Grau, el marino

CAPÍTULO III

 

GRAU, EL MARINO

 

1.- Otra vez en el mar

2.- La dura lucha en el mar

3.- El ingreso en la marina de guerra

4.- Su vida en la armada

5.- Grau sale de la marina

6.- Su retorno a la armada

7.- La muerte de Don Juan Manuel Grau

8.- La guerra con España

9.- Montero y Grau otra vez se sublevan

 

 

 

 

Lizardo Montero

 

 

Los 4 ases de la Marina de Guerra del Perú

 

Los cuatro Ases de la Armada, capitanes de Navío Miguel Grau, Manuel Ferreyros, Aurelio García y sentado, Lizardo Montero

 

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GRAU  EL MARINO

 

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1.- Otra vez en el mar

 

            Transcurrieron varios meses de 1844 en que el niño Miguel Grau, los pasó entre Paita y  Piura. El capitán Herrera seguía concurriendo a la casa de don Juan Manuel en el puerto. Fue así como se enteró que proyectaba hacer otro viaje. Nuevamente los ruegos de Miguel vencieron las dudas del padre y las del capitán Herrera, pero esta vez no iría como una pasajero, ni disfrutaría de las comodidades que le son propias, sino como un  aprendiz de trabajador del mar, es decir como un simple grumete. Pero no cabía la menor duda, su destino era el mar.

 

Es el mismo Grau el que da a conocer su segundo viaje, cuando en 1854 al ingresar a la Marina de Guerra del Perú, hace una relación de sus experiencias marinas y tal como relató su primer embarque, ahora en forma también excesivamente breve y concisa dice:

 

2.» En Paita tomé plaza en la goleta «Florita», su capitán don Manuel F. Herrera y fui a los puertos del Callao, Buenaventura, Panamá y volví a Paita».

 

Sólo tenía  diez años y sus ojos infantiles se volvieron a embriagar de horizontes infinitos, de mar y de cielo. Estos elementos fueron como su alma, en donde algunas veces se desataba la tempestad, mientras que en otros momentos, la paz, el silencio y la tranquilidad lo dominaban  todo. Fue en la dura lucha del marino en que templó y forjó su carácter. Ese diamante en bruto se fue puliendo en la  tarea diaria y en un eterno vagabundeo que lo empujó por todos los mares del  orbe y lo llevó a los  más lejanos puertos, conociendo a gentes extrañas, de otras razas, lenguas, religiones, costumbres y cultura. Fue también en ese permanente deambular que se hizo  más  intenso su amor a la Patria siempre lejana, pero también siempre presente en su corazón. El barco entonces fue su hogar y fue su escuela y los marinos su familia. Al templar su alma, serenó su carácter. En las noches quietas, con la vista fija en el firmamento tachonado de estrellas y rodeado de una sinfonía de silencios, se encontró a sí mismo y también encontró a Dios. Por eso  se hizo  más  profunda su fe en Dios. Fue así como ese niño triste se convirtió en un místico. Todo lo noble, todo lo bueno y todo lo alto se conjugaron en Grau. La generosidad y la honradez se convirtieron en norma de conducta. La ley del mar, nunca escrita pero permanentemente aceptada y observada, es muy severa y demanda del marino, nobleza y altura de sentimientos, pero pocas veces esas cualidades se han dado en tan alto grado como en Grau. Por eso Grau fue símbolo de esa caballeresca ley del mar. Su formación espartana, hizo de él, todo un hombre cuando aún era sólo un niño.

 

 De esa forma empieza a conocer el mundo, y en mejor forma la vida del mar. Seguía siendo un niño pues sólo tenía 10 años pero con la disciplina del barco empezó a fortalecer su carácter y a dominar las emociones y  temores, cuando la naturaleza desataba su furia. La goleta era un barco pequeño, rápido con dos palos  con el  que capitán Herrera llevaba el correo de acuerdo a un contrato con el Gobierno peruano. Hemos señalado que este viaje se realizó en 1844, pero eso sólo es un cálculo, pues Grau no da la fecha.

 

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2.- La dura lucha en el mar

 

            Tras una  estadía en Paita que se supone fue breve, viene su tercer embarque que Grau relata del siguiente modo:

 

3º «Tomé plaza en el bergantín «Josefina», su capitán don Manuel Herrera; este buque estuvo haciendo servicio de paquete entre Callao y Panamá conduciendo la valija de Europa y cesó por haberse establecido la línea de vapores».

 

La valija llegaba por mar desde Europa y Estados Unidos hasta Panamá y de allí era recogida y traída al Perú. No se sabe que tiempo estuvo en el «Josefina», pero debió ser  también breve.

 

El domingo 8  de enero de 1840 arribó al Callao el primer barco a vapor. Los limeños alborotados se volcaron al puerto y cuando vieron al vapor «Perú» y que de la chimenea salía humo negro espeso, creyeron que el barco se había incendiado. Hasta el Presidente Gamarra lo visitó, El barco arribaba procedente de Valparaíso con 40 pasajeros y llevaba la bandera británica, pero su capitán era el norteamericano  Guillermo Wheelwright, que era también un producto del mar y había presenciado siendo niño los experimentos de Fulton en los barcos a vapor. Desde antes de 1835 había estado gestionando autorización para navegar en las costas del Perú, lo que al fin le fue otorgada. En 1838 se formó en Londres la  Pacific Steam Navegation Company alentada por Wheelwright, construyéndose dos vapores, el «Perú» y el «Chile», gemelos, de madera, de 700 toneladas cada uno. El 14 de agosto de 1840 el Presidente Gamarra otorgó a la compañía inglesa el privilegio exclusivo de navegar ( con barcos a vapor) por diez años en las costas del Perú. Los dos vapores hacían el comercio entre Perú y Chile y fue recién en mayo de 1844 cuando hicieron viajes  a Panamá. Se supone que fue poco después que el Gobierno lo contrató para que llevase la valija reemplazando a Herrera, pues los vapores eran mucho  más rápidos que los veleros.

