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Todo empezó en las clases de Psicología: “ ¿Por qué no vamos a un psiquiátrico?”, se escuchó desde algunas voces de los alumnos de la Escuela Enseñanza Media N°421 “Dr. Pablo Tiscornia”. Lo que en principio sólo fue una idea fue transformándose en un proyecto compartido por dos cursos de Polimodal: 2° año de Humanidades y Ciencias Sociales, 3° año de Comunicación, Arte y diseño, y la psicóloga Carolina López Ortiz, docente a cargo de la asignatura en ambos cursos.
Entre los padres, los directivos de la institución, los alumnos y la docente se analizó la viabilidad de la propuesta. Y surgió el contacto directo con la Licenciada en Enfermería y legisladora de la Ciudad de Buenos Aires, Vilma Ripoll, que gestionó ante las instituciones psiquiátricas gestionando la posibilidad de la visita educativa a los dos Hospitales Psiquiátricos, que finalmente se concretó el 10 y 11 de julio.
Los dos hospitales psiquiátricos seleccionados fueron el “J. T. Borda” –para adultos- y el “C. Tobar García” infanto juvenil. Así se pudo dar una inquietud genuina de los adolescentes, promovida, quizás, “por la mayor frecuencia con que en lo cotidiano se encuentran los jóvenes en relación directa o indirecta a diferentes “enfermedades mentales”, y por la difusión que los medios masivos de comunicación vienen realizando en el último tiempo sobre la problemática”, indicó la Psicóloga López Ortiz. Quién agregó, “además, de ser un eje transversal para trabajar los contenidos de la materia, permitió vivenciar situaciones de vida problemáticas generando una reflexión personal y grupal, hacia el respeto por los demás y sus diferencias”.
La proyección y análisis de películas y el trabajo con artículos periodísticos sobre el tema, fue sedimentando la preparación de la visita. Y con la colaboración de los padres, se pusieron mano a la obra para recaudar el dinero necesario cumpliendo con la consigna: que los dos grupos escolares viajen completos con el menor gasto posible para las familias.
Al contingente se sumaron tres adultos, la psicóloga Lesli Di Paulo, el profesor de gimnasia Mauricio Ponce y la profesora periodista Mari Ortiz, que además de cubrir la actividad para ser difundida, dicta las asignaturas“Lenguajes comunicacionales y artísticos” y “Diseño”, en los grupos que viajaron.
La interdisciplinariedad se trazó desde el inicio, trabajando los lenguajes radiales y de diseño antes de la partida llevando consigo tarjetas, posters, micros radiales para compartir con los internos.
Después de alojarse en el Albergue “Puerto Pibes”, el grupo se dividió para participar en diferentes actividades programadas en los hospitales.
Un grupo se dirigió al Borda y participó el taller de Música Frente de Artistas, donde un grupo de internos ensayaba para una próxima presentación en el Centro Cultural San Martín. Cantaron todos juntos y dos de los alumnos (integrantes del taller de Tango de la Escuela) bailaron un tango interpretado por el coordinador y uno de los internos.
Los otros dos grupos se dirigieron al Tobar. Uno de los grupos compartió “La Casita”, con los chicos internos. Lugar de actividades lúdicas y eventos sociales, donde todos los chicos intercambiaron sus historias mientras jugaban y disfrutaban de los caramelos llevados desde Firmat. Todos juntos participaron de la despedida de uno de los chicos internos, estableciéndose un vínculo “mágico” que los emoció intensamente.
Otro grupo concurrió a la FM “Imagínate”, que funciona en el 3° piso del Tobar, y es conducida por adolescentes internos. Compartieron el material trabajado en Firmat, y salir al aire con chicos que estaban viviendo de una forma tan distinta, pero que al unirlas, se asemejaban en la rebeldía, diversión, música, desprecio por la corrupción...De ambos lados se sabían las diferencias, las cuales se compartieron y se estableció el vínculo como la frase que decía el posters que entregaron: “ Un puente no se sostiene de un solo lado”, se encontraron en la mitad y disfrutaron el encuentro.
Al salir de los Hospitales los esperaban a merendar en el Palacio de la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires, donde vieron parte de una sesión, recorrieron los lujosos salones de la época de bonanza del ´30, la espléndida biblioteca, la privilegiada pinacoteca, y se sentaron en los lugares de los legisladores, poniendo humor a la impactante tarde.
En la noche también presenciaron los programas televisivos “La Otra verdad” y “Arde Troya”, con la posibilidad de observar cómo se produce la imagen del otro lado de la pantalla.
Todavía les faltaba otra actividad que ni imaginaban. El coordinador del Centro Cultural, Carlos Martín Pampín, les fue mostrando el trabajo en pintura y escultura que realizan los internos. Los 300 m2, y dos pisos, del primer edificio del neuropsiquiátrico, data de 1864, quemado por un incendio hace unos años, se fue adaptando para trabajar y exponer las expresiones de los pacientes. El recorrido dejó sin palabras a adultos y adolescentes. La mirada no alcanzaba para registrar las extraordinarias piezas de arte realizadas en todas las técnicas y elementos de desecho desde camas, caños, lavarropas, heladeras, cajones de muertos, baldosas...
Le siguió la visita a la imprenta con tipografía, guillotina e impresora de fines de siglo XIX, que todavía están en marcha para cubrir la papelería administrativa de los Hospitales. El asombro no terminaba. En la antigua ropería, un grupo de voluntarios estaban recuperando 20.000 historias clínicas de pacientes desde que se abrió el psiquiátrico, algunas datan de 1897, aparatos, elementos diversos como testimonios de la historia de la psiquiatría argentina con más de cien años.
El hermoso día de sol permitió hacer un asado en el suelo del patio del Centro Cultural, llevado desde Firmat, compartido por chicos, internos, docentes, choferes, coordinadores y voluntarios del Hospital, la legisladora Ripoll y sus ayudantes, y el Director de Salud de la Ciudad de Buenos Aires. El pan para las hamburguesas se trajo de uno de los sótanos de neuropsiquiátrico donde los vecinos y pacientes pusieron a funcionar la panadería que hacía 9 años no funcionaba.
Mientras se esperaba la comida, los alumnos se mezclaron con los internos en un Taller de pintura, con diálogos intensos y extenso, bailes y cantos...
Llegó la hora de marcharse, las miradas tristes, pero con brillos, acompañaban a las voces que decían “Vuelvan, hoy fue un día de alegría”. El silencio del otro lado, una respuesta que seguramente llevará toda una vida construirla, que tampoco borrará el inmenso: ¿Por qué?.