas partes?, no encontrás un albañil desocupados por ningún lado”.

“Lo que pasa, todo tiene que ver con todo, la miseria que pasamos nos mostró que nos tenemos que arreglar de cualquier forma y como siempre nos ingeniamos, como la carne hidratada. Cada uno sabe que siempre hay más para hacer, lo que pasó en le país nos tiene que servir”, fue escuchado uno de ellos.

-¿Están conformes con el nuevo gobierno nacional?

-Tenemos que darle tiempo, no me importa el partido político, sino que haga las cosas bien, para la gente. Ya no nos hacen creer lo que quieren.

-¿Cómo reciben el pavimento del bulevar Colón?

-Hace treinta años que debería estar hecho, pero bueno, ahora está y a disfrutarlo.

-¿Les gustaría decir algo más?

-El tema de la seguridad, todavía siguen los robos....

Algunos quisieron participar de la foto, otros eligieron iniciar el primer partido de bochas a pesar del viento y escaso sol. La consigna: a pasarla lo mejor posible.


“Hace 30 años se lo dije a Vassalli”

Pisando el tan esperado pavimento del bulevar Colón, me crucé con el típico ciudadano que limpia su auto los fines de semana, y mantiene el aspecto del frente de su casa, distendido... “El pavimento nos cambió la vida. Me acuerdo que en el 70, cuando la calle era angosta, vinieron a verme Vassalli que era intendente y Tascinato, y me dijo en unos meses iba a tener pavimento. Me acuerdo que le contesté, me parece que van a pasar treinta años. Me equivoqué pasaron 33. Por fin nos tocó a nosotros, no comer la tierra de cada auto que pasa, y empezar a disfrutar de la frescura de esta zona, ahora podemos decir que estamos bien. Ni hablar del barro, mi casa es la única de esta parte que no se utilizó para horno de ladrillos porque estaba la quinta de Tano y tenía frutales, pero vea el resto está más bajo y con la tierra colorada en la superficie como en el bulevar Solís que los día que viene el viento de allá, las nubes de polvo son continuas. Halagó al gobierno municipal, “hasta ahora hace las cosas bien”, mientras del nuevo presidente, “parece que tomó las cosas en serio y los cambios los hace de raíz, le toca lo más fuerte, la justicia. No me importa a qué partido pertenece, lo esencial es la persona”. Lo que sí quiero decir también, que en la ciudad la seguridad sigue, en el barrio hubo dos nuevos robos, pero tiene que ver con la justicia”.


“..la yuta, gente que vende merca,

mujeres que patinan...”

Atravesar el paso a nivel de 1° de Mayo, y llegar a las dos manzanas donde viven dos mil personas en edificios horizontales cuando lo rodea el horizonte de la pampa húmeda, no hay justificación válida a tamaña decisión. Pero están, y sus habitantes conviven como pueden. Pasando por las angostas callecitas me encontré con un grupo de adolescente con una botella de coca familiar que pasaba de mano en mano. Uno de ellos en silla de ruedas, el resto parado en ronda compartiendo comentarios. Las edades oscilaban de 15 a 23 años. Sin inconvenientes me integraron al diálogo y sin miramientos hablaron que se sentían como de “la villa”, “acá nos metieron, nos amontonaron y somos lo peor, como los de Regule los negritos y los del centro los cajetillas”, con cierta bronca se escuchó. Uno a uno fue contando que tenía trabajo, casi la mitad no había conseguido pero estaba anotado, “sin laburo no te queda otra...”

-¿A qué te referís?

-Lo que pasa, el sistema de lleva a cosas que ni las pensás.

-¿Por qué a unos se les da por robar, y a otros a estudiar, trabajar?

-Al enfrentarte con algo que todos los días no le ves salida, los que son más débiles caen, y después es muy difícil salir.

-¿Te pasó?

-Tengo un Plan, y con eso puedo estudiar, estoy terminando la secundaria, después quiero hacer Trabajo Social y ayudar a dar vuelta esto. Pero me gustaría trabajar, ganarme lo mío.

-¿Por qué decís que vos no podés trabajar? (respondió otro de la rueda)

-Yo estoy marcado, cometí un error y ahora no puedo caminar por la calle. Sé que algún día me van a llamar de Vassalli, por ahora digo mi apellido y no existo. A veces quiero irme a otro lado...

-Yo pude salir solo de la droga-se escuchó otra voz-, nadie me ayudó, pero se me fueron las neuronas y quedé medio “boludo”, no puedo estudiar, pero sí me gustaría trabajar.

-¿Qué piensan del país?

-Está todo mal, vos cometés un error y te marcaron, cada cosa que pasa viene la yuta y te encierra.

-También tienen mujeres que patinan, agentes que venden merca, pero la porquería somos nosotros.

-Lo que pasa, acá hay gente buena, que le vino la pobreza y no le quedó otra que estar en este barrio que se afanaron todo desde que lo hicieron. Es como verlo todos los días, detrás de una tapita de la luz no hay nada porque se afanaron la plata de la conexión, los techos te llueven y por la luz cae agua porque se afanaron todo, las ventanas no tienen postigos porque lo vendieron. Pero ellos, los que lo construyeron no son “choros” como nosotros, ¿dónde está la justicia?, ¿qué hace la yuta con eso? Acá todos cometemos errores, pero los “choros”, somos nosotros y en este barrio.


A dos cuadras...

En el mismo barrio, a sólo dos cuadras de los chicos, había tres adolescentes de 15 años, también con una botella de coca familiar de mano en mano. Con la sonrisa espontánea de la edad y todo el romanticismo, explicaron que dos eran del barrio, que estaban bien. La tercer, del Barrio Las Malvinas, aclaró, “tengo mis amigas acá y vengo siempre, pero sé que muchos los tratan de lo peor por ser sólo de este lugar”. En cuanto a los proyectos de vida, las tres coincidieron seguir estudiando de maestras jardineras “porque nos gustan los chicos”.

“Transformar yuyos en verduras”

La calle Mendoza une los barrios Centenario, Carlos Casado y Fredriksson, por lo tanto consideré oportuno atravesarla para seguir con las entrevistas. Algunas mujeres tomando la tibieza del sol de otoño con mate en mano cumplían con la tradicional tarde de sábado de junio. En Mendoza y Belgrano, gran sorpresa, en un baldío como tantos en Firmat, históricamente llenos de yuyos, se transformó en una extensa y ordenada quinta. Una vecina se acercó y expresó: “¿Vió que linda?, es de Leo Silva, tiene unos 23 años, trabaja en Nestlé, cuando sale duerme un poco y se viene con la mujer a trabajar la quinta. El lote se lo prestó el dueño, y entre todos los vecinos se la cuidamos que no se la destrocen. Escuchamos ruidos y prendemos la luz de afuera para ver si pasa algo. Estamos orgulloso del pibe”.

Boliche Rosarolla, “gente de siempre”

Otra esquina clásica, de barrio, Alverdi y San Juan, al entrar, unas pocas mesas, a las 6 de la tarde dos parroquianos silenciosos frente a la copa, ni se inmutaron ante mi presencia. Su dueña, rápidamente se acercó y con el habitual, “Se le ofrece algo”, aceptó la propuesta de expresar lo que desee. Pensó un momento y señaló: “Acá la gente viene más tarde, pero le puedo decir que se nota una mejora en las caras, hay cierto ánimo. Nosotros somos gente de siempre, y está cambiando, algo, pero qué va a hacer, de acá podemos poco, lo de siempre...”.

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