 

Un poco  más de dos años estuvo navegando con el capitán Herrera con el que hizo tres viajes y el cual siempre le dispensó consideración y estima. Fue para Grau un sustituto de su padre y un maestro en las enseñanzas de la vida. Podríamos decir que fue providencial esta relación entre dos personas tan dispares en edad y de esa forma el Destino fue tejiendo sus hilos y también  la vida de ese niño predestinado.

 

No sabemos que tiempo estuvo en Paita entre el término de su tercer viaje y el cuarto. Bien pudo ser relativamente largo y entonces contaría entre 13 o 14 años. Es posible que entonces estudiara en la Escuela Náutica de Paita porque ya tenía edad para ello. A Grau lo imaginamos, persistente en su idea de volver al mar, pero los capitanes de los muchos barcos que llegaban al puerto lo rechazarían por ser muy niño, hasta que hubo uno que lo admitió. Dejemos a Grau contar este hecho:

 

4° «Tomé plaza en Paita en la fragata  norteamericana «Ballenera Oregón», su capitán Teodoro  Winping. Permanecí en este lugar pescando ballenas 22 meses y he tocado en las Marquesas, Sanwich y de Sociedad. Me desembarqué en Paita.»

 

Por lo antes expresado, se puede apreciar que fue un viaje muy largo de casi dos años. En sus  anteriores experiencias había navegado pegado a la costa sudamericana del Océano Pacífico en viajes cortos. En el barco ballenero, recorrió la Oceanía y en especial los archipiélagos de las Marquesas, Sanwich y Sociedad, entregado a las duras, difíciles y alucinantes aventuras de la caza de las ballenas.  Cuando volvió a desembarcar en Paita era ya un jovencito, de amplio tórax, de manos callosas y la piel curtida por el sol de  los trópicos y la sal marina. A Grau no lo hizo titubear cuando se embarcó, el hecho que la mayor parte de la tripulación, era de habla inglesa, y necesariamente tuvo que iniciarse en el aprendizaje de ese idioma  Los ratos que pasaría con su padre y sus hermanos, los imaginamos muy gratos y  relatando los sucesos de su nuevo  viaje.      .

 

Después que la «Ballenera Oregón» lo retornó a Paita, estuvo un tiempo en el puerto y luego tomó la decisión de viajar al Callao para tentar nuevos horizontes.

 

Era ese paso, su independización definitiva de la tutela paterna, cuando tenía aproximadamente 15 años. De acuerdo al informe del propio Grau tenemos lo siguiente:

 

5°.- «Tomé plaza en la fragata «Peruana», su capitán D. Gregorio Espejo, que cargada de guano fue a Inglaterra, pasamos por Burdeos, donde tomando el pabellón francés volví al Callao, tocando en Río de Janeiro»

 

La fragata parece que era peruana y el viaje se hizo necesariamente por el riesgoso estrecho de Magallanes. Habiendo atravesado el Atlántico por primera vez, llegó al puerto francés de Burdeos y no se sabe por que razón, desistió de seguir  en la fragata «Peruana», y tomó un barco francés, no se sabe si como pasajero o como marinero. Volvió hacer el viaje de retorno por el mismo estrecho y al fin regresó al Callao, al cual convirtió en el centro de sus operaciones, dejando definitivamente Paita. En el Callao hace un nuevo embarque que relata del siguiente modo, usando siempre su lenguaje tan lacónico:

 

6°.- Toma plaza en el Callao en el bergantín «Conroy», su capitán D. Guillermo Roveet y fui a Hong Kong, tocando Sándwich y Macao»

 

En este viaje, por primera vez Grau llega a las costas de Asía, visitando la colonia inglesa de Hong Kong y la portuguesa de Macao, ambas en territorio Chino.

 

Es a partir de su próximo embarque que ya no hace Grau viajes de retorno al Callao, sino que en plena travesía va cambiando de barcos, lo que indudablemente representó mucha audacia en un jovencito. Esto es relatado en la forma siguiente:

 

7°.- « En Macao tomé plaza a bordo de la fragata « Gresmacul», su capitán John Adam, a San Francisco de California.»

 

Como se puede apreciar, es en Macao donde cambia de barco y entonces llega por primera vez a las costas de Estados Unidos del Pacífico. Tan pronto llega, toma un nuevo barco:

 

8°.- «En California tomé plaza a bordo de la fragata norteamericana «Cosar», su capitán Bell Cook y fui Shangai y Hong Kong»

 

9° «En Hong Kong tomé plaza a bordo de la fragata norteamericana «Wich Craft» y fui a Singapur y regresé a Hong Kong.»

 

En este viaje Grau, conoció un nuevo e importante puerto de Asia, Singapur que era colonia inglesa.

 

10° «En Hong Kong tomé plaza a bordo de la fragata norteamericana «Stay Hong», su capitán Guillermo Ben y fui a Nueva York y Boston.»

 

Para salir de Hong Kong y llegar a Nueva York, el barco tuvo que hacer un largo recorrido, navegando por todo el Océano Indico, costeando el África y tras de atravesar el Océano Atlántico, llegar a Nueva York, que era el segundo puerto del mundo después de Londres.

 

11°.- « En Boston tomé plaza a bordo de la fragata norteamericana «Syoom», su capitán Jim Smith»

 

Como se dirige a California, el recorrido fue largo. No dice si es que siguió la vía del estrecho de Magallanes, o  la que significaba recorrer los Océanos Atlántico, Indico y Pacífico.

 

Sobre el último viaje que tomó, Grau dice lo siguiente:

 

12°.- «En California tomé plaza a bordo de la fragata norteamericana «Gold and Egel», su capitán Guillermo Robin y llegué al Callao»

 

Por esa época, California, era un sitio de atracción de todos los aventureros del mundo porque se había descubierto en ella riquísimas minas de oro, produciéndose lo que se llamó fiebre del oro. La bahía estaba repleta de barcos con banderas de muchos países del mundo. También fueron peruanos y el gobierno para amparar sus derechos se vio obligado a enviar al  bergantín de guerra Gamarra.

 

Con ese viaje termina su larga aventura en barcos mercantes. Habían transcurrido diez años, pero aún era muy joven, pues sólo tenía 19 años. A fuerza de constancia el niño que se embarcó en Paita cuando todavía no tenía 9 años, se había convertido en un fornido mocetón, con una gran experiencia marina  habiendo escalado los puestos desde un simple grumete hasta piloto. Ni la dureza con que lo había tratado la vida, ni su azarosa existencia en el mar, hicieron de él un hombre rudo y hosco como la generalidad de los marineros que habían sido sus compañeros. El Centro Naval del Perú, en un libro ilustrado titulado «Miguel Grau» que publicó  en abril de 1979, dice entre otras cosas con relación a esas travesías: « hubo de todo en esos viajes, amoríos, juergas y peleas también «; es decir lo que es normal en los marinos cuando tocan puerto y desembarcan.

 

Nada dejó  escrito sobre su vida en el mar y de las impresiones que tantas cosas nuevas lo impresionaron. Su lenguaje escrito sumamente breve, ha privado a la posteridad y a todos los peruanos, de la manera como día a día se fue forjando el héroe.

 

Hacia bastante tiempo que Grau no veía a su padre y a sus hermanos, por eso hay que suponer que estaría ansioso en volver a reencontrarse con ellos.

 

Viajó pues a Paita y tuvo largas pláticas con su padre y con su hermano mayor Enrique Federico que contaba ya con 22 años. Como resultado de esas conversaciones, el hermano se entusiasmó y decidió seguir también la carrera de la marina, pero no en barcos mercantes sino de la Armada Nacional.. Muy serias tendrían que haber sido las razones que tuvo Miguel Grau para dar un adiós definitivo a su vagabundeo en barcos mercantes, pero no al  mar, e ingresar en la Armada.

Por su parte don Juan Manuel tomó también una decisión: dejar Paita y Piura y radicarse en Lima con toda la familia, dejando su puesto en la aduana y el de Inspector de Educación.

 

 

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3.- El ingreso en la marina de guerra

 

            En 1853, don Juan Manuel con sus dos hijos y sus dos hijas viajaron a Lima. Para el viejo soldado de la gesta emancipadora era el adiós definitivo en lugares en los que había pasado gran parte de su vida y dejaba numerosa descendencia.

 

El 18 de agosto de ese año, don Juan Manuel solicitó el ingreso de sus dos hijos en la Marina, sin embargo, por razones que no se han determinado con precisión, fue recién el 14 de marzo de 1854 en que se produjo el ingreso. Miguel a pesar de ser menor, tenía sobre su hermano Enrique Federico, la gran ventaja de tener  ya  una amplia experiencia marina.

¿ Qué hizo Miguel Grau entre agosto de 1853 y marzo de 1854 en Lima? Es posible que en ese tiempo tuviera como profesor a don Fernando Velarde. Era éste un poeta y profesor español que había llegado a Lima el año 1847 y  puesto una Escuela de Primeras Letras, que funcionó hasta 1855, año en que Velarde viajó a Colombia. En 1848 editó el poemario «Flores del desierto», que causó la admiración de la juventud limeña, sobre todo de los ilustrados como Carlos Augusto Salaverry, Arnaldo Márquez, Ricardo Palma, Manuel Nicolás Corpancho, Luis Benjamín Cisneros y otros,  que por entonces eran jóvenes

 

 Como el libro también tuvo sus detractores, en Lima se desató una apasionada polémica. También publicó  en 1851 un texto de gramática. El historiador Jorge Basadre en su obra  «Historia de la República del Perú» dice que un ataque  físico que sufrió, así como una seria enfermedad unidas a desavenencias conyugales,  y las pugnas, líos y enemistades, agriaron su carácter en forma tal, que con frecuencia se enfurecía. Es posible que Juan Manuel requiriese de Velarde sus servicios para que le diera a su hijo Miguel María ciertos conocimientos que necesitaba para su futura carrera. Cuando se produjo la heroica muerte de Grau en Angamos, y la noticia dio la vuelta al mundo, el maestro Velarde ya anciano, recordaba en 1880 a su alumno desde Londres enviando a Lima unos versos para la guirnalda fúnebre del héroe y allí decía que era taciturno. Es decir que Grau mantuvo siempre ese aire de tristeza que adquirió en su niñez.

 

Don Juan Manuel, presentó el 27 de agosto de 1853 una solicitud para que se le concediera una pensión de gracia. Por entonces tenía 54 años y llama la atención que no la hubiera solicitado primero en 1831 y luego en 1848 cuando se otorgaron pensiones a los vencedores de Junín y Ayacucho. El pedido era extemporáneo, pero dados los indiscutibles servicios que había prestado don Juan Manual a la causa de la independencia, fue que el Congreso, el 16 de noviembre del mismo año, le otorgase la pensión solicitada, la cual le permitió vivir a él y a sus dos hijas modestamente en Lima. Por ese tiempo gobernaba el general Rufino Echenique.

 

Grau ingresó como guardia marina en el vapor «Rímac» donde estuvo  6 meses y 18 días según la relación de sus servicios hecha por el mismo Grau de su puño y letra  en Julio de 1873. Eso significa que estuvo en el  «Rímac» hasta el 2 de octubre del mismo año. En repetidas oportunidades, Grau manifestó que había sentido un inmenso orgullo cuando por primera vez vistió el uniforme de la marina de su Patria. Dada su gran experiencia lograda en diez años de vida en el mar, bien pronto se adaptó a las nuevas rutinas. Era la primera vez que Grau servía en un vapor, pues toda su experiencia marinera la había hecho en barcos a vela. Era el «Rímac» un barco nuevo construido en Estados Unidos, adquirido en el primer gobierno del General Castilla,  que había llegado al Callao el 27 de julio de 1848 y contaba con 6 cañones.  El Presidente Castilla había resuelto dotar a la Marina de Guerra del Perú de una poderosa flota y en efecto, tras del «Rímac» llegó la fragata a vapor «Amazonas» con 26 cañones y 1.500 toneladas de desplazamiento, luego el bergantín «Gamarra», las goletas «Peruana» y «Héctor» y el transporte «Alaiza», todos a vapor.

 

Cuando Grau se embarcó en el «Rímac» hacía menos de un año que este vapor había tenido una descollante actuación en el salvamento de los náufragos del buque escuela «Mercedes» donde pereció su capitán,  el paiteño Juan Noel Lastra y fue salvado el entonces cadete ayabaquino Lizardo Montero.

 

Su segundo barco fue el pailebote «Vigilante» donde estuvo 10 meses y 20 días y luego en el vapor Ucayali donde sirvió 4 meses y 12 días. Por entonces ya tenía 1 año, 10 meses y 20 días sirviendo y estábamos en  enero de 1856, fecha en que es trasladado al vapor «Apurímac» que era una de las principales naves de la armada.

 

 

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4.- Su vida en la armada

 

            En el «Apurímac”, Grau se encontró con el teniente 2° Lizardo Montero oficial amiguero y extrovertido y pronto supieron que eran paisanos, pues Montero era de acomodadas familias de Ayabaca. A partir de entonces se inició una larga y muy estrecha amistad entre los dos hombres que sólo terminó con la muerte.

 

 Por entonces gobernaba el Perú el general Ramón Castilla, que había depuesto al Presidente general Rufino Echenique.

 

El 14 de mayo de 1856,  fue ascendido Grau a alférez de fragata, cuando tenía 22 años, recibiendo afectuosas felicitaciones de Montero. Era comandante del «Apurímac», el chileno  Salcedo, un marino rudo al que la tripulación no quería.

 

El país pasaba por momentos políticos de gran agitación. Echenique estaba desterrado en Chile donde conspiraba con el general Vivanco. En octubre de 1856, el «Apurímac» se encontraba en Arica con Grau y Montero. Este último que sólo tenía 27 años, asumió el mando interino de la nave por haber ido a tierra el comandante Salcedo atendiendo a una invitación a tomar lunch con el Vice Cónsul inglés Nugent.  Por entonces había  logrado Echenique atraer a la causa revolucionaria a Montero y éste, contando con el apoyo de Grau, se sublevó el 16 de noviembre en la rada de Arica, cuando Salcedo estaba tierra. Mientras el general Vivanco se levantaba en Arequipa, Montero y Grau resuelven dirigirse al puerto de Islay donde se encontraban las naves de la armada, «Loa» y «Tumbes» que se unen a la causa de los rebeldes. En anterior oportunidad Montero ya había secundado a Vivanco en otra intentona revolucionaria. La flota entonces se dirige a las islas de Chincha las que toman y principian a despachar embarques de guano para lograr dinero para los gastos de mantenimiento de la escuadra sublevada. El 16 de noviembre el Presidente Castilla que sólo contaba con el barco «Ucayali, declaró piratas a las naves sublevadas y comunicó ese hecho a la representación diplomática acreditada en Lima. Eso significaba que cualquier nave de guerra extranjera podía tomar, atacar y hasta hundir a las naves rebeldes.

 

Mientras tanto en Trujillo,  Ayacucho y en Piura se producían motines. En esta última ciudad, era Gobernador de la Provincia Litoral el coronel Ramón López  Lavalle que dominó prontamente la situación. En 1857 muere en la selva de Chanchamayo, su hermano mayor Enrique en misión de servicio.

 

Vivanco en lugar de hacerse fuerte en Arequipa donde todos eran sus partidarios, prefirió utilizar los barcos sublevados para dirigirse al Callao y atacar a Castilla en la propia Lima, creyendo que esa ciudad lo apoyaría, pero al encontrar un ambiente hostil, Vivanco con la escuadra tomó rumbo al norte, dejando en el Callao al «Apurímac» a las órdenes de Montero y Grau, para impedir que el Presidente Castilla saliera de ese puerto. Vivanco desembarcó en Nepeña (Ancash), desde donde envió un destacamento a la sierra y él con el resto de gente partió a Trujillo, ocupando esa ciudad el 29 de enero de 1857 con apoyo del general La Fuente. Entonces el coronel López  Lavalle partió a Trujillo con fuerzas de Piura para combatir a Vivanco, el cual al saber esto partió a Chiclayo. Mientras tanto López Lavalle capturaba Trujillo y el Presidente Castilla, burlando el bloqueo de Grau y Montero, sale  del Callao en el viejo vapor «Huaraz» que abarrotó de soldados y cañones y desembarcó en Pacasmayo donde se unió con López  Lavalle, iniciando la persecución de Vivanco, el cual al conocer eso y sabiendo que Piura se había vuelto a pronunciar a su favor al mando del comandante ayabaquino  Manuel González La Cotera partió a esta ciudad.

 

En el Callao, al conocer Montero y Grau que Castilla se les había escapado al norte donde estaba en campaña, resolvieron dirigirse con el «Apurímac» a Paita, donde encontraron al «Huaraz» que capturaron. Por entonces los barcos rebeldes «Loa» y «Tumbes» que Castilla había declarado piratas fueron capturados por barcos de la armada inglesa y llevados al Callao.

 

Los vecinos de Piura obligaron a La Cotera a declararse neutral por cuyo motivo Vivanco no pudo entrar a la ciudad, y dando un rodeo se dirigió a Paita donde se embarcó en el «Apurímac» uniéndose a Montero y a Grau, Mientras tanto Castilla llegaba a Tacalá y se vio obligado atacar Piura que deseaba mantener su neutralidad. El 20 de abril Castilla entró a la ciudad y en ese mismo día, Vivanco volvía arribar al Callao, a bordo del «Apurímac» siempre comandado por Montero y Grau. El rebelde  Vivanco perdió dos días antes de decidirse atacar el Callao dando tiempo a los defensores a prepararse en forma tal que lo derrotaron. Ante ese descalabro, Vivanco recién pensó en Arequipa y a bordo del «Apurímac» se dirigió a Mollendo. En la Ciudad del Misti, se atrincheró Vivanco y resistió un feroz asedio desde el  junio de 1857 hasta  marzo de 1858.

 

 

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5.- Grau sale de la Marina

 

            Entonces Montero y Grau se dirigieron con el «Apurímac» al puerto de Arica y allí el Prefecto de Moquegua  coronel Juan Espinosa recibió la Capitulación Honrosa de los dos marinos, garantizando las más amplias garantías a sus subalternos, tras lo cual Montero y Grau se dirigieron al destierro. Castilla separó del servicio a los dos marinos y faltando a la palabra de honor dada en la Capitulación, también separó a otros oficiales.

 

Grau vuelve a enrolarse en la marina mercante y es entonces cuando otra vez torna a recorrer  los mares del mundo y conocer nuevas naciones, sobre todo India y China. En 1860 estaba Grau nuevamente en Lima visitando a su padre y hermanas. El 22 de noviembre de ese año la casa del Presidente Ramón Castilla en la calle Divorciadas es atacada. En la conjura entran José Gálvez, el joven Ricardo Palma y oficiales del ejército que son repelidos por la Guardia, resultan tres atacantes muertos y un defensor. Al respecto, el historiador Jorge Basadre en VIII Tomo de la Historia de la República, en el título «la vida de Grau» dice lo siguiente: « Fue uno de los asaltantes de la casa de Castilla». De este hecho no hay mayor información.

 

El 11 de abril de 1861, el  nuevo Congreso da la Ley de Reparaciones ordenando la vuelta a servicio de los Jefes y Oficiales separados por haber participado en la revolución de Vivanco. Entonces Grau presenta  una solicitud de ingreso el 6 de setiembre de ese año, pero recién es aceptado el 14 de abril de 1862, en las postrimerías del gobierno de Castilla, pero no entra de inmediato al servicio, sino que se le da licencia indefinida y retornó a la marina mercante recorriendo los mares de la  Polinesia en diversos balleneros. En noviembre de 1862 se encontraba en la Polinesia, frente a la isla Humphrey y por el mal tiempo aseguró al bergantín que mandaba  con dos anclas de proa, pero el temporal y el viento eran tan fuertes que rompieron las amaras y lanzaron al barco contra los arrecifes destrozándolo. Gracias a sus atinadas medidas, toda la tripulación se salvó y en una chalupa, llegaron a la costa, En enero de 1863 estaba de vuelta al Callao y enviaba al Capitán de Puerto un pormenorizado informe sobre el siniestro.  Poco tiempo después asumió el mando de la goleta mercante peruana «Donaire» con la cual recorrió todo el litoral del Perú.

 

 

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6.- Su retorno a la armada

 

            Al general Ramón  Castilla, sucedió en la Presidencia su protegido el general San Román el que al poco tiempo murió siendo reemplazado por el 1er. Vicepresidente general Antonio Pezet y un me más tarde, Grau es llamado al servicio activo, el 11 de setiembre de 1863 siendo nombrado como segundo comandante del «Lerzundi» con el grado de teniente sdonde actúa bajo las ordenes del capitán de corbeta Aurelio García y García, muy amigo suyo. El  4 de diciembre, es decir tres meses más tarde es ascendido a teniente primero Graduado.

 

El 4 de agosto de 1863 se produce en la hacienda lambayecana de Talambo un incidente entre colonos peruanos y españoles, como resultado de lo cual resultó un muerto de cada parte.

 

 Por entonces se encontraba recorriendo el Pacífico Norte una escuadra española a la que se daba el carácter de científica. España entabló reclamaciones diplomáticas y para apoyarlas retornó al Callao la escuadra española que se encontraba frente a California

 

Desde el 4 de diciembre de 1865 Grau había sido ascendido a teniente primero graduado, grado en el que sólo estuvo 1 mes y 4 días, porque de inmediato volvió a ser ascendido.

El Presidente Pezet, envió a Francia y a Inglaterra el 4 de enero de 1864 a una comisión de marinos para agilizar la adquisición de barcos que habían sido encargados. La Comisión estaba integrada por los capitanes de navío  José Salcedo y Aurelio García, el teniente primero graduado Miguel Grau y el capitán de corbeta Juan Pardo de Zela. El «Lerzundi» quedó al mando de Montero.

 

El hecho de integrar Grau una Comisión tan delicada, demuestra que a pesar de su juventud, pues sólo tenía 30 años, se le tenía por muy conocedor de barcos y de construcciones navales. Desde el 8 de enero de 1864 había sido ascendido a teniente primero efectivo.

 

El 15 de  diciembre de 1864 Grau recibe en los astilleros franceses de Saint Nazaire, la documentación de la corbeta de madera «Unión», zarpando rumbo al Perú, tres días más tarde llevando como a su segundo al teniente primero  Félix Pardo Lavalle. El mismo día partía también la corbeta  gemela «América» al mando del capitán  Juan Pardo de Zela. Cada barco desplazaba 1.600 toneladas, tenían 14 cañones y 13 millas de velocidad, lo que para la época era bastante. Dos años más tarde se hicieron cargos a don Manuel Pardo de que al contratar la construcción de las naves había pagado demás 800.000 francos, con relación a una oferta anterior.

 

Las dos corbetas salieron de Saint Nazaire, al puerto inglés de Plymounth, donde se estaba construyendo el blindado peruano « Huáscar «. Al llegar con la «Unión» a esa base naval, Grau fue el 18 de nero de 1865 a saludar al Almirante en Jefe,  inglés, pero al salir de la visita fue arrestado por orden de un superintendente del Condado de Kent, que lo envió al Juez de Paz de Dartford  que a su vez dio la orden de enviarlo a Londres. Se le acusaba de haber quebrantado reglamentos sobre alistamiento de tripulaciones. El caso era de que había sido acusado por los marineros  ingleses Priespe y Crapes de malos tratos, cuando en realidad habían sido despedidos de la «Unión», por insubordinación, eso es lo que el mismo Grau explicó  al Ministro del Perú en Londres, Señor Barreda,  en un informe que le envió el 23 del citado mes de enero. La detención de Grau duró 48 horas El Perú presentó una reclamación diplomática y el Gobierno Inglés por intermedio del Canciller, Conde Russell, presentó sus excusas por lo que dijo había sido precipitación de un Juez subalterno. Ese incidente retrasó la partida por varios días lo que no ocurrió con la «América»

 

El capitán de navío Salcedo, se encontraba en Liverpool, vigilando la construcción del blindado «Huáscar» que corría a cargo de los hermanos  Laird en los astilleros de Birkenhead y al saber que Grau estaba en Inglaterra lo invitó para que viera la construcción del «Huáscar». Allí pudo admirar Grau la torre giratoria del blindado, lo que era una novedad en la época. Entusiasmado, dijo estas proféticas palabras:  Esta nave y yo, seremos inseparables en el futuro. Por una Orden General del 13 de setiembre de 1865, el Presidente Pezet, le puso el nombre de “Huáscar”

 

En Inglaterra  quedaron el capitán de navío Salcedo vigilando la construcción del «Huáscar» y el capitán de navío Aurelio García, controlando la construcción del blindado «Independencia» en los astilleros de los hermanos Samuda. El 15 de enero de 1866, zarpaba de los astilleros Mercey

 

Mientras tanto en el Perú, la situación se había agravado con las exigencias españolas que todo el pueblo repudiaba. El 8 de febrero de 1865, la guarnición de Arequipa al mando del Coronel Mariano Ignacio Prado, se sublevó, alentado por Lizardo Montero que mandaba al viejo barco «Lerzundi» y había logrado la adhesión del «Tumbes» en Islay.

 

 Después Montero, se apoderó de la fragata  «Amazonas». Al mando de este último barco estaba el Contralmirante  Juan José Panizo Talamantes, el cual fue asesinado a bordo por la marinería en un motín que estalló el 24 de marzo de 1865, acción en la que también murió el Capitán de Navío paiteño Abel Raygada. La situación de anarquía del barco fue aprovechada por Montero, que lo capturó  Montero puso a disposición del coronel Mariano Ignacio Prado los 3 barcos, siendo nombrado Jefe de la escuadra rebelde cuando sólo tenía 32 años. El «Lerzundi» que era muy viejo, tenía en mal estado las calderas y en 1866, estalló en las aguas de Chile cuando navegaba en uno de los canales de la isla Chiloé..

 

La corbeta «América» llegó al Callao el 4 de abril de 1865 y se puso a las órdenes del Presidente Pezet, pero después Montero se apoderó de ella. Con Pezet quedaron  la fragata «Apurímac», el transporte «Chalaco», el blindado «Loa» y el monitor «Victoria», estando los dos últimos en muy malas condiciones.

 

El 31 de marzo de 1865, el Presidente Pezet  asciende a Grau al grado de capitán de corbeta y el 22 de julio del mismo año asciende a capitán de fragata. En Julio el Gobierno revolucionario confirma el ascenso.

 

Por su parte «La Unión» con Grau, tuvo que enfrentar varios problemas, así frente a las costas argentinas de la  Patagonia, tuvo que enfrentar al furioso viento El Pampero, que le causó graves daños en la arboladura, por lo cual tuvo volver a puerto para hacer reparaciones, posteriormente al pasar el estrecho de Magallanes sufrió serios percances, de tal manera que sólo pudo llegar al puerto chileno de Valparaíso el 6 de julio de 1865. En este lugar pudo enterarse Grau en forma pormenorizada de los acontecimientos del Perú y de cómo en muchos lugares de la Patria incluyendo Piura se habían sublevado contra Pezet.

 

 

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7.- La muerte de don Juan Manuel Grau

 

            Pezet supo oportunamente del arribo de Grau con «La Unión» a Valparaíso, y decidió impedir que se unieran a la causa rebelde. Para lograrlo solicitó el apoyo de don Juan Manuel Grau que vivía en Lima y del que Pezet era amigo. Envió pues al viejo y achacoso combatiente de Junín y Ayacucho que estaba en la fase terminal de una tuberculosis  pulmonar para que en Valparaíso tratase de convencer a su hijo, de que permaneciera fiel al gobierno.

 

Pero Miguel Grau ya tenía una idea clara de la situación peruana y había decidido el camino a tomar, y que no era otro que rechazar con todos los medios a su disposición la agresión española, todo eso a pesar de haber recibido de Pezet dos ascensos consecutivos, pero el interés de la Patria estaba por delante. Quienes lo habían informado, fue el Ministro peruano en Santiago, general Fermín del Castillo  y  el Cónsul de Valparaíso que no estaban de acuerdo con la política entreguista del Presidente Pezet.

 

Por eso, no obstante el gran afecto que sentía por su padre, y su delicado estado de salud, no accedió a sus ruegos. El escritor chileno Vicuña  Mackena, dice: «Grau amaba intensamente a su padre y lo probó más tarde, pero entre su patria humillada y vendida y las canas del respeto  íntimo, no vaciló, . «La Unión” izó la insignia de la guerra a España.»  Grau trató de acomodar a su padre del mejor modo posible y se aprestó a seguir el camino que la dignidad le indicaba. El 30 de noviembre de 1865, moría don Juan Manuel en Valparaíso a las 8.30 p.m. víctima de su afección pulmonar, lejos de su familia y sin tener siquiera el consuelo de tener a su lado a su hijo Miguel.Por entonces el coronel Prado asumía el poder en el Perú.

 

Años más tarde,en febrero de 1877 cuando Miguel Grau ya estaba casado, tenía hijos y era diputado por Paita, solicitó permiso por dos meses al Congreso y viajó a Valparaíso con uno de sus hijos para repatriar los restos de su padre.

 

 En ese viaje Miguel Grau pasó por la amargura de perder a su pequeño hijo Miguel Gregorio que lo había acompañado. Fue de esa forma que el atribulado marino retornó al Callao, no con un féretro sino con dos, sumándose su congoja a la de su esposa  doña Dolores Cabero.

 

 

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8.- La guerra con España

 

            Chile fue uno de los países hermanos que rechazaron las pretensiones españolas sobre el Perú y como las relaciones de los dos países se deterioraron prontamente, Chile declaró la guerra a España el 24 de setiembre de 1865. Mientras tanto, el Coronel Prado había marchado sobre Lima y había establecido su campamento en Chincha y la corbeta Amazonas  se había plegado a los rebeldes, de tal modo que estos contaban con los barcos «Amazonas», «Lerzundi», «América», «Tumbes» y «La Unión» en Chile. Este país solicitó a Prado, juntar la escuadra chilena con la rebelde del Perú, para atacar a la española y del mismo parecer era Montero y el mismo Prado estaba de acuerdo, pero en una junta de comandantes, en medio de agrias discusiones no se aprobó el proyecto, por lo cual Montero dejándose ganar por sus impulsos abofeteó Manuel Villar que se oponía airadamente al plan. Los opositores alegaban que aún Pezet no había sido vencido y se necesitaba la escuadra, para trasladar los soldados y por otra parte, Chile sólo aportaba los viejos barcos de madera «Esmeralda» y la «Covadonga» recién capturada por los chilenos a los españoles, pero eran barcos de la época de la lucha por la independencia. No obstante que los demás comandantes de los barcos desaprobaron la actitud impulsiva de Montero, éste dispuso el arresto de Villar.

 

Los insurrectos se movieron hacia Lima y  llegaron a Chilca y el 7 de noviembre se trabó la batalla en la que fue vencido Pezet y en su lugar fue designado interinamente el 2do. Vicepresidente  general Pedro  Diez Canseco, hasta el 26 de noviembre de 1865 en que el coronel Mariano Ignacio Prado fue proclamado dictador del Perú.

 

España presentó enérgicas reclamaciones a Chile por la ayuda que estaba prestando a los rebeldes peruanos, lo cual fue motivo para que Chile le declarase la guerra en setiembre de 1865.

 

Triunfante la revolución, el Perú decidió unir parte de su escuadra con la chilena y fue así que el 3 de diciembre de 1865 partieron del Callao las fragatas «Apurímac» y «Amazonas» hacia Valparaíso, no obstante, que el puerto peruano estaba bloqueado  por la poderosa «Numancia». El 5 de diciembre se firma una alianza ofensiva y defensiva con Chile, y el Perú recién declaraba la guerra a España el 14 de enero de 1866.

 

 Días más tarde se dispuso que «La Unión» al mando de Grau y  la «América» bajo comando de Manuel Ferreyros, viajaran a la isla chilena Chiloé

 

El 30 de enero de 1866, se unió a la alianza, el Ecuador y el 22 de marzo  Bolivia, formándose así la cuádruple alianza. En la isla Chiloé plagada de peligrosos arrecifes, estaban reunidos los barcos peruanos «Apurímac», «Amazonas», «La Unión», «América» y «Lerzundi», con el barco chileno «Covadonga»  En Chiloé explotó el «Lerzundi» y en la isla de Abtao encalló la «Amazonas», una antigua fragata de l.800 toneladas y 7 millas de velocidad De esa forma el Perú perdió dos naves sin haber entrado en batalla.. El 7 de febrero de 1866 se entabló en Abtao un combate  que duró una hora y tres cuartos, entre los barcos españoles «Blanca» que tenía 50 cañones y el «Villa de Madrid» de 36 cañones, con los barcos aliados «América» mandado por Manuel Ferreyros, «la Unión» bajo comando del capitán de fragata Miguel Grau, la fragata «Apurímac» mandada por el capitán de navío Manuel Villar y la «América» y la «Covadonga» al mando de Manuel 

Thompson. La «América» y la «Apurímac» estaban inmovilizadas por estar sus motores en reparación. La escuadra aliada tenía 57 cañones  El mando general de la flota lo tuvo el capitán de navío Villar con lo cual se le brindó una reparación y reconocimiento. Para unos, los aliados tuvieron 12 muertos, la mayoría de «La Unión» lo que muestra que este navío estuvo más expuesta al fuego. Según otros informes hubieron sólo 2 muertos y 1 herido.

 

El capitán de navío Villar se atribuyó la victoria. Como segundo de Grau en «LA Unión» estuvo el paiteño capitán de corbeta Ezequiel Otoya y también estuvo el teniente Elías Aguirre que más tarde serían compañeros de Grau en la guerra con Chile. En la «América» estaba el guardiamarina Diego Ferré que posteriormente murió en Angamos y en la «Apurímac» el guardia marina Enrique Palacios, también héroe de Angamos

 

Toda la flota española se reúne y tras de bombardear intensamente Valparaíso, parte rumbo al Callao con la misma intención, llegando al puerto el 25 de abril de 1866.

 

El 2 de mayo de 1866 se da el gran combate que fue un rotundo triunfo peruano y al cual no pudo asistir Grau porque estaba con su barco en Chile..

 

El 7 de junio, los blindados peruanos «Huáscar» al mando del capitán de navío  chileno José María Salcedo y la «Independencia» al mando del capitán de navío Aurelio García y García, cruzaban el estrecho de Magallanes en viaje desde Inglaterra y el 11 del mismo mes se unían en Valparaíso a la flota peruana. Entre Salcedo y García, existía gran odiosidad  y éste,  acusaba a su colega de traidor y cobarde. El «Huáscar « había costado 81.247 Libras Esterlinas y la «Independencia», 176.000 Libras Esterlinas, siendo por lo tanto el más poderoso barco de la escuadra peruana. Cuando los dos barcos llegaron a Valparaíso, Salcedo fue reemplazado en el mando del «Huáscar» por Lizardo Montero que había combatido el 2 de Mayo y que en abril había estado en misión en Europa. Montero  asumió, además la jefatura de toda la flota peruana. Por lo tanto, en Valparaíso se volvieron a juntar los dos amigos y paisanos, Grau y Montero.

 

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9.- Montero y Grau otra vez se sublevan

 

            Estas dos adquisiciones dieron al Perú gran poder naval, por lo cual el Presidente Prado en un exceso de entusiasmo proyectó seguir la guerra contra España  en su colonia de las Filipinas, a la cual se pensó darle libertad. Para llevar a cabo este plan, el Presidente Prado contrató al comodoro norteamericano John Tucker que había servido en la marina de los estados del sur durante la Guerra de la Secesión de EE.UU. Era indudablemente un marino honesto y competente, pero su designación contrarió profundamente a los comandantes peruanos que se sentían lesionados con la presencia de un extranjero al frente de la escuadra peruana. El más quejoso era Lizardo Montero que fue reemplazado por Tucker en el mando de la escuadra, porque Prado consideraba al marino piurano demasiado impetuoso. La protesta encontró eco en los comandantes Aurelio García y García, Manuel Ferreyros y lógicamente en Grau, que una vez más respaldaba al gran amigo. Los cuatro marinos renunciaron a sus cargos como protesta.  Ante la actitud de la escuadra peruana surta en Valparaíso, el Presidente Prado envió a Chile al Ministro de Hacienda don Manuel Pardo  ante el cual se presentaron los 4 marinos que manifestaron que cumplirían con lo que se les ordenaba, pero que renunciaban del servicio porque no estaban dispuestos a servir bajo el mando de un jefe extranjero. Pardo respetó su decisión y les facilitó el retorno al Callao en el transporte «Chalaco»    

 

 Cuando desembarcaron en el Callao, una multitud los aclamó sobre todo a Montero. Luego fueron confinados en la isla de San Lorenzo con otros 20 oficiales  y se les abrió juicio por insubordinación que duró casi medio año, tiempo en que permanecieron confinados.

 

Los confinados mataban las horas practicando pesca con cordeles y realizando entre ellos diversas competencias. En cierta oportunidad Grau y Montero se retaron a un duelo de natación. Frente a la isla estaba un bote anclado y se trataba de llegar hacia él a nado y retornar. El primero en llegar a la embarcación fue Grau y desde allí estimulaba a su compañero que ya daba muestras de cansancio luego de reponerse en el bote, los dos amigos emprendieron el retorno en forma pausada. Grau había ganado el concurso de natación.

 

Como Montero se había quedado con la espina, retó a  Grau a un duelo de esgrima. Grau aceptó,  sabiendo de antemano que lo único que buscaba su amigo era desquitarse de su derrota. Efectuado el duelo con florete, pudo Montero darle media docena de cintarazos sin que Grau atinase una.

 El Tribunal que los juzgó, fue presidido por el anciano Mariscal Antonio Gutiérrez de la Fuente y lo integraron el ex presidente y General Rufino Echenique y los Generales Fermín del Castillo, Pedro Cisneros, Luis de la Puerta y Nicolás Freyre. El tercero en ser llamado, según orden jerárquico fue Grau que tuvo como defensor al orador y poeta Luciano Benjamín Cisneros.

 

Cisneros al defender a Grau, entre otras cosas expresó con énfasis: ! Que no se diga que los nuevos héroes se han visto abandonados como los antiguos¡! Que no se llame ingrata a la generación actual ¡! Todo corazón americano, así como debe profunda veneración y eterna gratitud a los fundadores de la Independencia, debe igualmente no menos sincero respeto y no menos gratitud a los que sostienen esa independencia¡! Se necesita un corazón peruano para defender al Perú¡ ! Los marinos no han cometido la más ligera falta. Si alguna hay, será efecto del más noble patriotismo, pero las exageraciones del patriotismo se disimulan, no se penan. ! No hay delito señores¡ ! Luego no hay delincuentes, sólo hay mártires de la convicción y del deber que vienen a reclamar con perfecto derecho de ser solemnemente absueltos¡ El 11 de febrero de 1867 se dio la sentencia: Absueltos.

 

El Tribunal fue absolviendo uno a uno a los acusados, pero Grau no retornó al servicio sino que el 30 de marzo solicita licencia y por segunda vez se aleja del servicio en la armada.  En el cautiverio, la amistad entre Grau, Montero, García y Ferreyros, se afianzó y formaron ese grupo amigo que la Historia lo llamó los Cuatro Ases.